Refutación a las 5 vías de Tomas de Aquino

Las 5 vías del conocimiento de Tomas de Aquino (Refutación)


En el siguiente texto veremos las llamadas 5 vías del conocimiento de Tomas de Aquino. Veremos cómo ellas se basan en falacias lógicas o en conceptos metafísicos y espiritualistas que nada prueban.

Empecemos:




Primera vía: «Vía del motor inmóvil» o «Vía del movimiento»

Esta vía, también llamada argumento del movimiento, fue formulada primero por Aristóteles, pero luego Santo Tomás de Aquino la incorporó a su propia metafísica del ser.

Se basa en la evidencia del cambio o movimiento que se da en la naturaleza. Es innegable, en efecto, y consta por el testimonio de los sentidos, que en el mundo hay cosas que se mueven, es decir que cambian de un estado a otro. Ahora bien, según el principio de causalidad, todo lo que se mueve es movido por otro. Por tanto si lo que mueve a otro es también movido, es necesario que otro lo mueva. Pero esta serie de motores no puede ser infinita, pues en tal caso no habría un primer motor ni un primer movimiento, ni por tanto los motores y movimientos posteriores. Pero es evidente que hay cosas que se mueven. Por ello, se llega a la conclusión de que existe un primer motor inmóvil (porque si se moviera, sería movido por otro, y él no sería el primero). Y este motor inmóvil es comparado a Dios ya que él es el primero y no es sustentado por nadie sino por él mismo. En el caso del lenguaje de Aristoteles, este motor inmovil era llamado la causa incausada.




Refutación:


Aquí Aquino usa una falacia lógica llamada petición de principio. ¿Pero que es una falacia de petición de principio? Esto es:

Petición de Principio:

Se entra en esta falacia cuando se utiliza como premisa lo mismo que dice la conclusión, ósea se usa la misma cosa a demostrar como prueba de ella misma.

Ejem:

—¿Por qué ha ganado el Partido Comunista?
—Porque tiene más electores.

Una cosa no puede ser probada por sí misma.
En todo raciocinio, lo que sirve de fundamento debe ser más claro y conocido que
lo que se quiere probar. Por eso la falacia consiste en postular o sentar aquello mismo
que es preciso demostrar.

Se incurre en este sofisma de dos maneras:


a. Porque se utiliza como premisa lo mismo que afirma la conclusión o
algo cuya verdad depende de ella.
b. Porque se utiliza como premisa algo cuya verdad no está probada.


Ahora vamos al argumento:

1) En una de las premisas del argumento se afirma de manera gratuita, por conveniencia para esta demostración y de manera circular que el proceso no es infinito porque no habría un primer motor. (Sofisma b. utiliza como premisa algo cuya verdad no está demostrada).

Luego:
La premisa en la que se basa este planteamiento es: Que la naturaleza cambia se mueve pero no puede ser un proceso infinito, tiene que haber un primer motor. Luego ese motor es Dios.

Se da por supuesta en la premisa la conclusión a alcanzar (La conclusión es Dios, el primer motor). Aquí se utiliza el sofisma "a" utiliza como premisa lo mismo que afirma la conclusión.

Veámoslo de nuevo: Se dice que de manera dogmatica que es un proceso no infinito (demuéstrelo), luego se dice que debido a que el proceso no es infinito, hay un primer motor, eso es Dios (Un “Proceso no infinito” implica que hay un “primer motor”). La premisa es la misma conclusión, recordemos que una cosa no puede ser probada por esa misma cosa, se cae en la falacia de petición de principio.


Nótese también cómo se prueba la premisa “proceso no infinito” con la conclusión “primer motor” y la conclusión la demuestra con la premisa que contiene la misma conclusión, o sea, la conclusión deriva de sí misma (A prueba B y B prueba A). A eso se le llama razonamiento circular o falacia de círculo vicioso.

Es así:

¿Porque el proceso no es infinito?
Porque existe el primer motor.
¿Porque existe un primer motor?
Porque el proceso no es infinito.

Si preguntamos el porqué de A se nos dice que debido a B, y si se pregunta el porqué de B se nos responde con A. Una falacia.

Vemos entonces la primera falla.


2) También comete una petición de principio al suponer dogmáticamente que ese supuesto primer motor tendría que ser obligatoriamente el Dios del catolicismo (religión del aquinate), pero ¿porqué habría de ser el Dios trino y providente y no el frío y único motor inmóvil aristotélico? ¿porqué no el “Uno” de Plotino o el demiurgo platónico?. o sea, el aquinate no demuestra que su motor primero sea el Dios que se come en la eucaristía; luego eso no pasa de afirmación gratuita, dogmática e ideada solo para esta demostración.



3) El ejemplo dado por el aquinate del bastón movido por la mano como “prueba” del motor inmóvil es defectuoso, ya que en primer lugar, es una analogía y, como toda analogía, no es demostrativa y en segundo lugar, esa mano es un motor contingente o intermedio, movido por otro, no un motor inmóvil, luego el ejemplo nada prueba.



4) Hoy sabemos que el motor inmóvil era una consecuencia de la física defectuosa de Aristóteles, ya que el suponía que todo motor debe mover a otro, ya que si no lo mueve se para el movimiento. Pero el principio de inercia de Galileo hace innecesaria esa suposición (Cuando usted se encuentra en su automóvil y frena repentinamente siente una fuerza que lo lleva hacia adelante, Eso es una manifestación del principio de inercia de Galileo, ósea no necesita de un motor o algo que lo mueva, se mueve solo por efecto de su propia masa).

