Cuentos Cortos de autores varios

Hola! Este es mi primer post . Son cinco cuentos cortos de algunos libros que tengo que cada tanto vuelvo a leer esos días que estoy aburrida. Recogí los más cortos porque es algo tedioso leer en la computadora, pero son interesantes así que espero que les guste. Otro día a lo mejor publique otros.





LUNA por Enrique Anderson Imbert

Cuentos Cortos de autores varios

Jacob, el niño tonto, solía subirse a la azotea y espiar la vida de los vecinos.
Esa noche de verano el farmacéutico y su señora estaban en el patio, bebiendo un refresco y comiendo una torta, cuando oyeron que el niño andaba por la azotea.
-¡Chist! -cuchicheó el farmacéutico a su mujer-. Ahí está otra vez el tonto. No mires. Debe estar espiándonos. Le voy a dar una lección. Sígueme la conversación, como si nada...
Entonces, alzando la voz, dijo:
-Esta torta está sabrosísima. Tendrás que guardarla cuando entremos, no sea que alguien se la robe.
-¡Cómo se la van a robar! La puerta de la calle está cerrada con llave. Las ventanas, con persianas apestilladas.
-Y... alguien podría bajar desde la azotea.
-Imposible. No hay escaleras; las paredes del patio son lisas...
-Bueno, te diré un secreto: En noches como esta bastaría que una persona dijera tres veces "tarasá" para que, arrojándose de cabeza, se deslizase por la luz y llegase sano y salvo aquí, agarrase la torta y escalando los rayos de la lunase se fuese tan contento. Pero vámonos, que ya es tarde y hay que dormir.
Se entraron dejando la torta sobre la mesa y se asomaron por una persiana del dormitorio para ver qué hacía el tonto. Lo que vieron fue que el tonto, después de repetir tres veces "tarasá", se arrojó de cabeza al patio, se deslizó como un suave tobogán de oro, agarró la torta, y con la alegría de un salmón remontó aire arriba y desapareció entre las chimeneas de la azotea.


Literatura

LA CAMISA DEL HOMBRE FELIZ por María Teresa Andruetto

cuentos

La historia que voy a contarles sucedió hace muchísimos años en el corazón de Siam.
Siam es la tierra donde viven los tai.
Una tierra de arrozales atravesada por las aguas barrosas del Menam.
Hace muchísimos años, el Rey de los tai se llamaba Ananda.
Ananda tenía una hija. La princesa Nan.
Y Nan estaba enferma. Languidecía.
Ananda, que era un rey poderoso y amaba a su hija, consultó a los sabios del reino.
Y los sabios más sabios del reino dijeron que la princesa Languidecía de aburrimiento.
-¿Qué la puede curar? -preguntó el Rey con la voz en un temblor.
- Par sanar -contestaron los sabios-, deberá ponerse la camisa de un hombre feliz.
- ¡Qué remedio tan sencillo! -suspiró aliviado el Rey.
Yordenó a su asistente que fuera a buscar al primer hombre feliz que encontrara, para pedirle la camisa.
El asistente salió a buscar.
Recorrió uno a uno los enormes salones del palacio.
Habitaciones tapizadas de esteras.
Adornadas con paños de seda colorida.
Aromosas a sándalo.
Y regresó sorprendido adonde estaba el Rey.
-Señor mío - le dijo-, he recorrido los salones de todo el palacio y no he encontrado hombre alguno que fuera feliz.
El rey, más sorprendido aún, mandó a llamas a todos sus servidores y les ordenó que recorrieran el reino de parte a parte.
De Norte a Sur.
De Este a Oeste.
Hasta encontrar a un hombre que fuera feliz y pedirle la camisa.
Los servidores recorrieron reino de parte a parte.
Buscaron entre los tai más honorables.
Pero no había entreo los tai más honorables, hombres felices.
Buscaron entre los escribas, cultos y sensibles.
Pero no había entre los escribas, hombres felices.
Entonces buscaron entre los trabajadores de seda.
Entre los trenzadores de bambú.
Entre los sembradoes de adormideras.
Entre los fabricantes de barcazas.
Entre los pescdores de ostras.
Entre los campesinos sencillos.
Pero entre todos ellos no había un solo hombre que fuera feliz.
Hasta que llegaron al último pántano del reino y le preguntaron al mas pobre de los arroceros:
-En nombre del Renoty Nuestro Señor, dínos si en verdad eres feliz.
El más pobre de los arroceros contestó que sí, y los servidores de Ananda le pidieron la camisa.
Pero él no tenía camisa.


