10 preguntas sobre la dictadura militar




Por Juan Balduzzi, Depto. de Investigación – SUTEBA

10 preguntas sobre la dictadura militar

El propósito de este artículo es ofrecer una guía de análisis muy general sobre las causas que llevaron a la instalación de la dictadura, los objetivos que la guiaron y las consecuencias que sus políticas han tenido. La intencionalidad: colaborar con la reflexión que los trabajadores de la educación desarrollaremos con nuestros alumnos sobre estos terribles sucesos. Tema tan vasto será, seguramente, motivo de debates. También este artículo es una invitación al mismo. Hoy, cuando parece que vivimos en un mundo sin memoria, realizar un “inventario” de nuestra historia es un paso imprescindible para construir un futuro distinto. Sin analizar el pasado, no se comprende el presente. Sin comprender el presente, no se tienen las herramientas para transformarlo, para encontrar ese “otro mundo posible” que anida en él.

1. ¿Por qué las Fuerzas Armadas dieron el golpe del 24 de marzo de 1976?

Según sus protagonistas, el golpe se produjo pues las Fuerzas Armadas tuvieron que hacerse cargo del gobierno frente a la situación de caos que vivía el país, definida por el “vacío de poder político”, “el terrorismo” y “la economía dislocada”. (1)

La argumentación, característica de los golpes de estado, encubre parte de la realidad. Es cierto que había una situación caótica, pero también que los grupos que promovieron el golpe habían contribuido a generarla. Y las Fuerzas Armadas tenían un claro proyecto político. El fracaso de la “Revolución Argentina” los había convencido de que era precisa una profunda reorganización de la sociedad. Obligados a entregar el gobierno en 1973, esperaban retomarlo. La planificación concreta del golpe comenzó más de un año antes.

La intervención militar tendría un carácter conservador y reaccionario. La proclama del 24 de marzo señalaba la necesidad de reestablecer la “vigencia de los valores de la moral cristiana, de la tradición nacional”, “de la seguridad nacional” y establecer “una relación armónica entre el Estado, el capital y el trabajo”. Sus propósitos, “terminar con el desgobierno, la corrupción y el flagelo subversivo”, rechazando “todos los extremismos” y “cualquier demagogia”. (2) Esto significaba acabar no sólo con los sectores de izquierda que buscaban una transformación radical de la sociedad, sino también modificar profundamente el país forjado por el peronismo treinta años antes. El fin era consolidar el dominio de la clase dirigente, acabar con la inestabilidad política y económica que hacía veinte años les impedía gobernar sin sobresaltos el país.

Notas:
1. Martínez de Hoz, José Alfredo. “Quince años después”. Buenos Aires Emecé. 1991. Cit. Caraballo, Liliana; Charlier, Noemí; Garulli, Liliana. “La Dictadura (1976-1983). Testimonio y documentos”. Buenos Aires, CBC, 1996.
2. Palermo, Vicente; Novaro, Marcos. “La dictadura militar 1976-1983: Del golpe de Estado a la restauración democrática”. Buenos Aires Paidós, 2003.

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2. ¿Qué políticas aplicó la Dictadura para lograr sus propósitos?


Las FF.AA., orientadas por la Doctrina de la Seguridad Nacional, implementaron un régimen de Terrorismo de Estado, un plan sistemático de secuestros, desapariciones, torturas y exterminio de dirigentes y militantes del campo popular, no sólo de los combatientes armados. Política que además de aniquilar a las organizaciones revolucionarias, buscaba descabezar a las organizaciones populares más combativas e intimidar al resto, sembrando el terror en la sociedad, a fin de disciplinarla. Por ello, la categoría subversivo era muy amplia. Abarcaba todo tipo de activistas, delegados sindicales, militantes políticos, sociales, estudiantiles, etc. Los trabajadores fueron particularmente golpeados.

El Terrorismo de Estado era la precondición necesaria para aplicar el plan económico de Martínez de Hoz sin resistencia. Según el diagnóstico neoliberal, los problemas argentinos se debían a la intervención del Estado en la economía, que ahogaba la iniciativa privada; al carácter cerrado de la economía, que la hacía poco competitiva; al gasto público excesivo; y al desincentivo de los productores más eficientes, el sector agropecuario, que debía subsidiar a la industria y a los consumidores. Achicar el Estado, abrir la economía, reducir el déficit y apoyar la producción agropecuaria eran sus propósitos manifiestos.

