Ayer me robaron en la Calle !

chorros

pendejos

Ayer, mientras iba a tomar el colectivo para ir a mi casa , se me acercan dos gronchos villeros (sí, después digan que los victimizamos, aunque sean los mismos de siempre y sepamos que les encanta delinquir). Eran apenas pasadas las 21 horas en una zona bastante transitada (a 1 cuadra de Av. Rivadavia, yendo por otra avenida) y se me ponen al frente pidiéndome monedas. Para los que anden por la calle, saben que ésto es hipercomún y siempre nos encaran mangueando algo. Mi discurso empezó como siempre, con un “ no tengo nada encima ”. Algunos se ponían pesados igual, y era cuando había que largar alguna moneda, seguir hablando o empujarlos y seguir de largo (dependiendo el caso).

Cuando termino de decir eso, el pendejo se me pone al costado derecho y una pendejita (por eso no sospeché mucho del afano) detrás. Yo, de reojo, mirando que no me abriese la mochila que traía encima (colocada como mochila, no como morral ni al costado). El tipo sigue con “dale, una moneda, algo”, mientras miraba hacia todos lados y la mujer se me ponía en el costado izquierdo. Ahí ya olí que la cosa iba distinta, pero antes de reaccionar, el chabón me pasa el brazo por el cuello, atrayéndome hacia él (como si fuese un amigo) y lanza un “dame ya el celular o te cago apuñalando y te morís acá”, mientras metía la mano en el bolsillo del pantalón (amplio, como siempre en estos casos, también con campera).

La cabeza me iba a mil por minuto. No podía saber si estaba armado o no (probablemente no, pero no podía asegurarlo), o si era un medio engaño y la que iba armada era la mina (así si yo me iba contra el tipo, ella podía dármela igual y ambos salir airosos). La zona tenía gente, pero parecía que nadia veía nada. Eso me hizo recordar un video que ví en América Noticias, en donde a un pibe le robaron la mochila arrastrándolo por el medio de una plaza, mientras la gente pasaba al costado, sin decir una palabra y sin apretar el paso siquiera. Zafarme no iba a poder (al menos fácilmente) si el tipo me tenía apretado del cuello (les recuerdo, mido 1.80 y peso 61 kilos, imagínense…). En ese entonces, el tipo repite “dale, dale, o te acuchillo y te desangrás acá, hijo de puta”. La chica, del otro lado, seguía con ”¿Te querés morir? Sí, vo’ te queres morir acá en el piso, gato”.

Empecé a sopesar todas las opciones, incluyendo que en la mochila tenía muchas cosas más, como un termo irrompible de casi $100, cosas propias del trabajito que tengo y… la netbook de $1600 (más accesorios). Mi celular era un Nokia 1100 (creo), que hace más de 4 años lo compré a $130 (ni cámara tenía). En ese instante, meto la mano en el bolsillo y se lo doy. En ese momento, me pareció la mejor opción considerando el todo.

Me quedé esperando a que los tipos salgan corriendo, pero envalentonados (supongo que no sólo por el hecho de haberles dado algo, sino también por la situación que a diario vivimos en Argentina, más siendo ellos menores (si no lo eran, pegaban en el palo)), siguieron con “bueno, ahora toda la plata y dame la mochila”. Lo miré extrañado, mientras el tipo seguía con el “dale, dale, la mochila y la plata”. Creo que le dije algo como que tenía cosas del laburito que tenia, pero mucho no les importó. No iba a estar dispuesto a perder tanto ni ser ultrajado por tanto, y tampoco nada me aseguraba que siguieran envalentonándose hasta dejarme en calzoncillos en el medio de la Avenida, con la gente mirándome sin hacer nada.

Para ganar tiempo, bajé la cabeza y amagué con sacármela, mientras la cabeza ya me iba a un millón. Consideré pegarle a la mina, más débil, para correr para ese lado; pero la reacción del tipo seguro que sería más rápida. El detalle del agarre de cuello seguía ahí, y justo iba con el pelo suelto (tengo un poco el pelo largo) lo que hacía que en caso de zafarme, podían igual contenerme por los pelos. Podía intentar zafarme para atrás, seguro que eso no lo esperaban; pero ahí me cayó la ficha de que no sabía si había un tercer delincuente colocado ahí. Correr y gritar era otra de las opciones, pero tampoco me aseguraba nada. Mientras maquinaba eso, el tipo me saca el brazo de encima para que pueda sacarme la mochila y la mina se pasa hacia adelante mío.

