La financiación de la Iglesia católica en Argentina


¿Usted sabía que la iglesia es subencionada con plata del estado, con plata de su bolsillo?
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El artículo 2º de nuestra Constitución Nacional afirma que "el gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano". Tras las históricas polémicas que tal sostenimiento ha suscitado, el autor trata de desentrañar la realidad de una cuestión que la propia puso en debate desde los años ’60.
La financiación de la Iglesia católica con dinero del esta

Una encuesta que Gallup Argentina realizó a las personas mayores de 17 años en junio del 2002, en lo referente a la conciencia religiosa de los habitantes del país y a sus practicas cultuales obtuvo resultados casi coincidentes con los obtenidos en la encuesta del año anterior, analizados en Vida Pastoral, enero/febrero 2002.

El 23 % de la población adulta argentina manifestó que dejando de lado bodas, bautismos y funerales concurre por lo menos una vez a la semana a la Iglesia o templo, el 20% una vez al mes (20%) y el 6% con ocasión de festividades religiosas. Por el contrario, el 32% no concurre nunca o casi nunca.

En cuanto a la pertenencia confesional, el 80% de los habitantes manifestaron pertenencia o adhesión a la religión Católica. En mucho menor medida, un 9% indicó la religión protestante, un 1% la pentecostal, un 3% mencionó otras religiones y el 7% afirmó no pertenecer o adherir a ninguna.

Con ligeras variantes estos porcentajes son similares al estudio realizado por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y publicado por la Universidad Nacional de Quilmes en abril del 2002 con el título "Creencias y religiones en el Gran Buenos Aires. El caso Quilmes", referidos exclusivamente a esa localidad del conurbano.

Independientemente de prácticas relacionadas con una Iglesia determinada, el 80% se consideran a si mismos "personas religiosas". El 16% declara no serlo a los que han de sumarse el 3% de ateos convencidos. El 2% no respondió, lo que señala que en el tema de la religiosidad personal, la autoconciencia y las convicciones no quedan en el anonimato.

Estos datos son parte del análisis de la realidad que conduce a los obispos argentinos a señalar como uno de los desafíos que ha de figurar en la Actualización de las Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización bajo el título de la búsqueda religiosa o "las búsquedas de Dios".

La búsqueda de trascendencia es parte de un sentimiento casi universal que es descripto por el Catecismo de la Iglesia Católica en términos muy amplios: De múltiples maneras, en su historia, y hasta el día de hoy, los hombres han expresado su búsqueda de Dios por medio de sus creencias y sus comportamientos religiosos. A pesar de las ambigüedades que pueden entrañar, estas formas de expresión son tan universales que se puede llamar al hombre un ser religioso (Catecismo de la Iglesia Católica, 27-28).
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La imagen pública de la jerarquía: entre la riqueza y la austeridad

La novedad de la Encuesta 2002 comienza cuando concreta la opinión de los argentinos sobre la jerarquía de la Iglesia Católica. Resulta positiva en un 43%; regular en un 30% y negativa en un 18%. El 11% no respondió.

La opinión positiva aumenta al 49% entre los que se declaran pertenecientes a la religión católica y 53% entre quienes concurren a la iglesia una o más veces por semana, con lo que parece que a mayor adhesión, conocimiento o información directa la percepción mejora. Queda por investigar cuales son los motivos que llevan a casi la mitad de los fieles a tener una mirada regular o negativa sobre sus pastores, aunque puede deducirse de la pregunta siguiente.

Como la finalidad principal de esta encuesta era conocer la opinión pública sobre la economía y el sostenimiento del culto, se analizó la imagen que la jerarquía muestra en el país, a partir de los binomios "riqueza-pobreza" y "ostentación-austeridad".

El 66% de los argentinos percibe a la jerarquía católica como rica, mientras que el 16% afirma que es pobre. Un 18% no emitieron opinión. A su vez, el 49% considera que la jerarquía católica es "ostentosa", mientras que el 25% la señala como "austera". El 26 % no respondió...

Pero si esta opinión se desglosa por sexo, edad, centros geográficos y estudios se advierte que quiénes más perciben a la jerarquía católica como rica son los hombres, los más jóvenes, los que tienen entre 35 y 49 años, a mayor educación, a mayor nivel y en la Capital Federal.

