Leyendas y Mitos Venezolanos

La Sayona


Leyendas y Mitos Venezolanos


Esta es una historia típica de los llanos venezolanos.

Cuenta la historia que hace mucho tiempo, vivía una mujer muy hermosa, llamada melisa. desde chiquita melisa había sido muy celosa.
melisa creció, y se casó con un maravilloso hombre quien era incapaz de herir a nadie.
pronto tuvieron un hermoso hijo.
pero en su pueblo, había un hombre de mala fe, mentiroso y mujeriego que se enloquecía por ella. este la espiaba cada día mientras ella nadaba desnuda en el río, hasta que ella un día lo descubrió.
¿qué haces aquí espiándome?, de ti me lo podía esperar.
a lo que este contesto.
no, yo vine a advertirte, mujer, que tu hombre te esta cambiando por otra, tu marido te esta traicionando con tu propia madre. algo totalmente incierto.
al oír esto melisa palideció de repente y salió corriendo hacia su casa. al llegar encontró a su esposo y a su hijo, llena de celos, prendió fuego a su propia casa en la cual se encontraba su esposo y su bebe de 9 meses, desde lejos se podían escuchaban los llantos del bebé y los gritos del esposo pero para cuando llegaron los vecinos ya era demasiado tarde.
mientras los vecinos se lamentaban melisa ya había llegado a casa de su mamá, a la cual le contó lo que había hecho y porque lo hizo, la madre horrorizada diciéndole que ella no la había traicionado mientras huía hacia el patio, pero no pudo escapar y melisa la atacó con un machete dándole tres cuchillazos en el vientre, ésta antes de morir dijo: jamás te mentí, y tu cometiste el peor pecado, matar, pero yo te condeno sayona.
desde entonces se cuenta en el pueblo que a los hombres mujeriegos se les aparece una hermosa mujer, quien les pide que le enciendan un cigarro.
pero no lo hagan porque al hacerlo verán su espectral rostro, el rostro de la propia muerte y si no mueren del susto al ver esta horrenda cara, ella los acosará tomando diversas formas hasta producirles un infarto hacer que se caigan por un barranco o
cualquier otra horrenda muerte.

El Silbon


mitos

En los llanos venezolanos se conoce como El Silbón y la narrativa dice que es un hombre alto y delgado que mide como seis metros.

La descripción que presentan quienes lo han visto y escuchado; dicen que es la de un hombre desproporcionado, muy alto, que camina sobresaliendo por encima de la copa de los árboles emite un silbido espeluznante y lleva un costal lleno de huesos que los hace sonar como una matraca de Semana Santa.

La leyenda dice que el Silbón es el ánima en pena de un hijo que mató al papá y le comió la asadura (o sea el hígado, el corazón y el bofe). El muchacho fue criado toñeco (mimado), no respetaba a nadie. Un día le dijo a su padre que quería comer vísceras de venado. Su padre se fue de cacería para complacerlo pero tardaba en regresar. En vista de esto, el muchacho se fue a buscarlo y al ver que no traía nada, no había podido cazar el venado, lo mato, le sacó las vísceras y se las llevó a su madre para que las cocinara. Como no se ablandaban, la madre sospechó que eran las "asaduras" de su marido. Preguntándole al muchacho, este confesó la verdad.

De inmediato lo maldijo "pa' to' la vida". Su hermano Juan lo persiguió con un "mandador", le sonó una tapara de ají y le azuzó el perro "tureco" que hasta el fin del mundo lo persigue y le muerde los talones.

En los llanos orientales de Colombia se conoce como el silbador; se dice que es el espanto sin rumbo de un alma en pena de un hombre parrandero y mujeriego que murió solo y abandonado y busca la compañía de alguien que cabalgue a deshoras de la noche por los senderos de esta llanura.

Otros dicen, que persigue a las mujeres en estado de embarazo; este silbador emite un silbido largo y agudo que penetra por los oídos y al mismo tiempo se siente un frío intenso que congela a las personas. Hay la creencia de que cuando silba bien agudo es una mujer que se va a morir; pero si por el contrario el silbido es grueso, es un hombre o un amigo el que muere.