La relatividad general en uno de sus enunciados explica lo mismo, la masa es causa y efecto de su propio campo gravitatorio. (La masa genera gravedad, la gravedad une a la masa, en un proceso infinito)
Se demuestra así que tampoco es necesario el primer motor a la luz de la ciencia que nos habla de las 4 interacciones fundamentales: nuclear fuerte, débil, gravitacional y electromagnética, ya que son estas fuerzas y no Dios quienes ponen en movimiento y acción a las cosas del universo. (Si quieren llamar a eso Dios, adelante, pero no estarían más que llamando al universo Dios).



5) Una forma de intentar justificar esta vía es llevarla el campo metafísico, allí se sienten tan seguros de la supuesta ventaja que ese campo les da, y sin embargo no son capaces de hacerlo bien.

Pero primero, ¿Que es la metafísica?

La metafísica para empezar no es una ciencia. Ella es una rama de la filosofía. Usada para dar explicaciones tipo no demostrables de algunas fenómenos naturales y también para algunos de los llamados "paranormales" (pseudociencias) , de la metafísica se han valido para estudiar “fenómenos” como telepatía, habilidades psíquicas, telequinesis, Ovnis, y por su puesto la existencia de deidades. Cabe destacar que la metafísica moderna se ha entrelazado con la teología, incluso llegando al punto en el que en algunos temas no se puede percibir si es la metafísica o la teología la que hablan. A tal punto que a veces de habla de dos metafísicas, la primera más filosófica y la segunda más teológica.


Bueno los metafísicos-teólogos dicen sobre la primera vía lo siguiente (En rojo):

Están ustedes mal interpretando el concepto de Tomas de Aquino.
"Si algo se mueve a sí mismo, es necesario que posea en sí mismo el principio de su movimiento". Tomás definía a los seres "vivientes", como aquellos que gozan de movimiento espontáneo. Por lo tanto el aforismo: "todo lo que se mueve es movido por otro", no ha de ser entendido en el sentido de que ha de intervenir necesariamente un individuo distinto, para explicar todo cambio.

El axioma significa que lo "potencial" (que no ha pasado al "acto" ) no puede ser entendido por sí mismo, sino desde el "acto", al que tiende. Dado que "movimiento" es un "actualizar".


Primero se dice sin demostración alguna y muy dogmáticamente que no ha de intervenir necesariamente un individuo distinto para explicar el cambio (esto para justificar la refutación de la premisa “todo lo que se mueve es movido por otro”). Y luego se nos dice que esto no puede ser entendido sino desde el “acto” (el primer motor, ósea la preposición a demostrar).

Para el porqué de un proceso no infinito se dice lo siguiente:
En cuanto a la aceptación de la exclusión tomista de un "procedimiento hasta el infinito", me temo que no se esté viendo todo con el plano "metafísico", en el que se mueve Sto. Tomás, quien no se detiene en considerar "cantidades en movimiento", sino que se sitúa en un orden casi de sentido común: multiplicando seres incompletos, que no llegan a dar razón cabal de ellos mismos y su actuar, necesitando apoyarse unos en otros o en sus componentes, para explicar la posibilidad de sus movimientos, no alcanza para ninguna explicación exhaustiva y satisfactoria.

Así: millones de tontos no harán un genio. Multiplicando indefinidamente cañerías, no tendré más ni mejor agua en mi grifo, más bien, ni una gota, si no las conecto con el tanque (la lluvia) o el río.

Los seres actuantes pero limitados, explican "algo" del movimiento, no todo su "ser". Por eso es necesario arribar a un SER, que no dependa de nadie ni posea su entidad a medias, siendo todo él sin sombra de potencialidad.


La explicación es: Somos seres incompletos, algo nos tiene que dar nuestro ser, eso es Dios (Primer motor). Otra vez con las afirmaciones sin fundamentos, y en ella esta implícitamente la preposición a demostrar. ¡¡Señores les repito!! ¡¡No pueden demostrar algo con ese algo mismo!!

También se incurre en la falacia de composición (millones de tontos no harán un genio), un conjunto o todo no tiene por qué tener las mismas propiedades que las partes (puede tener propiedades emergentes ausentes en las partes, como la vida en el caso de las células, propiedad que no tienen sus partes como los ribosomas, y carecer de las propiedades de sus partes como la dualidad onda-corpúsculo que poseen los electrones, pero no la molécula proteica que componen).

Un argumento que usan los creyentes y Tomás de Aquino lo hace, es el argumento del relojero (En rojo):

El Universo es tan complejo que es imposible que haya llegado a existir sin una inteligencia que lo haya diseñado, tal como un reloj no puede llegar a existir sin un relojero que fabrique y coloque las piezas en su lugar correspondiente.

El argumento es perfectamente válido y tiene dos posibles respuestas.

Si un reloj es tan complejo que no ha podido llegar a existir sin haber sido diseñado por un ser inteligente, el relojero, que es un ser mucho más complejo que un reloj, forzosamente ha tenido que ser diseñado y creado por un diseñador de relojeros que, siendo aún más complejo, con más motivo ha tenido que ser diseñado por otro superdiseñador de diseñadores de relojeros.Y así hasta el infinito, de donde Santo Tomás deduciría que forzosamente debe existir un Primer Relojero y a ese le debemos llamar Dios.

Pero eso solo funcionaría si supusiéramos que una situación compleja tiene que proceder, necesariamente, de una situación aún más compleja.
Es lo que se conoce como el principio de Entropía. Un sistema cerrado de un cierto grado de complejidad tiende a disminuir su complejidad.

El Universo es un Sistema Cerrado, y por tanto tiende a ser cada vez más simple.
Pero en un sistema que no sea cerrado, por ejemplo, una molécula, un virus, una planta, un animal, un planeta o una galaxia, se producen intercambios de energía y materia y merced a esos intercambios en algunos subsistemas puede disminuir la complejidad mientras que otros subsistemas la aumentan. Las células absorben energía y materia de su entorno y algunas sustancias son descompuestas en sustancias más simples mientras que otras sustancias forman sustancias más complejas.