Pero el problema real era que Argentina tenía una economía industrial, orientada al mercado interno, con bajo desempleo. Esto le daba mucho poder a los sindicatos para defender el salario. Y además podían establecer acuerdos con los empresarios ligados al mercado interno, en defensa del salario, que a la vez era consumo, formando una alianza que podía bloquear las iniciativas de los sectores económicos dominantes (capital extranjero, oligarquía terrateniente). El plan económico atacaba las bases estructurales de estos sectores, promoviendo la desindustrialización que, al reducir la cantidad de empresas nacionales y de trabajadores industriales, haría lo propio con su poder.


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3. ¿Qué grupos sociales y políticos propiciaron el golpe de Estado?

Los grandes empresarios, sobre todo el sector liberal. En 1975 se conformó la Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias, donde gran parte de los sectores capitalistas concentrados confluyeron con intenciones desestabilizadoras (Sociedad Rural Argentina, Bolsa de Comercio, Asociación de Bancos Argentinos, entre otras).

- La mayor parte de la jerarquía católica. Adolfo Tortolo, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina y Vicario General de las Fuerzas Armadas pronosticó (en diciembre de 1975) el inicio de “un proceso de purificación”3 encabezado por las FF.AA. Sólo cuatro obispos sobre ochenta se pronunciaron públicamente contra la represión ilegal, y un puñado más aceptó recibir a los familiares de desaparecidos luego del golpe.

- Intelectuales y medios de prensa de la derecha. Por ejemplo, La Nación y La Prensa, que desde 1973 tenían una línea marcadamente opositora al gobierno peronista; Mariano Grondona, que ya había trabajado preparando el golpe contra Illia desde Primera Plana; Ricardo Zinn, quien elaboró el plan que aplicó el ministro de economía Rodrigo en 1975 y luego fue integrante del gabinete de Martínez de Hoz.

- Partidos políticos de derecha: Nueva Fuerza, Demócrata Progresista, Socialista Democrático, Federal, partidos conservadores provinciales. Sus dirigentes luego fueron colaboradores y funcionarios de la dictadura.

Notas:
3. Mignone, Emilio. “Iglesia y Dictadura”. Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes/ Página 12, 1999.

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4. ¿Cómo lograron los militares el consenso necesario para el golpe?


Después de la muerte de Perón, el gobierno de Isabel Perón fue perdiendo todo apoyo y legitimidad política, pues abandonó totalmente las pautas programáticas de 1973, en tanto la economía escapaba a su control, y crecían el conflicto social y la violencia política.

El gobierno quedó bajo la influencia de los sectores de derecha del peronismo. Se rompieron las alianzas realizadas por Perón con otros sectores. Creció la represión a la izquierda: se intervinieron las Universidades y los sindicatos opositores. Se intensificó el accionar de los escuadrones de la muerte (AAA, Alianza Anticomunista Argentina), integrados por los servicios de inteligencia y la derecha peronista. Paralelamente, también se incrementó la acción guerrillera. El gobierno dio un papel protagónico en la represión a las FF.AA., que recuperaron espacio político. Para combatir al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), en Tucumán, el ejército puso a prueba los métodos que luego utilizaría en la guerra sucia. La creciente violencia, uno de los argumentos para el golpe, era fomentada en gran medida por la propia derecha.

La política económica también giró hacia la ortodoxia. Incluso se intentó aplicar el primer experimento neoliberal, con Rodrigo, si bien la movilización obrera lo impidió. Esto robusteció el consenso capitalista sobre la necesidad del golpe. El desgobierno económico era incentivado por estos sectores (remarcación de precios, paros patronales, etc.).

La lucha interna desgastó al gobierno. A la ruptura definitiva y la guerra abierta con la izquierda peronista, siguió la lucha entre la burocracia sindical y el lopezreguismo y la ruptura en el partido entre verticalistas y antiverticalistas, que terminó de aislar a la presidenta. En este desenlace colaboraron la ineptitud política de Isabel y quienes la rodeaban.

Este cuadro llevó, sobre todo a los sectores medios, a ver a las FF.AA. como una garantía del orden. Entre los trabajadores, que aún sostenían luchas defensivas, tal vez lo que primó en su actitud fuesen decepción e impotencia, pues éste había sido su gobierno. En definitiva, como lo señaló Rodolfo Walsh en su Carta Abierta a la Junta Militar, lo que las FF.AA. liquidaron no era el gobierno de Isabel Perón, sino “la posibilidad de un proceso democrático” donde el pueblo remediara los males que lo aquejaban, pues sólo faltaban nueve meses para las elecciones.

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5. ¿Por qué el sistema político no encontró una salida democrática?

