Murio Holdbrooke, Padre del caos en Bosnia




El diplomático estadounidense Richard Holbrooke ha muerto ayer en Washington, justamente en vísperas del 15 aniversario de los Acuerdos de Dayton que supusieron el fin a la guerra civil de Bosnia y de los cuales le consideran artífice. La prensa y los medios en general ya nos han inundado con el diluvio de glorificaciones hacia el difunto, usando toda clase de adjetivos, cada uno más elogioso que el anterior. La cúpula política de los EE.UU y de la UE no ha tardado en subrayar que “Holbrooke salvó muchas vidas e hizo que millones de seres humanos en todo el mundo vivan mejor” (B.Obama). Hasta el enemigo más querido de Holbrooke, Radovan Karadžić, a través de sus colaboradores comunicó que lamentaba la muerte de Holbrooke. Por motivos distintos a los de la mayoría, eso sí.


El sentimiento que tengo es prácticamente el mismo que tuve hace cinco años cuando murió Ibrahim Rugova y el que intenté exponer en el texto “Muere Rugova, un falso palomo de la paz” (ver AQUÍ) Se ha ido una persona cuya aportación a la paz ha sido mínima y que, en lugar de haber sido condenado por fomentar la violencia, se va a la historia con los laureles del pacificador. Son innumerables los actos de comportamiento antidemocrático de Holbrooke pero desde luego lo más destacable es su labor en torno a los acuerdos de Dayton. Estos acuerdos son, a pesar de todo palabreo, un autentico fracaso de la democracia. Se forzó la construcción de un país, Bosnia, donde la mayoría de sus ciudadanos no quiere vivir, ni serbios ni croatas, que forman más de la mitad de la población bosnia. Fracaso de la democracia, además, por la rehabilitación de la figura histórica del virrey, con poderes ilimitados, propia del período colonial, y estrenado en Bosnia por el español Carlos Westendorp. Entre otras cosas, claro.

Richard Holbrooke ha destacado siempre por sus métodos poco ortodoxos y, normalmente, poco democráticos. Así actuó en Dayton cada vez que pudo, como a la hora de exigir a los presidentes de Serbia, Bosnia y Croacia que viajasen a Dayton con plenos poderes parar firmar cualquier documento sin tener que consultar antes a sus parlamentos. Es decir: obligaba a que el futuro de esos pueblos estuviera totalmente en las manos de tres personas, a la espalda de los representantes de los ciudadanos, en momentos tan cruciales de la historia. No menos representativo de la catadura moral de Holbrooke fue su invitación y respaldo al presidente Tudjman para que prosiguiese con la ofensiva militar contra los serbios en Krajina; o a los generales musulmanes, a los que animaba para tomar la ciudad serbia de Prijedor por la fuerza cuanto antes.

Estos y otros ejemplos abundan en el libro de Richard Holbrooke, “Para acabar una guerra”, título pretencioso donde los haya. Para no desaprovechar la oportunidad, diré que la edición española de este libro fue prologada por otro “progre” europeo que activamente participó en la destrucción de Serbia y satanización de los serbios, Felipe González, antiguo presidente del gobierno español que, igual que Holbrooke, no tenia reparo alguno para reunirse con los terroristas del ELK unos meses después de haber sido condenados estos por los actos del terrorismo. Resolución 1160 del Consejo de Seguridad de la ONU (ver AQUI) fue aprobada el 31 de marzo de 1998 pero González, apenas dos meses despues decidió a reunirse con los terroristas. A la vuelta a Belgrado, Slobodan Milošević se negó, lógicamente, a recibirle. Felipe González aprovechó la ocasión de condenar la actitud del presidente serbio pero nunca dijo que la suya tampoco era brillante. Su amigo Holbrooke, conocido por su afan del protagonismo, decidió apoyar a los terroristas visitándoles en su feudo, aceptando ser filmado con un grupo de individuos armados, con claro aspecto militar en un país donde no eran ninguna fuerza regular sino un grupo de terroristas. (ver el articulo de The Time) Así respetaba las resoluciones de las Naciones Unidas y así nos acordaremos de el. VER VIDEO

Desde sus inicios, la carrera política de Holbrooke ha estado llena de sombras. En los años setenta, siendo responsable, en la administración Carter, de los asuntos de Asia Central y Pacífico en el Departamento de Estado, diseñó la política de Estados Unidos hacia Indonesia cuando este país llevaba a cabo el genocidio de más de 200.000 personas en la ex-colonia portuguesa de Timor Oriental. La administración norteamericana, representada por Holbrooke, no sólo apoyaba la agresión indonesia, sino que vendía armas al país asiático a pesar de la prohibición de Naciones Unidas. Cuando muchos años más tarde, en el 1999, Timor volvió a las portadas informativas, nadie ha recordado el papel jugado por Richard Holbrooke, el entonces embajador de Estados Unidos en la ONU.

Además, Holbrooke se ha caracterizado por mezclar su labor política con sus negocios privados. A principios de 1999 fue investigado en Estados Unidos, acusado de “haber usado sus contactos en varios países para promocionar negocios (...) del banco en el que trabajó”.

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Oj Alah se este pudriendo, aunque no creo que los gusanos se atrevan a comer tan despreciable ser.