Los planetas inician su existencia como una desordenada acreción de polvo, hielo y restos de estrellas que han explotado y miles de millones de años más tarde el planeta está perfectamente ordenado en capas y estratos, los materiales más pesados en el centro y las rocas más ligeras en la superficie.

No hay ninguna inteligencia que haya puesto orden en los estratos del planeta, sencillamente, así es como funciona el Universo.
Un sistema complejo, en determinadas circunstancias, puede dar lugar a otro sistema más simple, pero en otras circunstancias distintas puede dar lugar a un sistema más complejo.
Una molécula en un ambiente determinado se degradará, en otro ambiente se hará más compleja. Y cuando se juntan trillones de moléculas en un caldero tan grande como un océano habrá billones de moléculas que se degradarán y otros billones que se harán más complejas hasta alcanzar un nivel de complejidad suficiente para preguntarse por la existencia de Dios.

No es un proceso fácil, por eso hacen falta miles de millones de años para que ocurra. Si realmente hubiera un Creador, la Tierra, la Humanidad y el Universo entero hubieran podido ser creados en apenas seis días.


Un sistema cerrado como nuestro universo, tiene origen en algo mas simple como ya se explico arriba y no a algo mas complejo.


Aún con la nueva interpretación solo se salvan de los puntos 3 y 4 (Principio de inercia, Relatividad general, y de las cuatros fuerzas fundamentales). Aún siguen cometiendo la falacia de petición de principio (tres veces, se asume proceso no infinito, que es la misma preposición a demostrar, Dios el primer motor. No se explica sin recurrir a una falacia porque según el proceso no es infinito, y se asume dogmáticamente que ese motor es el Dios trino, bondadoso del catolicismo), esta también la falacia de razonamiento circular (probamos A con B, y B con A), la falacia de analogía (una analogía no es demostrativa) Y la falacia de composición.

Bueno amigos teólogos metafísicos y espiritualistas, les digo sea o no un planteamiento metafísico, una falacia es una falacia, y este argumento tal como vimos está plagado de ellas.

Suponiendo que no estuviese plagado de falacias lógicas, les recuerdo que la metafísica da solo una idea no demostrable de las cosas, una forma de pensar el porqué de las cosas. Y mientras no se demuestre que existe tal primer motor y todas las demás cosas que dicen, tiene el mismo valor a que yo diga que tengo un dragón invisible en mi casa que es inmaterial, escupe fuego invisible que no quema, y no puede ser detectado de ninguna manera.

Ese mismo valor es cero, no valen nada tales planteamientos.

Luego el argumento del primer motor está superado.


Refutación a las 5 vías de Tomas de Aquino



Segunda vía: «Vía de las causas eficientes»


Parte de la evidencia de la causalidad eficiente de este mundo. Así, todo lo que ha comenzado a ser, ha sido causado por otro. Pero no es posible que la sucesión de causas y efectos sea infinita, porque si lo fuera, no habría una primera causa, ni por tanto una segunda, ni una tercera, etc., etc., ni por tanto causalidad alguna; lo cual es contrario a la evidencia. Tampoco es posible que algo sea su propia causa, puesto que tendría que ser anterior a sí mismo y eso es imposible. Por tanto existe una primera causa no causada, que es Dios.




Refutación:


1) Como ven éste sofisma no es más que una derivación del anterior y también incurre en una falacia de círculo vicioso ya que asume en la premisa:”serie infinita ya que si no hubiera algo primero no habría lo último ni lo intermedio” la conclusión a derivar. Luego este argumento se destruye a sí mismo.



2) Comete la falacia de la composición, porque supone gratuitamente que porque las cosas tiene causas, luego la serie de las cosas también, cuando un conjunto o todo no tiene por qué tener las mismas propiedades que las partes (puede tener propiedades emergentes ausentes en las partes, como la vida en el caso de las células propiedad que no tienen sus partes como los ribosomas, y carecer de las propiedades de sus partes como la dualidad onda-corpúsculo que poseen los electrones, pero no la molécula proteica que componen).



3) La causalidad es una categoría sólo aplicable a acontecimientos empíricos; luego es una falacia de conclusión desmesurada aplicarla a un Dios que se encontraría más allá de toda posible experiencia y sobre el cuál no hay ninguna evidencia empírica. Como argumentaba Kant, los teólogos enumeran causas contingentes, aplicando la categoría de causalidad, pero cuando se trata de Dios de repente y sin motivo dejan de aplicarla llegando gratuitamente a una causa primera que es falaz, ya que no se respeta la condición de aplicar la causalidad sólo a los fenómenos.



4) Según Schopenhauer, aquí se confunde la necesidad del PRS (Principio de razón suficiente) del devenir o causalidad (ontológico) con la necesidad del PRS del conocer (epistemológico), ya que los metafísicos al ir enumerando las causas de la cadena de improviso reemplazan el PRS del devenir (que no admite comienzo por su naturaleza inherente) por el PRS del conocer que si tiene como comienzo o término una verdad lógica, empírica, etc. pero que nada tiene que ver con causas o génesis de hechos reales que eran parte del argumento, cometiéndose una falacia distractiva al meter de contrabando un principio de conocimiento abstracto (fundamento de los juicios formales) cuando se pedía una causa real (cuyo PRS del devenir trata sólo con estados o proceso de cosas concretas no con juicios abstractos).