La Llorona


leyendas

Consumada la conquista y poco más o menos a mediados del siglo XVI, los vecinos de la ciudad de México se recogían en sus casas con el toque de queda, avisado por las campanas de la primera Catedral; a media noche y principalmente cuando había luna, despertaban espantados al oír en la calle, tristes y prolongadisimos gemidos, lanzados por una mujer a quien afligía, sin duda, honda pena moral o tremendo dolor físico.

Las primeras noches, los vecinos se resignaban a santiguarse por el temor que les causaban aquellos lúgubres gemidos, que según ellos, petenecían un ánima del otro mundo; pero fueron tantos y tan repetidos y se prolongaron por tanto tiempo, que algunos osados quisieron cerciorarse con sus propios ojos qué era aquello; y primero desde las puertas entornadas, de las ventanas o balcones, y enseguida atreviéndose a salir a las calles, lograron ver a la que, en el silencio de las oscuras noches o en aquellas en que la luz pálida de la luna caía como un manto vaporoso lanzaba agudos y agónicos gemidos.
Vestía la mujer un traje blanco y un espeso velo cubría su rostro. Con lentos y callados pasos recorría muchas calles de la ciudad, cada noche tomaba distintas calles, pero siempre pasaba por la Plaza Mayor (hoy conocida como el Zocalo de la Capital), donde se detenía e hincada de rodillas, daba el último angustioso y languidísimo lamento en dirección al Oriente; después continuaba con el paso lento y pausado hacia el mismo rumbo y al llegar a orillas del lago, que en ese tiempo penetraba dentro de algunos barrios, como una sombra se desvanecía entre sus aguas.

"La hora avanzada de la noche, - dice el Dr. José María Marroquí- el silencio y la soledad de las calles y plazas, el traje, el aire, el pausado andar de aquella mujer misteriosa y, sobre todo, lo penetrante, agudo y prolongado de su gemido, que daba siempre cayendo en tierra de rodillas, formaba un conjunto que aterrorizaba a cuantos la veían y oían, y no pocos de los conquistadores valerosos y esforzados, quedaban en presencia de aquella mujer, mudos, pálidos y fríos, como de mármol. Los más animosos apenas se atrevían a seguirla a larga distancia, aprovechando la claridad de la luna, sin lograr otra cosa que verla desaparecer llegando al lago, como si se sumergiera entre las aguas, y no pudiéndose averiguar más de ella, e ignorándose quién era, de dónde venía y a dónde iba, se le dio el nombre de La Llorona."