historias

LA ESCUELA DE HECHICERÍA (leyenda islandesa)

cuentos cortos

Había una vez, en algún lugar del mundo (nadie sabe dónde), una escuela que se llamaba la Escuela Negra. Allí los alumnos aprendían hechicería y toda clase de artes antiguas. Donde fuera que estuviese esa escuela, se hallaba en un sitio subterráneo; y era una inmensa sala que, como no tenía ninguna ventana, siempre estaba a oscuras. Tampoco había maestro alguno, sino que todo se aprendía en libros cuyas letras de fuego podían leerse en la oscuridad. A los alumnos nunca se los dejaba salir al aire libre o ver la luz del día durante el tiempo que permanecían allí, que era de cinco a siete años. Al cabo de ese período, habrían adquirido un conocimiento completo y perfecto de las ciencias que debían aprender. Todos los días, una mano gris y velluda surgía a través de la pared con la comida para los estudiantes y, cuando todos terminaban de comer y beber, se llevaba de vuelta los cuencos y las fuentes.
Pero una de las reglas del lugar era que su dueño se apoderaba, cada año, del alumno que abandonaba la escuela en último lugar. Considerando que era bien sabido por todos que el amo era el diablo en persona, pueden imaginarse el tumulto que se armaba cada fin de temporada: todo el mundo hacía lo posible por quedar rezagado.
Sucedió una vez que fueron a esa escuela tres islandeses; se llamaban Saemundur el Sabio, Kálfur Arnason y Haldán Eldjárnsson; y como los tres llegaron al mismo tiempo, supuestamente los tres partirían, también, al mismo tiempo. Semundur afirmó que gustosamente sería el último en irse, lo que dejó a los otros muy aliviados. Se echó entonces encima un capote holgado, pero no pasó sus brazos por las mangas ni lo abrochó.
Una escalera conducía desde la escuela al mundo exterior y, cuando Saemundur estaba por ascender por ella, el diablo lo agarró y le dijo:
-¡Tú eres mío!
Pero Saemundur se desembarazó rápidamente de su capote y escapó a toda velocidad, dejando al diablo con la prenda vacía. En el momento mismo en que salía al mundo exterior, la pesada puerta de hierro se cerró de golpe a sus espaldas y lastimó a Saemundur en los talones. El joven dejo entonces: "Me venía pisando los talones", palabras que se convirtieron en un dicho.
Así, Saemundur se las ingenió para escapar de la Escuela Negra sano y salvo, junto con sus compañeros.

Pero Kálfur Arnason cuenta el episodio de otra manera: cuando Saemundur estaba en el pasillo de salida, un rayo de sol le dio de lleno y proyectó su sombra contra la pared opuesta. Yal estirar el diablo su mano para atraparlo, Saemundur le dijo:
-Yo no soy el último. ¿No ves que alguien me sigue?
Entonces el diablo agarró la sombra, a la que confundió con una persona, y Saemundur escapó, con un golpe de la puerta de hierro en los talones. Pero, desde es momento, nunca más volvió a tener sombra, porque lo que el diablo toma jamás devuelve.


