Les luthiers [Megapost]
Origen y Trayectoria

A comienzos de los años 60, se desarrollaba en la Argentina una intensa actividad coral universitaria. Todos los años se realizaban festivales corales nacionales, cuya sede iba rotando entre distintas ciudades. Duraban una semana y representaban un importante acontecimiento cultural.

En 1965, el joven arquitecto Gerardo Masana, quien cantaba en el coro de la facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, compuso la Cantata Modatón, cuya letra estaba basada en el prospecto de un laxante.

La idea era estrenar esa obra en el encuentro que se realizaría ese año en la ciudad de Tucumán, como parte de las humoradas informales que solían hacer los estudiantes para amenizar el cierre de los festivales. Se trataba de divertir a la audiencia con la parodia de una cantata al estilo de Johann Sebastian Bach, interpretada por solistas, coro y una orquesta de exóticos instrumentos construidos por los mismos estudiantes.

La Cantata Modatón –que más adelante pasaría a llamarse Laxatón- reunió por primera vez en un escenario a cinco futuros integrantes de Les Luthiers: Marcos Mundstock, Daniel Rabinovich, Carlos Núñez Cortés, Jorge Maronna –de sólo 17 años- y Gerardo Masana, autor e impulsor del proyecto.

El éxito fue rotundo; nadie esperaba semejante despliegue de originalidad y talento en un festival amateur. La revista Confirmado publicó un artículo donde resaltó a la Cantata Laxatón como el hecho más destacado del festival.

Poco después, un periodista les ofreció contactarlos con el dueño de un teatro para realizar una serie de funciones. Pero para eso, necesitaban un nombre. Optaron por I Musicisti, parodiando al conjunto barroco italiano I Musici.

¿Música? Sí, claro, fue el título del primer espectáculo de I Musicisti, estrenado en 1966. El mismo fue decisivo para que, poco después, el grupo pudiera ser aceptado en la programación del célebre Instituto Di Tella, un centro cultural de vanguardia cuyas obras, llamadas a revolucionar las concepciones artísticas de la época, causaban una gran polémica.

El nuevo espectáculo se bautizó IMYLOH (I Musicisti y las óperas históricas). La repercusión fue notoria, tanto entre la crítica especializada como entre el público. Pero una serie de desacuerdos entre los integrantes del grupo, motivaron que en septiembre de 1967 Masana decidiera separarse, llevándose sus partituras y sus instrumentos. Inmediatamente se fueron con él Mundstock, Rabinovich y Maronna. Carlos Núñez Cortés se les sumaría un año y medio más tarde. (Haga un click aquí para leer la historia de I Musicisti tras la escisión).

Por sugerencia de Maronna, los “disidentes” adoptaron el nombre de Les Luthiers, y volvieron al Di Tella en noviembre de ese año, con el show Les Luthiers cuentan la ópera.

A fines de 1969 se sumó al grupo Carlos López Puccio. Les Luthiers adquirió así su conformación definitiva, que sólo se vería alterada por el paso de Ernesto Acher (quien se incorporó en 1971 y se retiró en 1986) y el fallecimiento de Masana, en noviembre de 1973 (con tan solo 36 años), producto de una enfermedad terminal.

Su desaparición fue un duro golpe para los luthiers. Hasta el día de hoy, en todos los programas de mano de los espectáculos del conjunto se lee: “Fundado por Gerardo Masana en 1967”.

Los años 70 fueron sumamente prolíficos para el conjunto: lanzaron cinco discos, presentaron diez espectáculos, y realizaron giras internacionales que los llevaron a Uruguay, Venezuela, España, México, Chile y Brasil, país en que presentaron un show traducido al portugués.

Los logros continuaron durante los años 80. Les Luthiers siguió sumando países a sus giras, tales como Colombia, Paraguay, Perú, Cuba, Israel y Ecuador.

En esta década el conjunto realizó además tres funciones inolvidables. La primera (1980) tuvo lugar en el Lincoln Center de Nueva York, con un espectáculo traducido al inglés.