Florentino y El Diablo


diablo

El coplero Florentino por el ancho terraplén caminos del Desamparo desanda a golpe de seis. Puntero en la soledad que enlutan llamas de ayer, macolla de tierra errante le nace bajo el corcel. Ojo ciego el lagunazo sin garza, junco ni grey, dura cuenca enterronada donde el casco da traspié. Los escuálidos espinos desnudan su amarillez, las chicharras atolondran el cenizo anochecer. Parece que para el mundo la palma sin un vaivén. El coplero solitario vive su grave altivez de ir caminando el erial como quien pisa vergel. En el caño de Las Ánimas se para muerto de sed. y en las patas del castaño ve lo claro del jagüey. El cacho de beber tira, en agua lo oye caer; cuando lo va levantando se le salpican los pies, pero del cuerno vacío ni gota pudo beber. Vuelve a tirarlo y salpica el agua clara otra vez, mas sólo arena sus ojos en el turbio fondo ven. Soplo de quema el suspiro, paso llano el palafrén, mirada y rumbo el coplero pone para su caney, cuando con trote sombrío oye un jinete tras él. Negra se le ve la manta, negro el caballo también; bajo el negro pelo'e guama la cara no se le ve. Pasa cantando una copla sin la mirada volver: —Amigo, por si se atreve, aguárdeme en Santa Inés, que yo lo voy a buscar para cantar con usté. Mala sombra del espanto cruza por el terraplén. Vaqueros de lejanía la acompañan en tropel; la encobijan y la borran pajas del anochecer. Florentino taciturno coge el banco de través. Puntero en la soledad que enlutan llamas de ayer parece que va soñando con la sabana en la sien. En un verso largo y hondo se le estira el tono fiel: Sabana, sabana, tierra que hace sudar y querer, parada con tanto rumbo, con agua y muerta de sed, una con mi alma en lo sola, una con Dios en la fe; sobre tu pecho desnudo yo me paro a responder: sepa el cantador sombrío que yo cumplo con mi ley y como canté con todos tengo que cantar con él. II La porfía Noche de fiero chubasco por la enlutada llanura, y de encendidas chipolas que el rancho del peón alumbran. Adentro suena el capacho, afuera bate la lluvia; vena en corazón de cedro el bordón mana ternura; no lejos asoma el río pecho de sabana sucia; más allá coros errantes, ventarrón de negra furia, y mientras teje el joropo bandoleras amarguras el rayo a la palma sola le tira señeras puntas. Súbito un hombre en la puerta: indio de grave postura, ojos negros, pelo negro, frente dé cálida arruga, pelo de guama luciente que con el candil relumbra. Un golpe de viento guapo le pone a volar la blusa, y se le ve jeme y medio de puñal en la cintura. Entra callado y se apuesta para el lado de la música. Oiga vale, ese es el Diablo. —La voz por la sala cruza. Mírelo cómo llegó con tanto barrial y lluvia, planchada y seca la ropa, sin cobija ni montura. Dicen que pasó temprano, como quien viene de Nutrias, con un oscuro bonguero por el paso de Las Brujas. Florentino está silbando sones de añeja bravura y su diestra echa a volar ansias que pisa la zurda, cuando el indio pico de oro con su canto lo saluda. El diablo Catire quita pesares contésteme esta pregunta: ¿Cuál es el gallo que siempre lleva ventaja en la lucha y aunque le den en el pico tiene picada segura? Florentino Tiene picada segura el gallo que se rebate y no se atraviesa nunca, bueno si tira de pie, mejor si pica en la pluma. El diablo Mejor si pica en la pluma. Si sabe tanto de todo diga cuál es la república donde el tesoro es botín sin dificultá ninguna. Florentino Sin dificultá ninguna, la colmena en el papayo que es palo de blanda pulpa: el que no carga machete saca la miel con las uñas. El diablo Saca la miel con las uñas. Contésteme la tercera si respondió la segunda, y diga si anduvo tanta sabana sin sol ni luna quién es el que bebe arena en la noche más oscura. Florentino En la noche más oscura no quiero ocultar mi sombra ni me espanto de la suya. Lo malo no es el lanzazo sino quien no lo retruca: tiene que beber arena el que no bebe agua nunca. El diablo El que no bebe agua nunca. Así cualquiera responde barajando la pregunta. Si sabe dé su razón y si no, no dé ninguna: ¿Quién mitiga el fuego amargo en jagüey de arena pura, quién mata la sed sin agua en la soledad profunda? Florentino En la soledad profunda el pecho del medanal, el romance que lo arrulla, la conseja que lo abisma, el ánima que lo cruza, la noche que lo encobija, el soplo que lo desnuda, la palma que lo custodia, el lucero que lo alumbra. ¿Qué culpa tengo señores si me encuentra el que me busca? El diablo Si me encuentra el que me busca el susto lo descarea. Falta un cuarto pá'la una cuando el candil parpadea, cuando el espanto sin rumbo con su dolor sabanea, cuando Florentino calla porque se le va la idea, cuando canta la pavita, cuando el gallo menudea. Florentino Cuando el gallo menudea la garganta se me afina y el juicio se me clarea. Yo soy como el espinito que en la sabana florea: le doy aroma al que pasa y espino al que me menea. El diablo Espino al que me menea. No le envidio al espinito las galas de que alardea: cuando la candela pasa la pata se le negrea. Con plantaje y bulla de ala no se cobra la pelea. Vaya poniéndose alante pá'que en lo oscuro me vea. Florentino Pá'que en lo oscuro me vea. Amigo no arrime tanto que el bicho se le chacea. Atrás y alante es lo mismo pá'l que no carga manea. El que va atrás ve pá'lante y el que va alante voltea. El diablo El que va alante voltea a contemplar lo que sube borrando lo que verdea: en invierno el aguazal, en verano la humarea. Me gusta cantar al raso de noche cuando ventea porque así es como se sabe quién mejor contrapuntea. Florentino Quien mejor contrapuntea hace sus tratos de día y trabaja por tarea. "¡Cójame ese trompo en la uña a ver si taratatea!". Ni que yo fuera lechuza en campanario de aldea para cantar en lo oscuro con esta noche tan fea. El diablo Con esta noche tan fea una cosa piensa el burro y otra el que arriba lo arrea. ¡Ay, catire Florentino! escuche a quien lo previene: déle tregua a la porfia pá'que tome y se serene si no quiere que le falle la voz cuando se condene. Florentino La voz cuando se condene. Mientras el cuatro me afine y la maraca resuene no hay espuela que me apure ni bozal que me sofrene, ni quien me obligue a beber en tapara que otro llene. Coplero que canta y toca su justa ventaja tiene: toca cuando le da gana, canta cuando le conviene. El diablo Canta cuando le conviene. Si su destino es porfiar aunque llueva y aunque truene le voy a participar, amigo, que en este duelo yo no le vengo a brindar miel de aricas con buñuelo. Si se pone malicioso no me extraña su recelo, que al que lo mordió macagua bejuco le para el pelo. Florentino Bejuco le para el pelo. Contra un jiro atravesao yo mi pollo ni lo amuelo. Entre cantadores canto, entre machos me rebelo, entre mujeres me sobra muselina y terciopelo, cuando una me dice adiós a otra le pido consuelo. Desde cuando yo volaba paraparas del rayuelo vide con la noche oscura la Cruz de Mayo en el cielo. El diablo La Cruz de Mayo en el cielo. A mí no me espantan sombras ni con luces me desvelo: con el sol soy gavilán y en la oscuridá mochuelo, familia de alcaraván canto mejor cuando vuelo; también como la guabina si me agarra me le pelo, también soy caimán cebao que en boca'e caño lo velo. Florentino Que en boca'e caño lo velo. Me acordé de aquel corrío que me lo enseñó mi abuelo: Velando al que nunca pasa el vivo se quedó lelo, para caimán el arpón para guabina el anzuelo, patiquín que estriba corto no corre caballo en pelo. ¿Con qué se seca la cara el que no carga pañuelo? ¿Pá'qué se limpia las patas el que va a dormí en el suelo? El diablo El que va a dormí en el suelo pega en la tierra el oío: si tiene el sueño liviano nunca lo matan dormío. Los gallos están cantando, escúcheles los cantíos, los perros están aullando, recuerde lo convenío. "Zamuros de la Barrosa del alcornocal del Frío albricias pido señores que ya Florentino es mío". Florentino Que ya Florentino es mio. ¡Ñéngueres de Banco Seco! ¡taro-taros del Pionío! Si usté dice que soy suyo será que me le he vendío, si me le vendí me paga porque yo a nadie le fío. Yo no soy rancho veguero que le mete el agua el río, yo