5) “No hay efecto sin causa” Esta es la interpretación resumida de la 2er vía (obviando las falacias lógicas). Con ayuda de Sebantian Fauré la rebatiremos, decía Fauré:

Muchos la consideran aún sin réplica. Ella es formulada por filósofos espiritualistas
Esos señores nos dicen sentenciosamente: “No hay efecto sin causa; por lo tanto, el Universo es un efecto; este efecto tiene una causa a la que llamamos Dios”.

El argumento está bien presentado; parece bien construido; aparentemente bien armado.
Pero todo depende de comprobar si lo es verdaderamente. Este razonamiento es lo que, en lógica, llamamos un silogismo. Un silogismo es un argumento compuesto de tres proposiciones: la mayor, la menor y la consecuencia, y comprende dos partes: las premisas, constituidas por las dos primeras proposiciones, y la conclusión, representada por la tercera.

Para que un silogismo sea inatacable, precisa: 1º, que la mayor y la menor sean exactas; 2º, que la tercera proposición resulte lógicamente de las dos primeras.

Si el silogismo de los filósofos espiritualistas reúne estas dos condiciones, es irrefutable y sólo me resta inclinarme; pero si le falta una sola de estas dos condiciones, él es nulo y sin valor, y el argumento se hunde por entero.

Para conocer el valor, examinemos las tres proposiciones que lo componen:

Primera proposición mayor:

''No hay efecto sin causa”.

Filósofos, tienen ustedes razón. No hay efecto sin causa; nada es tan exacto. No hay, no puede haber efecto sin causa. El efecto es la consecuencia, la prolongación, el finalizamiento de la causa: la idea de efecto llama necesariamente e inmediatamente la idea de la causa. Si fuese de otra manera, el efecto sin causa sería un efecto de nada, lo que sería absurdo.
Sobre esta primera proposición, pues, estamos de acuerdo.

Segunda proposición, menor:

“El universo es un efecto”.

¡Ah! Ante esto, pido tiempo para reflexionar y solicito explicaciones: ¿Sobre qué se apoya una afirmación tan neta, tan tajante? ¿Cuál es el fenómeno o el conjunto de fenómenos, cuál es la constatación o el conjunto de constataciones que permite pronunciarse en un tono tan categórico?

Ante todo, ¿Conocemos suficientemente al Universo? ¿Lo hemos estudiado, escrutado, registrado, comprendido, para que nos sea permitido ser tan afirmativos? ¿Hemos penetrado en sus entrañas? ¿Hemos explorado los espacios inconmensurables? ¿Hemos descendido a las profundidades de los océanos? ¿Hemos escalado todas las alturas? ¿Conocemos todas las cosas que pertenecen al dominio del Universo? ¿Nos ha entregado él todos sus secretos? ¿Hemos arrancado todos los velos, penetrado todos los misterios, descubierto todos los enigmas? ¿Lo hemos visto todo, oído todo, palpado todo, sentido todo, todo observado, anotado todo? ¿No debemos ya aprender nada más? ¿No nos queda nada por descubrir?. En una palabra, ¿Estamos en condiciones de emitir sobre el Universo una opinión formal, un juicio definitivo, una sentencia indudable?

Nadie puede responder afirmativamente a todas estas cuestiones y sería profundamente digno de lástima el temerario, puede decirse el insensato, que osase pretender que conoce el Universo.
¡El Universo! Es decir, no solamente el ínfimo planeta que habitamos y sobre el cual se arrastran nuestros miserables huesos; no solamente esos millones de astros y de planetas que conocemos, que forman parte de nuestro sistema solar, y que vamos descubriendo a medida que pasa el tiempo; sino esos Mundos y esos Mundos de los que conocemos o adivinamos la existencia y cuyo número, cuya distancia y cuya extensión son incalculables.

Si yo dijese: “El Universo es una causa”, tengo la certidumbre que desencadenaría espontáneamente los gritos y las protestas de los creyentes; y no obstante, mi afirmación no sería más insensata que la suya.

Mi temeridad igualaría a su temeridad: he aquí todo.

Si me inclino sobre el Universo, si lo observo tanto como le permiten a un hombre de hoy los conocimientos adquiridos, constato un conjunto increíblemente complejo y tupido un enlazamiento inextricable y colosal de causas y de efectos que se determinan, se encadenan, se suceden, se alcanzan y se penetran. Percibo como el todo forma una cadena sin fin, cuyos anillos están indisolublemente ligados y constato que cada uno de estos anillos es a la vez causa y efecto: efecto de la causa que lo determina; causa del efecto que le sigue.

¿Quién puede decir: “He aquí el primer anillo, el anillo de Causa”? Y ¿Quién puede decir: “He aquí el último anillo: el anillo Efecto”? Y ¿Quién puede decir: “Hay necesariamente una causa número primero, hay necesariamente un efecto número último...”?


La segunda proposición: “El Universo es un efecto”, está faltada, por lo tanto, de la condición indispensable: la exactitud.
En consecuencia, el famoso silogismo no vale nada.

Añado que, incluso en el caso en que esta segunda proposición fuese exacta, faltaría aún establecer, para que la conclusión fuese aceptable, que el Universo es el efecto de una Causa única, de una Causa primera, de la Causa de las Causas, de una Causa sin Causa, de la Causa eterna.

Espero sin impaciencia, sin inquietud esta demostración. Es de las que se han intentado muchas veces y que jamás han sido hechas. Es de las que puede decirse sin mucha temeridad que no estarán jamás establecidas seriamente, positivamente, científicamente.

Añado, en fin, que incluso en el caso en que todo el silogismo fuese irreprochable, sería más fácil volverlo contra la tesis del Dios Creador, a favor de mi demostración.