La segunda –tal vez la más memorable- fue el 11 de agosto de 1986, día en que se presentaron en el Teatro Colón de Buenos Aires, uno de los grandes templos de la lírica mundial, lo que significó un importante reconocimiento a la trayectoria del grupo. Y dos años más tarde, el 26 de diciembre de 1988, con motivo de la celebración de los cinco años de la recuperación de la democracia en la Argentina, realizaron una actuación sobre un enorme escenario montado en las avenidas 9 de Julio y Libertador, ante más de 50.000 personas.

En 1995 asumió la representación del conjunto Lino Patalano, un reconocido productor artístico, manager de destacadas figuras, como el bailarín Julio Bocca y la actriz Norma Aleandro. Patalano dio un renovado impulso a la proyección internacional de Les Luthiers. Como consecuencia, el grupo intensificó sus giras por España y las principales capitales latinoamericanas.

El 21 de agosto de 2000 Les Luthiers volvió al Teatro Colón, con una función a beneficio del Collegium Musicum de Buenos Aires, acompañado por la Camerata Bariloche, con la que posteriormente presentaron otro espectáculo, El grosso concerto.

La abrumadora demanda de entradas de Les Luthiers en la Argentina hizo que en 2004, el conjunto buscara un lugar de mayores dimensiones para sus temporadas en Buenos Aires. Así, cambiaron al Teatro Coliseo, que fue su “sede” durante casi 30 años, por el Gran Rex, con capacidad para 3.300 espectadores (casi 1.500 más que el Coliseo). La reacción del público superó las expectativas: Ese año hicieron 43 funciones.

En enero de 2005, el grupo se presentó en el 45° Festival Nacional de Folclore de Cosquín, en la provincia argentina de Córdoba. Allí, 11.000 espectadores celebraron y aplaudieron el repertorio folclórico que Les Luthiers preparó para esa ocasión; fue otra función inolvidable para todos sus integrantes.


Les Luthiers

Integrantes

Marcos Mundstock

frases

Santa Fe, Argentina, 25/5/1942

Cuando en 1961 leyó en público por primera vez la biografía de Mastropiero -un personaje que había creado para entretener a amigos y conocidos del coro de la facultad de Ingeniería- Mundstock no sospechaba que estaba iniciando un ritual que se repetiría durante más de cuarenta años en los escenarios de 14 países.
Había llegado a Buenos Aires a los siete años desde Santa Fe, ciudad en la que sus padres, inmigrantes de la Galitzia polaca, se habían establecido. “Mis padres hablaban en yidish y yo fui varios años a un colegio yidish, el I. L. Peretz de la calle Boulogne Sur Mer. Allí, aparte de las clases, tuve varias hermosas experiencias como actor infantil”.
“A mi papá, que era relojero, le encantaba escuchar los programas de radio de la colectividad italiana. Así conocí a tenores famosos, como Beniamino Gigli y Tito Schipa”, dice. “Escuchábamos canciones napolitanas, arias de ópera y también cantantes litúrgicos judíos que tenían voces maravillosas.”
Al terminar el colegio secundario en Buenos Aires, comenzó la carrera de Ingeniería (que abandonaría en tercer año) y estudió locución en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (ISER). Simultáneamente, ingresó al coro de Ingeniería, donde conoció a Gerardo Masana y los futuros integrantes de Les Luthiers.
Luego de obtener su carnet de locutor, trabajó un tiempo en Radio Municipal. Tras el golpe militar de Onganía en 1966, se quedó sin trabajo. Al cobrar los meses que le adeudaban, se compró un piano y comenzó a tomar clases.
Poco después descubrió que no tenía la constancia y la paciencia necesarias para el piano. Decidió entonces seguir sólo con sus clases de canto.
El 2 de octubre de 1967, día del debut de Les Luthiers, se dio el gusto de imitar a los cantantes líricos que había admirado de chico al intepretar una versión libre de Mattinata, de Leoncavallo. De allí en más, intervendría en las parodias operísticas del conjunto.
En Les Luthiers pudo canalizar también su vocación por la escritura y el humor. Durante los primeros años del grupo escribió casi íntegramente los libretos de los espectáculos, y hasta el día de hoy las letras de muchas canciones y las historias de Johann Sebastian Mastropiero.
Como instrumentista ha tocado el gom-horn, una especie de trompeta hecha con una manguera y un embudo que intervino en varias obras musicales de Les Luthiers y en el hilarante y absurdo Recitado Gauchesco.
Paralelamente a Les Luthiers, trabajó como locutor de radio y comerciales de televisión y también de redactor publicitario. En 1974 hizo la voz en off de la película Quebracho, de Ricardo Wullicher.
En los años 90 incursionó en televisión. Interpretó a Dios y al Diablo en varios programas del capocómico Tato Bores y realizó una recordada serie de películas publicitarias para el diario La Nación.
Entre 2003 y 2005 participó como actor en cuatro películas: Roma, No sos vos, soy yo, Cama adentro, y Torrente III. También interpretó a un grotesco criminal internacional en el programa televisivo Mosca & Smith.