no soy pájaro bobo pá'estar calentando nío. El diablo Pá'estar calentando nío. No sé si es pájaro bobo pero va por un tendío con la fatiga del remo en el golpe mal medío; y en la orilla del silencio se le anudará el tañío cuando yo mande a parar el trueno y el desafío. Florentino El trueno y el desafío. Me gusta escuchar el rayo aunque me deje aturdío, me gusta correr chubasco si el viento lleva tronío. Águila sobre la quema, reto del toro bravío. Cuando esas voces me llaman siempre les he respondío. ¡Cómo me puede callar coplero recién vestío! El diablo Coplero recién vestío, mano a mano y pecho a pecho ando atizándome el brío con el fuego del romance que es don de mi señorío. Relámpagos me alumbraron desde el horizonte ardío nariceando cimarrones y sangrando a los rendíos con la punta'e mi puñal que duele y da escalofrío. Florentino Que duele y da escalofrío... Dáme campo pensamiento y dáme rienda albedrío pá'enseñarle al que no sabe a rematar uh corrío. Cimarrones hay que verlos, de mautes no le porfío; puñal, sáquelo si quiere a ver si repongo el mío. Duele lo que se perdió cuando no se ha defendío. El diablo Cuando no se ha defendío lo que se perdió no importa si está de pies el vencío. porque el orgullo indomable vale más que el bien perdío. Por eso es que me lo llevo con la nada por avío en bongo de veinte varas que tiene un golpe sombrío. Y vuelvo a cambiarle el pie a ver si topa el atajo. Florentino A ver si topa el atajo. Cuando se fajan me gusta porque yo también me fajo. "Zamuros de la Barrosa del alcornocal de abajo: ahora verán, señores, al Diablo pasar trabajo". El diablo Al Diablo pasar trabajo. No miente al que no conoce ni finja ese desparpajo, mire que por esta tierra no es primera vez que viajo, y aquí saben los señores que cuando la punta encajo al mismo limón chiquito me lo chupo gajo a gajo. Florentino Me lo chupo gajo a gajo. Usté que se alza el copete y yo que se lo rebajo. No se asusten compañeros, déjenlo que yo lo atajo, déjenlo que pare suertes, yo sabré si le barajo; déjenlo que suelte el bongo pá'que le coja agua abajo; antes que Dios amanezca se lo lleva quien lo trajo; alante el caballo fino, atrás el burro marrajo. ¡Quién ha visto dorodoro cantando con arrendajo! Si me cambió el consonante yo se lo puedo cambiar. El diablo Yo se lo puedo cambiar. Los graves y los agudos a mí lo mismo me dan, porque yo eché mi destino sobre el nunca y el jamás. ¡Ay! catire Florentino, cantor de pecho cabal, qué tenebroso el camino que nunca desandará, sin alante, sin arriba, sin orilla y sin atrás. Ya no valen su baquía, su fe ni su facultá catire quitapesares arrendajo y turupial. Florentino Arrendajo y turupial. De andar solo esa vereda los pies se le han de secar, y se le hará más profunda la mala arruga en la faz; porque mientras llano y cielo me den de luz su caudal, mientras la voz se me escuche por sobre la tempestá, yo soy quien marco mi rumbo con el timón del cantar. Y si al dicho pido ayuda aplíquese esta verdá: que no manda marinero donde manda capitán. El diablo Donde manda capitán usted es vela caída, yo altivo son de la mar. Ceniza será su voz, rescoldo de muerto afán sed será su última huella náufraga en el arenal, humo serán sus caminos, piedra sus sueños serán, carbón será su recuerdo, lo negro en la eternidá, para que no me responda ni se me resista más. Capitán de la Tiniebla es quien lo viene a buscar. Florentino Es quien lo viene a buscar. Mucho gusto en conocerlo tengo señor Satanás. Zamuros de la Barrosa salgan del Arcornocal que al Diablo lo cogió el día queriéndome atropellar. Sácame de aquí con Dios Virgen de la Soledá, Virgen del Carmen bendita, sagrada Virgen del Real, tierna Virgen del Socorro, dulce Virgen de la Paz, Virgen de la Coromoto, Virgen de Chiquinquirá, piadosa Virgen del Valle, santa Virgen del Pilar, Fiel Madre de los Dolores dáme el fulgor que tú das. ¡San Miguel! dame tu escudo, tu rejón y tu puñal, Niño de Atocha bendito, Santísima Trinidá. (En compases de silencio negro bongo que echa a andar. ¡Salud, señores! El alba bebiendo en el paso real).

