La Nación se dedica a hacer humor y falla
El diario La Nación eligió una estrategia novedosa en su política comunicacional anti kirchnerista: la comicidad. Carlos M. Reymundo Roberts es el periodista a cargo de una inexplicable columna que mezcla opinión y humor.


Aún a riesgo de perder la circunspección histórica del diario fundado hace más de 130 años, La Nación explota la veta del humor para desgastar al gobierno y, en especial, a la figura de Cristina Fernández de Kirchner. En ese plan, su show-man destacado se llama Carlos M. Reymundo Roberts: un hombre prolijo y sonriente, influyente en la política interna del diario, ultraconservador y vinculado al Opus Dei. Desde hace un par de meses, Roberts convirtió sus columnas en un gran chiste ideológico y opositor.

En el artículo de hoy, Roberts realiza una crítica sardónica al discurso presidencial de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso. La nota arranca así:

Risas Del Opus Dei


"Quiero decirlo desde la primera línea: mi admiración por la Presidenta vive horas de desenfreno, casi diría de alienación, y muy en serio empiezo a preguntarme si en octubre encontraremos a alguien que no la vaya a votar. Veo incluso la posibilidad de que se suspendan las elecciones, por inútiles: a esas alturas la marea cristinista lo habrá cubierto todo, y en vez de encerrarnos en un cuarto oscuro deberíamos reelegirla por aclamación popular en calles y plazas, a plena luz del día".

Y cierra con el siguiente párrafo:

"Termina el mensaje de 102 minutos y estalla el recinto. Estallamos todos (yo desde mi casa, porque todavía no consigo que me inviten), felices y orgullosos: ella, única y eterna, como la definió Diana Conti, lo ha vuelto a hacer. La magia de la palabra, la seducción de la presencia. Llueven nuevamente los papelitos. Caen sobre la cabeza de la señora y allí se quedan, atrapados. Atrapados en una maraña de rulos".

Desde lo estilístico el resultado es desparejo. El artículo de hoy está entre los mejores de Roberts. En promedio, sus columnas se componen de un sobre subrayado irónico, muy previsible y repetitivo desde el primer párrafo.

Pero la forma, en definitiva, es un recurso secundario. En lo conceptual, ocurre que la búsqueda humorística atropella el mensaje y el planteo formal de Roberts se pierde. ¿Qué intentó comunicar hoy Roberts? No está claro. Tal vez, que el oficialismo le da demasiada importancia a la comunicación en la política; un repudio a cierta puesta en escena populista de parte del gobierno; quizás una observación - algo machista - sobre los cuidados estéticos de la presidenta.

El experimento modernizante del humor a lo Opus Dei, por ahora, no está a la altura del registro patriótico y solemne que La Nación maneja – ahí sí con maestría - hace más de un siglo.


http://www.diarioregistrado.com/Politica-nota-47559-La-Nacion-se-dedica-a-hacer-humor-y-falla.html