Sin codificar: ¿De qué se ríen?

¿Alguna vez se sintieron en franca minoría ante un programa que tiene muy buen rating y con el que ustedes no consiguen engancharse ni un poco? Eso me pasa a mí con “Peligro, sin codificar”, el ciclo de Diego Korol que en su pase a Telefe comenzó saliendo al aire los domingos y enseguida sumó dos emisiones nocturnas, los martes y jueves, a las 22.45.

Opinión feminista acerca de Sin Codificar

Salvo “La cumbia papal”, que empezaron a interpretar “Los puntos cardenales” cuando Jorge Bergoglio fue consagrado Papa, nada de lo que mostraba ese programa me hacía reír. Lo veía un rato y hacía zapping, harta de las risas grabadas, los chistes de escuela primaria, los gritos de la tribuna, la actitud de barra bullanguera y el esfuerzo por presentarse como los chicos piolas que llegaron a la tele para divertirse haciendo travesuras de púberes. Igual, soy muy voluntariosa y seguí participando. Si a tanta gente le gusta, le tengo que encontrar la vuelta, pensaba. El jueves último, por caso, le puse algunas fichas al ver que abrían la emisión parodiando la coronación de Guillermo y Máxima. Hacer humor con la actualidad tiene su mérito. Y a mí, me suele divertir ese reflejo televisivo. Pero no hubo caso: fuera del sentido de la oportunidad en la apertura y una buena imitación del presidente uruguayo Pepe Mujica, el resto me siguió pareciendo que atrasaba. Que era una mala copia del “Videomatch” de la primera época, antes de la aparición de “Los raporteros”, momento en el que, personalmente, me empecé a interesar en el programa Marcelo Tinelli.

critica

Tesonera, anoche me propuse ver “Peligro, sin codificar” del principio al fin. Tenés el zapping prohibido, me dije. Y no toqué el control remoto ni en la pausa publicitaria. Empezaron deseándose a sí mismos “feliz mes y pico”, el tiempo que llevan al aire en Telefe. “Festejamos que no nos rajaron”, decían para sobreactuar la pose de que son impresentables, pero supieron hacerla en lo que Jorge Rial llamó alguna vez “país generoso”. Después, vino la parodia de “Resto del mundo” —el ciclo que conduce Iván de Pineda en El Trece—, con el título “Pesto del mundo” e “Iván de Piroska” en la conducción. A mi juicio, una lágrima. Tuvieron de invitada a Florencia de la V, gran comediante. Pero se las ingeniaron para desperdiciarla como no lo había hecho nadie en la TV. La pusieron a bailotear entre “Los puntos cardenales”, que cantaron “La cumbia peregrina”, “Un beso y una flor” y “La cumbia papal”, el caballito de batalla, que supo ser gracioso, pero que ya luce cansado de tanto trajinar. Flor intentó pasar el chivo de que hoy, en “La Pelu” (Telefe) harán el casamiento del personaje que interpreta Gladys Florimonte. Ni eso pudo, porque su anuncio se perdió entre carcajadas, chillidos y sobreexcitación. Luego, trataron de imitar a Federico Luppi iracundo. Ni de casualidad se parecía el imitador al imitado. ¿Y el contenido del sketch? Apenas una profusión de gritos acompañados por empujones y cachetadas. Hubo otro numerito que parecía salido de un fogón de campamento: “El manual de Martín Zafarolli”, con coartadas para infieles. No quieran saber lo que fueron “Los Lafinour Brothers” bailando en broma clásicos de los ’80: la nada misma.

Feminismo

Cuando la presentaron, Flor de la V le puso onda: “La gente dice ‘estos están de joda’. La gente quiere eso, frescura”, sostuvo. Debe tener razón, porque el rating le sonrió una vez más a “Peligro, sin codificar”. Pero, por suerte, en la TV hay ofertas para todos los gustos y tenemos la libertad de opinar y elegir. En lo que a mi respecta, no me creo que “estén de joda”; los veo, más bien, haciendo muecas sobreactuadas. Y lejos de advertir “frescura”, lo que percibo es un interminable déjà vu. En fin, esta vez, me toca estar en minoría.