Bueno amigos de T! gracias por ver mi post de estas leyendas y mitos de mi pais venezuela

llorona

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1 comentario - Leyendas y Mitos Venezolanos

@Fededecitow Hace más de 4 años
El coplero Florentino por el ancho terraplén caminos del Desamparo desanda a golpe de seis. Puntero en la soledad que enlutan llamas de ayer, macolla de tierra errante le nace bajo el corcel. Ojo ciego el lagunazo sin garza, junco ni grey, dura cuenca enterronada donde el casco da traspié. Los escuálidos espinos desnudan su amarillez, las chicharras atolondran el cenizo anochecer. Parece que para el mundo la palma sin un vaivén. El coplero solitario vive su grave altivez de ir caminando el erial como quien pisa vergel. En el caño de Las Ánimas se para muerto de sed. y en las patas del castaño ve lo claro del jagüey. El cacho de beber tira, en agua lo oye caer; cuando lo va levantando se le salpican los pies, pero del cuerno vacío ni gota pudo beber. Vuelve a tirarlo y salpica el agua clara otra vez, mas sólo arena sus ojos en el turbio fondo ven. Soplo de quema el suspiro, paso llano el palafrén, mirada y rumbo el coplero pone para su caney, cuando con trote sombrío oye un jinete tras él. Negra se le ve la manta, negro el caballo también; bajo el negro pelo'e guama la cara no se le ve. Pasa cantando una copla sin la mirada volver: —Amigo, por si se atreve, aguárdeme en Santa Inés, que yo lo voy a buscar para cantar con usté. Mala sombra del espanto cruza por el terraplén. Vaqueros de lejanía la acompañan en tropel; la encobijan y la borran pajas del anochecer. Florentino taciturno coge el banco de través. Puntero en la soledad que enlutan llamas de ayer parece que va soñando con la sabana en la sien. En un verso largo y hondo se le estira el tono fiel: Sabana, sabana, tierra que hace sudar y querer, parada con tanto rumbo, con agua y muerta de sed, una con mi alma en lo sola, una con Dios en la fe; sobre tu pecho desnudo yo me paro a responder: sepa el cantador sombrío que yo cumplo con mi ley y como canté con todos tengo que cantar con él. II La porfía Noche de fiero chubasco por la enlutada llanura, y de encendidas chipolas que el rancho del peón alumbran. Adentro suena el capacho, afuera bate la lluvia; vena en corazón de cedro el bordón mana ternura; no lejos asoma el río pecho de sabana sucia; más allá coros errantes, ventarrón de negra furia, y mientras teje el joropo bandoleras amarguras el rayo a la palma sola le tira señeras puntas. Súbito un hombre en la puerta: indio de grave postura, ojos negros, pelo negro, frente dé cálida arruga, pelo de guama luciente que con el candil relumbra. Un golpe de viento guapo le pone a volar la blusa, y se le ve jeme y medio de puñal en la cintura. Entra callado y se apuesta para el lado de la música. Oiga vale, ese es el Diablo. —La voz por la sala cruza. Mírelo cómo llegó con tanto barrial y lluvia, planchada y seca la ropa, sin cobija ni montura. Dicen que pasó temprano, como quien viene de Nutrias, con un oscuro bonguero por el paso de Las Brujas. Florentino está silbando sones de añeja bravura y su diestra echa a volar ansias que pisa la zurda, cuando el indio pico de oro con su canto lo saluda. El diablo Catire quita pesares contésteme esta pregunta: ¿Cuál es el gallo que siempre lleva ventaja en la lucha y aunque le den en el pico tiene picada segura? Florentino Tiene picada segura el gallo que se rebate y no se atraviesa nunca, bueno si tira de pie, mejor si pica en la pluma. El diablo Mejor si pica en la pluma. Si sabe tanto de todo diga cuál es la república donde el tesoro es botín sin dificultá ninguna. Florentino Sin dificultá ninguna, la colmena en el papayo que es palo de blanda pulpa: el que no carga machete saca la miel con las uñas. El diablo Saca la miel con las uñas. Contésteme la tercera si respondió la segunda, y diga si anduvo tanta sabana sin sol ni luna quién es el que bebe arena en la noche más oscura. Florentino En la noche más oscura no quiero ocultar mi sombra ni me espanto de la suya. Lo malo no es el lanzazo sino quien no lo retruca: tiene que beber arena el que no bebe agua nunca. El diablo