Periodismo: arte de comunicar un mensaje.

Es el día del periodista y por ello, no los pienso cansar con una perorata mezcla de resumen histórico del tipo: ¨En cuanto al nacimiento del periodismo en el Río de la Plata, sus primeras manifestaciones datan del año 1764, con la imprenta de los Niños Expósitos. El verdadero fundador del periodismo en Bs. As., fue Francisco Antonio Cabello y Meza, que en el mes de noviembre del año 1800 comienza a editar el periódico TELÉGRAFO MERCANTIL. (Su primera edición fue el 01/04/1801 y fue suprimido el 17/10/1802)¨.

Ya está. Ya conté lo que quería contar, históricamente hablando.

Los que hemos abrazado esta profesión con la intensidad con la que se abraza a un hijo, un padre o un amor no correspondido (esto es: fuerte, de frente y mirándose a los ojos), no podemos menos que gritar a viva voz ¡GRACIAS A NUESTROS MAESTROS! porque fueron ellos, nuestros maestros, quienes se tomaron el trabajo de hacernos amar la profesión. Y también fueron ellos, nuestros maestros periodísticos, quienes nos han impuesto un camino de rectitud, lealtad para con el lector (u oyente) y sobre todas las cosas INDEPENDENCIA DE IDEAS.

Independencia de ideas que no todos los que somos del palo estamos dispuestos a seguir, porque, como dice el dicho, ¨por la plata baila el mono¨, aunque tenga que confesar que no solamente por plata baila el mono, sino que también por miedo se calla, se esconde, cambia su discurso o simplemente... emigra. No pretendo con esto que quienes no profesan el periodismo independiente salgan como hordas salvajes a autflagelarse públicamente, sino, simplemente, dejar sentado qué tipo de periodismo intento hacer desde hace 13 años.

Después de este tiempo (primero detrás de la Olivetti y ahora detrás de la notebook), puedo decir sin ningún doble discurso y orgullosamente, que SOY INDEPENDIENTE. No permito que me paguen por decir ciertas cosas ni pretendo cobrar por decir ciertas otras. Prefiero seguir siendo un ignoto periodista que publica sus ideas por ahí, o que las dice a través de un micrófono, sin esperar ni fama ni fortuna a cambio de sus ideales.

Soy periodista y me pagan o me escuchan para informar imparcialmente.

Y eso, la imparcialidad, por lo menos para mí... no tiene precio.

Como cualquier otro periodista independiente (mi amigo y colega Osvaldo Igounet, por ejemplo), puedo decir ¿con orgullo? que he sido amenazado, reprendido, intimado legalmente y... aquí estoy. No porque sea macho (o lo creyera) sino porque creo haber demostrado que nunca mentí a la audiencia ocasional.

Y principalmente, no me mentí a mi mismo.

Cosa que no muchos colegas nacionales e internacionales pueden llegar a decir o demostrar.

Muchos periodistas se creen que al tener el diploma bajo el brazo y la credencial colgando del cogote ya son periodistas. Craso error, colegas. Se es periodista de nacimiento. Se mama el ser periodista. Se aprende a ser periodista estudiando y pelándose las pestañas en una redacción, o quedándose mudo detrás de un micrófono.

Un título y una credencial no acreditan a nadie para nada.

En lo poco que queda de nuestro país, vemos con asombro el nacimiento de una nueva generación de periodistas, o de informadores o mejor dicho de correveidiles del gobierno nacional y popular. Sin ningún tipo de escrúpulos, adoptan tesituras que nadie, en su sano juicio, adoptaría. Venden su alma al diablo y desprestigian, no solamente su faceta humana, sino también la profesión, que ya bastante bastardeada y prostituida está, gracias ellos y a quienes les enseñaron el camino, en pos del periodismo militante, como se lo llama ahora.

Pero ¿podemos llamar a eso periodismo?

El periodismo no es partidismo ni ideología, sino medio de difusión de hechos y realidades. El periodista no trata de quedar bien con nadie, sino de contar la verdad aproximada de las cosas.

Quienes trabajamos con la palabra, escritores, filósofos, periodistas, pensadores, y quienes, a través de sus imágenes, hacen oír el clamor de tantas voces silenciadas, todos nosotros, más que una función pedagógica, tenemos un deber ético con las sociedades. Debemos restaurar el sentido de las grandes palabras deterioradas por aquellos que intentan imponer un discurso único e irrevocable”. Ernesto Sábato.

Mientras el poder (mafiosamente político, sindical o mediático) y los genuflexos del poder intenten seguir torciendo el destino de los periodistas independientes, acá estaremos, como decimos siempre, pateando tachos y rompiendo soberanamente las pelotas.

Por lo demás, aunque fuera tarde... ¡¡¡Felíz Día del Periodista!!!