Lo peor de tener que escribir un artículo dividido en dos partes es tener que pensar también una introducción distinta para cada uno. El precio que conlleva enrollarse como las persianas hasta para la cosa más simple, supongo. Así que, sin más dilación, y para no daros el mismo soberano coñazo que os di con la primera parte, simplemente diré que me dejo caer por aquí de nuevo para ofreceros la segunda entrega de este artículo en el cual os expongo cuáles han sido las series de anime que me parece que han contado con mayor grado de sobrevaloración, hablando siempre de lo que yo he podido ver hasta la fecha y guiándome por mi propio punto de vista.

Llegados a este punto, poco o nada más hay que que decir o introducir. Únicamente, recordaros de nuevo que no es ni mucho menos mi intención sentar cátedra con este escrito, sino simplemente la de presentaros mi simple, llana y mera opinión sobre el asunto a tratar. Como ya dije en su momento, la única opinión que debe contar es la de uno mismo, y si alguien quiere entrar a debatir en la sección comentarios los comos y los porqués de la selección de estos cuatro animes concretos –así como presentar la suya propia–, yo estaré enormemente encantado. Así que al lío.

Puella Magi Madoka Magica
Algunos animes que considero sobrevalorados
Creo que la reseña que le hicimos en su día no daba las suficientes claves que justificasen la presencia de Puella Magi Madoka Magica en este artículo –yo mismo reconozco que me dediqué más a destacar qué la hacía tan diferente sin entrar demasiado en sus defectos–, pero aun así, creo que ésta ya sirvió para dejar clara mi postura con respecto al anime dirigido por el interesante Akiyuki Shinbo. No es un caso tan excesivo como otros que se puedan ver a lo largo de este artículo, pero lo cierto es que esta producción a cargo del siempre sorprendente estudio SHAFT acarrea también ciertas carencias relacionadas con sus principales y poco recurrentes puntos fuertes, de modo que, nuevamente, su caso está más relacionado con una reacción un pelín demasiado efusiva de sus partidarios en lugar de con una presunta falta de calidad.

Porque, por supuesto, que nadie se alarme. Madoka Magica es un buen anime, uno de esos bastante necesarios gracias al significativo esfuerzo que muestra en pos de estrangular todos los tópicos del shojo en su subgénero de las magical girls, pero lejos de lo que pueda parecer, le suelta el cuello demasiado pronto y le deja un margen considerable para que se recupere. Y esto no lo digo sólo en sentido figurado: sus doce únicos capítulos saben a muy poco, pues son tantos y tan densos los matices que Shinbo quiere condensar en un margen tan escueto que, al final, las prisas se mezclan con la falta de tiempo y acaba notándose cierta falta de redondez en toda la obra. En cierto modo, se podría decir que el principal problema de Madoka Magica está en su relación duración-contenido, y ello, por desgracia, conlleva que este mismo contratiempo encuentre otras tantas y contraproducentes ramificaciones: la evolución de los personajes es demasiado repentina, nuestra implicación con estos no acaba siendo del todo plena y el desenlace, aunque digno, denota falta de emoción al no verse respaldado por un desarrollo mejor administrado. A pesar de todo, y como ya hemos dicho, es un buen anime, inconformista y rompedor, pero de un carácter más transitorio que revolucionario.

Dragon Ball
Dragon Ball
Comprendería que de buenas a primeras muchos pensárais en la incursión de la obra magna de Akira Toriyama como una mera estrategia para llamar la atención, calentar al público o ganar visitas fácilmente. Por desgracia, el mundo de la información y la crítica cultural, tanto “profesional” como amateur, no está exenta de gente que basa su trabajo en las ganas de llegar a la mayor cantidad de público sea mediante el método que sea, pero os juro que no miento cuando os digo que tengo mis motivos personales para que las aventuras de Goku y compañía copen cierta presencia en este escrito, así que agradecería enormemente que les echárais un vistazo al tiempo que afiláis los cuchillos. Y es que con Dragon Ball, pasa un poco lo que ya vimos con Evangelion, es decir, que el a veces extralimitado furor de los fans ha llegado a suponerle un grano en el culo a los iniciados que se han dispuesto a afrontar el visionado de la serie ante tal muestra de entusiasmo.

Sin embargo, la celebridad alcanzada por el considerado shonen por antonomasia trasciende en un factor diferencial que lo hace todo bastante más insalvable: mientras la serie de GAINAX se ha perfilado a lo largo de los años como una obra de culto espoleada por sus intenciones transgresoras y sus poco comunes –aunque limitadas– virtudes, la de Toei se consagró –al menos en nuestro país– como la historia de toda una generación, una suerte de broche de oro para la infancia y juventud de miles de espectadores que coronaron la historia de Toriyama como el alfa y el omega de los dibujos animados. Para mí, que ya por aquel entonces ni me gustaba ni me sentía atraído por el fenómeno de las bolas de dragón, es algo que me ha influenciado terriblemente en todas las ocasiones en las que he intentado darle opciones para una reconciliación mutua, ya con la implícita resignación de que iba a ser incapaz de encontrarle más valor añadido que el hecho de ser parte de la vida de varias generaciones. Sonará a fantasmada, pero a mí las aventuras de Goku me aburrían y, de hecho, siguen haciéndolo. Respeto profundamente todo el bien que Dragon Ball ha hecho por el manga y el anime en España, pero para mí, que me he pasado la vida entre los “hala tío, ¿en serio no has visto Bola de Dragón?” o los tan infames “tú no has tenido infancia”, el veredicto es claro: no es pa tanto, oiga.