Jesús fue a Cafarnaúm, un pueblo de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. La gente se admiraba de cómo les enseñaba, porque hablaba con plena autoridad.
En la sinagoga había un hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio impuro, el cual gritó con fuerza:
¿Qué quieres de nosotros Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Yo te conozco, y sé que eres el Santo de Dios.
Jesús reprendió a aquel demonio, diciéndole:
—¡Cállate y deja a este hombre!
Entonces el demonio arrojó al hombre al suelo delante de todos, y salió de él sin hacerle ningún daño. Todos se asustaron, y se decían unos a otros:
— ¿Qué palabras son estas? Con toda autoridad y poder este hombre ordena a los espíritus impuros que salgan, ¡y ellos salen!
Y se hablaba de Jesús por todos los lugares de la región.

Cafarnaúm era un importante centro comercial a orillas del lago. Ahí va Jesús. Ahí enseñaba.
Se puede uno imaginar los males de aquel lugar de pleno comercio: demonios impuros había varios.
Imagino como esos lugares pleno de “esparcimiento nocturno” que luego se extendieron durante todo el día, me imagino los ludópatas, o me imagino lugares de hoy dominados por el fervor de las Bolsas de Comercio, personas totalmente afectadas por el stress, por la “competencialitis”, esa enfermedad que les suele dar a los que viven luchando por ganar clientes a toda costa, o progresar o ganar dinero.
Me imagino esas enfermedades que afectan a varios que viven metido en esa guerra comercial, quizás la peor, sea haber abandonado a Dios, vivir de espaldas a Él, “matarlo” con la indiferencia en sus vidas,
Me imagino, personas afectadas por la preocupación del dinero, del poder, del status, viviendo según la imagen.
Imagino también chicos y chicas que tienen de todo, menos cariño de padres y hermanos, imagino colegios costosísimos, educación “Premium” , pero corazón de piedra, con necesidad de trasgredir permanentemente apara llamar la atención incluso de aquellos que deberían quererlos más.
Imagino borracheras con tragos caros, multiplicados por pastillas u otro energizante con lo cual se busca correr el límite ¿hasta dónde?.
Imagino padres corriendo detrás de conseguir el dinero para pagar la deuda del crédito en que se metieron justamente para comprar aquello que los iba a sacar de la crisis o les iba a solucionar una “necesidad”, o sea invento moderno para acallar la propia conciencia.
Los contemporáneos de Jesús, veían en todo desorden mental y físico la presencia de espíritus impuros.
¿Cuántos demonios modernos con los cuales uno se presenta incluso en la Iglesia, en el culto, como aquel hombre dentro de la sinagoga?.
Es que el mal que vive en el corazón, en el alma, no se ve desde fuera. No tenemos ojos, ni herramientas, que detectan cuando una persona está enferma de alma, no hay scanner para examinar el alma. Sin embargo este hombre estaba ahí.
La Palabra profética de Jesús es pronunciada con autoridad. Hay algo en Él que los demonios obedecen, el demonio es el principal enemigo de Dios, y sin embargo se arrodilla ante Él. Esta palabra no solo describe la realidad, sino que actúa sobre ella, la cambia, expulsa el mal, restablece la libertad, da vida nueva, actúa sobre toda la persona pues Jesús quiere nuestro bien integral. Es la misma Palabra que llega día a día a casa, por intenet, por aplicaciones del teléfono celular ( móvil). Es la Palabra que está esperando en una Biblia en casa. Es la Palabra la que libera, salva, sana, cura, mima, protege, acaricia el alma. Si nos abrimos a ella, actuará en nosotros dándonos paz. Ojalá que así sea.
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