La democracia tenía escaso valor en la Argentina. Los grupos dominantes y sus partidos afines no creían en ella. Desde 1916 nunca pudieron articular una fuerza política capaz de lograr un consenso de masas. Por ello utilizaron a las fuerzas armadas como un instrumento al servicio de sus intereses. Desde el golpe del 30, cuando la élite gobernó directamente fue mediante dictaduras, gobiernos civiles tutelados por las FF.AA., y proscripciones de las mayorías populares.

Las fuerzas armadas se transformaron en un actor más del juego político, con cierta autonomía, conformando lo que luego se llamó el Partido Militar. Buena parte de los partidos liberales tradicionales que invocaban la democracia no habían dudado en golpear la puerta de los cuarteles. Los golpes eran cívico-militares, los partidos actuaban a través de ellos. Para los peronistas, la democracia era la bandera poco creíble esgrimida por los golpistas del 55; para la izquierda ocultaba el carácter de dominación de clase de las democracias burguesas.

Frente a la crisis política de 1975-76, como de hecho se aceptaba ese papel tutelar de las FF.AA., la mayor parte de los partidos no golpistas, luego de una serie de infructuosos esfuerzos por buscar una salida (que intentaban el desplazamiento de la presidenta), se resignaron a la intervención de las FF.AA. y más bien comenzaron a pensar cómo se reacomodarían luego. Esta falta de opciones se puso de manifiesto tanto en el discurso que Ricardo Balbín -líder de la UCR- pronunció dos semanas antes del golpe, como en la actitud de espera de los dirigentes peronistas.

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6. ¿Por qué se frustró el proceso abierto en 1973? ¿Cuál era el proyecto de Perón?

El retorno del peronismo al gobierno fue la culminación de un largo ciclo de luchas populares y a la vez, un repliegue de los sectores dominantes.

El gobierno de Cámpora mostraba la voluntad de cambio de la sociedad. Pero en Ezeiza estallaron las contradicciones. En el peronismo convivían sectores antagónicos. Los principales eran la Tendencia revolucionaria, el sindicalismo ortodoxo y la extrema derecha, agrupada en torno a López Rega.

Hasta allí, el protagonismo lo tenía la izquierda peronista, movilizada para construir la Patria socialista. Pero Perón tenía otro proyecto, aspiraba a reeditar la alianza entre empresarios nacionales y trabajadores. La herramienta era el Pacto Social, un acuerdo entre la CGT, la CGE (Confederación General Económica) y el Estado, para estabilizar la economía, redistribuir el ingreso y luego avanzar en otras reformas económicas. Estas nunca terminaron de implementarse. La estrategia suponía también el apoyo de la oposición (sobre todo de la UCR) para consolidar el orden institucional. Con estos acuerdos se contrapesaría el poder de las FF.AA. y los grupos empresarios adversos.

El plan fue recibido con recelo por el capital extranjero, los grandes industriales y los terratenientes, por dirigista y estatista. La izquierda también lo rechazó, pues lo veía como un freno para la transformación social.
Perón comenzó a desmontar las posiciones de la izquierda peronista, se apoyó en el sindicalismo ortodoxo y en los sectores de centro y derecha del movimiento. La Tendencia resistió movilizándose. El clima político, se enrareció: el comienzo del accionar de la Triple A; el asesinato de Rucci; medidas políticas orientadas contra la izquierda (leyes, intervenciones a provincias); ataques del ERP a unidades militares; la ruptura pública se produjo el 1º de mayo.

El Pacto Social enfrentó dificultades (inflación, reclamos obreros y empresarios). El establishment presionó. Perón, el 12 de junio, hizo un último intento de reencauzar el proyecto. Su muerte lo desbarató.

La ironía de esta historia fue que para afirmar su proyecto, Perón se apoyó en la derecha del movimiento. Y a su muerte, fue ese sector quien lo desechó. Tal vez previendo este desenlace fue que en su último discurso ante los trabajadores (los únicos que le habían permanecido fieles), expresó que el pueblo era su único heredero.

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7. ¿Qué papel jugó la izquierda revolucionaria en este proceso?
En los 60, organizaciones y militantes de diversas orientaciones ideológicas (marxistas, peronistas, cristianos) se fueron radicalizando, en un proceso con raíces en la resistencia peronista, la renovación de la Iglesia y las nuevas corrientes de la izquierda en el mundo. Coincidían en poner el acento en la necesidad de un cambio revolucionario en la sociedad.