El que no bebe agua nunca. Así cualquiera responde barajando la pregunta. Si sabe dé su razón y si no, no dé ninguna: ¿Quién mitiga el fuego amargo en jagüey de arena pura, quién mata la sed sin agua en la soledad profunda? Florentino En la soledad profunda el pecho del medanal, el romance que lo arrulla, la conseja que lo abisma, el ánima que lo cruza, la noche que lo encobija, el soplo que lo desnuda, la palma que lo custodia, el lucero que lo alumbra. ¿Qué culpa tengo señores si me encuentra el que me busca? El diablo Si me encuentra el que me busca el susto lo descarea. Falta un cuarto pá'la una cuando el candil parpadea, cuando el espanto sin rumbo con su dolor sabanea, cuando Florentino calla porque se le va la idea, cuando canta la pavita, cuando el gallo menudea. Florentino Cuando el gallo menudea la garganta se me afina y el juicio se me clarea. Yo soy como el espinito que en la sabana florea: le doy aroma al que pasa y espino al que me menea. El diablo Espino al que me menea. No le envidio al espinito las galas de que alardea: cuando la candela pasa la pata se le negrea. Con plantaje y bulla de ala no se cobra la pelea. Vaya poniéndose alante pá'que en lo oscuro me vea. Florentino Pá'que en lo oscuro me vea. Amigo no arrime tanto que el bicho se le chacea. Atrás y alante es lo mismo pá'l que no carga manea. El que va atrás ve pá'lante y el que va alante voltea. El diablo El que va alante voltea a contemplar lo que sube borrando lo que verdea: en invierno el aguazal, en verano la humarea. Me gusta cantar al raso de noche cuando ventea porque así es como se sabe quién mejor contrapuntea. Florentino Quien mejor contrapuntea hace sus tratos de día y trabaja por tarea. "¡Cójame ese trompo en la uña a ver si taratatea!". Ni que yo fuera lechuza en campanario de aldea para cantar en lo oscuro con esta noche tan fea. El diablo Con esta noche tan fea una cosa piensa el burro y otra el que arriba lo arrea. ¡Ay, catire Florentino! escuche a quien lo previene: déle tregua a la porfia pá'que tome y se serene si no quiere que le falle la voz cuando se condene. Florentino La voz cuando se condene. Mientras el cuatro me afine y la maraca resuene no hay espuela que me apure ni bozal que me sofrene, ni quien me obligue a beber en tapara que otro llene. Coplero que canta y toca su justa ventaja tiene: toca cuando le da gana, canta cuando le conviene. El diablo Canta cuando le conviene. Si su destino es porfiar aunque llueva y aunque truene le voy a participar, amigo, que en este duelo yo no le vengo a brindar miel de aricas con buñuelo. Si se pone malicioso no me extraña su recelo, que al que lo mordió macagua bejuco le para el pelo. Florentino Bejuco le para el pelo. Contra un jiro atravesao yo mi pollo ni lo amuelo. Entre cantadores canto, entre machos me rebelo, entre mujeres me sobra muselina y terciopelo, cuando una me dice adiós a otra le pido consuelo. Desde cuando yo volaba paraparas del rayuelo vide con la noche oscura la Cruz de Mayo en el cielo. El diablo La Cruz de Mayo en el cielo. A mí no me espantan sombras ni con luces me desvelo: con el sol soy gavilán y en la oscuridá mochuelo, familia de alcaraván canto mejor cuando vuelo; también como la guabina si me agarra me le pelo, también soy caimán cebao que en boca'e caño lo velo. Florentino Que en boca'e caño lo velo. Me acordé de aquel corrío que me lo enseñó mi abuelo: Velando al que nunca pasa el vivo se quedó lelo, para caimán el arpón para guabina el anzuelo, patiquín que estriba corto no corre caballo en pelo. ¿Con qué se seca la cara el que no carga pañuelo? ¿Pá'qué se limpia las patas el que va a dormí en el suelo? El diablo El que va a dormí en el suelo pega en la tierra el oío: si tiene el sueño liviano nunca lo matan dormío. Los gallos están cantando, escúcheles los cantíos, los perros están aullando, recuerde lo convenío. "Zamuros de la Barrosa del alcornocal del Frío albricias pido señores que ya Florentino es mío". Florentino Que ya Florentino es mio. ¡Ñéngueres de Banco Seco! ¡taro-taros del Pionío! Si usté dice que soy suyo será que me le he vendío, si me le vendí me paga porque yo a nadie le fío. Yo no soy rancho veguero