RESUMEN HISTÓRICO DE LAS OCHO ENTREGAS DE TERRITORIO

CHILENO A LA ARGENTINA ENTRE LOS AÑOS 1881 Y 1998




PRIMERA PARTE



TODO EMPEZÓ CUANDO ARGENTINA ABRIÓ UN DEBATE SOBRE LA POSESIÓN DE LA PATAGONIA, TRAS LA FUNDACIÓN DEL FUERTE BULNES POR PARTE DE CHILE EN 1843... HASTA HOY, LAS OCHO ENTREGAS DE TERRITORIO SE DEBIERON NO SÓLO AL OPORTUNISMO CONTEXTUAL DE LAS AUTORIDADES PLATENSES, SINO PRINCIPALMENTE A LA NEFASTA ACCIÓN DE LOS ENTREGUISTAS CHILENOS, QUE NO VEN VALOR ALGUNO EN EL TERRITORIO COMO PARA DEFENDERLO O LUCHAR POR EL (TEORÍA DE LOS "PEDACITOS MAS, PEDACITOS MENOS"

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1ª entrega: Patagonia Oriental en 1881 (1.000.000 de km.2)
2ª entrega: meridiano de Tierra del Fuego en 1892 (773 km.2)
3ª entrega: Puna de Atacama en 1899 (60.000 km.2)
4ª entrega: valles andinos australes en 1902 (40.000 km.2)
5ª entrega: Alto Palena en 1966 (420 km.2)
6ª entrega: Canal de Beagle en 1984 (40 km.2 de tierra / 32.500 km.2 de mar)
7ª entrega: Laguna del Desierto 1994 (560 km.2)
8ª entrega: Campo de Hielo Sur en 1998 (1.300 km.2)



1ª entrega: Patagonia Oriental en 1881 (1.000.000 de km.2)

"Argentina JAMÁS ha perdido territorios en los litigios con sus países limítrofes." (Canciller argentino Guido di Tella, declaración pública de 1992)

La primera definición de límites deriva de la declaración derivada del UTI POSSIDETIS JURIS de 1810, como parte del proceso post independentista y republicano en que estaban embarcadas ambas naciones, y que definía simplemente como territorio propio el mismo que cada una de las repúblicas poseía hasta el momento de la rebelión contra la Corona Española, siendo colonias. Los principios y consecuencias de esta declaración aparenten por primera vez en un pacto aliancista de 1826 y fueron reafirmados en el Tratado de 1855-1856. El estricto apego al derecho colonial ya entonces debía dar por entendida a la Patagonia como territorio chileno. Se condicionaba la solución de cualquier futura controversia territorial a un arbitraje.

Aunque en ocasión de firmado el acuerdo de Uti Possidetis no se declaró por escrito la posesión territorial de cada nación involucrada (lo que tal vez habría ahorrado muchos dolores de cabeza), se entiende que el territorio propio era el que derivaba de las cláusulas y pergaminos reales y de las Leyes de Indias del período colonial de cada nación, ahora independientes. Es por eso que adquieren un valor vital los mapas y los archivos oficiales emitidos durante ese período. En otras palabras, el territorio de Chile debía ser el mismo que el de la Gobernación de Chile, y el de Argentina el mismo del Virreinato de La Plata o de Buenos Aires, tal como había quedado en el momento de la emancipación.

Las pretensiones de Argentina sobre la Patagonia comienzan después de que Chile, interesado en resguardar sus derechos sobre la zona y sobre el Estrecho asentando una base estratégica, funda el famoso Fuerte Bulnes en 1943, con la expedición del oficial inglés Juan Williams, al servicio del gobierno chileno. La Casa Rosada elevó sus protestas a La Moneda recién en 1847, excusándose en problemas internos por un retraso de más de cuatro años en mostrar reacción a la ocupación del Estrecho.

Nótese que estos hechos tenían lugar trece años antes de la firma del Tratado de 1856, de modo que con ocasión de la firma de este último, Argentina ya debía estar en obligación de aceptar como legítimos los derechos de ocupación de Chile en toda la zona, a partir de la existencia de este fuerte, o llamar a un arbitraje internacional en caso de no reconocerlos... Mas no fue así.