Ahí todo sucedió como flash y me atrevo a decir que ni pensé la movida: empujé al tipo para el costado (acercándolo o pegándolo contra la pared, no ví cómo terminó, sobre el brazo que tenía con la supuesta arma) mientras saltaba para el otro costado, ahora libre. Apenas toco el piso, pego dos o tres pasos gigantes hacia adelante; tanto, que termino sobre la calle anterior a Rivadavia con una moto pasando a unos centímetros. Eso me puso lejos ya del rango de ataque directo, pero con el tráfico a espaldas.

Ahí es cuando me doy vuelta para cerciorarme y ver si tenían ganas de seguirla (pero ahora, con distancia y certeza, ya podía actuar de otra forma). Los dos se habían plantado en donde estaban: el tipo con cara de sorprendido, la mina unos pasos más adelante (parece que intentó seguir en alguna parte del recorrido) pero igual unos metros atras y quieta. Ella lanza un “era una joda flaquito” mientras miraba a los transehúntes. Le grito: “si era joda devolveme el celular, ¡dale!”. La gente nos miraba mientras pasaba, todos sin hacer nada. La policía (Federal o Metropolitana) brillaba por su ausencia, como comunmente pasa en la zona y en otras cientos de miles en todo el país.

Crucé la calle y volví a darme vuelta. Los tipos, muy campantes, seguían en el mismo lugar, aunque el tipo estaba revisando Mi celular. Yo no sabía que hacer: la gente no respondía, no había personal de seguridad en ningún lado, y yo no sabía si podía empezar una pelea o persecución sin saber si alguno estaba realmente armado. Seguí así varias veces (uno o dos pasos, vuelta a mirar atrás), hasta que ya no ví más a la pobre parejita incomprendida socialmente (se escondieron en algún palier de edificio o corrieron por la esquina, nunca lo sabré).

Terminé con una calentura terrible por la impotencia y el robo, y me vinieron a la cabeza a los pelotudos que siempre dicen que exagero las cosas y que soy un paranoico. A diario pasa esto, a diario nos rozamos con este tipo de gente, y hoy me había tocado el robo a mí. Había perdido MI celular (con contactos y SMS que había conservado de mi familia, Todo eso, perdido. Y había evitado de perder todavía más en cuestión monetaria.

Tomé el colectivo y me fui a mi casa mientras repasaba todo en mi mente. Apenas llegué, llamé a mi viejo para avisarle del hecho y que estaba bien, alertarle (por si se les ocurría hacer un secuestro virtual), para que avisara a los cercanos, y para que intentara dar de baja la línea (cosa que no pudo hacer porque yo no me acordaba el PIN; lo tenía guardado en un SMS dentro del celular. Mi error). Mi vieja quizo hacer la Denuncia a la policía pero dije para que hacerlo si va a ser al pedo, nadie nos va a ayudar , porque no van a encontrar nada, y si encuentran a los “pibes” van a salir en 24 horas con el nombre del denunciante… y ahí las cosas se pueden poner peores. Además, la policía ya no reprime, así es que no voy a hacer una denuncia (que dicho sea de paso, hay que pagar el formulario para hacerla) para que les pidan por favor que les den mi celular mientras hacen pucherito. Sí, soy otra víctima más que no saldrá en las estadísticas oficiales de los delitos (que de todas formas retoca el INDEC como más quiere).

Cómo nota de color, en la misma Av. Rivadavia, un minuto después del robo, se me acerca otro groncho villero de la misma forma (aproximándose a mi blanco) diciendo algo. Me paro en seco y le grito en voz gruesa un “¿qué querés? ¡¿Qué querés?!”. Ya más calmo, me dice que “le de unas monedas”. Se lo doy con cara de matarlo y sigo mi camino. Vaya uno a saber si venía por eso o era otro pobre incomprendido social que venía por lo mismo y se acobardó con el grito.

Un aplauso grande para la Policía federal :@

Acá es justamente donde me paso el hecho,
Ojo si van ustedes por esos lados.

ME ROBARON

A unas 8 cuadras o 11 por ahí de la Plaza Miserere .


- Cuidate, mucho & más si salis a horas de noche por esas calles .
Siempre con cuidado.

Adiós .