Carlos Núñez Cortés

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Buenos Aires, 15/10/1942

“Un día, en una reunión, mis padres me vieron tocando el piano con cierta soltura y se quedaron pasmados. No estaban enterados, ni se lo imaginaban. Yo tenía siete años”, recuerda Núñez Cortés.
Por aquel entonces vivía con su familia en Posadas, capital de la provincia argentina de Misiones. Su padre era relojero, hijo de españoles, y su madre era de ascendencia turca.

“Mi madre, si bien nunca había estudiado música, tenía un oído excepcional y cantaba como una soprano. Recuerdo que de pequeños nos cantaba canciones sefaraditas en el antiguo judeo español”, dice.
Cerca de su casa en Posadas, vivía un compañero de colegio cuya familia tenía un piano. “Cada vez que iba a su casa, me encantaba sentarme ante ese instrumento e improvisar las canciones de moda”, evoca. La hermana de su amiguito, que era profesora de piano, le dio sus primeras lecciones. A partir de allí nunca dejó de aprender. A lo largo de los años realizó estudios sistemáticos con diferentes profesores particulares. Fue así como se transformó en concertista de piano.

De adolescente, se trasladó con su familia a Buenos Aires. Al terminar el colegio secundario, decidió estudiar ciencias químicas e ingresó a la universidad en 1960. Allí, se le ocurrió, junto con otros compañeros, formar un coro polifónico, lo que dio origen al coro de la facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, que durante varios años fue dirigido por el maestro Juan Schultis. Más adelante ingresó como tenor en el coro de la facultad de Ingeniería, donde conoció a Gerardo Masana y a los demás futuros integrantes de Les Luthiers. Con ellos participó en la puesta en escena de Il figlio del pirata (1964) y la Cantata Modatón (1965).
Desde fines de ese mismo año pasó a formar parte del conjunto humorístico I Musicisti, y en 1969 –dos años después de recibirse de bioquímico- se sumó a Les Luthiers. Allí pudo canalizar no sólo su habilidad como pianista, sino también su talento compositivo. Fue el creador de varias obras emblemáticas del conjunto, como el Teorema de Thales y el Concerto grosso alla rustica. Este último sería interpretado por Les Luthiers junto con el Ensamble Buenos Aires (1972), la Orquesta Sinfónica del Teatro Colón (1986), la Camerata Bariloche (2000) y la Orquesta Filarmónica de Madrid (2004).

En Les Luthiers también se destacó por sus habilidades actorales. Fuertemente influenciado por Charles Chaplin, encarnó a distintos personajes que deleitaron a la audiencia del conjunto y, curiosamente, tuvieron un gran impacto sobre el público infantil.

Desde un comienzo evidenció un gran interés en la construcción de instrumentos. A su propia autoría se deben el tubófono silicónico cromático, el narguilófono y el glamocot. En colaboración con Carlos Iraldi construyó varios de los instrumentos más espectaculares de Les Luthiers, como el órgano de campaña, la marimba de cocos, la gaita de cámara y la mandocleta.

Fuera del conjunto, se destacó como concertista de piano y arreglador. Compuso canciones para distintas obras de teatro (entre ellas Corazón de bizcochuelo, de Enrique Pinti, y El fantoche lusitano, de Peter Weiss).
Su pasión por la biología y el buceo lo llevaron a reunir una colección de caracoles marinos de todos los mares del mundo. Junto con Tito Narosky, fue coautor del libro Cien caracoles argentinos (Editorial Albatros, 1997).