En el movimiento obrero, se afirma una corriente combativa; en la iglesia el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo; el movimiento estudiantil se radicaliza; surgen diversos movimientos sociales, etc. Algunas organizaciones políticas llegan a la conclusión que el único camino para lograr los cambios era la lucha armada.

En el enfrentamiento contra la dictadura de Lanusse, tanto las organizaciones de masas como las armadas cumplieron un papel importante, pues fue el temor a una guerra civil -espoleado por Perón- lo que obligó a las FF.AA. a dar una salida democrática sin condiciones. Buena parte de estos grupos finalmente ingresan al peronismo. La campaña electoral también fue protagonizada por la Juventud Peronista.

En el gobierno de Cámpora, estos sectores empujaron un proceso de movilización. Sobre la base del importante papel jugado hasta el momento creyeron que liderarían la construcción del socialismo nacional. Desautorizados por Perón, dieron la lucha política. En la medida en que su campo de acción se acotaba, volvieron a las armas. Se internaron en una espiral de violencia, donde la lucha fue cada vez más militar y menos política, lo cual los llevó a un callejón sin salida, donde no podían vencer y su acción fortalecía la derecha, al darle argumentos para el golpe. Distinto al caso del ERP, que si bien tuvo disensos internos, nunca abandonó la lucha armada.

Tomada en conjunto, la acción de las organizaciones armadas durante el gobierno peronista resultó contraproducente para el campo popular y las propias organizaciones, que expuestas en demasía frente a un enemigo superior militar y políticamente, fueron destruidas. En ese clima, las organizaciones de masas más combativas encontraron poco espacio para desarrollar su política. En definitiva, los sectores que buscaban un cambio radical de la sociedad no pudieron hacer que ésa fuese una opción de masas.


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8. ¿Qué papel tuvieron la clase trabajadora y el movimiento obrero?

Luego de la caída del peronismo, el movimiento obrero sostuvo grandes luchas. En los 60 se consolida organizativamente, se transforma en un factor de poder, por su poder de movilización, sus recursos financieros, y también porque representa políticamente a los trabajadores, mayoritariamente peronistas.

La principal corriente sindical es el vandorismo. Su lema es golpear y negociar, obtener beneficios para los trabajadores, y consolidar su poder. Pérdida de democracia sindical, patoterismo, corrupción, algunos de sus rasgos. Durante la Revolución Argentina su poder es cuestionado. Renace una corriente combativa, que retoma el espíritu de la resistencia peronista junto con nuevos postulados, agrupada en la CGT de los Argentinos. Poco después surge el sindicalismo clasista, sobre todo en el interior. Los trabajadores se movilizan para reconquistar el protagonismo perdido.

El retorno del peronismo al gobierno encuentra a la burocracia sindical debilitada. Han apostado tibiamente a la vuelta de Perón. Desconfían del Pacto Social, que limita su capacidad de acción. Son crecientemente cuestionados por sus bases. Pero como resultan imprescindibles para sostener el Pacto Social, Perón, a cambio de su apoyo, los respalda. Se alían con López Rega contra la Tendencia. Los trabajadores apoyan a los líderes sindicales y a Perón, aunque también libran luchas reivindicativas. El sindicalismo combativo, en tanto, no logra consolidar sus posiciones en los sindicatos, que irá perdiendo.

Muerto Perón, el sindicalismo ortodoxo lleva adelante una ofensiva contra los sindicatos opositores e impulsa la renuncia del ministro Gelbard. En 1975 enfrentan a Rodrigo y López Rega, presionados en parte por los trabajadores y los sectores combativos. Son las últimas grandes luchas de período. En definitiva, no supieron, cuando eran el principal soporte del gobierno, formular una política que resolviera la crisis. Entonces también comenzaron a esperar el golpe, pensando en luego volver a golpear y negociar. Pero las condiciones ya no serían las mismas.


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9. ¿Cómo influyó el contexto latinoamericano y mundial?

La guerra fría: el enfrentamiento entre los países comunistas (URSS, China, etc.) y el occidente capitalista (EE.UU., Europa occidental) cubrió la escena internacional. América Latina estaba ubicada dentro de la esfera de influencia de los EE.UU. Sus políticas hacia la región tuvieron importancia. Fue significativa la influencia sobre los ejércitos de la región de la Doctrina de la Seguridad Nacional, tomada activamente por los militares argentinos, reemplazando la idea de defensa de la frontera por la de enemigo interno. Bajo este marco se desarrolló el Plan Cóndor. La influencia yanqui también se sintió a través de los organismos multilaterales, las empresas multinacionales, los medios culturales y de prensa. En realidad, bajo el supuesto de frenar el avance del comunismo, se buscó impedir la formación de gobiernos populares, que obstaculizaran la expansión de los EE.UU, de sus valores, modos de vida y sobre todo su comercio.

