Ataques de Panico [ Como tratarlos ]




Un mal de nuestra epoca. Ingresá a la nota y enterate de qué se trata

Qué tratamiento elegir frente a esta problemática es tema de debate en el territorio de la salud mental. Están los fundamentalistas de “la palabra”, que creen que sólo hablando superamos todo. También están los que apuestan al comprimido “Mágico” que todo lo resuelve, en fin, hay muchos caminos para tomar y se pueden elegir varios a vez. Pero a mi criterio, lo que no se puede evadir es el hecho de interrogar el por qué a un sujeto le está ocurriendo eso, qué es lo que detona el cuadro. La vez pasada tratábamos de entender lo que era el ataque de pánico en sí, hoy exploraremos su causa y sus posibles tratamientos. En realidad intentaré contarles lo que yo creo que es “el mejor camino” a tomar frente a esta sintomatología. Cada consultante es un mundo, la psicología no es una práctica rígida, lo que sirve para un sujeto… en otro no causará ningún efecto. Es decir: no podemos establecer un esquema único para todos los consultantes o pacientes, pero sí establecer ciertos lineamientos.
Los seres humanos adultos, frente a los problemas que se nos presentan, nunca tenemos un buen camino y un mal camino para resolverlos. La vida sería muy fácil así, siempre elegiríamos el bueno. Todos los caminos que tenemos frente a nosotros son más o menos malos, o mas o menos buenos, el punto es que tenemos que elegir uno, “el menos malo” digamos. Aquel que nos haga pagar el costo menor de esfuerzo y sufrimiento. Y esto – queridos lectores- es el gran tema del hombre y de la humanidad, si quieren. Toda elección o decisión tiene un costo. No entender esto es el principal motivo de malestar de la gente.