Los juegos de ingenio y los acertijos son otros de sus hobbies. Colaboró con distintas revistas de estas especialidades y periódicamente organiza entretenimientos para las listas de Internet de fans de Les Luthiers. En 2007 vio la luz su última creación: Los juegos de Mastropiero, un libro donde analiza la obra de Les Luthiers bajo la óptica del ludo-lingüismo, como son los trabalenguas, retruécanos, anagramas, y muchos otros artificios de nuestro idioma.


Daniel Rabinovich

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Buenos Aires, 18/11/1943

Su nombre completo es Daniel Abraham Rabinovich Aratuz (alias Neneco) aunque su verdadero apellido paterno era Halevy. Su bisabuelo, que llegó a la Argentina desde Besarabia (hoy Moldavia) no había hecho el servicio militar porque era rabino, por lo cual compró el documento de un muerto -de apellido Rabinovich- para poder salir de su país.
“De chico, me crié en el Palacio de los Patos, un complejo de viviendas ubicado en Ugarteche y Las Heras, en Buenos Aires, donde viví hasta los 18 años”, recuerda Rabinovich. “Allí había varios folcloristas, que me dejaban asistir a sus reuniones. Fue donde por primera vez escuché cantar a voces y tocar la guitarra”.
Pero la música había estado presente en su hogar desde su nacimiento. Su madre había estudiado piano, y su padre –un abogado penalista que defendió a personalidades como Hugo del Carril y Tita Merello- tenía el hábito de cantar y silbar tangos.

Desde los 7 hasta los 13 años estudió violín. Tomó clases con Ljerko Spiller, Vera Graf y Enrique López Ibels.
“A partir de los 14 años, empecé a estudiar guitarra con José María de los Hoyos. Quería tocar como Ernesto Cabeza, el guitarrista de Los Chalchaleros” dice. En sus años de colegio secundario, formó un grupo folclórico que se llamó Los Amanecidos.

A los dieciocho años, mientras estudiaba Derecho en la Universidad de Buenos Aires, ingresó al coro de la facultad de Ingeniería, donde conoció a Gerardo Masana y los demás futuros integrantes de Les Luthiers. Con ellos participó en la puesta en escena de Il figlio del pirata (1964) y la Cantata Modatón (posteriormente llamada Laxatón), en 1965. Luego intervino en I Musicisti y fue uno de los cuatros integrantes que se separaron del grupo en 1967 para fundar Les Luthiers. En 1969 obtuvo el título de escribano público (notario).

En los comienzos del grupo cantaba y tocaba la guitarra y el latín (parodia del violín), aunque rápidamente fue ganando protagonismo actoral. Ese crecimiento fue percibido por la crítica especializada, que en los años 70 lo hizo notar en sus comentarios. Un cronista de la revista Panorama lo llegó a comparar con Peter Sellers. “Leí esa nota, pero creo que fue una exageración”, dice Rabinovich. “La transformación fue gradual. No tenía ninguna veta humorística previa. De a poco comencé a realizar algunas improvisaciones graciosas, y me salieron bien”.
Paralelamente a Les Luthiers, efectuó algunas incursiones actorales en cine y televisión. Trabajó en Espérame mucho, de Juan José Jusid (1983).
También participó como actor en las miniseries Los gringos (1984) y La memoria (1985), ambas dirigidas por David Stivel. Y actuó en la telenovela colombiana Leche, dirigida por Víctor Mallarino.

Posteriormente participó en un episodio de la serie televisiva Tiempo final (2002) e hizo el papel de Néstor Craken en la serie La familia potente (2003). En los últimos años incursionó en la escritura. Es autor de los libros Cuentos en serio (Ediciones de La Flor, 2003), con prólogo de Joan Manuel Serrat, y El silencio del final, nuevos cuentos en serio (Ediciones de La Flor, 2004). Actualmente, está escribiendo una novela.


Carlos López Puccio

historia

Rosario, Santa Fe, 9/10/1946

Por influencia de su hermano mayor, a los siete años ya ahorraba plata para comprar discos. A los diez comenzó a estudiar violín. Más adelante cantó y tocó la viola da gamba durante ocho años en el conjunto Pro Música de Rosario.