La influencia de la Revolución cubana: más allá de la influencia que el clima de época de rebeldía tuvo en general, los grupos revolucionarios argentinos se vieron muy influenciados por el ejemplo de la revolución, muchos cuadros viajaron a la isla, donde recibieron formación política y militar. Los cubanos apoyaron la instalación de distintos focos insurgentes en América Latina (el más conocido, en Bolivia, donde murió el Che). Sobre todo, la revolución cubana fue muy atrayente porque era el ejemplo de una revolución triunfante. El método: la lucha armada.
La crisis del capitalismo: diversos elementos, entre ellos, la caída de las ganancias de las empresas y la crisis del petróleo, llevaron a una crisis del modelo económico mundial. Esto hizo que, por una parte, cambiaran las condiciones del comercio mundial, lo que influyó directamente en nuestro país. Así, el cierre del mercado europeo fue uno de los elementos que precipitó la crisis económica de 1974-1975. Por otra parte, comienza el fin de las políticas keynesianas. Desde los centros de poder se expanden las propuestas neoliberales, que se aplican por primera vez en Chile, bajo la dictadura de Pinochet.


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10. ¿Qué efectos tuvieron las políticas aplicadas por la Dictadura?

Las políticas de la Dictadura modificaron profundamente la sociedad, logrando parte de sus propósitos.

Consiguieron desarticular a las clases y sectores sociales ligados al modelo industrialista, rompiendo el empate social existente hasta 1976. Sobre todo, la clase trabajadora ya no tendría el protagonismo de la etapa anterior, afectada por la precarización laboral, por la desocupación, como también por la pérdida del poder y el desprestigio del sindicalismo tradicional.

También ayudaron al afianzamiento de un nuevo modelo económico y de las clases dominantes, favoreciendo la consolidación de los grupos económicos nacionales. Y apareció en escena un nuevo actor: los acreedores externos, acompañados por organismos como el FMI y el Banco Mundial.

Asimismo, la democracia recuperada adoleció de limitaciones, los partidos mayoritarios fueron cooptados progresivamente por el poder, lo cual limitó la posibilidad (y la esperanza que se tenía en un comienzo) de recuperar por su medio todo lo perdido.

El resultado final de estas políticas es conocido: el aumento de la polarización económica y la dualidad social, el progresivo empobrecimiento de importantes sectores sociales, la gran concentración del ingreso.
Sin embargo, las clases dominantes no lograron todos sus propósitos.

En primer lugar, el propio retorno a la democracia fue (al menos en parte) resultado de una conquista popular, pues los sectores de poder apostaban a una salida continuista del Proceso. Decimos parcialmente porque también cambió en ese momento la política del Departamento de Estado de los EE.UU., que a partir de los 80 impulsaron el retorno a la democracia en América Latina. Y también fue fruto del descalabro de Malvinas.

Tampoco pudieron impedir el resurgir de las luchas sociales y sindicales ni la aparición de nuevos movimientos sociales (entre ellos un nuevo sindicalismo) que enfrentaron las políticas neoliberales.

En el plano de los Derechos Humanos, la resistencia de los organismos fue importante para la recuperación de la democracia primero y, posteriormente, para el avance en el juicio y castigo de los culpables.

Las FF.AA., no sólo quedaron totalmente desprestigiadas, sino que perdieron el papel tutelar que habían tenido en la política argentina, sufriendo un acentuado proceso de desintegración interna.

Finalmente, en los últimos años, tomando como punto de inflexión el estallido del 2001, hay una recuperación en el movimiento popular. Aún con divisiones y debilidades, comienza a despuntar otro tipo de lucha, para recuperar todo lo perdido.

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Conclusiones

En definitiva, el golpe significó la derrota más importante del campo popular del siglo XX, por el retroceso que significó en todos los órdenes.

Mirando retrospectivamente lo ocurrido en América Latina y el mundo en aquellos años, es muy probable que no se hubiera podido evitar que los hechos se dieran como se dieron. Dicho esto en virtud de la firme decisión de los EE.UU. y de las clases dominantes de recurrir a cualquier medio para aniquilar la oposición a su proyecto. Estaba comenzando una nueva etapa en el mundo (la del capitalismo neoliberal), y la violencia era su partera.

