Esto le sucedió a mi tío, empresario del transporte. Transcripción de su relato:

"Un día me levanté inspirado, motivado, con ganas de innovar; tan así que decidí ir a ver algún modelo nuevo de camiones para incorporar a mi flota.

Me levanté animado, desayuné con un mate como siempre, me puse las alpargatas, el pantalón corto y la remera y arranqué para la automotora caminando, ya que quedaba a pocas cuadras de casa.

Ya cuando estaba llegando podía divisar hermosos camiones de 8 ruedas estacionados en la esplanada de la automotora, que parecía que estuvieran esperando por mí.

Contento, entusiasmado, entro al local, saludo con un cálido "buenos días" y le digo a la persona que me atiende que me gustaría ver camiones pesados. Esta persona me queda mirando, sin decir palabra alguna y luego de algunos segundos se produce el siguiente diálogo: - ¿Usted quiere ver camiones?, ¿Pára comprar? - Si exacto, quiero ver camiones pesados, de alta gama - "Pero esos camiones cuestan plata. Yo tengo que hacer mi trabajo, que es vender. No puedo desperdiciar tiempo mostrándole camiones a cualquier persona que pasa por el comercio. - Pero yo estoy interesado en llevármelo - ¿Usted quiere adquirir uno? - Así es. - Ok, entonces le recomiendo que vaya una cuadra para abajo, y en la esquina, en la cera del frente, va a encontrar un local que seguro tiene los camiones para usted.

Yo quedé perplejo. No entendía por qué el vendedor me estaba dirigiendo a otro comercio, era como si no quisiera venderme sus camiones, algo que nunca me había pasado. Pero en fín, cansado de estar dialogando con está persona y que no me mostrará la flota que tenía disponible, me retiré del local.

Curioso, decidí ir al comercio que me había referido el vendedor. La verdad es que conocía bastante bien el barrio y no recordaba ninguna automotora en aquella esquina. Comencé a caminar hacia allí y cuando llegué me encontré con el siguiente cartel: "JUGUETERÍA". En las vidrieras de este local comercial se encontraban, entre otros juguetes, unos pequeños camiones de plástico que probablemente serían para un niño de 8 o 10 años.

Indignado, sintiéndome humillado, descalificado, pero con la frente bien en alto, decidí hacer algo: al día siguiente recurrí a la competencia de esta automotora, la cual se encontraba no muy lejos de allí. Al ingresar a este otro comercio, fui recibido cordialmente por una jóven ejecutiva de ventas, la cual amablemente dedicó media mañana a enseñarme todos los camiones que tenían en stock. Para la tarde, había adquirido 10 camiones Scania V8 R730 de 150.000 USD cada uno, renové la flota por completo.

La semana siguiente, una vez recibidos los camiones en mi empresa, les pedí que me hicieran un gran favor, el cual todos aceptaron con gran agrado y emoción: cada uno de ellos se subió a un camión y lo condució hasta la puerta de la automotora en la cual me habían tomado el pelo. Le paramos los 10 camiones en fila, de cada lado de la cera, repartidos en casi dos cuadras (ya que había otros vehículos estacionados también). Todo el barrio estaba conmocionado, la gente se detenía a ver los camionenes, nadie entendía lo que estaba sucediendo, la propia gente de la automotora estaba atónita, en shock.

Por subestimarme, vendedor perdió 1.500.000 USD y su empleo

Me bajé de mi bicicleta y entré al comercio. Un ejecutivo vino a recibirme con la mayor calidez, a quién sin saludar pero de forma calma, le pedí llamara al gerente general, con quien quería conversar. éste jóven lo llamó de inmediato y allí apareció: entrajado, perfumado. el gerente bajó la escalera y amablemente me preguntó en que podría ayudarme. Le dije llanamente que la semana anterior había venido al local con la intención de observar algunos camiones para renovar mi flota, pero que un vendedor no me quiso enseñar los vehículos e incluso me mandó a comprar camiones a la juguetería de la esquina.

En ese momento aparece el dichoso vendedor, quién con el rostro pálido y tartamudeando intenta comenzar a hablar.
Antes que pudiera pronunciar una palabra le digo: "Mirá pendejo, yo no he culminado la escuela, apenas se leer y escribir, hablo mal, me visto peor, nadie daría un peso por mí. Sin embargo, tengo mas plata de la que vos y todos tus colegas prejuiciosos podrían juntar en su puta vida. Hoy te perdiste un millón y medio de dólares. No te vayas a confundir de nuevo. Nunca sabes quien puede estar detrás de un rostro miserable."

A los meses me enteré que al vendedor lo habían echado."

Esa es la mayor anécdota de mi tío. Espero les haya gustado