El antiguo burdel de la ciudad romana fue descubierto en el siglo XIX. Estuvo cerrado y nuevamente se abrió al público en octubre de 2006. es el edificio más visitado y comentado del sitio arqueológico. Testimonio de las costumbres sexuales de la época
No es el más suntuoso ni el más importante, pero es el edificio que mayor cantidad de visitantes atrae. Desde su reapertura en octubre del año pasado, cientos de curiosos y turistas no quieren perderse la oportunidad de conocer por dentro el lupanar de Pompeya, el lugar donde 2.000 años atrás las prostitutas prestaban sus servicios en la ciudad romana que quedó sepultada por la violenta erupción del volcán Vesubio el año 79 después de Cristo.
En Pompeya, la prostitución no estaba prohibida y eran los esclavos (de ambos sexos) traídos de otros países como Grecia, los que en su mayoría se dedicaban a esta actividad. Una de las características del lupanar, descubierto por los investigadores en 1862, es que fue construido exclusivamente como lugar de citas y no cumplía otras funciones como ocurría con una veintena de sitios en los que también se ejercía la prostitución, pero que a la vez eran posadas, hosterías y casas particulares.
La edificación tuvo un primer intento de restauración en 1949 cuando los arqueólogos trabajaban tratando de recuperar las zonas de la ciudad antigua afectadas por la Segunda Guerra Mundial; sin embargo, no fue hasta 2005 que se inició una intervención completa con una inversión de 250.000 dólares.
El lupanar está ubicado en la zona más antigua de la ciudad. En la intersección de dos de sus calles secundarias, y cerca de donde estaban ubicados los baños, tabernas y posadas. Todo el complejo arquitectónico no tiene grandes dimensiones y por eso el ingreso debe hacerse en pequeños grupos.

Pompeya, lupanares al desnudo

 Al entrar lo que más llama la atención son las escenas eróticas pintadas en la parte superior de las puertas de las habitaciones. En cada una de ellas aparecen parejas realizando distintas posiciones sexuales que, a decir de los investigadores, no tenía fines decorativos, sino que era una especie de "catálogo" que indicaba al cliente la "especialidad" de la persona dentro de cada cuarto.

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Las camas están hechas de ladrillos y pegadas a la pared. Sobre ellas se colocaban un colchón que servía de lecho para los amantes.
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grafitis
prostitutas
En las paredes aún es posible ver las inscripciones dejadas por clientes y por las chicas que trabajaban en el lugar. Se han podido identificar apenas 120, entre grafittis, frases y nombres de las prostitutas o de sus acompañantes. Lo curioso es que muchos de esos escritos contienen mensajes similares a los que hoy uno puede leer en cualquier baño público de Italia o de Bolivia. Desde el "fulano ama a sutana", hasta los que se jactan de sus dotes sexuales


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Desnudoslupanar


Pompeya, lupanares al desnudo
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En el piso superior se ubican cinco habitaciones con balcones desde los cuales las mujeres llamaban a los varones que pasaban por la calle. Los cuartos son más grandes que los cinco del primer piso. Se supone que estaban destinados a clientes de mayor poder adquisitivo, aunque los investigadores coinciden en señalar que este prostíbulo estaba destinado a los sectores populares, ya que los ricos contaban con sus propios esclavos y esclavas para satisfacer sus placeres.




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prostitutas


Es probable que en Pompeya, del mismo modo que ocurría en Roma, las meretrices que trabajaban en estos sitios estaban obligadas a registrarse legalmente, pagar impuestos y seguir ciertas normas que las diferenciaba de las otras mujeres. Por ejemplo, cuando salían a la calle tenían que utilizar una túnica de color marrón rojizo y el cabello teñido, caso contrario podían colocarse una peluca amarilla. Se dividían en diversas clases, según el lugar donde trabajaban y los clientes que atendían. No todas eran ex esclavas, ya que en algunos casos provenían de familias patricias con dificultades económicas.

