¿Dónde están los periodistas?

Hoy en día, en países como Argentina o Uruguay, la televisión, la radio y los medios de comunicación como periódicos y revistas, se han visto seriamente perjudicados por la nueva ola de programas y noticias “basura”, de aquellos que, por alguna razón, muchos detestan y todo el mundo ve. La intromisión que hacen las “personas comunes” dentro de las vidas de los llamados “famosos” (y no tan famosos) abre una brecha entre el simple entretenimiento y la inexplicable estupidez. Y para nada me refiero a la crítica masiva que reciben los individuos que gozan día a día de ver “reality shows” o programas de “poco o nulo contenido intelectual”, todo lo contrario, quiero remarcar el hecho de que cada persona puede nutrirse del entretenimiento que desee. Sin embargo, el problema comienza cuando estos medios disfrazan la información, la exageran o simplemente la ocultan. Y no se trata de simple amarillismo, en algunos informativos no se utiliza el sensacionalismo ni nada relacionado, pero, a la hora de presentar los titulares, asoman noticias de escaso (y a veces nulo) interés público.

¿Dónde están los periodistas?

Aunque es verdad que la lesión de un futbolista, o los resultados de un partido de fútbol, o alguna noticia “especial” sobre cierta celebridad, son interesantes para gran parte de la población, hay que saber en qué momento ponerlas en un segundo plano. En Uruguay, la lesión de un futbolista (el caso de Luis Suárez a unas pocas semanas de comenzar el mundial) opacó en absolutamente todos los medios informativos importantes la renuncia de un ministro. Nadie pone en tela de juicio la simpatía que genera en el pueblo uruguayo el futbolista Luis Suárez, pero eso no justifica la falta de seriedad a la hora de decidir sobre de qué es más importante informar: si sobre un atleta o un funcionario del gobierno.

Las novedades sobre famosos han abarcado cada vez más espacio en importantes noticieros locales, y el espacio que queda (que no es poco) es llenado por noticias que, a pesar de ser importantes para las personas que se encuentran vinculadas al hecho, para los demás (sin quitarle importancia a la tragedia) son completamente indiferentes. La violencia dentro de los sucesos criminales que la sociedad padece cada vez es mayor, y eso confirma que la inseguridad no es una sensación, es una realidad. Pero no explica el por qué los noticieros se empecinan en cubrir (en algunos casos agregando un dramatismo que termina por ser una enorme falta de respeto hacia los afectados por el ilícito) cada uno de los casos donde la delincuencia se presente. Y para entender mi rechazo hacia la desorbitante cantidad de noticias de este tipo solo basta con hacer un simple ejercicio:

Imagina que en algún punto del planeta, una persona “x” sufrió un “x” infortunio (llámese robo, asesinato, etc.), y que esa persona es totalmente desconocida para ti. Tal vez te genere tristeza y no solo te deprima, sino que también, por alguna tragedia que hayas sufrido (ya sea tú mismo o alguien dentro de tu círculo de seres amados) te sientas identificado con esa persona. Sin embargo, ahora imagina que ves cinco, diez, quince, o veinte de esos casos diariamente. ¿Qué sentido tendría? O mejor dicho, ¿Qué sentido tiene? Estas palabras no intentan minimizar el infortunio, apoyaría la idea si los medios comunicaran alguna forma de ayudar a los desafortunados (quitando los casos donde son puestos a disposición de la población teléfonos y maneras de ayudar a los protagonistas del infortunio. Aunque esto, comparándolo con la cantidad de noticias de este tipo, suele ocurrir raras veces). Pero como he presentado anteriormente, solo se trata de casos para informar a la población (uno no sabe bien de qué).

Television

Para evitar la conformidad de creer que la seguridad está plenamente garantizada en nuestros países los noticieros necesitan de este tipo de noticias, pero abusar de ellas volviéndolas casi un mero dato es inentendible. Y me alejo de conspiraciones que creen que estos accionares son simplemente para generar una sensación de inseguridad extremadamente exagerada, sino que me remito a afirmar que simplemente son “noticias que venden”. Será por el morbo de las personas o será por la complacencia que genera a algunos el ver a otros en una situación peor que la propia, el caso es que a muchos de los individuos de nuestra sociedad, por alguna razón, le interesa en sobremanera los “casos policiales”.

Y en pos de conseguir aumentar la cantidad de público algunos medios utilizan el sensacionalismo, una “clásica” forma de aumentar los ingresos y disminuir la calidad (y la credibilidad) del material expuesto. En la televisión y la radio (por suerte) no es muy frecuente encontrar estos inescrupulosos métodos (en alguna ocasión donde se agregue dramatismo desmedido a una noticia tal vez), pero en algunas revistas y periódicos es muy frecuente encontrar noticias “ligeramente” sacadas de contextos, rumores o sencillamente noticias falsas. El mundo del deporte es uno de los más afectados, donde periodistas se encargan de anticipar (y hasta cerrar) traspasos no confirmados, mostrar discusiones inexistentes entre jugadores y, en muchos casos, presentar titulares que nada tienen que ver con la noticia en sí.

radio

Los motivos que provocan todas estas formas de “informar” a los ciudadanos son bastante visibles. En un mundo donde los negocios están cobrando cada vez más trascendencia eliminando completamente la dedicación y el amor por el trabajo que uno hace, los dueños de estos medios pasan a convertirse en simples empresarios que buscan desesperadamente el éxito económico antes que el galardón de poseer un buen contenido. Y si uno busca señalar al culpable de toda esta debacle solo debe limitarse a mirar a su alrededor. Los dueños y trabajadores de estos medios se encargan de darle al pueblo que los consume lo que el pueblo pide, ¿O acaso nunca se preguntaron por qué los programas de televisión más vistos son aquellos incluidos en la llamada “televisión basura”? El deber de informar correctamente quedó en el pasado, porque simplemente la mayoría de las personas no busca eso. Tal vez (para estas personas) es mejor observar como los demás soportan tragedias inenarrables, tal vez la fantasía de una pelea entre celebridades alegra las tardes de cotilleo o sencillamente nutre las conversaciones de ciudadanos que (paradójicamente) no ven en su vida cotidiana ni en los medios de comunicación una forma interesante para aprender y (con ello) socializar. Solo queda reflexionar sobre si la mayoría de los individuos que integran sociedades como la argentina o la uruguaya prefieren de verdad todas estas mentiras y fantasías que dibujan gran parte de los medios o si simplemente, en algún punto de la historia, se creó un círculo vicioso donde no solo se consuma toda esta “basura”, sino también donde, al crecer con ella, se comience a creer que todas estas noticias y programas pasan a formar parte de la ignorante realidad, convirtiendo a la realidad verídica en una total mentira digna de “intelectuales insoportables”.

Antes de terminar me gustaría aclarar que el entretenimiento (exceptuando los medios que se encargan de informar, ya que los mismos se supone deberían de tomarse con seriedad) es parte de la vida, sea cual sea. En exceso se convierte en una fuente de ignorancia, pero en su ausencia uno desarrolla actitudes que terminan por transformarlo en un erudito infeliz. El ocio (videojuegos, “televisión basura”, libros, etc.) debe ser parte de las personas para que estas logren una felicidad plena, y no es más o menos inteligente quien consuma en mayor o menor medida estos “programas basura”, aunque si lo demuestra aquél que no sabe diferenciar la seriedad (tanto en la información recibida como en áreas referidas al aprendizaje) con el entretenimiento.


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