Ensayémoslo: ¿No hay efecto sin causa? Sea. ¿El universo es un efecto? De acuerdo. Así, pues ¿Este efecto tiene una causa y es esta causa lo que llamamos Dios? Una vez más, sea.
No se apresuren ustedes a triunfar, deístas, y escúchenme bien:

Si es evidente que no hay efecto sin causa, es también rigurosamente evidente que no hay causa sin efecto. No hay, no puede haber causa sin efecto. Quien dice causa, dice efecto; la idea de causa implica necesariamente y llama inmediatamente la idea de efecto; si fuese de otra manera, la causa sin efecto sería una causa de nada, lo que sería tan absurdo como un efecto de nada. Así, pues, queda bien entendido que no existen causas sin efectos.

Ustedes dicen que el Universo efecto, tiene por causa Dios. Conviene, pues, decir que la Causa-Dios, tiene por efecto el Universo.

Es imposible separar el efecto de la causa; pero es igualmente imposible separar la causa del efecto.
Afirman ustedes, en fin, que Dios-Causa es eterno. De ello saco en conclusión que el Universo-Efecto es igualmente eterno, pues a una causa eterna ineluctablemente corresponder un efecto eterno.

Si fuese de otra forma, es decir, si el Universo hubiese comenzado, durante los millares y los millares de siglos que, quizá, han precedido a la creación del Universo, Dios habría sido una causa sin efecto, lo que es imposible, una causa de nada, lo que sería absurdo.

En consecuencia, siendo Dios eterno, el Universo lo es también, y si el universo es eterno, es que no ha comenzado jamás, es que no ha sido jamás creado.

(Cabe destacar que el planteamiento de Fauré iba dirigido a rebatir principalmente la idea de del Dios creador. Si el universo no tiene principio no pudo ser creado, si dios no lo creo no es dios)


falacias logicas



El conocimiento de ésta vía es el fundamento de toda la corriente aristotélico-tomista.


Tercera vía: «Vía de los seres contingentes»

Esta vía, también llamada argumento de la limitación en la duración, afirma que hay cosas que empiezan a ser y dejan de ser, y que por tanto pueden no ser. Estas cosas se llaman contingentes.

Pero si todas las cosas fueran así, es decir, contingentes, entonces alguna vez no hubo nada; porque lo que se puede decir de cada parte del conjunto, se puede decir del conjunto entero, es decir, que alguna vez no existió. Pero de la nada no sale nada. Por ello, debe existir un ser necesario para que haya estas cosas o seres. Este ser absolutamente necesario existe por sí mismo y es causante de la existencia de los demás seres.




Refutación:


1) Aquí se define de manera dogmática y a-priorística 2 conceptos metafísicos: ser necesario y ser contingente, cuyas connotaciones no apuntan a ningún ente real, ya que la “contingencia” o posibilidad de no ser no es ningún atributo real de ninguna cosa (como el color, masa, etc.) es sólo un concepto creado a conveniencia solo para justificar la aparición en escena de lo necesario, causa y fundamento de los supuestos entes contingentes, que no puede dejar de ser y que, por eso mismo, es inconcebible y carece de todo correlato empírico.



2) Según Schopenhauer, el sentido de “necesario” es dependiente de algún principio o fundamento del cual deriva; luego un ser necesario (Dios) que no tenga una causa o razón de ser anterior es una contradicción en sí mismo.



3) En rigor, la palabra “necesario” sólo se aplica a los enunciados analíticos vacíos o tautologías lógicas como decir que “el triángulo tiene 3 ángulos”, en donde el predicado (tiene 3 ángulos) esta contenido “necesariamente” en el concepto sujeto (tri-ángulo). o sea, lo único necesario son las proposiciones formales que siempre son verdaderas (y cuya negación supone contradicción), ya que sólo son consecuencias de los términos definidos y no dicen nada sobre la realidad. Cualquier otra connotación del término “necesario” es gratuita, dogmática y metafísica.



4) En este sofisma también se comete la falacia de petición de principio, ya que supone en una de sus premisas:”no todas las cosas tienen sólo la posibilidad de existir, sino que es preciso que algo exista necesariamente” el contenido de la conclusión sobre una cosa necesaria que llamamos Dios.



5) Tomás de Aquino, dogmáticamente, nos dice que esa cosa necesaria es el Dios del catolicismo, pero eso no lo demuestra en ningún momento, ya que ese ser es compatible con el motor inmóvil de Aristóteles o el Dios relojero del Deísmo.



6) Comete la falacia de la composición, ya que supone, gratuitamente, que porque cada una de las cosas pueden no existir; luego el conjunto de todas las cosas o universo también comparte esa propiedad de contingencia. Suposición que no ha sido demostrada.



7) En este argumento se comete la típica falacia metafísica conocida por algunos como “el paralogismo de los metafísicos”, que consiste en plantear gratuitamente un pseudoproblema absurdo y sin sentido semántico como la distinción gratuita entre lo contingente, que puede dejar de existir y el ente necesario que no puede dejar de ser; asunto metafísico que tiene tan poco sentido como preguntarse si el espíritu es redondo o cuadrado o si es blanco o amarillo. Entonces, una vez que el interlocutor acepta la cuestión absurda, el metafísico le demuestra lo absurdo que es una alternativa (por ejemplo, que el espíritu sea cuadrado o que haya sólo entes contingentes) para a continuación exclamar triunfante que la única alternativa válida es la suya (por ej, que el espíritu es redondo o que hay también un ente necesario). Pero el metafísico no da a conocer la posibilidad de que ambas alternativas sean igualmente absurdas, inadecuadas semánticamente o un completo misterio ininteligible. y para más pretende que el absurdo de una alternativa es prueba de la verdad de la otra, cuando ambas pueden ser igualmente absurdas y, por tanto, el argumento no tiene valor.