que le mete el agua el río, yo no soy pájaro bobo pá'estar calentando nío. El diablo Pá'estar calentando nío. No sé si es pájaro bobo pero va por un tendío con la fatiga del remo en el golpe mal medío; y en la orilla del silencio se le anudará el tañío cuando yo mande a parar el trueno y el desafío. Florentino El trueno y el desafío. Me gusta escuchar el rayo aunque me deje aturdío, me gusta correr chubasco si el viento lleva tronío. Águila sobre la quema, reto del toro bravío. Cuando esas voces me llaman siempre les he respondío. ¡Cómo me puede callar coplero recién vestío! El diablo Coplero recién vestío, mano a mano y pecho a pecho ando atizándome el brío con el fuego del romance que es don de mi señorío. Relámpagos me alumbraron desde el horizonte ardío nariceando cimarrones y sangrando a los rendíos con la punta'e mi puñal que duele y da escalofrío. Florentino Que duele y da escalofrío... Dáme campo pensamiento y dáme rienda albedrío pá'enseñarle al que no sabe a rematar uh corrío. Cimarrones hay que verlos, de mautes no le porfío; puñal, sáquelo si quiere a ver si repongo el mío. Duele lo que se perdió cuando no se ha defendío. El diablo Cuando no se ha defendío lo que se perdió no importa si está de pies el vencío. porque el orgullo indomable vale más que el bien perdío. Por eso es que me lo llevo con la nada por avío en bongo de veinte varas que tiene un golpe sombrío. Y vuelvo a cambiarle el pie a ver si topa el atajo. Florentino A ver si topa el atajo. Cuando se fajan me gusta porque yo también me fajo. "Zamuros de la Barrosa del alcornocal de abajo: ahora verán, señores, al Diablo pasar trabajo". El diablo Al Diablo pasar trabajo. No miente al que no conoce ni finja ese desparpajo, mire que por esta tierra no es primera vez que viajo, y aquí saben los señores que cuando la punta encajo al mismo limón chiquito me lo chupo gajo a gajo. Florentino Me lo chupo gajo a gajo. Usté que se alza el copete y yo que se lo rebajo. No se asusten compañeros, déjenlo que yo lo atajo, déjenlo que pare suertes, yo sabré si le barajo; déjenlo que suelte el bongo pá'que le coja agua abajo; antes que Dios amanezca se lo lleva quien lo trajo; alante el caballo fino, atrás el burro marrajo. ¡Quién ha visto dorodoro cantando con arrendajo! Si me cambió el consonante yo se lo puedo cambiar. El diablo Yo se lo puedo cambiar. Los graves y los agudos a mí lo mismo me dan, porque yo eché mi destino sobre el nunca y el jamás. ¡Ay! catire Florentino, cantor de pecho cabal, qué tenebroso el camino que nunca desandará, sin alante, sin arriba, sin orilla y sin atrás. Ya no valen su baquía, su fe ni su facultá catire quitapesares arrendajo y turupial. Florentino Arrendajo y turupial. De andar solo esa vereda los pies se le han de secar, y se le hará más profunda la mala arruga en la faz; porque mientras llano y cielo me den de luz su caudal, mientras la voz se me escuche por sobre la tempestá, yo soy quien marco mi rumbo con el timón del cantar. Y si al dicho pido ayuda aplíquese esta verdá: que no manda marinero donde manda capitán. El diablo Donde manda capitán usted es vela caída, yo altivo son de la mar. Ceniza será su voz, rescoldo de muerto afán sed será su última huella náufraga en el arenal, humo serán sus caminos, piedra sus sueños serán, carbón será su recuerdo, lo negro en la eternidá, para que no me responda ni se me resista más. Capitán de la Tiniebla es quien lo viene a buscar. Florentino Es quien lo viene a buscar. Mucho gusto en conocerlo tengo señor Satanás. Zamuros de la Barrosa salgan del Arcornocal que al Diablo lo cogió el día queriéndome atropellar. Sácame de aquí con Dios Virgen de la Soledá, Virgen del Carmen bendita, sagrada Virgen del Real, tierna Virgen del Socorro, dulce Virgen de la Paz, Virgen de la Coromoto, Virgen de Chiquinquirá, piadosa Virgen del Valle, santa Virgen del Pilar, Fiel Madre de los Dolores dáme el fulgor que tú das. ¡San Miguel! dame tu escudo, tu rejón y tu puñal, Niño de Atocha bendito, Santísima Trinidá. (En compases de silencio negro bongo que echa a andar. ¡Salud, señores! El alba bebiendo en el paso real).


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