Bueno, este es el inicio de una historia que apenas empiezo a escribir. Espero les guste y, por favor, dejen su opinión.



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[Historia Zombie] La era de los muertos. Cap 1


Frank sabía que algo realmente serio estaba por ocurrir desde aquel día que se topo con ese hombre, ausente de sus cinco sentido. Esa tarde llena de nubarrones intensamente oscuros, se hallaba dando un pequeño paseo en una estrecha calle peatonal, sin prestar mucha atención a su alrededor. En un pequeño callejón que se bifurcaba por delante del camino, se encontraba un hombre tendido en el piso, portaba un elegante traje, pero eso no hacia menor el intenso hedor que emanaba. La escasa gente que circulaba por de lado del callejón hacían caso omiso de aquel olor, deducían que provenía de algún indigente, el cual quedaba envuelto entre las sombras de los altos muros y las nubes que en esos momentos se intensificaban seguidas de fuertes estruendos que sacudían los cielos. Aceleraban el pazo y fruncían la nariz en respuesta a aquel hedor, intentando alejarse lo más pronto posible.
Frank, un hombre de treinta y ocho años y de complexión atlética, cavilaba acerca de lo que sería de su vida de ahora en adelante. Había fracasado como jefe de seguridad de una importante empresa de seguridad privada, cuando lo ascendieron de puesto, comenzaron a circular criticas. Decían que no tenía lo suficiente como para hacerse cargo, que aun era joven. Un par de errores lo orillaron a renunciar, uno de ellos por poco le cuesta la vida a un importante banquero que contrato sus servicios. Tuvo suerte de que no demandara a la empresa. Se había dejado influenciar por los comentarios, lo cual lo llevo al fracaso, y por ende, a renunciar.

Aquella tarde nublada, la cual cesaba dándole el paso a la noche, Frank se acerco al hombre. No lo hubiese hecho de no ser por los mocasines que se alcanzaban a divisar al borde de la sombra. No era común que un vagabundo anduviese por ahí con aquel calzado. Tubo que cubrirse la nariz con su brazo. El olor era insoportable. Al posarse junto al hombre, pudo observar su rostro. Quedo conmocionado al ver la cara que se revelaba ante él. Endrina. Los ojos, completamente abiertos carecían de pupilas, dándole un aspecto aterrador. El hombre portaba un elegante traje gris. Bien peinado. Parecía un hombre de negocios. ¿Estaba muerto? El color de su piel y el olor que desprendía eran propiedades de la muerte. Era evidente. Frank propino una mueca de asco y se llevo la mano a la boca, sentía como el estomago reaccionaba ante el olor, queriendo expulsar el contenido en el. Al cabo de un rato, un bufido al final del callejón hizo que reparara más allá de los altos muros que se extendían a los lados. Allí, en la mediana de la calzada, se erguía una figura. La oscuridad de la noche hacia imposible el poder distinguir a aquel otro hombre, supuso que era un hombre por su silueta alta y robusta, iluminada únicamente por la luz de la luna. Permanecía de píe, expectante. Frank aun mantenía la mano en la boca. Pronto, el apenas audible bufido comenzó distorsionarse en un delirante bramido. Frank, aterrado por aquel alarido descomunal, retrocedió al punto de topar con el muro que se hallaba tras él. Entonces el hombre comenzó a avanzar, trastabillando. Torpemente intentaba hacerse paso por el callejón. Completamente sumiso de la confusión y el pánico, Frank permanecía pegado al muro de la calle peatonal, viendo como aquel hombre se esforzaba en llegar hacia él, soltando desgarradores bramidos. Entonces, varias pisadas se escucharon al otro extremo del callejón, del lado de donde provenía el hombre. Cuatro siluetas se sumaron a la oscuridad que rodeaba el callejón. No obstante, estos eran distintos, sus pasos eran limpios y coordinados. Caminaban cuidadosamente hacia el hombre, el cual se había vuelto hacia ellos. Vestían enormes trajes y portaban cascos transparente que parecía unírsele, de estos afloraban pequeños cilindros laterales y mangueras que terminaban por adherirse a un bulto a sus espaldas. No alcanzaba a distinguir lo que era. Pudo observar como tumbaban al hombre con grande varas, las cuales se terminaban uniéndose a lo que parecía una media luna de metal. Dándoles la opción de atrapar al hombre entre el piso y la vara. Enseguida, cinco hombres surgieron tras ellos, de un lado de la calzada. Frank pudo observar claramente que estos portaban armas y, antes de que lo notaran, se movió cuidadosamente a un lado, quedando fuera de su campo de visión. Al cavo de unos segundo se escucho el rugir del un motor. Fue cuando se decidió, no esperaría a ver lo que ocurriría. Entonces un fuerte estruendo lo tomo de improviso, al unísono que un haz de luz agrietaba el cielo. Las nubes cedieron y la lluvia se precipito, dándole la oportunidad perfecta para huir.
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