Se cumplen 40 años del gran éxito del Led Zeppelin. Preguntamos a varios críticos de rock si es realmente tan grande. Por ‘Rolling Stone’

¿Stairway to heaven está sobrevalorada?

“Yo estaba sentado con Page en frente del fuego en Headley Grange. Page había compuesto algunas notas y entonces las tocó para mí. Tenía lápiz y papel y por alguna razón me sentía de muy mal humor. Entonces de repente mi mano comenzó a escribir las palabras. Sólo me senté ahí y observé las letras, y cuando las oí casi salté de mi asiento”.

Así cuenta Robert Plant, cantante de Led Zeppelin, cómo compuso la letra de Stairway to heaven, que en 2011 cumple 40 años. Pero… ¿es realmente tan bueno este tótem del rock and roll? Hemos preguntado a varios críticos sobre este asunto. Y hay alguna sorpresa. No a todos le parece tan grande. Pero también queremos escucharos a vosotros. ¿Se merece ser una de las grandes canciones del rock?

David Saavedra (Metropoli. El Mundo). “Una de las canciones que más daño ha hecho a la historia del rock”
“Es, sin duda, la canción más comercial de Led Zeppelin, endiosada por las radiofórmulas y culpable de ese subgénero posterior tan estandarizado como la balada heavy de mechero al aire. ¿Demostraba que hasta los rockeros más duros tienen su lado tierno? Más bien, que tenían su lado más domesticable y fácilmente empaquetable para todos los públicos. Sin duda, una de las canciones que más daño han hecho a la historia del rock”.

Darío Vico (Rolling Stone): “Hacen falta más canciones así”
“Lo que mola de Stairway to heaven es que es un tótem, pero también un single (aunque no lo fue físicamente ya que nunca se editó en ese formato) instantáneo, perfecto, que deja fuera todos los desarrollos, psicodélicos-sinfónico-progresivos, de la época para centrarse en lo esencial: en la melodía, en el sonido, en el corazón de la canción; es una balada hipervitaminada pero sin un gramo de grasa, muy convencional en el fondo y en la forma, pero revolucionaria e icónica por lo que significó. Ya no se ponen canciones así en la radio y creo que no hay tiempo para escucharlas, pero es un ejercicio interesante. Ocho minutos para una canción, eh, pero concentrado y al mismo tiempo fuera del planeta, sin mirar los mensajes, escribir cuatro sms, leerse el periódico en versión redux durante todo ese rato. No, ocho minutos dedicados a escuchar cada puta nota que aquellos peludos pusieron por ahí en cada uno de los 500 segundos. Sinceramente creo que no sobra nada y que faltan canciones así”.

Diego Manrique (El País). “Es el prototipo del rock de FM de los setenta”
“Es el prototipo del rock de FM de los setenta, como Freebird, de Lynyrd Skynyrd: si viajabas por Estados Unidos, es seguro que las escuchabas al menos una vez al día, generalmente de noche. El modelo: desarrollo extenso, cierto contenido místico, un punto enigmático más allá de la apoteosis sonora. Pero Stairway to heaven es más gomosa, más adaptable: hace años, en Australia se hizo todo un álbum de versiones, y resultaba muy entretenido”.

Carlos Moral (El Mundo). “Es una canción sobrevalorada”
“A riesgo de resultar blasfemo, Stairway to heaven me parece una canción sobrevalorada. Un tema que dura más de ¡ocho minutos! provoca una urticaria natural en alguien con el oído educado en la inmediatez del punk. Pero es que el desarrollo no puede ser más soporífero: ¡Esos solos de guitarra! ¡Esos vientos! ¡Esa voz impostada, con ‘uououos’ incluidos! (sólo salvaría la parte en falsete)… Por no hablar de la letra, con connotaciones de magia celta, que únicamente tendría interés si fuera cierta la hipótesis de que escuchada al revés contiene mensajes satánicos. Todo ello me lleva a suscribir el título de una vieja canción de Screeching Weasel: I Hate Led Zeppelin”.