Pero sin duda, en el pequeño resumen que hemos intentado realizar, se ve que la ruptura del heterogéneo frente que había desalojado a la dictadura en 1973 y los enfrentamientos dentro del campo popular fueron un factor importante en la génesis del desastre de 1976. Cada protagonista aportó lo suyo para que los hechos fueran como fueron.

Tal vez la conclusión final -que no es novedosa, pero conviene recordar una vez más-, es que sólo con una enorme concentración de fuerzas, con una gran unidad popular, es posible enfrentar al poder para poder cambiar la historia. Para que -parafraseando a García Márquez-, las estirpes condenadas a cien años de soledad tengamos una segunda oportunidad en esta tierra.



Bibliografía.
Además de los textos ya citados, se han consultado las siguientes obras:
• Alonso, M. E; Elisalde, R; Vázquez, E. “La Historia argentina del siglo XX”. Buenos Aires, Aique, 1997.
• Basualdo, Eduardo M. “Sistema político y modelo de acumulación en la Argentina”. Buenos Aires, UNQUI, FLACSO, IDEP, 2002.
• Calveiro, Pilar. Antiguos y nuevos sentidos de la política y la violencia. En: “Lucha Armada en la Argentina”, Buenos Aires, Año I Nº 4.
• De Riz, Liliana. “Retorno y derrumbe. El último gobierno peronista”. Buenos Aires, Hispamérica, 1986.
• Gillespie, Richard. “Soldados de Perón. Los Montoneros”. Buenos Aires, Grijalbo, 1987.
• Godio, Julio. “Regreso, soledad y muerte. 1973-1974”. Buenos Aires, Hispamérica, 1986.
• James, Daniel. “Resistencia e integración. El peronismo y la clase trabajadora argentina 1945-1976”. Buenos Aires, Sudamericana, 1990.
• James, Daniel. “Nueva Historia Argentina: Violencia, proscripción y autoritarismo”. Buenos Aires, Sudamericana, 2003.
• Rouquie, Alain. “Poder militar y sociedad política en Argentina”. Buenos Aires, Hispamérica, 1986.


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La lucha armada

“Para los militares y sus socios económicos fueron mucho más graves las huelgas generales contra Isabelita y el Plan de Rodrigo que la efectividad política que podían tener en ese momento las organizaciones político militares. La movilización popular era mucho más peligrosa, en términos de disputa de la hegemonía de poder, que las famosas ‘orgas’.”

Reportaje a Gabriel Rot. Co-director Revista “Lucha armada en la Argentina”

La Educación en nuestras manos: Las fuerzas armadas y toda la apoyatura política que tuvieron en ese momento, argumentaban que el golpe era contra lo que se denominaba “subversión”. ¿Fue así?

Gabriel Rot: En marzo del 76 las organizaciones político-militares estaban ya prácticamente derrotadas. Derrotadas políticamente, primero, y luego militarmente. En realidad el golpe fue parte de un proceso sumamente complejo en el que han intervenido numerosos factores. Dos de los más importantes fueron, en primer término, detener lo que en términos de movilización popular se venía gestando, con lo que eso implicaba en el desarrollo organizacional y de la conciencia política en vastos sectores de los trabajadores.

En segundo lugar, el golpe buscó una nueva forma de dirigir el país para plantear una redistribución de los ingresos hacia un determinado sector, proyecto que los sectores populares ponían en cuestión a partir de su movilización. Para los militares y sus socios económicos, fueron mucho más graves las huelgas generales contra Isabelita y el plan de su ministro de economía Rodrigo, en junio y julio del 75, que la efectividad política que podían tener en ese momento las organizaciones político-militares. Si se puede hablar de subversión, hay que hacerlo pensando en que la movilización popular era mucho más peligrosa en términos de disputa de la hegemonía de poder que la famosas “orgas”.


E.M¨: ¿Cómo surgen las organizaciones político-militares?

G.R.: Tienen una vieja historia en la Argentina. La primera surgió en el año 59, antes del triunfo de la Revolución Cubana. Fue una guerrilla de origen peronista conocida como “Uturuncos”. Tiene además una importancia especial por haber surgido en el interior del país, donde han ocurrido más cosas de las que se creen, y más precisamente en Santiago del Estero y Tucumán.

Los Uturuncos tenían una fuerte raigambre en los suburbios de San Miguel y si bien su operatoria era la típica de los comandos guerrilleros clásicos, confiaban en una estrategia insurreccionalista de los trabajadores, peones rurales, la clase media pauperizada y sectores nacionalistas y populares de las Fuerzas Armadas que reinstalaran en el poder a Perón. Del 59 en adelante, la presencia de la Revolución Cubana y la herencia del Che van a imprimir a las guerrillas características ciertamente distintas.

