La duplicación de los monstruos

La duplicación de los monstruos

Cuando Dárfenzen II observó a su compañero y notó en sus ojos el principio de las lágrimas le dijo "No temas Enobat, porque les estrecharemos las manos y los convenceremos de que son como nosotros" y entonces se adentraron luego entre las bestias a poco de desaparecer.

En estos últimos días La Presidenta tuvo el agrado de presentarnos una serie de ocurrencias más que interesantes. Tomó gentilmente prestadas las pantallas de nuestros televisores y los parlantes de nuestras radios durante varias horas para, por ejemplo, a) dar lecciones de cómo Clarín hacía mal su trabajo desaprovechando la oportunidad de explotar una noticia que le habría bajado más de un punto a Scioli en las encuestas, b) acusar de jugar con las emociones de la gente a quienes denunciaron el escaso republicanismo con que homicidas y misóginos andan abandonando su celda para poder militar junto a agrupaciones kirchnerófilas (olvidando, aparentemente, cómo ella le echó la culpa a su viejo amigo Moyano de asesinar fríamente a los siete gendarmes que iban camino a Cerro Dragón) y c) festejar haber terminado toda relación con el neoliberalismo gracias a una nueva dosis de... neoliberalismo (en otras palabras: se aplaudió a sí misma por haber logrado pagar la "última deuda" del Corralito - el Boden 2012 - pero sin mencionar que para ello tuvo que endeudarse nuevamente). La lista podría seguir - el Kristina´s Show ya va ganando una calidad en su trama que poco tiene que envidiar a las novelas de la tarde -, pero como el mercado de columnas largas y aburridas ya lo monopolizaron los periodistas de Pagina/12 (para comprender esto, recomiendo intentar leer alguno de los artículos de Wainfeld sin doblegarse al deseo de revisar las notificaciones de Facebook durante la prueba), a mi no me queda más opción que sintetizar.

De todas las cosas que Ella dijo, además de las ya nombradas, hubo una que despertó especialmente, en mí, sorpresa; en parte porque se encargó (Ella) de repetirlo en cada una de sus apariciones, pero más que nada por lo que en sí significa. Cadena Nacional del Miedo, el Desánimo y el Encubrimiento fue el título hiperadjetivado que eligió. Lo del miedo, el desánimo y el encubrimiento son accidentes anecdóticos que no llaman mi atención, extravagancias de una mujer complicada en un mundo de machos simples y nada más. Pero llamó Cadena Nacional a algo que no era y terminó, como Dárfenzen, haciéndolo desaparecer.

En realidad Dárfenzen II siempre fue Ella. Enobet representaba a su público de adoradores y las bestias a un peligro inexistente a que debían temer. Todo el cuento no era más que una alegoría de la lucha entre la Verdad y lo Otro: las bestias son lo Otro, la Verdad es Ella. Lo Otro es algo que no es ni más ni menos verdadero pero, para que no confunda, es mejor asesinarlo ¿Se entiende? Lo Otro, dado el caso, es Clarín, o la Corporación entera Hegemónica Mediática que, por no ser como ellos, no es Verdad.

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Cadena Nacional hay una sola. Presenta la característica de estar pagada por todos nosotros, el privilegio de hacerse escuchar más que cualquiera otra voz en este suelo y el sello, hoy lamentablemente bastardeado, de la democracia. No hay noticia de Perfil, portada de Clarín o titular de La Nación con el que pueda equipararse.

La duplicación de los monstruos es una estrategia que consiste en rebajar al adversario al nivel de uno con el propósito de mostrar que todos son igual de malos y que, por ende, no hay malos. Es una mentira que parte otra mentira. Su éxito lo alcanza cuando nadie nota la sutileza de su accionar y finalmente la acepta. No se trata de algo menor; a veces es importante repetir lo evidente y explicarlo aunque resulte obvio: Cadena Nacional hay una sola, está regulada por el artículo 75 de la ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual y pensada sólo para "situaciones graves, excepcionales o de trascendencia institucional", y la presencia de cadenas destituyentes paralelas no justifica el uso y abuso que hace de la misma la Excelentísima Señora Presidente sencillamente porque tales cadenas y bestias no existen. Ahora más que nunca es importante llamar golpistas sólo a los golpistas, separar de la izquierda a la parasitaria derecha y velar por la preservación del significado de las palabras porque cuando se atenta contra las palabras se atenta contra la base de todo lo que pensamos y para entonces, cuando dejemos de pensar, ya habremos sido vencidos.