La opinión de los que la consideran "ostentosa", crece entre los menores de 49 años, a mayor educación y nivel y en la Capital Federal. Pero disminuye entre quiénes concurren por lo menos una vez a la semana a la Iglesia (39%), con lo que al igual que en lo referente a la imagen positiva, a mayor cercanía aumenta la opinión favorable tanto en imagen como en austeridad de vida.

Estos resultados mantienen la vigencia del análisis que en 1969 hicieron los obispos argentinos: "Se comprueba que en algunas ocasiones la Iglesia presenta un aspecto de riqueza debido a veces a la debilidad de los hombres y a veces a apariencias que no responden a una riqueza real, más aún, apariencias que encubren una verdadera pobreza de obispos, sacerdotes, religiosos, instituciones, etc." (Documento de San Miguel, III, Orientaciones pastorales, 1).

A su vez señalaron una propuesta que aún hoy necesita una mayor implementación, sobre todo en lo referente a la transparencia de la información: "Ayudará a dar un testimonio más lucido de nuestra pobreza real y sincera, el buscar los modos de ir integrando a los laicos en la administración de los bienes eclesiásticos a todos sus niveles, y de aumentar la información sobre el movimiento de esos mismos bienes" (idem).

Un modo de cumplimentarlo es que en todas las jurisdicciones eclesiásticas se den normas que concreten la dispuesto por el Código de Derecho Canónico de 1983 para los responsables de los bienes eclesiásticos: "Los administradores rindan cuentas a los fieles acerca de los bienes que éstos entregan a la Iglesia, según las normas que determine el derecho particular" (Canon 1287, 2).

Sin pretender ser exhaustivo, la información anual de la Colecta Más por Menos, o los balances que publica la Conferencia Episcopal Argentina, o diócesis como Santa Fe o San Isidro en sus respectivos Boletines oficiales, son algunos ejemplos de cómo se puede manifestar la transparencia, pero a su vez obligan a pensar cómo llegar a los medios de comunicación masiva y no exclusivamente del ambiente eclesiástico.

Con estas prácticas coincide el 77% de la población argentina que manifestó que es importante que la Iglesia informe públicamente el destino de sus fondos (50% muy importante + 27% bastante importante), mientras que un 16% opinó lo contrario y un 6% no respondió.

Recursos económicos: entre la ignorancia y la fantasía

¿Cómo se financia la Iglesia Católica en la Argentina?

Se trata de un tema histórico que nos remite a la expropiación de los bienes eclesiásticos realizados por la reforma de Bernardino Rivadavia en 1826, y al artículo 2º de la Constitución Nacional de 1853: El Gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano. El presupuesto de Culto del año pasado previó un aporte mensual de alrededor de $ 2400 por obispo y $ 252 por seminarista. Si se tomara, a modo de promedio una diócesis con 20 seminaristas, el aporte mensual rondaría los $ 7500.

Los resultados de la encuesta señalan que el 46% de los argentinos manifestaron desconocer la principal fuente de financiamiento de la Iglesia Católica Argentina. Del grupo que manifestaba tener información, y con la posibilidad de proponer más de una fuente, el 25% señaló que provenía de los aportes de los fieles. El 17% lo atribuyó al Estado, mientras que el 16% imaginó aportes del Vaticano. Un 5% lo asigna a inversiones, un 2% a donaciones de empresas argentinas, otro 2% a donaciones exteriores y un 3% a otros ingresos. El porcentaje restante no contestó.

Pero si la pregunta se concentra en cuánto el aporte del Estado a la Iglesia, el 53% no tiene ningún conocimiento; el 6% opina que "mucho"; el 16% "bastante", el 14% "poco" y el 11% "nada.

En cuanto a su propia parroquia, el 75% de los católicos desconoce como se utilizan los ingresos, mientras que a un 53% le interesaría saberlo. Una vez más surge el problema de la relación cercanía e información porque entre quiénes concurren a la iglesia con mayor frecuencia la mitad sabe como se administran los fondos de su parroquia.