Por un lado, y salvo la experiencia de foquismo rural de Masetti y el EGP en Salta (1963/64), serán esencialmente urbanas, salvo algunas excepciones de experiencias mixtas.

Las de origen marxista y guevarista, plantearán la revolución socialista como fin último y le darán cabida privilegiada a la organización de un partido revolucionario. Las de origen peronista, en cambio, revalorizarán la identidad peronista de los trabajadores y la necesidad de hacer una revolución en base a ella. De todos modos, la riqueza y variedad de organizaciones producirá cruces recurrentes entre unas y otras.


EM: ¿Qué nivel de desarrollo alcanzaron estas organizaciones?

G.R.: A nivel nacional existieron alrededor de 50/60 grupos que desarrollaron algún tipo de relación con la lucha armada, y varias de ellas siguieron operando, aunque limitadamente, aún después del golpe militar de 1976.

Muchas tuvieron un desarrollo de tipo nacional, como los Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), conformando células y comandos en la mayoría de las provincias. Otras, la gran mayoría, tuvieron un alcance menor, limitándose a militar, siempre generalizando, sobre todo en la Capital Federal, La Plata, Santa Fe y Córdoba. Tales fueron los casos del OCPO, las FAL, el GOR, entre tantas.

Esto marca una diferencia importante con otras experiencias latinoamericanas en donde hubo organizaciones que se ubicaron casi exclusivamente en una determinada región del país como pasó en Guatemala, en Perú o en México.

Eso aquí no sucedió. Los Montoneros, el ERP, las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), por ejemplo, estaban casi en todos lados, conviviendo en una misma localidad varios grupos armados. En términos generales se puede hablar de dos elementos centrales. Uno, es que hay una presencia de organizaciones político-militares en casi todo el país y no solamente en los grandes núcleos urbanos. Digo casi porque en el Sur prácticamente no hubo.

El otro elemento es que esa multiplicidad de organizaciones responden a muy distintos orígenes y posiciones ideológicas. Algunas tienen su origen en el viejo Partido Socialista, otras en el Partido Comunista, otras en organizaciones maoístas; hay siete u ocho grupos anarquistas que también operan como guerrillas y, dentro de la enorme variedad del campo peronista, hay más de 30 organizaciones que responden a ese origen. Lo paradójico aquí es que no hayan llegado a centralizar con éxito toda la operatoria armada en uno o dos frentes nacionales, algo que sí sucedió en otros países latinoamericanos con muchísimos menos grupos.


E.M.: ¿Cómo explicar el recurso a la lucha armada que se da en esta etapa?

G.R.: Se suele decir que hay un espíritu de época convocante a la acción política violenta, pero creo que es una explicación un poco reduccionista y superficial. Si bien en toda América Latina hubo organizaciones armadas en esos años, en ningún país hubo tanta diversidad y actividad como en la Argentina. Creo que esto trasciende la influencia de la Revolución Cubana y el “espíritu de época”.

Hay que rastrear en las características de la sociedad argentina, una sociedad cruzada, prácticamente desde su nacimiento como nación, por la violencia política.

Nuestra sociedad es eminentemente autoritaria y eminentemente violenta, y las expresiones políticas tanto de derecha como de izquierda no podían escapar a esto.

Es interesante, por ejemplo, ver cómo muchos dirigentes de la guerrilla argentina tenían una formación en alguna de las instituciones más autoritarias del país: habían hecho su militancia previa dentro de la Iglesia Católica, otros pasaron por el Liceo Militar, y otros provenían de una institución más política pero no menos autoritaria como era el Partido Comunista.

La violencia guerrillera excede, pues, en su análisis, a lo que pueden ser las influencias externas como la Revolución Cubana -que fue mucha- o la de los argelinos o la de los vietnamitas. Reclama poner la mirada en la característica autoritaria de la sociedad en su conjunto. Esto, de alguna forma, explica el poco diálogo, el poco consenso, la poca capacidad frentista y la poca capacidad de unidad política.

Por eso, cuando se habla de violencia política no se puede hablar solamente de grupos sino que hay que hablar de la sociedad; los grupos políticos, quizás de una forma marginal, representaron algunas de sus características más notorias. El autoritarismo de la sociedad argentina explica, en parte, las operatorias tan sectarias de casi todos los grupos armados y la forma de construcción de organización. Cuando se habla del fracaso político y militar de las organizaciones armadas, se alude a su lejanía con las masas, pero eso en todo caso es un síntoma más de aquello.