Lino Portela (El País). “No la soporto, pero cuando la escucho me la sigue poniendo dura”
“Quedará feo, pero a mí Stairway to heaven me la sigue poniendo dura. Juro y perjuro que la odio. No puedo escucharla ni una vez más, no la soporto, porque tuve una sobredosis cuando era un chaval. La oí tantas veces que ahora me parece algo vulgar, manida, obvio… Pero si vuelvo a escucharla en un bar o en la tele o el la radio me flipo, salto de la silla y subo el volumen. Sí, es un obra maestra. Cuando Editors, Franz Ferdinand, James Blake, Vetusta Morla, Bunbury o Bowie hagan algo similar que me avisen… que estaré aquí tumbado”.

Jesús Miguel Marcos (Público). “No está entre mis favoritas, pero es muy buena”
“Es muy buena. Tiene un juego de melodías espectacular entre la voz y las guitarras, la interpretación de Robert Plant es buenísima (las voces del final: cuánto heavy ha bebido de ahí) y está construida con mucho gusto y sensibilidad. Suena a su época, pero no siento que haya envejecido mal. Es destacable que pese a ser una canción-crescendo de ocho minutos con un solo de guitarra asalvajado no recurra a la épica fácil. Además, es hipnótica y está cargada de una espiritualidad creíble. Personalmente, no está entre mis canciones favoritas, porque no soy un gran seguidor de Led Zeppelin, pero su capacidad para emocionar es indudable. Por otro lado, opino que preguntar si Stairway to heaven es realmente tan buena es como preguntar por el Guernica. Cualquier explicación suena pedante”.

Darío Manrique (Rolling Stone). “Claro que es tan buena”
“Claro que es tan buena, lo que pasa es la tenemos ya muy sobada. Desde que vi El mundo de Wayne siempre me acuerdo de la escena en la tienda de guitarras, con el cartel de: “Prohibido tocar Stairway to heaven“. Fue la primera canción de los Zeppelin que escuché. Tenía 15 ó16 años y me dejó flipado. Nunca había escuchado algo parecido: esas tres partes tan diferenciadas, con sus transiciones y crescendos me volvieron loco. La interpretación de Robert Plant, que parece que cambia de estado de ánimo en cada tramo de la canción, es sublime, lo mejor de la canción, sin duda”.

Ángel Carmona (Hoy empieza todo. Radio 3). “Hermosa, intensa, heróica… La estoy escuchando en un taxi ahora mismo”
“En formato canción -interminable- de mil partes, yo soy más de Rain song, pero no nos volvamos locos mirando la canción desde 2011: la composición es hermosa, intensa, un capítulo largo de la historia del rock . Y la interpretación es heroica. Que no tengamos el mismo tiempo para disfrutarlo que cuando teníamos 17 años no significa que el tema pierda fuste. Es un tema enorme. Por supuesto que lo es. ¿Alguien se atreve a versionarla? (Stanley Jordan, no me duermas). No es de lejos mi tema favorito de Led Zeppelin, pero éste es uno de los legados del Page mas obsesivo. Grande (con todas sus acepciones, incluido alguna peyorativa). Por si sirve de algo, esta sonando en el taxi desde donde envío esta opinión”.

Miguel Ángel Bargueño (40TV). “En ocho minutos pasan tantas cosas que uno siempre descubre algo nuevo”
“A quienes crecimos con el rock duro de finales de los setenta, esta canción nos cautivó: era diferente. Mitad balada folk, mitad rock rabioso, su estructura inusual la hace insuperable. En ocho minutos pasan tantas cosas que uno siempre descubre algo nuevo. El trabajo de guitarra es alucinante: los arpegios acústicos (robados, dicen, a Spirit), el solo, los distintos riffs, los adornos… La voz de Robert Plant muestra toda su paleta. La batería es colosal. El crescendo final no tiene parangón. Y, al mismo tiempo, todo está perfectamente cohesionado: uno nunca deja de tener la certeza de que es la misma canción”.


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