Atravesar el post-kirchnerismo es más divertido de lo que supuse, lástima que en la joda de la desesperación nos llevan puestos a nosotros. La joda se acabó y no queda plata ni para dejarle de propina a la que repartió las bandejas. Los manotazos ya rozan lo risible, pero uno se contiene a veces, sólo porque cuesta prenderse en la festichola de los muertos.


Relato del Presente. Triste, Pero Real.

El martes Cristina ofreció una nueva función de su show, esta vez bastante renovado. Con el objeto de pegarle a la justicia y a fines de darnos un golpe emocional que nos recuerde lo mal que anduvo todo en este país -antes, nunca ahora- se presentó en público con familiares de distintas víctimas del accionar del Estado. El detalle que nadie pareció notar es que, si la idea es concientizar sobre la reforma de la Justicia Nacional, de poco sirve presentarnos a la madre de Miguel Bru, presuntamente asesinado por la bonaerense -justicia de Buenos Aires-, o la mamá de Mariano Witis, acribillado también por la bonaerense, o el caso de Sebastián Bordón, pasado a mejor vida por la policía de Mendoza -que en orden a esa cosa exótica llamada Constitución Nacional, cuenta con su propio sistema judicial- o el de Marita Verón, caso radicado ante la Justicia de la provincia de Tucumán y, obviamente, totalmente ajeno a las reformas que se puedan a llevar a cabo en los tribunales nacionales.

A la Presi se le pasaron casos más cercanos. Una pena, por cierto, aunque descontamos que debe ser difícil contactar a algún pariente de Julio López que se preste para esta fiesta. Por suerte, se acordó de llevar al hermano de Mariano Ferreyra, a quien presentó conmovida, mientras afirmaba que es un caso que la toca de cerca. Si bien no quiso admitirlo para no desatar la algarabía popular, desde aquí deducimos que ese “me tocó de cerca” hacía referencia al ministro de Trabajo, Tomada, a los vecinos de Pedraza -Héctor Icazuriaga y Débora Giorgi- y a Aimée Boudou, que en ausencia de quilombos, no tuvo mejor idea que sacarse una foto con el asesino de Ferreyra.

Cristina, haciéndose bien la sota, destacó que la inseguridad no es producto de los últimos tres o cuatro años, sino que siempre estuvo, pero que ahora, recién después de una década ganada, es necesario abordar. Reconozco que el kirchnerismo siempre tuvo facilidad para darle un tinte épico a cualquier burrada destinada a eliminar algún estorbo. Sin embargo, desde que cualquiera tiene acceso a internet, se podrá decir cualquier gansada que, más temprano que tarde, algún archivo aparece para desmentirla.

“La construcción de la justicia y la seguridad está vinculada a que haya argentinos con igualdad de posibilidades, dado que está comprobado que no es tanto la pobreza lo que hace crecer la delincuencia, sino la desigualdad”, sostuvo, no la Cristina diputada, ni la Cristina senadora, sino la Cristina Capitana, arquitecta egipcia y papisa de la galaxia en 2009, acá a la vuelta en el reloj. En lo personal, no creo que creyera eso en 2009 y ahora no lo crea más, sino que en aquel entonces la justicia era algo que no jodía mucho. Hoy, el argumento de la justicia como causal de la inseguridad tiene más sustento, dado que ningún kirchnerista que se precie de tal, reconocería que la década ganada no pudo solucionar la pobreza, como tampoco pudo resolver la desocupación estructural ni la consecuente carencia de oportunidades, todos cromosomas que terminan en ese hermoso gen que denominamos marginalidad. Blanquear que la delincuencia es producto de la marginalidad irresuelta, no garpa, menos cuando tenemos los cuadros políticos más mejores desde la Revolución de Mayo.


delincuencia

Ahora, la posta pasa por echarle la culpa a la justicia por la inseguridad, y para dibujarla, poco importa que se trate de la justicia de Mendoza o de ese engendro que tiene la provincia de Buenos Aires por Poder Judicial. Entiendo que para el kirchnerista promedio es bastante difícil entender los deberes y funciones de cada uno de los poderes, pero a una exitosa abogada no le es muy complicado dimensionar que el Poder Judicial está limitado a la aplicación e interpretación de las leyes que -Ciencias Sociales de la educación primaria mediante- sanciona el Poder Legislativo y promulga el Poder Ejecutivo. No es very difficult entenderlo, mucho menos para la parva de sátrapas con matrícula de abogados que le aplaudieron cada bestialidad conceptual. O sea, a la Justicia no se le ocurrió el 2×1, sólo se vio obligada a aplicarlo poque alguien lo legisló y la Constitución impone el principio de ley más benigna. A la Justicia no se le cantó que un imputado por un delito pueda salir en libertad sin mayores trámites y hasta nuevo aviso, es la legislación sancionada por los ladris de los legisladores, hoy ofendidos.

