Me aburrió el rock nacional


por Diego Angeli / Julio 22 de 2008


El rock nacional tuvo dos explosiones. El primer Big Bang surgió en 1982 cuando una resolución de la dictadura prohibió la difusión de música en inglés por la radio. La otra fue en 2002, cuando una abrupta devaluación hizo que fuera más rentable trabajar con bandas nacionales que extranjeras. En ninguno de los dos casos la afluencia de bandas argentinas se debió a una promoción de la cultura nacional sino más bien a una coyuntura política del momento.

Y en ambos casos, lo que fue primero un boom, despues se entibió, luego pasó a ser algo cotidiano para luego terminar aburriendo. Y aquí llegamos a 2008, con la gallina de los huevos de oro completamente exprimida, con la escena nacional más aburrida de la historia de la música argentina, por lejos.

Así y todo se demostró que siempre había a mano una generación de recambio dispuesta a que alguien le eche mano. Siempre que fue necesario volver a mirarse el ombligo, había una camada de músicos emergentes con una calidad y cantidad sorprendente. La pregunta entonces sería: ¿Por qué esperar a otro colapso para volver a colocar nuestros ojos en la industria local?

El rock nacional me aburrió. Me cansó. Escuchar siempre a los mismos dinosaurios por la radio, leer siempre a los mismos en las revistas, escuchar los mismos reportajes, las mismas preguntas y respuestas, las mismas bandas, las mismas canciones, los mismos videos.

La primer rotación me hace conocer lo temas, la segunda hace que me aburran, la tercera ya evidencia que no hay o no se quiere mostrar mucho más o no se les cae una idea.

Y la tendencia no sólo me aburre a mí sino a la región: hace varios años que México nos pasó el trapo como productores de cultura joven mientras que Chile y Colombia están a punto de hacer lo propio. Las últimas estocadas continentales de música nacional se dieron con los regresos de bandas consagradas en los ochenta, con lo cual queda todo dicho. Salvo dos o tres artistas, hace diez años que Argentina no tiene nada nuevo para ofrecerle al mundo hispanoparlante.

Los festivales cuentan siempre con las mismas bandas. Gran parte de nuestras estrellas son héroes de cartón y las restantes perdieron brillo.

Los espacios de música emergente son los más requeridos en el primer mundo, donde todos están a la caza de nuevos talentos, mientras aquí pareciera que nos quedamos sin semillero.

Las tapas de las revistas se asemejan a lápidas recordándonos nuestros héroes de guerra. La información de los medios masivos sólo tiene que ver con nuestros artistas en decadencia.

Está demostrado: es mejor un álbum mediocre de una banda consagrada a un disco magnífico de un artista debut.

La figura del musicalizador es el puesto más importante y mejor pago en las radios y canales internacionales, mientras que en Argentina esa función ya casi no existe.

La representación del argentino mediante su música contemporánea es practicamente nula. Siempre se saluda al que llenó River y se le da la espalda al artista argentino que llenó un pequeño teatro en Berlín.

La falta de crítica constructiva hacia todos los actores de esta modesta escena tambien jugó su parte. Bandas espantosas que jamás tendrían que haber llegado a un contrato reciben críticas que nunca bajan del 'regular'. Es así como se fue degenerando la escena: todos laburan con la nariz tapada y todos aprueban lo que esta lejos de su comprensión: que el rock chabón ocupe más de la mitad de la producción autóctona tiene que ser tomado como la derrota del arte en manos del oportunismo comercial del momento. Hay otro rock detrás de la cultura stone que nadie se anima a sacar a la luz.

Asi quedó el rock argentino. Viejo, obsoleto, poco interesante y menos divertido. Hay otra música nacional mucho mejor, pero hay que buscarla pacientemente en internet.

Que sigamos haciendo responsable a músicos de 20 años de trayectoria de nuestro rock es como pedirle a los medios ingleses que pasen todo el día a los Beatles y a los Stones a sólo de efecto de mantener viva su identidad musical. Tienen que volver los tiempos en que escuchábamos rock argentino porque era bueno. No porque era más barato.

Siento que el rock argentino me cansa. A veces me subestima y otras tantas me falta el respeto.

Los argentinos somos tipos mucho más interesantes como para ser representados por esta camada que supo ser buena, pero que ya aburrió.

Somos gente culturalmente muy despierta como para merecernos que los medios nos sigan mostrando lo más degradado y facilista de nuestra escena. Somos una sociedad con mucho potencial como para ser retratados por el reventado de turno.

Miren el almanaque. Estamos en 2008. Hace rato que ya empezó el futuro.