El sostén económico: entre el Vaticano y los posmodernos

Existe una alta y justificada ignorancia sobre el origen de los fondos eclesiásticos, pero en cambio casi todos opinan sobre cuál es la principal fuente de financiamiento de la Iglesia Católica Argentina. Aparece una nueva sorpresa, porqué pudiendo indicar fuentes, el 42% señaló al Vaticano; el 33% a los fieles argentinos; el 18% al Estado, 14% a las inversiones de la Iglesia; el 7% a las empresas argentinas, y otro 7% a donaciones del exterior. Un 16% no respondió. El Vaticano fue la fuente más señalada en todos los sectores sociales, en mayor proporción entre los fieles de la clase alta y media alta, en la Capital Federal y entre quienes concurren por lo menos una vez por semana a la iglesia.

Es aquí donde se produce la mayor diferencia entre lo que muchos agentes de pastoral esperan de los miembros del Pueblo de Dios y lo que un alto porcentaje de éstos propone como manera de mantener la Iglesia. Los datos señalan que son muchos los que dejan al Vaticano y al Estado, y en menor número a empresas argentinas o donaciones "del exterior" la responsabilidad referida a la institución eclesiástica, con lo que se desdibuja la responsabilidad personal y la autonomía económica con respecto al poder político.

Por eso al interrogárseles acerca del porcentaje de ingreso familiar mensual que los fieles deberían aportar a la Iglesia, un 58% no respondió y un casi un 25% de la población católica indicó: "ninguno". Un 11% de un 1 a 5%; un 6% de 6 a 10%; un 1% de 11 a-25% y otro 1% de 26% o más.

Si se trata del mantenimiento del clero, el 49% de los católicos opinan que los sacerdotes deberían cobrar un sueldo; y el 44% sostiene lo contrario. Un 7% no responde. Con todo se necesita una mayor precisión en la pregunta. Posiblemente será muy distinto el porcentaje si se interroga "¿debe cobrar un sueldo del Estado?", que si se dice "¿debe cobrar un sueldo de los ingresos genuinos de la parroquia?".

Resulta interesante señalar que un 58% de los menores de 24 años manifestaron que los sacerdotes no deberían cobrar un sueldo por su labor. En este punto será interesante investigar si esta opinión es parte de la despreocupación posmoderna, si se trata de una actitud de confianza en el voluntariado de los sacerdotes y en la libre contribución que puedan hacerle personalmente, o si imaginan un servicio con horarios acotados y otra actividad remunerada.

Aunque referida a otro tema, esta diferencia por razones de edad aparece también en la Encuesta de la Universidad de Buenos Aires: mientras el 78% de la población de Quilmes está de cuerdo con que "a los curas se les debería permitir formar una familia", el porcentaje más alto de la opinión contraria está reflejada en el 20% de los jóvenes entre 15 y 24 años. Restaría averiguar cómo propondrían los quilmeños el mantenimiento económico de la eventual la familia de los sacerdotes.

En la Encuesta Gallup se preguntó al 49% de los católicos que afirmaron que los sacerdotes deberían cobrar un sueldo por su labor , "cuanto consideraban que deberían cobrar". Un 19% indicó menos de $250. Luego, la mayor concentración de respuestas con el 42% se encontró en el tramo de sueldo $250-$500. Un 15% indicó de $501-$1000; un 3% de $1001-$1500; un 1% de $1501-$2000; un 1% de $2001-$2500; otro 1% $2501-$3500; y un 18% de $3501-$4000.

Atendiendo a estas cantidades parece que la asignación que la mitad de los católicos proponen para el clero es similar al sueldo inicial de un docente. Falta saber si se supone que con ese ingreso se debería pagar los $95 de la Mutual de San Pedro (equivalente a la obra social) y una cantidad similar por aporte al Fondo de Solidaridad Sacerdotal (equivalente al aporte jubilatorio). Parecería que los gastos de alimentación y de la vivienda son aportados por los fondos parroquiales, pero este dato es una deducción realizada sobre el cálculo de un ingreso de $ 250.

