El flamante libro de Cynthia, su ex mujer, presenta un retrato más realista y descarado

Cuando nos enteramos, allá por 1988, de la aparición del polémico libro The Lives of John Lennon , de Albert Goldman, una biografía de John Lennon en clave de difamación y libelo, como fans de Los Beatles, simplemente nos indignamos. Nos pareció simplemente un segundo asesinato, y esta vez, impune. Estuvimos de acuerdo con Paul McCartney, que invitó a boicotear el libro. Después, la curiosidad pudo más.

En su obra, Goldman pretendía destruir el mito del Lennon humanista, creativo; icono pacifista de una generación; generoso; algo despistado a veces (bastaba recordar las desopilantes y "arriesgadas" protestas por la paz en cama y pijama, por ejemplo), pero esencialmente, una figura noble.

Ofrecía, en cambio, la visión de un músico competente (apenas se ocupaba de su música en el libro) y un individuo mezquino, insensible, corrosivo, egoísta, que había abandonado (desinteresándose por completo de su destino) a su primer hijo, Julian. Un individuo iracundo, que podía convertirse también en golpeador de sus mujeres, e incluso de sus amigos, como el mismísimo Stuart Sutcliffe, al que un golpe suyo en Hamburgo le habría causado (siempre según Goldman) un daño irreparable a su salud (el talentoso artista plástico murió muy joven por un tumor cerebral).

Lennon había sido, según Goldman, un adicto esclavizado de la heroína, un marido sumiso y maniobrado por una despiadada Yoko Ono, que lo había alejado de sus amigos y familiares de Liverpool, además de haber mantenido un escarceo homosexual con el manager de su banda, Brian Epstein, tal vez con el fin de que éste se ocupara todavía más de los intereses de los Beatles y del papel de Lennon en el grupo como su líder indiscutido.

Por supuesto que el libro nos repugnó por entonces y no creímos ni una palabra de lo que decía. En primer lugar, porque Goldman ya había difamado previamente al talentoso cómico norteamericano Lenny Bruce y al mismísimo rey del rock, Elvis Presley, y había ofrecido miles de dólares a conocidos de Lennon (como el cantante Harry Nilsson) a cambio de una anécdota sórdida, o de un esqueleto del placard del matrimonio Lennon-Ono. Fieles y convencidos fans de los Beatles, preferimos sepultar en el olvido la visión envenenada del despiadado periodista y profanador de famas.

Como muchos admiradores en todo el mundo elegimos pecar por ingenuos y seguir comprando la imagen más tranquilizadora de Lennon, la del músico increíblemente creativo que nos había provisto de la banda de sonido de nuestra juventud, la del genial creador de himnos de la hondura y madurez de "Strawberry Fields Forever" o el humanista seráfico e idealista de "Imagine". Seguimos emocionándonos cada 8 de diciembre cuando la necrofilia televisiva nos devolvía las imágenes entrañables del músico, al que prácticamente se lo comparaba con el mismísimo Mahatma Gandhi o con Martín Luther King, un verdadero santón del panteón del rock.

Y sin embargo, como hemos ido creciendo, y penosamente dejando de creer en los peces de colores, tal vez algo del veneno destilado por Goldman empezó a tomar entidad. Claro: no es que nos hagamos menos estúpidos o más sabios con los años, pero ganamos perspectiva. Y así fuimos descubriendo a un Lennon más verídico. Así, en un fragmento de su film de homenaje Imagine (1988) patrocinado por su esposa y albacea testamentaria, Yoko Ono, se veía al músico y a Yoko, en pijama, en una de sus protestas en la cama por la paz en el mundo. También se observaba cómo el ácido humorista norteamericano Art Buchwald se introducía en la habitación y empezaba a burlarse en tono despiadado de la protesta de Lennon. Este, que no lo podía echar violentamente del cuarto sin desmentir ahí mismo su flamante pacifismo, se revolvía inquieto en la cama, mientras su mirada destilaba un odio furioso.

Ya habíamos descubierto en sus solapados ataques a su ex socio Paul McCartney cuando competían en sus carreras solistas, que Lennon podía ser corrosivo, despiadado e incluso mezquino. Su tema "How Do You Sleep" era el más venenoso e injusto ataque que se podía concebir hacia alguien que fuera socio y amigo durante tantos años.