camisa

LA MUJER DEL MOÑITO por María Teresa Andruetto

luna

Hacía pocos días que Longobardo había ganado la batalla de Silecia, cuando los príncipes de Isabela decidieron organizar un baile de disfraces en su honor.
El baile se haría la noche de Pentecostés, en las terrazas del Palacio Púrpura, y a él serían invitadas todas las mujeres del reino.
Longobardo decidió disfrazarse de corsario para no verse obligado a ocultar su voluntad intéprida y salvaje.
Con unas calzas verdes y una camisa de seda blanca que dejaba ver en parte el pecho victorioso, atravesó las colinas. Iba montado en una potra negra de corazón palpitante como el suyo.
Fue uno de los primeros en llegar. Como corresponde aun pirata, llevaba el ojo izquierdo cubierto por un parche. Con el ojo que le quedabalibre de tapujos, se dispuso a mirar a las jóvenes que llegaban ocultas tras los disfraces.
Entró una ninfa envuelta en gasas.
Entró una gitana morena.
Entró una mendiga cubierta de harapos.
Entró una campesina.
Entró una cortesana que tenía un vestido de terciopelo rojo apretado hasta la cintura y una falda levantada con enaguas de almidón.
Al pasar junto a Longobardo, le hizo una leve inclinación a manera de saludo.
Eso fue suficiente para que él se decidiera a invitarla a bailar.
La cortesana era joven y hermosa. Y a diferencia de las otras mujeres, no llevaba joyas sino apenas una cinta negra que remataba en un moño en mitad del cuello.
Risas.
Confidencias.
Mazurcas.
Ella giraba en los brazos de Longobardo. Y cuando cesaba la música, extendía su mano para que él la besara.
Hasta que se dejó arrastrar en el torbellino de baile, hacia un rincón de la terraza, junto a las escalinatas.
Y se entregó a ese abrazo poderoso.
Él le acarició el escote, el nacimiento de los hombros, el cuello pálido, el moñito negro.
-¡No! - dijo ella-. ¡No lo toques!
-¿Por qué?
-Si me amas debes jurarme que jamás desataras ese moño.
-Lo juro -respondió él.
Y siguió acariciándola.
Hasta que el deseo de saber qué secreto había allí le quitó el sosiego.
La besaba en la frente.
Las mejillas.
Los labios con gusto a fruta.
Obsesionado siempre por el moñito negro.
Y cuando estuvo seguro de que ella desfallecía de amor, tiró de la cinta.
El nudo se deshizo y la cabeza de la joven cayó rodando por las escalinatas.


diablo

UNA MUJER VIEJA ES PEOR QUE EL DIABLO (relato popular alemán por Martín Lutero)

relatos

Había una vez un joven matrimonio muy feliz. Marido y mujer se amaban con todo su corazón y siempre se llevaban bien.
Pero el diablo se propuso sembrar la discordia entre ellos. Fue a ver a una vieja alcahueta, una mujer perversa, y le ofreció un par de zapatos rojos si conseguía que los jóvenes dejaran de amarse.
La vieja puerca acepto el desafío. Se presentó ante el joven y le dijo:
-Escucha: tu esposa piensa asesinarte.
-Eso no es cierto -respondió el joven-, yo sé que mi esposa me ama de verdad.
-No -dijo la vieja-, ella está enamorada de otro y planea cortarte la garganta.
Así logró hacer que el joven temiera a su mujer. Pensaba que algo horrible podría sucerderle.

Poco después la vieja fue a ver a la esposa y le dijo:
-Tu marido no te ama.
La joven respondió de inmediato:
-Tengo un esposo fiel, y sé que me ama.
Pero la vieja replicó:
-No, él ama a otra. Deberías detenerlo. Toma una navaja, escóndela debajo de su almohada y mátalo.
Enloquecida, la pobre joven le creyó a la vieja y se puso furiosa con su marido.
Este comenzó a sospechar y, enterado por la vieja alcahueta de que su esposa había ocultado una navaja debajo de su almohada, esperó hasta que la joven estuviera dormida, tomó la navaja y la mató.
Entonces la vieja fue a ver al diablo y le exigió el par de zapatos rojos. El diablo le entregó los zapatos, pero poniéndolos al extremo de un palo largo, porque tenía miedo de ella.
-Tómalos -le dijo-. Tú eres más mala que yo.

13 comentarios - Cuentos Cortos de autores varios

@condepastilla7 -1
Solo leí 2 cuentos, estaría bien que el próximo post que realices insertes algún dibujo relacionado con el texto.
+5 por el hábito sano de la lectura!
@lunar440
la mujer del moñito...no lo habia leido....me gusto
@tocaboton
escuela BUEN POST! + 10

Saludos y buena suerte!
@wenceslaou
excelente post aunque le altaron las imagenes +10
@davidayalamillan
Muy buenos, hay creatividad y recursos y un buen final. Felicitaciones y sigue trabajando duro.
@Goroisa
Cómo se llama la antología o el libro?