En 1853, tres años antes de la firma del Tratado que consagra los principios del Uti Possidetis, Argentina comenzó a hacer públicas sus pretensiones sobre toda la Patagonia y Magallanes a través de publicaciones como la del autor Pedro de Ángelis, en donde se declaraba textualmente que Chile no tenía derechos sobre la zona patagónica y que le correspondería a Argentina tomar el control de estas tierras.

El Gobierno de Chile reaccionó indignadamente a esta publicación, encargándole a un prestigioso académico, don Miguel Luis Amunátegui, la tarea de refutar los falsos principios en que se fundaba el supuesto derecho territorial argentino ofrecido por De Ángelis. La obra de Amunátegui fue extraordinaria y acumulaba una contundente y aplastante argumentación en favor de los incuestionables derechos chilenos en la Patagonia. Esta memoria fue bautizada como "Títulos de la República de Chile a la Soberanía y Dominio de la Extremidad Austral del Continente Americano", publicada en 1855, y tal fue su calidad, que hizo a Amunátegui famoso en Europa y permitió la excelente defensa de Chile presentada más tarde por el Canciller Adolfo Ibáñez Gutiérrez. Su argumentación pudo haber sido la causa de la actitud argentina de ver con menos optimismo sus aspiraciones sobre la Patagonia y el Estrecho, al firmar el Tratado de 1956.

Sin embargo, la débil política de relaciones exteriores y la obra de los entreguistas hicieron que la relación de Chile frente al expansionismo argentino fuera cada vez más complaciente y pacífica, situación que las autoridades trasandinas supieron explotar astutamente en su favor. La obsesión americanista, la "paz a toda costa" y el sacrificio sin límites por mantener la irreal hermandad fueron más fuertes que los demoledores argumentos de Amunátegui. El deseo expansionista argentino que iniciaran autores como De Ángelis, Vélez Sarsfield y Quesada había desatado la fiebre platense por posesionarse de la Patagonia y arrebatarle Magallanes a los chilenos.

Vino el huracán bélico de la Guerra del Pacífico en 1879. Las tropas chilenas y la atención se concentraron en el Norte, en las gestas heroicas de los desiertos. Argentina había sido invitada a participar de la alianza entre Perú y Bolivia contra Chile. La idea los tentaba y la tomaron, pero tenían la astuta alternativa de sacar partido de la guerra sin tener que inmiscuirse en ella ni en sus costos especialmente después de las victorias chilenas en Punta Gruesa y Angamos, empleando para esto una gran influencia de la propaganda en favor de los Aliados y fomentando en antichilenismo entre las muchedumbres bonaerenses.

Es así, entonces, que se inicia la ocupación de la Patagonia por expediciones militares argentinas dirigidas por el General y posterior Presidente Julio Roca, aprovechando la desprotección del territorio y la situación de guerra en la que se encontraba Chile. Los argentinos van izando la bandera de su país en cada uno de los pueblos, aldeas y caseríos que caen en su camino durante la llamada "Expedición del Desierto", que prácticamente masacró a las comunidades indígenas de la zona. El proyecto invasor de Argentina, según se sabe, pretendía culminar con el corte transversal de Chile a la altura de Puerto Montt, en el Reloncaví. La declaración de guerra incluso alcanzó a ser tramitada en el Congreso de Argentina, pero el traspiés de la armada peruana en Angamos obligó a su urgente retiro.

Argentina forzará así el TRATADO DE 1881 (primera entrega), que costara a Chile la entrega de 1.000.000 de kilómetros cuadrados de la Patagonia. Este tratado anuló y pasó por encima lo firmado en 1826 y 1856 con Argentina sobre los derechos territoriales derivados del Uti Possidetis Juris de 1810. No presentó mejores argumentos a su favor que las ventajas de la condición de guerra en que se encontraba Chile ya que a las autoridades les asaltaba la preocupación por la posibilidad de llegar a tener un nuevo frente de guerra, por el Sur, lo que fue la carta bajo la manga que, finalmente, se ocupó (ver artículo sobre la entrega de la Patagonia oriental en 1881).