Pero la Presi de 2013, muy suelta de cuerpo, desmintió a la Presi modelo 2009 y afirmó que la inseguridad ya no es culpa de la pobreza y la brecha entre ricos y pobres, sino que es culpa de los fenómenos del narcotráfico, la trata de personas y el lavado de dinero, que dio dimensiones a la delincuencia que hasta ahora no se habían notado. Porque está claro que Pablo Escobar Gaviria murió hace tres meses. Así y todo, entre tanta indignación, Cris tuvo tiempo para un buen paso de humor, cuando dijo que la Justicia tiene que ser igual para todos, independientemente del estrato social o ubicación política.

Después de la risotada generada ante ese paso de comedia, la Presi retomó la seriedad y expresó su enojo por la reacción de la sociedad -no la que la vota, si no esa expresión de antimateria que no la acompaña- porque no hay nada que nos venga bien. “¿Cómo puede ser que de seis leyes no estén de acuerdo con ninguna?”, sostuvo Cris. Desde aquí sostenemos que es muy fácil: si no me gustan los hombres, aunque me muestren a treinta de los mejores candidatos del mundo, mi heterosexualidad no se vería modificada. Ofuscada al mango, dijo que la Constitución Nacional -esa en cuya reforma participó en 1994- debería ser modificada, pero que no será ella quien proponga nada, como si se parara en una vidriera y dijera “cómo me gustaría tener esos zapatos” en la previa del cumpleaños.

Ayer, por suerte, se le dio por cambiar un poquito de tema. No es que habló de otras cosas, pero al menos deliró un poco sobre esa fantasía de afirmar que durante décadas no se hizo ninguna obra de infraestructura pública hasta la llegada del Mesías Patagónico. Fue, al menos, interesante verla relatar las ventajas de llevar a cabo una obra hídrica de aliviadores fluviales, sobre todo cuando afirmó que “por más que tengas tu casa, no está bueno que se te inunde”. Desde La Plata aplaudirían contentos, pero algunos todavía no conectan la tele por miedo a que la humedad les reviente la instalación eléctrica. Fiel a su nueva faceta de humorista, tiró un nuevo chiste al afirmar que no está bueno echarle la culpa a los demás por los errores propios y que su gobierno siempre se hizo cargo de sus responsabilidades. Sí, lo dijo la jefa de los analfabestias que sostienen que la inflación es culpa de Clarín, que los dólares son para delirarlos en Miami, que las movilizaciones son coordinadas por alienígenas golpistas y que detrás de cada saqueo hay una conspiración de la CIA, el MOSSAD, Kaos y Control.

A continuación, Cris le contó a Massa por teleconferencia -no estaba en el Ártico, sino a 20 minutos por Panamericana- que le pavimentó 200 cuadras de la Ruta 202 y que le gusta hacer esas cosas, tanto le gusta que a falta de calles para pavimentar, y gracias al Estado precioso de las rutas de la Patria, pavimentó la nada con una ruta que no conduce a ningún lado.

Luego de justificar el motivo del acto, volvió al verdadero motivo: insisitir con la reforma de la justicia. A grandes rasgos, repitió las mismas cosas que el día anterior, aunque agregó dos nuevos conceptos que serían el causante un Accidente Cerebro Vascular en cualquier estudiante novato de Derecho: que si no hay buena justicia no hay buena policía. Sí, lo dijo la Presidente del país en el que la policía no depende del Poder Judicial sino de los ministerios de Seguridad de las respectivas provincias y, en el caso de la Federal, de Nilda Garré. Otra novedad en la oratoria humorística que presentó Cris, tuvo lugar cuando sostuvo que el ciudadano común también es responsable de la seguridad. Antes de que algún avivado golpista se pregunte si fue responsable de los últimos tres kirchnereos que sufrió en la parada del bondi al volver del laburo por cometer el terrible atropello de llevar dos billetes de diez pesos, tres polillas y una telaraña en la billetera, la Presi pidió que todos denunciemos cuando vemos algún tipo de connivencia entre el poder político y la justicia.


kirchnerismo

Mientras algunos trataban de calmar el ataque de risa que tuvo Oyarbide en su sesión de spa vespertino y Massa ponía cara de “si supieras de la que te vas a enterar en estos días”, la Presi recordó que Néstor llegó a la Presidencia para cumplir los sueños de toda una generación, como si toda una generación -incluyendo la que estaba de joda en los tempranos setenta- tuvieran el mismo sueño. Sin embargo, sobreentendiendo a qué apuntaba Cristina -y haciendo de cuenta que creemos su versión de la historia- podemos deducir que los sueños de aquella generación que luchó por un mundo mejor, consistía en un Estado bobo, ineficaz hasta para combatir la pobreza, incapaz de garantizar el funcionamiento de un ferrocarril urbano, negador de los factores que afectan la vida del ciudadano y garante de cualquier porcentaje que haya dando vueltas por ahí. O sea, un Estado mucho más pedorro que aquel que les generaba repulsión a los miembros de aquella generación.

¿Nosotros? Bien, en la búsqueda de ese fino equilibrio entre no darle bola a nada por supervivencia, y la carcajada al ver al kirchnerista promedio festejar que bajó el dólar blue, ese que es ilegal, que a nadie le importa y que sólo sirve para tirar manteca al techo.

Jueves. El kirchnerismo es menemismo sin poder adquisitvo.