El aporte personal: entre la crisis económica y la transparencia

El 33% que opina que la principal fuente de financiamiento han ser los propios fieles son los que más se acercan a la práctica de lo que ocurre en la realidad: casi el 40% de los católicos manifestaron haber aportado dinero a la Iglesia Católica en los últimos 12 meses; y casi un 25% lo hizo en el último mes. El aporte es más frecuente entre mujeres, a partir de los 50 años y a mayor educación y nivel socioeconómico.

Entre quiénes concurren a la iglesia una o más veces por semana, un 54% manifestó haber aportado en los últimos 12 meses y un 45% en el último mes.

Sin embargo, más allá de los imaginarios y de las propuestas, la crisis económica de Argentina, agravada en los meses en que se realizó la encuesta, golpea las mejores intenciones. Interrogados por los motivos por los cuáles no aportan más o no aportaron, un 55% de los católicos se refirió a motivos económicos. Luego, algo más de un 25% indicó que prefiere donar a fines solidarios directamente.

Entre los otros motivos elegidos, el 13% de los católicos entrevistados no sabe a dónde va lo que donan o señaló falta de transparencia, el 9% no ve testimonio de pobreza en la jerarquía de la Iglesia, el 8% cree que la Iglesia no lo necesita y el 5% no ve testimonio de pobreza en el sacerdote de su parroquia. Un 2% quiere aportar pero no sabe como hacerlo. Un 6% indicó otras razones mientras que un 7% no respondió.

Cabe destacar que los motivos de la crisis económica fueron los más mencionados en todos los segmentos, a excepción de los universitarios y la clase alta, donde alrededor de la mitad priorizó la preferencia por donar directamente a fines solidarios.

Los resultados de esta Encuesta sobre el Financiamiento de la Iglesia Católica en Argentina muestra la necesidad de continuar estudiando y aplicando el "Plan Compartir", que con las adecuadas adaptaciones a cada diócesis, y a las variantes propias de cada situación pastoral, lleva a un mejor compartir y distribuir "talentos, tiempos y dinero".

A su vez se requiere una campaña de información a través de los medios de comunicación, tantos los de alcance nacional como los más locales y por tanto de más fácil acceso que informe con claridad sobre los aportes que se reciben, sobre todo el aporte del Estado Nacional y la contribución de los católicos argentinos a las obras solidarias de la Santa Sede, o las donaciones que se envían al país con motivo de catástrofes o situaciones de emergencia.

A nivel de base, los agentes de pastoral –tanto quienes ejercen ministerios ordenados, como los religiosos y religiosas, laicos y laicas en sus diversos ministerios, instituciones y movimientos– pueden buscar las maneras de "mostrar y demostrar" cómo se mantienen los grupos que integran. Tendrá que ser normal ver carteleras parroquiales y boletines de comunidades que informen el número de catequistas voluntarios, la rendición de ingresos y egresos en lenguaje popular y sencillo, las familias atendidas por Caritas, la cantidad de remedios entregados, el costo de los cancioneros para las celebraciones litúrgicas, el de los Evangelios que pueden regalarse a quienes se casan, o del curso para perfeccionamiento de los coordinadores de las charlas pre-bautismales.

Un proyecto más ambicioso que requiere estudios pastorales y económicos más precisos y un amplio debate, será la renuncia por parte de la Iglesia Católica a la asignación que recibe del Estado en calidad del presupuesto de culto.

En el mismo momento de concluir este artículo, llega por el correo electrónico el boletín de la Agencia Informativa Católica Argentina que informa que los ingresos de la Arquidiócesis española de Madrid en 2001 fueron de unos 68 millones de dólares y sus gastos de 67,5 millones. Un 46% de los ingresos proceden de aportes directos de los fieles por colectas y donaciones y el resto se origina en la "asignación tributaria", la cantidad que entrega el Estado a la Iglesia y que proviene también de los fieles, por lo que destinan en su impuesto sobre la renta a los "fines sociales", en los que eligen entre ayuda a la Iglesia o a instituciones sociales no religiosas. Un 38% especificó en su declaración impositiva que quería se dedicara a la Iglesia.

Me pregunté entonces si faltará mucho para que AICA reciba el material para poder darnos una información similar referidas a las jurisdicciones eclesiásticas de nuestro país.
fuente: http://www.san-pablo.com.ar/vidapastoral/?seccion=articulos&id=57