Cuando llegó el momento de transformar su interés por la música en una carrera, tuvo que negociar con su familia. “Yo quería ser director de orquesta; mis padres querían que tuviera un título universitario. La opción, entonces, era estudiar música en la universidad”, recuerda.

Pero además de las orquestas, sentía pasión por los coros. Ya antes de graduarse como licenciado en dirección orquestal en la Universidad de la Plata, tuvo sus primeras experiencias como director coral, hasta que en 1969 fundó el grupo vocal Nueve de cámara, que dirigió durante diez años. A fines de ese mismo año, ingresó a Les Luthiers.

Su rol inicial en el conjunto fue el de artista contratado. En enero de 1971, cuando la primera gira de Les Luthiers en la ciudad costera de Mar de Plata no generó los resultados económicos esperados, el grupo le propuso a López Puccio ser un miembro más. "Me invitaron a hacerme socio de una desventura, de una bancarrota. Y naturalmente, acepté", dice.

Dirigió las orquestas que interpretaron Teresa y el oso (Volumen IV, 1976), El lago encantado (Volumen VII, 1983) y Cardoso en Gulevandia (Volumen VIII, 1991). En 1986, cuando Les Luthiers interpretó su Recital sinfónico en el Teatro Colón, López Puccio fue el encargado de dirigir a la orquesta sinfónica de dicho teatro.
Los instrumentos que toca regularmente en el conjunto son el latín, la violata, los teclados y el bajo.

Más allá de su formación esencialmente musical, Carlos López Puccio tiene una intensa y poco conocida actividad como creador de obras humorísticas para Les Luthiers, debiéndose a su labor muchas obras del repertorio del conjunto en las que ha creado no sólo la música sino también su texto.
Paralelamente a Les Luthiers, siguió adelante con su actividad coral. En 1981 fundó el Estudio Coral de Buenos Aires, especializado en repertorio contemporáneo, que lo llevó a ser reconocido como uno de los más destacados directores corales de Argentina y con el cual obtuvo en 1999 el Premio Konex de Platino a la mejor agrupación musical de cámara de la década.

Tampoco abandonó la dirección orquestal, aunque su trabajo en este campo haya sido menos frecuente. Entre otras obras, dirigió versiones integrales de La Traviata, de Verdi, Orfeo y Eurídice, de Gluck y más recientemente Alceste (2002) de Gluck en el Teatro Argentino de La Plata y Armida, también de Gluck, en el Teatro Colón de Buenos Aires (2003). También en el Teatro Colón dirigió a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.

En junio de 2000, asumió la dirección del Coro Polifónico Nacional de Argentina, cargo en el que se desempeño durante cuatro años y con el cual preparó una gran cantidad de obras mayores del repertorio sinfónico coral, tales como los requiem de Verdi, Mozart, Faure y Durufle, la novena sinfonía de Beethoven y su Missa Solemnis, la Pasión según San Mateo de Bach, el Gloria de Poulenc y otras.
Entre 2002 y 2004 fue consejero artístico del Teatro Colón de Buenos Aires.




Jorge Maronna

humor

Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, 1/8/1948

Es el más joven de los integrantes de Les Luthiers; tenía 19 años cuando participó en la fundación del grupo.
La música era algo cotidiano en su hogar de Bahía Blanca. Su padre, un médico hijo de inmigrantes italianos, solía escuchar tango y música clásica, y tocaba el piano, instrumento que también ejecutaban su madre y su hermano. “Cuando era chico me mandaron a aprender piano, pero la anciana profesora era aburridísima y logró ahuyentarme”, recuerda Maronna.

A los 13 años se inició en la guitarra. “Con un amigo aprendí los rasgueos y acordes básicos; con él y otros compañeros del colegio formamos un grupo folclórico que se llamó Los Coyuyos; llegamos a actuar en colegios y en la radio". Poco después comenzó a estudiar guitarra clásica.
A los 15 años, motivado por su hermano, ingresó al coro universitario de Bahía Blanca.