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Desnudos
LO QUE EN VIDA NOS SEPARO, QUE NOS UNA LA MUERTE. Así rezaba uno de los numerosos grafitis que podían leerse a la puerta de cualquier lupanar de los muchos que proliferaron por Roma y otras ciudades. Y es que al parecer, si uno tenía una tarde libre por Roma , la mejor opción era irse a un lupanar, es decir, irse de putas.


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Los lupanares o prostíbluos eran casi todos bastantes parecidos, al menos los dos que se encuentran en Pompeya. Constaban de un recibidor donde se abrían pequeñas habitaciones a un lado y a otro.
Pompeya, lupanares al desnudo

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Esta señal indica el camino al lupanar.





La inquilina podía ser una esclava, por lo que el dinero de su trabajo lo recibía el leno/a, o chicas libres que alquilaban las habitaciones al leno/a y se quedaban ellas con el dinero del cliente. La famosa emperatriz Mesalina, mujer del emperador Claudio, tenía alquilada una habitación en unos de estos lupanares y en la puerta de su celda se leía el nombre de Lycisca, que era su nombre de guerra.
Las chicas recibían el nombre de prostibula ya que para atraer a los clientes, se ponían delante de las stabulas (casas). Es fácil imaginar la procedencia de la palabra prostituta

Los precios variaban bastante y según se recoge en tablillas de Pompeya podían ir desde un as hasta un denario. (Es difícil dar una equivalencia, pero para hacerse una ídea, sería un rango de 1 a 100 Euros). Abrían a partir de la hora nona, es decir por la tarde, ya que no les estaba permitido abrir por las mañanas…
“…con el fin de que no abandone la juventud las obligaciones matinales”
Pero la prostitución no sólo se practicaba en los lupanares. Por ejemplo, era habitual encontrarlas bajo las fornices(arcadas) de los grandes edificios como los teatros o circos. Allí se juntaban principalmente las persas y orientales quienes se vestían de manera exótica y danzaban de forma voluptuosa para atraer clientela. (NOTA: La palabra fornicar viene de esta costumbre de hacerlo bajo los fornices)
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Arcadas o fornices del circo de la ciudad de Perge en Turquía.
También en las cauponae, especies de tabernas o posadas para comer, beber y descansar, se podía encontrar los servicios de estas chicas.
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Relieve de una cauponae de Pompeya. Seguramente para indicar los servicios que allí se prestaban.
Se conserva también un relieve donde se representa a un viajero que antes de partir arregla cuentas con la mesonera. Encima del relieve (no se ve en la imagen) está grabada la conversación que mantienen.
prostitutas
-Hostelera, hágame la cuenta.
-Un sextario de vino. Por el pan un as; por el pulmentarium (un guiso), dos ases.
-Conforme.
-Por la moza, ocho ases.
-De acuerdo también.
-Heno para la mula, dos ases.
-Bien.
Este banal diálogo demuestra lo habitual que era este negocio en las posadas.


Incluso la prostitución llegó hasta las panaderías, donde al parecer se encontraban las prostibulas de más baja clase y que se lo hacían con los esclavos. Así lo cuenta un texto de Plauto.
Pero ¿es que quieres frecuentar el trato con estas rameras, plato de las gentes de los molinos, llenas de cascarillas de la molienda, miserables y oliendo a juncos [...] meras sillas y culos de asientos a las que nunca ha tocado un hombre libre. Pellejos de dos ochavos de los siervos más despreciables?
Si llegaba hasta las panaderías, no es de extrañar que se instalara en las termas, en templos, monumentos funerarios, al abrigo de las murallas o en cualquier lugar que fuera abundante en recovecos y sombras convirtiéndose en uno de las formas de “buscarse la vida” más habituales de la antigua Roma

El lupanar que ha sobrevivido en esta vieja ciudad romana al sur de Italia parece ser sólo el testimonio de usos y costumbres sexuales que caracterizaron a todo el imperio romano. Sus paredes hablan y nos develan que pueden pasar miles de años, pero la naturaleza humana repite conductas.