Hay una operatoria de construcción de las organizaciones político-militares verticalista y sin posibilidades de circulación, disenso y debate de ideas. En fin, una construcción muy poco colectiva y mucho menos democrática.


E.M.: Hiciste mención a la influencia de los movimientos revolucionarios que se dieron en otros países en esas décadas. En relación a otra experiencia de lucha en nuestro país, la Resistencia Peronista de fines de los 50 y comienzos de los 60, ¿hay alguna continuidad?

G.R.: En algún punto hay un corte. La Resistencia Peronista estaba ligada a lo que era un sentimiento, por un lado, y a una actividad dentro de los puestos de trabajo en las fábricas, más relacionada con el sabotaje fabril, por el otro. Era mucho más representativa de lo que podía ser el movimiento político de los de abajo que lo que fue después la guerrilla armada.

Yo diría que no ha sido demasiado intensa la herencia que tomaron las organizaciones en los 60 y 70. Dentro de las provenientes del tronco peronista era más una bandera reivindicativa, una suerte de legado, que una continuidad del tipo de lucha. La Resistencia Peronista, que tenía un carácter más popular, mucho más social, más enraizado, como un rizoma que se va arrastrando horizontalmente por los núcleos de las clases bajas, tendría más relación con cierto clasismo surgido en los 70 que la lucha armada de las organizaciones.

Estas tuvieron más que ver con los códigos que suscribió la revolución cubana: un pequeño grupo de avanzada cuya operatoria contribuiría a despertar conciencias y aunar voluntades detrás de esa propia guerrilla que representaba -según ellos mismos- la vanguardia de la sociedad que se prefiguraba. El desencuentro entre las “vanguardias revolucionarias” y las masas es quizás la gran catástrofe de las organizaciones político- militares, alejadas de la sociedad que ellos mismos decían liberar.


E.M.: Hablabas al comienzo de que el objetivo central del golpe no fue la lucha contra las organizaciones político militares sino enfrentar la creciente movilización popular, ¿cómo se explica esa movilización?

G.R.: Por un lado hay un elemento de situación política nacional determinante que es el curso del gobierno peronista. Ya en vida de Perón, y mucho más a partir de que fallece en 1974, hay una progresiva derechización, un recorte de derechos y el deterioro de la situación de vida cotidiana de los sectores populares. Esto va a desatar una creciente protesta cuya expresión más flagrante van a ser las movilizaciones contra el Plan de Celestino Rodrigo.

Por otro lado, hay un desarrollo político e ideológico de ciertos sectores de la clase obrera y de sectores estudiantiles hacia un clasismo progresivo que se manifestaba como una salida políticamente independiente de los sectores explotados.

Un ejemplo fueron los plenarios obreros y clasistas en Villa Constitución, que reunieron a cuatro o cinco mil delegados de todo el país; otro, el reguero de comisiones internas antiburocráticas. Para mediados de los 70 ese clasismo va a llegar a su punto culminante. No es que se iba imponiendo como una alternativa de poder, pero sí como una alternativa política atractiva para vastos sectores antiburocráticos y comenzaba a ser un problema serio para el establishmen argentino. Se estaba en las puertas de un germen de constitución de una organización obrera, clasista, socialista, muy fuerte.

A eso estuvo dirigido el golpe de Estado. No se estaba en una situación revolucionaria ni mucho menos -cosa que levantaban muchas organizaciones de izquierda por aquel entonces, bastante excitadas por lo que sucedía- pero sí había en germen una formación política de imprevisibles consecuencias.

Las incapacidades políticas del gobierno de Isabelita y la excusa de una lucha a muerte contra la “subversión” crearon las condiciones para un golpe de Estado. Es cierto que desde fines de los 60 existía una actividad guerrillera importante. Pero mientras en 1973, algunos encuestadores hablaban de que casi un 50% de la población veía no con adhesión pero sí con simpatía el accionar guerrillero, en 1975/1976 con una clase media aterrorizada, un país cruzado por la violencia política y los medios fogoneando la necesidad del orden, las guerrillas habían perdido casi todo tipo de apoyo.

Además, su capacidad operatoria estaba prácticamente liquidada. Después del fallido operativo en Monte Chingolo, en diciembre del 75, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) estaba diezmado o muy frágil ante la represión y las infiltraciones. Y si bien la situación en Montoneros era menos catastrófica, era bastante similar. Por eso queda absolutamente claro que el golpe fue por la distribución del ingreso y por el peligro que constituía cierto embrión importante de clasismo y de independencia política dentro del movimiento obrero argentino.