8) Se comete una falacia de bifurcación, ya que se dan sólo 2 alternativas: o la serie de entes contingentes tiene en sí su razón de ser necesaria o la tiene en un ser necesario distinto de ellos; pero pueden haber otras opciones: que no exista esa tal necesariedad ni en la serie de entes contingentes ni en un ser necesario, que el asunto sea un sin sentido, etc.



9) Supongamos que el concepto de “ser necesario” metafísico es real. Pero…

El “Espíritu Puro” no puede haber determinado el universo.

A los creyentes que, a despecho de toda razón, persisten en admitir la posibilidad del “ser necesario”, les diré que en todos los casos es imposible de atribuir esta necesariedad a su Dios.

Su Dios es puro Espíritu.

Y yo digo que el puro Espíritu: lo Inmaterial no puede haber determinado al Universo: lo material. He ahí porqué:

El puro Espíritu no es separado del Universo por una diferencia de grado, de cantidad, sino por una diferencia de naturaleza, de cualidad.

De manera que el Espíritu puro no es ni puede ser una ampliación del Universo del mismo modo que el Universo no puede ser una reducción del Espíritu puro. La diferencia aquí no es solamente una distinción, sino una oposición, oposición de naturaleza: esencial, fundamental, irreducible, absoluta.

Entre el Espíritu puro y el Universo, no hay únicamente un abismo más o menos grande y profundo que podría ser calmado o franqueado: hay un verdadero abismo, cuya profundidad y extensión, cualquiera que sea el esfuerzo intentado, nadie ni nada podría colmar ni franquear
Y yo emplazo al filósofo más sutil, lo mismo que al matemático más consumado, a levantar un puente, es decir, a establecer una relación -la que sea- (y con mayor razón una relación tan directa y tan estrecha como la que liga la causa al efecto) entre el Espíritu puro y el Universo.


El Espíritu puro no admite ninguna aleación material, no comporta ni forma ni cuerpo, ni línea, ni materia, ni proporción, ni espacio, ni volumen, ni color, ni sonido, ni densidad.

Luego; en el Universo, todo, por el contrario, es forma, cuerpo, línea, materia, proporción, espacio, duración, profundidad, superficie, volumen, color, sonido, densidad.

¿Cómo admitir que esto ha sido determinado por aquello?

Es imposible.
Llegado a este punto de mi demostración, establezco sólidamente sobre los dos argumentos que preceden, la siguiente conclusión:

Hemos visto que la hipótesis de una potencia verdaderamente creadora necesaria es imposible. Hemos visto, en segundo lugar, que, aún cuando se persiste en creer en esta potencia, no se podría admitir que el Universo esencialmente material haya sido determinado por el Espíritu puro, esencialmente inmaterial.


Si, a pesar de todo, siguen obstinados, creyendo, en afirmar que es su Dios el ser necesario quien ha creado el Universo, ha llegado la hora de pedirles dónde, en la hipótesis de Dios, se encuentra la Materia; en el origen, o en el principio.


refutacion a tomas de aquino


Cuarta vía: «Vía de los grados de perfección»

Esta vía parte del hecho de que hay una jerarquía de valores. De hecho, existen cosas mejores o peores, más buenas y verdaderas que otras.

Para valorar estas cosas, deben ser comparadas con el grado máximo y lo más perfecto. Como hay seres que tienen una perfección limitada, debe existir un ser Perfectísimo y que sea infinito. Este ser es conocido por el nombre de Dios.




Refutación:


1) Aquino comete una falacia non sequitur (no se sigue, Denominación genérica para todos los argumentos en que la conclusión no se sigue de las premisas), ya que algo que sea un máximo de una escala no se sigue que sea la causa de todas las cosas de esa escala u orden.

Por ejemplo, que una montaña tenga la máxima altura no se sigue que sea la “causa” de todas las montañas o de las cosas con altitud. Que una estrella tenga la máxima temperatura en su interior no se sigue que sea la causa de todas las temperaturas o estrellas. El ejemplo del aquinate sobre el fuego es falso, ya que éste no es causa del calor o calores, sino los movimientos de partículas subatómicas.

2) Pide el principio al suponer que hay una máxima verdad (¿Dios?) y pide el principio al suponer que la máxima verdad =el máximo ente, ya que no sólo no lo demuestra, sino que esa es una confusión entre el plano semántico (verdad) y el plano ontológico (ente).



3) Lo Perfecto No Puede Producir Lo Imperfecto.

Estoy convencido que si yo sometiese a un creyente esta pregunta: “¿Lo imperfecto puede producir lo perfecto?”, este creyente me respondería sin la menor vacilación y sin el menor temor de equivocarse: “Lo imperfecto no puede producir lo perfecto”

En ese supuesto digo yo: “lo perfecto no puede producir lo imperfecto” y yo sostengo que mi posición posee la misma fuerza y la misma exactitud que la precedente, y por las mismas razones.

Hay más: entre lo perfecto y lo imperfecto no existe solamente una diferencia de grado, de cantidad, sino también una diferencia de cualidad, de naturaleza, una oposición esencial, fundamental, irreductible.

Hay más todavía: entre lo perfecto y lo imperfecto no hay únicamente una diferencia más o menos profunda y amplia, sino un abismo tan vasto y tan profundo que nada podría franquearlo ni llenarlo.

Lo perfecto, es absoluto; lo imperfecto, es relativo: a los ojos de lo perfecto, que es todo, lo relativo, lo contingente, no es nada; a los ojos de lo perfecto, lo relativo es sin valor, no existe y no está al alcance de ningún matemático ni de filósofo alguno, establecer una relación -la que sea- entre lo relativo y lo absoluto; a fortiori, esa relación es imposible cuando se trata de una relación tan rigurosa y precisa como la que debe existir necesariamente entre Causa y Efecto.