Como

Pero volviendo a nuestro tema. El primer debate en cuestión es ¿medicación sí o no? Bueno, sabemos que pasado cierto nivel de angustia un sujeto queda inhabilitado para hablar de lo que le pasa, su malestar es muy grande y también su miedo. Entonces: lo primero que tiene que suceder en un tratamiento, en los primeros encuentros, es que la persona se sienta más aliviada, tenemos que llevar el “angustiómetro” a niveles más bajos para poder empezar a trabajar. Recordemos que un ataque de pánico es -en definitiva- un desborde de angustia. Y ahí empieza la cuestión. La medicación puede ser un camino. ¿Por qué no? El tema es que antes de llegar al psicofármaco hay puntos intermedios. Todo sujeto tiene sus defensas, están ahí para usarlas. Dormirlas antes de que salgan al combate para intentar una conquista es – por lo menos- imprudente y apresurado. Aquí el lugar de la contención del psicólogo es fundamental. El paciente se tiene que ir de su primera entrevista con la certeza de que frente a los nuevos embates del pánico va a poder contar con él. Todo psicólogo tiene que poder ser un bombero 24hs para apagar incendios y no mezquinar apoyo en esos momentos a sus pacientes. Es posible que solo un llamado a la persona que toma el timón de un proceso terapéutico alivie el malestar y el “pico” de angustia. Entonces, el paciente ya tiene un teléfono, la posibilidad también de armar sesiones extras cuando lo necesite y - por sobre todo- tiene un rumbo, puesto que hay alguien que tomó la posta por un rato, ya no está solo frente al tsunami.
Por otro lado es central que ese cuerpo-mente hipercargado tenga sus mecanismos de descarga. En mi experiencia la actividad física en estos cuadros es importante, el tipo de descarga que se pone en juego en lo aeróbico ayuda muchísimo a transitar la crisis. Por supuesto que esto depende de la gravedad del caso. Pero particularmente considero a la actividad aeróbica como un aliado importante para un buen trabajo.
Ahora bien, la persona ya fue a la ferretería y tiene toda una serie de herramientas para enfrentar los momentos más duros, cuenta con el dispositivo de llamados telefónicos al terapeuta, las sesiones extras, la actividad física para descargar ese cuerpo en tensión etc. Por supuesto que la descarga psicofísica que aporta el placer de la sexualidad es también central aquí. Lo que ocurre muchas veces es que, quien está atravesando este tipo de problemáticas se encuentra muy reconcentrado en lo que pasa con su cuerpo, piensa sin parar en su problema y como consecuencia de esto le cuesta conectarse con un “otro” o con esa fuente de placer y disfrute que es la sexualidad. Todo esto que describimos lleva un tiempo de implementación, cada cual se va apropiando de las herramientas como puede, de a poco, podríamos decir que ¡pese a él mismo! Pues está agotado, harto de convivir con “eso” que le saca toda la energía y que le impide ser feliz. Muchas veces todo esto que planteamos no funciona, por más que la persona ponga realmente todo de sí para que el terremoto pase. Entonces es ahí en donde puede llegar a evaluarse la intervención de un psiquiatra para una medicación, pero no sin antes haber apostado a que el sujeto salga por sus propios medios, con sus defensas. Cuando la persona supera o logra controlar en algo su problema con el trabajo psicoterapéutico, con su capacidad de elaboración de la angustia, con sus núcleos sanos, sale fortalecido, más sólido en su vida. Eso no anula que con pastillas salga también así, siempre y cuando él sepa que lo intentó todo para salir solo y que la pastilla ayudó, pero la cura la produjo él mismo. Vale decir: el psicofármaco no es algo en si malo para un sujeto, pero – a mi criterio- tiene qué ser un último recurso, el último camino a tomar ante la falla o insuficiencia de todas las otras herramientas. Puesto que una pastilla - hablo solo en este caso- no cura nada. Supongamos que un sujeto tiene unos dolores espantosos por piedras en su vesícula, se le puede dar un remedio para que su dolor desaparezca o disminuya, pero la causa no ha sido atacada con esa pastilla. Solo es una muleta que alivia hasta que se tome el toro por las astas y se le saque las piedras o su vesícula, esa sería la “cura” en ese caso. El psicofármaco muchas veces es útil, ayuda mucho. Pero tiene que ser dado con mucha prudencia y los tiempos que será tomado deben estar medianamente establecidos de antemano. Más de una vez me he sorprendido con pacientes muy insistentes en tomar medicación, que fueron al psiquiatra, que compraron el “remedio” y que con solo el hecho de tenerlo en su bolsillo se fueron aliviando sin tomarlo ni una vez. Con esto último, se abre todo un capítulo que tiene que ver con el poder de la sugestión, pero lo dejamos para otra oportunidad.

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La sociedad moderna con sus tiempos no da lugar a que nos tomemos el trabajo de pensar en nosotros, en quieres somos, en lo que nos pasa, todo va muy rápido. No hay mucho tiempo para conectarse con nuestros sentimientos y estados emocionales más sutiles y profundos. Los “ataques de pánico” tienen que ver también un poco con eso. Las pastillas de la felicidad y el negocio millonario de los laboratorios nos invaden con esos productos, verdaderas mercancías que nos aliviarían la angustia YA! Pero tenemos que ser muy prudentes, el camino de los psicofármacos tiene su costo y muy alto a veces, sepulta las propias capacidades que tenemos los seres humanos para salir adelante de las crisis. Y eso si que es complicado. Y ni hablar de la gente que se encuentra medicada por décadas y está cada vez peor o simplemente nunca llegó a estar bien realmente. Seguramente me quedan muchas cosas por decir en cuanto al tema y podría haberles escrito algo más prolijo y esquemático. Solo quería mostrarles de la manera más simple posible, lo que pienso y veo en mi práctica cotidiana. Por supuesto puede ser cuestionable y convive con otras verdades.
Próximamente les escribiré un poco sobre la histeria femenina que es un buen tema para volver a pensar hoy.


ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO ;



FUENTE :http://www.***/nota/478-ataques-de-panico-parte-2-como-tratarlos/