Todos los símbolos de la infamia nazi

Los símbolos de la infamia nazi

Durante el dominio nazi en Alemania y en sus países invadidos, los campos de concentración se llenaron de prisioneros indiscriminadamente.
Hitler quería quitar de en medio a todo aquel que amenazara su ideal social basado en la ‘raza aria’, profesase religiones ‘peligrosas’ o tuviera una conducta ‘desviada’, según su criterio. Unido a los prisioneros de guerra y políticos, provocaron el colapso de los campos de concentración.
No obstante, los nazis necesitaban encontrar un modo de identificar a los presos por nacionalidad, religión o estatus. De esta manera, crearon un complejo y efectivo sistema de marcaje que les permitía, con un simple vistazo, saber a qué colectivo pertenecía cada preso.
Estos distintivos irían cosidos en la pechera y los laterales del pantalón del uniforme a rayas que portaban los presos. Para distinguir a cada colectivo, se crearon una serie de símbolos de diferente color con un triangulo con la punta hacia abajo como distintivo principal. A este triangulo se iban añadiendo diferentes marcas o símbolos en función de la ‘peligrosidad’ que suponía para los vigilantes.
El color amarillo era exclusivo para marcar a los judíos. En este caso, el triángulo mostraba la punta hacia arriba y se colocaba como fondo de otros triángulos superpuestos hacia abajo, formando una ‘estrella de David’ para separar claramente a un judío, el colectivo más perseguido y castigado durante el régimen nazi, de otro tipo de preso.
La composición de símbolos y colores era la que se puede observar en la ilustración de la derecha (pincha sobre ella para agrandar). Los portadores del triángulo verde (criminales comunes) solían tener un ‘estatus especial’, convirtiéndose en multitud de ocasiones en colaboradores de los guardias que disfrutaban de privilegios como conseguir cigarrillos o alguna ración extra de comida. Estos eran conocidos como KAPOS.
Cada preso tenía asignado un número cosido sobre el triangulo que, en la mayoría de los casos, era tatuado sobre la piel del prisionero, una práctica habitual en el campo de concentración de Auschwitz. Cuando los presos eran de diferentes nacionalidades, se les colocaba una letra con la inicial del país al que pertenecían, para saber el origen de cada uno.
Había también otras marcas adicionales que se iban añadiendo para determinar si era un preso peligroso, había intentado escapar, si era militar… Las combinaciones eran múltiples, lo que permitía rápida y fácilmente distinguirlos entre sí.
Unas marcas que supusieron una vergüenza e infamia que perdurarán en la memoria colectiva como símbolos de una de las etapas más estremecedoras de la historia.