Cuando finalizó el colegio secundario se trasladó a Buenos Aires para estudiar medicina pero al poco tiempo abandonó.
En el coro de la facultad de Ingeniería conoció a sus actuales compañeros de Les Luthiers, con los que formó parte de I Musicisti desde el estreno de la Cantata Modatón (posteriormente Laxatón), en 1965. Fue uno de los cuatro integrantes que se separaron del grupo en 1967 para fundar Les Luthiers.
Estudió guitarra con María Luisa Anido y Miguel Ángel Girollet. En los años 60 integró el grupo de música antigua Ars Rediviva y fue acompañante de diversos cantantes, entre ellos María Elena Walsh.

Escribió sus primeras obras musicales colaborando con Gerardo Masana en los espectáculos de Les Luthiers. Simultáneamente inició estudios formales de composición en la Universidad Católica Argentina, que luego completó con Francisco Kröpfl. Compuso obras que fueron estrenadas por diversos instrumentistas y música para espectáculos teatrales; entre ellos, Hombre y superhombre, de George Bernard Shaw, dirigida por Norma Aleandro.
Colaboró con Daniel Samper Pizano en el guión de Leche, una telenovela paródica emitida en Colombia en 1996, y compuso las treinta canciones de la serie.
Participó en el libreto y la música de la obra teatral La fabulosa historia de los inolvidables Marrapodi, del grupo Los Macocos.

Ha publicado, en colaboración con Daniel Samper Pizano, cuatro libros humorísticos: Cantando bajo la ducha (1994), Confesiones de un espermatozoide (1997, en la Argentina se editó como El sexo puesto), El tonto emocional (1999) y Parapapá (2008), y escribió con Luis María Pescetti la novela Copyright (2001).
Durante la preparación de nuevos espectáculos de Les Luthiers participa en la creación de canciones y está a cargo de la organización y dirección de los ensayos del conjunto.
Es padre de cinco hijos.


palabras

Vocabulario

INESTABLE: Mesa norteamericana de Inés.

ENVERGADURA: Lugar de la anatomía humana en dónde se colocan los condones.

ONDEANDO: Onde estoy.

CAMARÓN: Aparato enorme que saca fotos.

DECIMAL: Pronunciar equivocadamente.

BECERRO: Que ve u observa una loma o colina.

BERMUDAS: Observar a las que no hablan.

TELEPATÍA: aparato de TV para la hermana de mi mamá.

TELÓN: Tela de 50 metros... o más.

ANÓMALO: Hemorroides.

BERRO: Bastor Alebán.

BARBARISMO: Colección exagerada de muñecas barbie.

POLINESIA: Mujer Policía que no se entera de nada.

CHINCHILLA: Auchenchia de un lugar para chentarche.

DIADEMAS: Veintinueve de febrero.

DILEMAS: Háblale más.

MANIFIESTA: Juerga de cacahuetes.

MEOLLO: Me escucho.

TOTOPO: Mamamífero ciciciego dede pepelo nenegro que cocome frifrijoles.

ATIBORRARTE: Desaparecerte.

CACAREO: Excremento del preso.

CACHIVACHE: Pequeño hoyo en el pavimento que está a punto de convertirse en vache.

ELECCIÓN: Lo que expelimenta un oliental al vel una película polno.

ENDOSCOPIO: Me preparo para todos los exámenes excepto para dos.

NITRATO: Ni lo intento..

NUEVAMENTE: Cerebro sin usar.

TALENTO: No ta rápido.

ESGUINCE: Uno más gatorce.

ESMALTE: Ni lune ni miélcole..

SORPRENDIDA: Monja en llamas

argentino

Frases


Usted, usted que frecuenta el éxito, como una costumbre más... Usted, que triunfa con la misma naturalidad en los negocios y en los deportes más exclusivos... Usted, que está habituado a que los hombres lo respeten y las mujeres lo admiren... Usted, ¿nos puede decir cómo hace?

Tal vez quien más ha reflexionado sobre la música para televisión, sea el compositor Pierre Pérez Pitzner, autor del libro titulado "La corchea y el orticón, interacción y propuesta". A dicho libro pertenece la célebre frase que dice: "De cada diez personas que ven televisión, cinco... son la mitad".

Si aquel que dice ser tu mejor amigo te clava un puñal en la espalda, debes desconfiar de su amistad.