Es, pues, imposible, que lo perfecto haya determinado lo imperfecto.

Por el contrario, existe una relación directa, fatal y en cierto modo matemática, entre la obra y el autor de ella: tanto vale la obra, tanto vale el obrero; tanto vale obrero, tanto vale la obra. Es por la obra que se reconoce al obrero, como es por el fruto que se reconoce al árbol.

Si yo examino una redacción mal hecha en la que abundan las faltas de ortografía, en la que las frases son mal construidas, en la que el estilo es pobre y desaliñado, en la que las ideas son raras y banales, en la que los conocimientos son inexactos, no se me ocurrirá la idea de atribuir esa mala página de francés a un cincelador de frases, a uno de los maestros de la literatura.

Si yo dirijo la mirada sobre un dibujo mal hecho, en el que las líneas son mal trazadas, las reglas de la perspectiva y de la proporción violadas, no se me ocurrirá jamás atribuir ese esbozo rudimentario a un profesor, a un maestro, a un artista. Sin la menor vacilación, diré: la obra de un alumno, de un aprendiz, de un niño; y tengo la seguridad de no cometer error, tanto es verdad que la obra lleva la marca del obrero y que, por la obra, se puede apreciar al autor de ella.

Luego, la Naturaleza es hermosa; el Universo es magnífico y yo admiro apasionadamente, tanto como el primero, los esplendores, las magnificencias de las que nos ofrece constante espectáculo. Sin embargo, por entusiasta que yo sea de las bellezas de la Naturaleza y no importa el homenaje que yo le tribute, no puedo decir que el Universo es una obra, sin defecto, irreprochable, perfecta. Y nadie se atrevería a sostener tal opinión.

El Universo es una obra imperfecta.


En consecuencia, digo yo; hay siempre entre la obra y el autor de ella una relación rigurosa, estrecha, matemática; luego, el Universo es una obra imperfecta: el autor de esta obra, pues, no puede ser sino imperfecto.
Este silogismo conduce a poner en evidencia la imperfección del Dios de los creyentes y, por consiguiente, a negarlo.
Puedo todavía razonar de la manera siguiente:
O bien no es Dios quien es el autor del Universo (expreso así mi convicción).
O bien, si persistís en afirmar que es él autor, el Universo siendo una obra imperfecta, vuestro Dios es en sí mismo imperfecto.


Se intenta rebatir esto argumentando que los seres creados no pueden ser perfectos porque fueron “creados” y lo creado es imperfecto.

Pero: ¿Qué es perfección?

Perfección es algo que posee el grado máximo de una determinada cualidad o defecto.



No se puede hablar de imperfección o perfección en algo que aun no existe. No se puede hablar de la “ausencia de existencia” en los seres creados, antes de creados porque no existen.
Es al ser creados que se obtiene la perfección.

Silogismo o dilema, la conclusión, el razonamiento resta lo mismo:
Lo perfecto no puede determinar lo imperfecto.
El ser con el máximo grado y lo más perfecto no puede determinar lo imperfecto.



5 vias para llegar a dios



Quinta vía: «Vía del orden en el mundo» o «Vía del orden cósmico»


También llamada argumento de la finalidad interna de los seres naturales. Parte de la finalidad que tienen las cosas en la naturaleza. Podemos observar que hay seres sin conocimiento que trabajan y actúan por un fin, para alcanzar lo mejor. Para que los seres carentes de conocimiento lleguen a su fin deben ser ordenados o dirigidos por alguien inteligente. Por lo tanto, deben existir seres inteligentes.

Pero éstos deben ser dirigidos por alguien y así sucesivamente, y como no se puede llegar al infinito, entonces, necesariamente tiene que existir un Ser inteligente que dirija a los demás, el cual es llamado Dios.




Refutación:


1) El argumento es una analogía antropomórfica superficial, ya que las cosas naturales (planetas, plantas, etc) son dirigidas de manera análoga a la flecha del arquero. pero esa analogía no es una explicación, sino una pseudo-explicación que no describe ningún mecanismo, ni tampoco es demostrativa por ser una analogía; luego no es propiamente una demostración.



2) Es una falacia de premisa falsa o indemostrada suponer gratuitamente que las cosas naturales obran en razón de un fin intencional sin probarlo.


3) Viola el principio de razón, ya que de una consecuencia (que las cosas se pueden explicar con leyes y de manera ordenada) no se puede derivar legítimamente el fundamento (un Dios con intenciones inteligentes) a menos que se probara empíricamente la hipótesis en cuestión, algo que el aquinate no hizo.


4) Como demostró Kant, que las cosas se adecuen a un fin es un concepto metódico del cuál no podemos inferir legítimamente algo que vaya más allá de los límites de la experiencia. Pretender que porque las cosas se adapten a leyes objetivas, luego un Dios más allá de este mundo las hizo es una falacia de conclusión desmesurada, ya que la conclusión de un sumo hacedor allende este mundo desborda los límites empíricos que permiten las inferencias científicas. No podemos inferir la existencia de un Dios más allá de este mundo con datos empíricos de este mundo, ya que no es posible que estos datos nos informen sobre un hipotético metamundo inalcanzable donde se encontraría Dios. También debemos tomar en cuenta que los enunciados informativos o sintéticos, basados en datos fácticos, por su naturaleza son particulares y de lo particular no podemos inferir a Dios.


5) Este argumento no se sostiene contra la evidencia científica que tenemos hoy en día, pero tiene una variante que es muy popular: la del designio de las leyes de la naturaleza. En resumen, esa teoría afirma que existimos gracias a que las leyes del universo son como son. Si variaran apenas un uno por mil algunas de las constantes que conforman la realidad del universo no sería posible nuestra existencia. Según eso Dios ha creado el universo con esas leyes específicas sabiendo que gracias a ellas sería posible el surgimiento de la vida y la inteligencia. Hoy en día sabemos mucho más de lo que se sabía en tiempos de Tomás de Aquino.

