Buscan vida como la de la Tierra en 400 estrellas




Dennis Overbye
The New York Times
MOFFETT FIELD, Estados Unidos.- Aquí, en un edificio del Centro de Investigación Ames de la NASA, las computadoras analizan y vuelven a analizar la luz que llega de 156.000 soles distantes buscando las primeras pistas de que la humanidad no está sola en el universo.
Las estrellas están siendo monitoreadas por el observatorio satelital Kepler, cuyo trabajo consiste en una suerte de "encuesta Gallup" del cosmos. Mañana, los astrónomos del Kepler darán a conocer la lista celosamente guardada de las 400 estrellas que son las mejores candidatas para albergar planetas, algunos de los cuales podrían resultar los más pequeños y más parecidos a la Tierra que se conozcan hasta el momento. Ellos representan el primer paso de una búsqueda que es tan antigua como la imaginación y tan nueva como la iPad.
En los próximos dos o tres años, mientras Kepler continúe observando, dicen los astrónomos, será capaz de detectar planetas en las zonas "Goldilocks" (Ricitos de oro), donde no hace demasiado calor ni demasiado frío para que exista agua líquida.
"Lo que queremos es encontrar vida", dice Geoffrey Marcy, de la Universidad de California en Berkeley e integrante del equipo del Kepler. William Borucki, 72, el jefe del grupo científico que invirtió los últimos 20 años en lograr el despegue del Kepler, dijo recientemente en su oficina: "Yo sostengo que el Kepler es más importante que el Hubble. Nosotros ofrecemos los datos que la humanidad necesita para salir al espacio".
Estos son tiempos de ciencia ficción. Kepler es sólo el primer paso en un proceso que los expertos calculan que durará décadas. Tanto la NASA como la Agencia Espacial Europea tienen planes para emplear naves y equipos cada vez más complejos y costosos en la búsqueda de planetas y vida fuera del sistema solar.
Un laboratorio robótico llamado Curiosity partirá hacia Marte en una misión de 2.500 millones de dólares este otoño [boreal]. Los astrónomos discuten si la próxima misión de este tipo debería ir a la luna de Júpiter, Europa; a la luna de Saturno, moon Titan, cubierta de metano; o a otra de las lunas de ese planeta, Enceladus, con sus géisers de agua.
En este momento, los seres humanos no pueden reunir el dinero o la voluntad política ni siquiera para volver a la Luna... ni hablar de navegar a otra estrella. Le llevaría 300.000 años al Voyager 1, que está abandonando el sistema solar a más de 45.000 kilómetros por hora, recorrer los 20 años luz que nos separan de Gliese 581, uno de los sistemas planetarios más cercanos; los planetas que observa Kepler están a entre 500 y 3000 años luz de distancia.
La NASA y otras organizaciones, como la Sociedad Planetaria, han experimentado con velas solares, láseres y propulsión con partículas de alta energía.
Es más que un simple ejercicio intelectual, dicen. Las imágenes religiosas tradicionales de nosotros mismos como criaturas de Dios, o incluso de Dios, podrían resquebrajarse si encontráramos organismos que viven de acuerdo con reglas químicas completamente diferentes en una luna o en un planeta extrasolar.
Otro hogar en el espacio
Más aún, como los astrónomos continúan recordándonos, la humanidad eventualmente perderá a la Tierra como su hogar, ya sea por el calentamiento global, por una plaga mortífera, por un asteroide asesino o por la inevitable decadencia del sol. Antes de eso, si queremos que el universo nos recuerde, tendremos que alejarnos.
Fue recién en 1995 que un equipo de astrónomos suizos del Observatorio de Ginebra descubrió el primer planeta extrasolar en la estrella 51 Pegasi. Pero en la década siguiente los grupos del doctor Michael Mayor, y Marcy y Paul Butler, de la Carnegie Institution, y más y más astrónomos compitieron en la búsqueda. Se han registrado imágenes directas de cuatro planetas rodeando como aceitunas en un vaso de martini una estrella llamada HR 8799, a 130 años luz de distancia de la Tierra, en la constelación Pegasus. Y otro a sólo 25 años luz de la Tierra, en la constelación Piscis Austrinus.
Hay ahora más de 500 planetas en el sitio PlanetQuest, del Jet Propulsion Laboratory. Ninguno es habitable.
Kepler fue lanzado de Cabo Cañaveral hacia su órbita alrededor del sol el 6 de marzo de 2009. Su mirada se centró en un retazo de cielo de alrededor de 20 lunas llenas en las constelaciones del Cygnus y Lyra, que contienen alrededor de 4,5 millones de estrellas. Ese es el barrio del censo cósmico del Kepler. Su tarea es simplemente medir el brillo de 156.000 de esas estrellas cada media hora, para registrar perturbaciones repetidas en su brillo causadas por el tránsito de planetas. Pero el hallazgo de planetas como la Tierra es difícil, y los científicos sólo harán anuncios cuando hayan probado que dieron con un planeta de seis modos diferentes.
A Borucki le gusta comparar la búsqueda de otros mundos con la construcción de las catedrales, una tarea que pasó de una generación de creyentes a la siguiente.
¿Y si finalmente encontramos lo que buscamos?
"Si encontramos montones de Tierras tendremos que gastar mucho dinero para construir la próxima misión que vaya y averigüe si allí hablan en inglés o en francés", dice. Pero si estamos solos, "tal vez conquistemos toda la galaxia -agrega-. Nadie estará allá afuera para detenernos".