-A menudo mis alumnos me preguntan si la hermenéutica telúrica incaica transtrueca la peripatética arotrética de la filosofía aristotélica, por la inicuidad fáctica de los diálogos socráticos no dogmáticos. Yo siempre les respondo que no.
- ¿Que no qué?
- Que no sé.
- Pero, ¿alumnos de qué, puede saberse?
- Ah. De basquetball.


Cuando nació era el menor; no?... y siguió siendo el menor un tiempo, casualmente hasta que nació el hermano, en... Bueno, en realidad el tema del hermano merecería un desarrollo un poco más... Debo decir, no se sabe, por ejemplo, a ciencia cierta... si tuvo hermanos. Me refiero, tal vez sí se sepa, yo en este momento lamentablemente no... no estoy en el...

El mayordomo, luego de inspeccionar el lugar le dijo a Mastropiero: "Señor, la silueta que usted vio no se menea, sino que está inmóvil; no está en la ventana, sino en un viejo cuadro al óleo; y no se trata de ningún extraño animal, sino de la duquesa Sofía"

En esa época, una tierna adolescente, Henriette, solía sentarse junto a Mastropiero en la estrecha banqueta del pianista, vigilada de cerca por la madre, Madame Leforquier. Con Henriette a su lado, Mastropiero aporreaba el piano, ilustrando las películas, que eran mudas. Henriette, por suerte para ella, era sorda. Y la madre, por suerte para Mastropiero, era ciega.

-Y recuerden que todo ser cree ser todo; pero nada es todo: todo es apenas nada; el ave es nada, porque vuela; el pez es todo, porque nada.
-¡Gracias por todo!
-De nada


Hombre prevenido vale por dos; una pareja desprevenida vale por tres.

Me duele que se piense que el nuestro es un gobierno autoritario. Que no se piense esto; es una orden.

No deje de ver "El Asesino Misterioso". Si usted ya la vio, no cuente el final. Si usted aún no la vio, no adivinará hasta el último minuto que el asesino es Jack el forastero.

Cálmese, doctor... usted ha estado reflexionando, digamos por caminos sinuosos. Digamos, ha estado usted razonando... fuera del recipiente.

-A partir de ahora el país cuenta con una nueva e importante comisión. Un gran aporte para nuestras instituciones.
-Así es, además usted y yo no habíamos estado nunca antes en una comisión tan importante.
-Es verdad, hasta ahora, siempre habíamos cobrado comisiones importantes.


Te diré que no es cierto que todos los negros son maltratados en este país, algunos negros son maltratados en otros países.

- Aún así hay muchos que se creen muy vivos, porque se la pasan de aventura en aventura, fornicando sin ton ni son, a tontas y locas...
- y... esas son las más fáciles!


¡El poder! ¡El trono! ¿El trono o María? Al fin y al cabo el trono lo quiero para posarme sobre él y satisfacer mis deseos, los más sublimes y los más perversos. En cambio a María la quiero para… ¡Caramba, qué coincidencia!

El diálogo con la juventud se ha tornado dificultoso, sobre todo para los que ya hemos pasado los treinta... Bueno, digamos los cuarenta... Digamos los que en este momento tenemos cuarenta y tantos... Cuarenta y quince.

Aceptamos que a nosotros el paso del tiempo nos ha modificado. En materia de sexo, por ejemplo, lo que antes nos parecía moralmente inaceptable ahora nos resulta... tristemente inalcanzable. Como dicen los libros de sexología: "Cuantos más años a cuestas, más te cuesta y menos te acuestas".

Pero las chicas, las chicas también han cambiado; cuando éramos jóvenes, cientos nos concedían sus gracias por pasión. Ahora, gracias si por compasión nos ceden el asiento.

Sus encantos no habían disminuido con los años... habían desaparecido.

¡Oro por baratijas! ¡Qué abuso! ¡Qué trueque tan desigual! Después del canje Don Rodrigo guardó en un cofre lo que había obtenido: montañas... de baratijas.

Durante el estreno de esta primera sonata se produjo un verdadero escándalo. Desde un comienzo el público se dividió: mientras unos silbaban y abucheaban, el resto se retiraba de la sala.