Chile pierda tierras en manos de la Argentina.




2ª entrega: meridiano de Tierra del Fuego en 1892 (773 km.2)


Casi de inmediato, prosiguieron las discusiones y en 1888 se creó una Comisión Mixta para atender las discrepancias sobre la demarcación de la frontera establecida siete años antes.

El nefasto Tratado de 1881 fijaba la delimitación austral en Punta Dungeness, en la posición precisada en 68° 34' de longitud Oeste y de la costa Sur del Estrecho hasta "tocar el Canal Beagle", según el propio texto del acuerdo. Sin embargo, la delimitación señalada está a dos minutos y 38 segundos y medio del meridiano indicado, error cometido por el poco conocimiento profundo de la geografía de la zona y por la prisa con la que fueron elaboradas las bases del Tratado del '81 siguiendo las cartas náuticas de Fitz Roy para tales efectos. Esto significaba que el meridiano que bordeaba la costa no cortaba por la Punta Dungeness, sino que el Cabo Espíritu Santo.

Hubiese bastado con dar la prioridad al meridiano indicado y cambiar el nombre referente del accidente geográfico que se señalaba, para resolver el problema. Sin embargo, el expansionismo platense vio en este asunto otra magnífica oportunidad para adicionarse unos kilómetros más y formuló una nueva protesta a causa de este error en el tratado. Argentina reclamaba por el hecho de que Chile estuviera "demasiado cerca" del Atlántico, a causa de su posesión en la Tierra del Fuego supuestamente encima de la Bahía San Sebastián, de aguas atlánticas, situación que en años posteriores se demostró como errónea e inexacta pues el límite jamás pasó por sobre el accidente geográfico.

Sin embargo, el Perito chileno de la Comisión, Diego Barros Arana, cometió el desatino de aceptar las protestas de los comisionados argentinos y accedió a modificar el meridiano de frontera en la isla, desplazándolo hacia la posición que los representantes platenses exigían como el "correcto", durante las reuniones de 1892.

El desliz de Barros Arana significó a Chile regalar cerca de 800 kilómetros cuadrados de islas y un enorme fragmento de la Tierra del Fuego (773 km.2 de la isla). Si Chile hiciera valer este mismo criterio hoy día, al considerar que Argentina está "demasiado cerca" del Pacífico, ninguna de las posteriores entregas de territorio hubieran sido factibles y de hecho, ya entonces Argentina estaba ocupando aguas pacíficas al oriente del Beagle, en Ushuaia, situación inaceptable según el criterio con que Chile debió desprenderse de esta enorme faja de territorio fueguino.

Vale recordar que Barros Arana se desentendió de sus órdenes precisas de no negociar territorio chileno, continuando así la obra entreguista de José Victorino Lastarria iniciada en 1866, cuando intentó negociar por su propia cuenta la entrega de territorio magallánico con el presidente argentino Bartolomé Mitre. Amedrentado por la propaganda antichilena, Barros Arana, tomó la nefasta decisión de satisfacer el expansionismo argentino sin consultarlo a las autoridades chilenas, y abusando de las facultades que se habían depositado en él en su calidad de Perito. Su decisión motivó airadas protestas en Chile.

A continuación, Chile y Argentina una declaración para la tranquilidad y la vuelta de la confianza, denominada Protocolo de 1893, en el cual Argentina se comprometió a no volver a pretender algún nuevo punto de territorio hacia el Océano Pacífico. Un detalle digno de mencionar es que se sancionó entonces lo decidido en el acuerdo de 1892 y a través del Artículo IV del Protocolo del 1° de mayo.

Ingenuamente, los chilenos creían que la palabra jurada era suficiente garantía: Chile y Argentina volvían a ser repúblicas hermanas... ¿o no?



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continuará...