Mas aún, recordamos sus famosas entrevistas a la revista Rolling Stone , en 1970, cuando había desmerecido con desdén y un dejo competitivo mal disimulado los primeros discos solistas de sus otros grandes amigos: George Harrison y Ringo Starr. Allí, de un trabajo espléndido como el triple álbum de George Harrison All Things Must Pass no tenía nada mejor que decir estaba bien, pero que no era una música que escucharía en su casa.

También un libro menor, que no dejaba de ser interesante: John Lennon, my brother , de su hermanastra Julia Baird (escrito junto a Geoffrey Giuliano y publicado en 1988), mostraba a un Lennon de pronto tan generoso y nostálgico con amigos y familiares de Liverpool, como al poco tiempo insensible y alejado de todos, cuando su mujer, Yoko, lo arrastraba a Nueva York y le ponía un cerco a sus afectos y cortaba inmediatamente el teléfono en el edificio Dakota, apenas creía descubrir del otro lado de la línea un acento oriundo de Liverpool.

Finalmente, para completar el cuadro del personaje, se acaba de editar John , la biografía de Lennon (publicada por Ma Non Troppo) narrada precisamente por su primera mujer, Cynthia; un libro que, bueno, no es Joyce, pero se deja leer y aporta datos interesantes sobre el carácter del músico. Resulta incluso no ser demasiado duro con Lennon, pese a ser escrito por su ex, lo que deja intuir todavía entre sus páginas (y mezcladas con un razonable rencor) un fuerte amor por el músico. En primer lugar, resalta la cobardía emocional de Lennon. (¿Podemos llamarla así?) Como cuando tras su escandalosa separación de Cynthia, en 1968, en vez de enfrentar a su hijo Julian y explicarle lo que pasaba con la separación de sus padres, solucionó el problema olvidándose de la existencia del niño. Al no poder darle razones, puso simplemente un océano de distancia entre los dos. Se fue a Nueva York con Yoko y permitió que ésta filtrara las llamadas.

O la poco valiente actitud de John (que ciertamente compartieron George y Paul) hacia el primer baterista de los Beatles, Pete Best, al que echaron de la banda justo en el momento del despegue al éxito. Confirmando lo contado por Cynthia, unos años atrás, precisamente hablábamos junto a Luis Ini (periodista de este diario) con Pete Best durante una visita suya a Buenos Aires sobre los viejos días de Hamburgo y los inicios de los Beatles, y nos contaba que Lennon era el más cercano, el más amigo suyo en la banda, y que nunca pudo entender por qué no quiso verlo después de su despido. Como si el bueno de Pete simplemente hubiera dejado de existir. Ese era el Lennon que dejaba atrás los cadáveres, insepultos incluso.

El libro de Cynthia muestra también cómo a partir de mediados de 1966, al terminar las giras de los Beatles, John se convirtió en un personaje hermético, egoísta, cada vez más dependiente del uso de las drogas, que vivía encerrado en las ensoñaciones del LSD, ensoñaciones que incluso hacían más esporádica su creación musical y permitían la rivalidad por el liderazgo de la banda entablada por Paul McCartney.

Más sórdida aún resulta su curiosa dependencia y obediencia hacia Yoko, a la que Lennon llamaba simplemente Mother . Esta dependencia se mostró en su mayor crudeza cuando Yoko, entendiendo que su pareja con el músico de Liverpool estaba en crisis, a mediados de los setenta, se ocupó incluso de arrojarlo a los brazos de una amante oriental, May Pang, que ella misma le seleccionó y tal vez hasta controlaba.

El flamante libro de Cynthia, entonces, brinda unos datos más, unas simples piezas faltantes del rompecabezas de un gran músico y un individuo tan complejo como John Lennon. Entre el libro vitriólico de Goldman y éste, más piadoso, de la ex esposa de Lennon, ciertamente hay un abismo. Pero, mientras tanto, la figura real del beatle ha ido tomado otra dimensión, más humana en sus debilidades; más rica y compleja en sus grandezas y mezquindades.

Ernesto G. Castrillón


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