Gundula, fiel al respeto debido a su esposo, sentía que no podía corresponder a los requerimientos amatorios de Mastropiero, hasta que una tarde, comprobó que podía perfectamente.

Dice Johann Sebastian Mastropiero en sus memorias: "Sí, yo he compuesto música para la campaña electoral del doctor Alberto Ortega, porque el doctor Alberto Ortega siempre supo poner por encima de los mezquinos intereses partidistas, los supremos intereses personales; porque cada vez que lo creyó necesario, no vaciló en dividir a su propio partido, hasta convertirlo en el más partido de todos; porque es un prohombre respetado por propios y ajenos, insobornable custodio de lo propio, inflexible amigo de lo ajeno, y por último, porque es incapaz de una traición, es incapaz de una falsa promesa, es básicamente incapaz".

Estas escenas, cuyo objeto es desmentir la fama de decadencia que algunos han endilgado a la Universidad de Wildstone, son estrictamente documentales, y han sido filmadas en la Universidad de Columbia.

Aguaribay también recibió el llamado de la música y compuso una serie de canciones. La música no lo llamó más.

La confianza mata al hombre... y embaraza a la mujer.

Los mellizos Mastropiero, Johann Sebastian y Harold, sabían muy poco el uno del otro. Johann Sebastian tenía noticias de que su hermano pertenecía a la Mafia y éste conocía la música de Johann Sebastian. Ambos estaban indignadísimos.

...fue entonces cuando decidieron incorporar un músico al equipo; recurrieron al compositor y célebre guitarrista Ramón Véliz García y Casal, al que llamaban "el Cervantes de la guitarra", porque era manco.

Toda vez que por necesidades económicas Mastropiero se vio obligado a componer música a pedido o por encargo, produjo obras mediocres e inexpresivas. Por el contrario, cuando sólo obedeció a su inspiración jamás escribió una nota.

En fin, no perdamos más tiempo, porque como bien dicen en inglés: “Time is money”: “El tiempo es un maní”.

El mismo Mastropiero realizó experimentos con una bandada de pájaros tocando al piano su sonata en mi bemol, cada vez que les daba de comer. Después de cierto tiempo, las aves comenzaron a rechazar todo tipo de alimentos...

Hola, señora mamá. Hoy voy a comenzar mi programa con un consejo que ya les he dado otras veces pero que nunca está de más repetirlo, y es el siguiente: Los niños tienen que tener su lugar. Un lugar donde ellos sepan que pueden jugar, correr, saltar, ensuciar, romper… Por supuesto, señora, es conveniente dentro de lo posible, que ese lugar no esté muy alejado de su barrio.

Cierto día, a la edad de tres años, el pequeño Hans se acercó al piano de la sala y lo tocó con las manos. Su madre, al ver esto, gritó: ¡Hans! El niño, sorprendido en falta, le respondió: ¿Qué quieres madre?... La vida de Hans Glockenkranz estaría colmada de episodios como éste.

Sólo unos pocos elegidos pertenecen de verdad al gran mundo. Sólo unos pocos elegidos en el mundo lucen la hora exacta en su muñeca. Relojes "Chaque heure pour la minorie"... ¡Flor de "relós"!.

No me acuerdo si fue antes o después... No, fue después... Lo que no me acuerdo es después de qué...

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Videografía

Viejos fracasos (1977)
Mastropiero que nunca (1979)
Les Luthiers hacen muchas gracias de nada (1980)
Humor dulce hogar (1986)
Viegésimo aniversario (1989)
Grandes hitos (1995)
Bromato de armonio (1998)
Les Luthiers unen canto con humor (1999)
Todo por que rías (2000)
El Grosso Concerto (2001)
Las obras de ayer (2002)
Los Premios Mastropiero (2006)
Aquí Les Luthiers (2005)
Lutherapia (2009)

Les Luthiers

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Viejos Fracasos 1977



Hacen Muchas Gracias de Nada 1980



Humor Dulce Hogar 1986



Viegésimo Aniversario 1989



Grandes Hitos 1995



Bromato de Armonio 1998



Unen Canto con Humor 1999



Todo Por Que Rías 2000



Los Premios Mastropiero 2006