El odio y la envidia—observó el antiguo historiador-filósofo griego Plutarco—son pasiones tan similares entre si, que a menudo son confundidas la una con la otra, aunque, como mas tarde afirmara Tomás de Aquino, el mas maligno de los sentimientos no es el odio, sino la envidia que lo alimenta: “envidia est mater odii, primo ad proximum”.

La envidia como raiz del odio


¿Quién no ha sentido alguna vez cierta molestia o desasosiego por el éxito, el confort o la serenidad de otras personas?

¿Quién no ha sentido cierto malestar alguna vez al ver lo que otras personas consiguen, disfrutan, o expresan?

Eso es sufrir de envidia, una obsesión que impide sentir alegría y mostrar satisfacción por los éxitos y el bienestar ajenos.

Llevada a su estado patológico, la envidia se convierte en una explosiva mixtura de emociones, catalizada por la concientización de alguna carencia propia, resultado de la comparación desfavorable del propio ser con los demás, sus éxitos, sus reputaciones, sus cualidades, sus posesiones, sus suertes, o sus estilos de vida.

envidia


La envidia es desdicha y humillación; una furia impotente y tortuosa, que se desliza hacia ninguna parte.

Todos los esfuerzos del envidioso para liberarse de su auto-impuesto purgatorio lo conducen a menudo a atacar a la persona u objeto que percibe como la causa de su frustración. Fue la envidia lo que impulsó a Caín a matar a su hermano; y a la Reina a envenenar a Blancanieves.

“El envidioso no puede emprender o atender sus propios asuntos porque su mirada está puesta en compararse con otro a quien secretamente considera dichoso.”—escribe la licenciada en Psicología Iris Pugliese. “Y como supone que éste está gozando injustamente de una mejor situación, siente que el otro es quien lo priva de lo deseado.

Odio


En tal circunstancia sufre y odia a la vez al supuesto competidor; pierde su creatividad y su impulso para emprender cambios personales que le posibilitarían el acceso al anhelado éxito o felicidad”.

El resentimiento es una autointoxicación psicológica incesante que brota por la supresión y carencia de los afectos humanos más normales asociados con juicios de valor, alimentando impulsos de odio, de maldad, de envidia y sobre todo, de miedo.

El resentimiento parte de un impulso de venganza. La palabra “re-sentimiento” ya implica re-acción, un impulso reactivo, y como reacción, no tiene criterio propio, en la conciencia prevalece “esto por esto” en un círculo ciego con la más densa insatisfacción, porque no alivia el daño sufrido ni el honor agraviado.

Como


Los hay en todas partes, eso no es lo importante. Lo importante es la proporción, cuantos resentidos en sus fracasos y cuantos tranquilos en sus logros.


Odio y Envidia, diferencias

El odio es un sentimiento muy dañino, para quien lo sufre en primera persona pero también, para quien lo padece. El término odio, en ocasiones, se utiliza de una forma muy coloquial, lo cual, no es nada positivo. Por ejemplo, se afirma a nivel popular que del amor al odio va un paso.

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En realidad, va un paso del amor al rechazo, pero el odio, implica desear el mal ajeno, disfrutar con las desagracias del otro. Este sentimiento es veneno puro para aquel que odia porque se corrompe interiormente, se destruye a sí mismo a través de esa tensión tan letal que es vivir a merced del otro y no a merced de uno mismo. Pero además, es imposible ser feliz odiando a alguien porque esa situación, te impide centrarte en tu presente.

Envidia y odio son dos sentimientos que tampoco tienen nada que ver. Es verdad que el envidioso se entristece a partir del bien ajeno, sin embargo, no desea su mal de una forma directa, sino que se entristece por sus propias carencias al compararse con los demás.

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En la escala del mal, el odio es el sentimiento más fuerte y también, más grave puesto que los sentimientos, en algunos casos, también están cargados de una connotación moral.

La felicidad de un ser humano está directamente vinculada con el bien, por ello, es indispensable tener el alma limpia y abierta a la hora de tener buenas acciones con los demás, pensamientos positivos y relaciones sociales basadas en el respeto. El odio también puede darse en diferentes grados y tener distintas manifestaciones.


La envidia como raiz del odio


Este sentimiento muestra graves carencias afectivas y un gran sufrimiento. Es importante cultivar la inteligencia emocional. En esencia, el odio es una emoción marcada por el profundo rechazo, antipatía y aversión hacia otra persona.

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