¿Qué modelo queremos para los medios?

Pierre Bourdieu sostiene que el poder del periodismo es determinante dentro de una sociedad. A través de él se puede establecer la agenda, qué tema será visible y que tema no, ya que éste depende plenamente del campo periodístico. Aunque dentro de este campo la búsqueda de la censura no se de en forma consciente, no se puede negar que la influencia que ejerce el periodismo, es tal vez mucho mas poderosa que la de otros campos. Con la aparición de la televisión, el poder del periodismo se ha incrementado al igual que su capacidad para redefinir el medio dominante. El poder de cobertura es mayor y la posibilidad de influir sobre las personas también. De este modo, a partir de la aprobación de “la ley de medios”, se ha abierto un extenso debate sobre que tipo de periodismo debe ejercerse dentro de la Argentina. Muchos claman por la ampliación de ciertas voces y otros cuestionan fuertemente los intereses que esconden por detrás las grandes corporaciones avocadas a los medios de comunicación. Mientras este debate aun no ha quedado saldado no bien se aprobó la Ley de Medios, todavía no queda en claro si lo que se busca es una ampliación de las voces dentro del mercado de ideas, o lo que se busca realmente es mejorar la calidad de los medios. ¿Qué tipo de modelo debe imperar en una sociedad democrática?

Un modelo de medios a la Adam Smith, diría que Nazis y Humanistas deberían convivir dentro de un mismo mercado de ideas. En esencia, el consumo o la popularidad de las ideas que navegan por un mercado irrestricto están atadas a su “competitividad”. Esta particular visión sobre el modelo de medios que deseamos tiene sus pros y sus contras: Por un lado, de permitirse un mercado de ideas sin restricciones, estaríamos privilegiando uno de los pilares constitutivos de la democracia: la libertad de expresión. Sin regulación, todo tipo de ideas pueden difundirse y es el éxito mismo de éstas lo que las mantendrá con vida. Este tipo de modelo abre espacio para que las más extremas de las ideas también tengan su lugar: revindicar dictadores, llamar a la revolución, negar genocidios. Regularlas o bien prohibirlas, sería en definitiva atentar contra el valor más constitutivo de la democracia: expresarse. Difundir mentiras podría ser el principal argumento que puede convocar y justificar la necesidad de regular cierto tipo de contenidos. En definitiva, creo que lo que la democracia custodia, y en su sentido más liberal, no es la búsqueda o la difusión de la verdad, sino el derecho de que un individuo pueda expresar con argumentos o no, lo que piensa (mas allá de toda verdad que pueda ser considerada objetiva). Por otro lado, el peligro verdadero de dejar que el mercado controle las ideas que han de competir dentro de los medios, es que las minorías, grupos económicamente desfavorecidos o simplemente ideas “poco populares” (poco competitivas) tengan la oportunidad de expresarse.

Por otro lado, un modelo de medios a la John Maynard Keynes, llamaría al Estado a participar dentro de la regulación de un mercado, que también presenta virtudes y vicios dentro de su lógica intervencionista. Las minorías podrían estar representadas gracias a la ayuda de un Estado, que puede darles un protagonismo que de otro modo no podrían tener. En este sentido, otro principio básico democrático se hesitaría respetando: la igualdad de oportunidades. Aunque este punto teóricamente pueda parecer democráticamente virtuoso presenta un peligro innegable, y por lo tanto, el punto débil de este modelo: El Estado como ente regulador. ¿Quién puede creer (y principalmente en América Latina) que el Estado nacional puede ser una entidad con la suficiente responsabilidad social como para regular contenidos?. El peligro de que un Estado tenga la potestad de regular contenidos o alzar y acallar voces con tan sólo desearlo, supera totalmente el ideal democrático de una participación en los medios igualitaria para todos.

El debate sobre que tipo de modelo de medios queremos para nuestro país se vuelve tan tedioso como la intervención o no intervención de la economía. Creo que en definitiva, no puede apelarse a ninguno de los dos extremos, siendo la libertad de mercado tan fundamental como la intervención del Estado.

El periodismo y el Estado mismo, son dos monstruos que bajo las manos equivocadas pueden generar calamidades (y de hecho las generan). Mas voces no significa mejor periodismo ni tampoco que la información recaiga en las manos de unos pocos (los más ricos). La función del periodismo ha sido siempre la de criticar el poder. El periodismo es un contra balance fundamental que tiene la sociedad ante la magnitud del Estado frente al individuo. Siguiendo con el razonamiento, el periodismo mismo se vuelve poder. Por consiguiente resulta fundamental que, del mismo modo que el Estado debe rendir cuentas a sus ciudadanos, los medios de comunicación también comiencen a rendir cuentas a sus lectores o televidentes a partir de un mayor control civil dentro de toda corporación mediática.

Fuente: http://www.enfoquepolitico.com/2010/12/29/%C2%BFque-modelo-queremos-para-los-medios/