Y al conocer mejor el universo hemos comprobado que el tan cacareado orden del universo no es tan ordenado como siempre hemos supuesto. Las estrellas nacen, se apagan y destruyen, a veces en gigantescas explosiones que pueden destruir los planetas situados en sus inmediaciones. A veces los planetas chocan entre sí, o pasan tan cerca que uno de ellos se sale de su órbita en torno al sol y se convierte en un satélite de otro planeta mayor. Hay meteoritos que de vez en cuando golpean contra planetas provocando gigantescas catástrofes y en Virgo hay dos galaxias chocando entre sí. Este choque no es tan catastrófico como podamos imaginar, el espacio que hay entre unas estrellas y otras es tan grande que las estrellas de una galaxia están pasando entre las estrellas de la otra sin provocar serios problemas, sin embargo podemos calcular que de las doscientas mil millones de estrellas que forman ambas galaxias al menos mil millones de ellas verán sus órbitas afectadas y varias decenas de millares de estrellas serán destruidas en el proceso. Es decir, que en realidad no existe el orden en el universo, sino el caos. Sin embargo este caos ocurre a un ritmo muy lento, tanto que a veces pasan miles de años sin que ocurra ningún fenómeno catastrófico que pueda afectarnos.Y si no hay orden, la quinta vía deTomás de Aquino queda también invalidada.


6) Bien, hay que distinguir las leyes naturales de las leyes del hombre y debemos darnos cuenta de que aunque se usen las mismas palabras no tienen el mismo significado. Las leyes humanas son decididas, escritas y publicadas por personas. Las personas deben someterse a ellas pero si lo desean pueden quebrantar las leyes. Pero las leyes naturales no son leyes en el mismo sentido, sino que son descripciones del funcionamiento del universo. Es decir, cuando explicamos la ley de la gravedad no estamos leyendo una ley que haya sido establecida por nadie, ni siquiera por Newton, sino que estamos describiendo la forma en que funciona el universo. Las leyes humanas implican la existencia de un legislador (el que hace la ley). Las leyes naturales no. Por otro lado, hay muchas leyes naturales que para nosotros parecen leyes pero que no tienen ningún significado en el contexto del universo. Por ejemplo: Un metro mide cien centímetros. Aunque eso es una verdad matemática, geométrica y universal, en realidad es una convención humana pues respecto al universo no tienen ninguna importancia los instrumentos que usemos para medir el universo.

Así pues debemos estar de acuerdo en que las leyes del universo no son leyes propiamente dichas sino descripciones del funcionamiento del universo, y no implican la existencia de un legislador.

Así que en la ciencia la ley es algo que se basa en observación, explica las cosas, es algo que usamos porque es práctico, son descripciones del funcionamiento del universo y no es infalible. Y ciertamente tampoco es igual para todo, y mucho menos la ideo "alguien" porque no cumple un patrón fijo.

Me explico.
Por ejemplo por mas cálculos que se haga para obtener la órbita de la tierra, nunca se va a obtener la órbita exacta de la tierra, se va a tener algo con precisión estadística, pero nunca la exacta! No se va a obtener porque no la hay! influyen muchos parámetros que hacen imposible que la tierra tenga exactamente la misma órbita siempre. Por ello hablar de algo que hace que esto se dé es un absurdo!! ¡¡Porque no hay patrón fijo!!

La ley científica repito, sólo usa patrones estadísticos para dar una idea de uniformidad en donde no lo hay.

Un ejemplo más sencillo, parafraseando a Russel.
Un par de dados, por estadística sabemos que la posibilidad de que salgan dobles seis es una cada 36 veces.
Y no por ello decimos que hay alguien detrás de los dados que hace que de cada 36 veces, una salgan los dos seises!!!
Al contrario si cada vez que lanzásemos los dados salieran los doble seis, allí si podríamos decir que hay alguien detrás de los dados. Pero esto no sucede. Así que ciertamente no hay ninguna “inteligencia superior” que este dirigiendo al universo.



argumentos sin base



Conclusiones finales:
Bueno con esto queda demostrado que los planteamientos de Tomás de Aquino están viciados de falacias lógicas, y de conceptos metafísicos ideados solo para justificar las posteriores afirmaciones.



creencias sin fundamentos demost

Fuentes con algo de redacción propia: F1 F2 F3 F4 F5 F6 F7 F8

7 comentarios - Refutación a las 5 vías de Tomas de Aquino

@Pato_Ezequiel +3
Que-buen-post. Detallado y bien explicado. A favs y reco!
@FeDeGi +2
Muy interesante che, lo leo tranqui mas tarde
@pepetroll +2
Simplemente, lógico, elemental, como diría Sherlock Holmes
@walterin12 +2
A favoritos lo leo después, RECO
@iams34 +2
Parece rigurosamente detallado. Me lo llevo Saludos!
@JulioErnesto +1
Hay cosas de Tomás de Aquino que deben verse dentro de su contexto histórico.

Cuando el cristianismo recupera Toledo (hasta se entonces en manos árabes) se encuentra con escritos de tipos a los que no habían leído (Aristóteles, por ejemplo) . Iban a quemarlas porque "era claro" que eran textos herejes, contrarios a la fé católica.

Aquino hizo posible que no lo hicieran y, en ese entonces, nada podía publicarse que no estuviera aprobado por la iglesia.
Hay cosas de él que deben de leerse entre líneas (no todas, claro) .

Saludos.