Mi hijo me golpea ¿Que hago?

“Un niño enfadado es un niño que bajo esa apariencia de dureza está bastante asustado y triste. Por muy pequeño que sea el problema, siente que algo de vital importancia para él está siendo amenazado, y que no tiene otra posibilidad más que la lucha. También se siente solo. Hasta donde él puede ver, nadie le entiende, nadie viene a su rescate, y todo el mundo intenta hacerle daño. Los niños se inclinan con naturalidad hacia el cariño y la compañía. Cuando ves a un niño atacando con fiereza a la gente a la que quiere puedes asumir que está viviendo sentimientos extremadamente dolorosos. Se pone en guardia y nos desafía a darnos cuenta de que está herido y necesita ayuda.” - Patty Wipfler

Sergio, de dos años y medio quiere algo que no puede tener. Mamá dice que no. Sergio se enfurece y empieza a golpearla.

La madre le dice (bloqueándolo con sus manos): “No se pega a mamá”

Sergio le da una patada.

Madre: “¡Ay!” Le ha dado en la espinilla y le ha dolido. De hecho, empieza a sentir ganas de devolverle la patada. La madre ha escuchado que los padres deberían ignorar a los niños cuando pegan, para que no reciban ninguna “respuesta”, pero ella tiene otra opinión. Los niños necesitan límites firmes y claros cuando su comportamiento está “fuera del camino”, si no, ¿por qué no iban a repetirlo? Y necesitan nuestra ayuda para enfrentarse con cuales sean los sentimientos que están tomando el mando de su comportamiento.

Madre: “Sergio, ¡no des patadas!”

Sergio se ríe y vuelve a intentarlo. Esta risa toca la fibra sensible de su madre. ¿Puede realmente su hijo de dos años estar disfrutando haciéndole daño? Se siente deslizándose hacia la zona más baja de la crianza, esa zona en la que ella empieza a amenazarle con dejarlo en el rincón de pensar por el tiempo más largo de su vida y con tirar todos sus juguetes.

Pero Sergio no se está riendo porque esté disfrutando con el dolor de su madre. Su risa proviene de dejar fluir las tensiones de sus alterados sentimientos.

La madre evita otra patada ladeándose y da unos pasos hacia atrás, lejos de su alcance. Se recuerda a sí misma que Sergio está cansado y hambriento. Inspira profundamente y se dice: “Está actuando como un niño porque ES un niño. Está costándole regular sus propias emociones.”

Madre: (tan calmada como puede) “Estas tan enfadado….”

Sergio vuelve hacia ella. Ella tiende su mano para mantenerle alejado y le habla con cariño pero mucha firmeza. No le está gritando, lo que aumentaría el drama y agrandaría la tormenta. Pero sabe que necesita mostrar a Sergio que está hablando en serio a través de la intensidad de su respuesta: “¡Estás ENFADADO! ¡Pero NO se pega a mamá!”

Sergio: (zarandeándola) “¡NECESITO hacerte daño, mamá!”

Madre: (haciéndole de espejo mientras le esquiva): “¿Estás tan enfadado que necesitas hacerme daño? ¿Estás realmente muy, pero que muy enfadado?”

Sergio: (todavía zarandeándola, pero mirándola ahora que ella está mostrando que le está entendiendo) “¡ENFADADO!”

Madre: (mirándole a los ojos): “Sí, ¡estás enfadado! ¡Pero no se pega!”

Con el contacto visual, la cara de Sergio se descompone y comienza a llorar. Su madre lo abraza y lo sienta en su regazo. Llora y llora. Finalmente, para.
Madre: “Estabas tan triste y enfadado…”

Sergio: “Triste…”

Madre: “Sí, estabas triste y enfadado. Tenías dolor dentro de ti. Así que querías que a mamá también le doliese, ¿verdad?”

Sergio mira a su madre. La madre sabe que él está haciendo la conexión: a él le dolía así que quería que también le doliese a ella.

Madre:: “Así que pegaste y le diste patadas a mamá, ¿verdad?..¡Ay!”

Sergio esconde su cara en el hombro de su madre.

Madre: (con dulzura): “Estás escondiendo tu cara. Te sientes mal por haberme hecho daño, ¿verdad? Estoy bien, pero las patadas me duelen. No le des más patadas a mamá.”

Madre: “Puedes decirme que estas ¡ENFADADO! Puedes patear el suelo. Pero no pegar.”

Sergio, todavía en el regazo de su madre, golpea con los pies el suelo: “¡Patear!”

Madre: “Sí, puedes patear el suelo con tus pies cuando estés enfadado, así. ¡Patear! Pero ¿qué pasa con pegar?”

Sergio: ”No”

Madre: “Eso es. No se pega. Ahora creo que estamos los dos hambrientos y cansados. Vamos a comer algo.”

¿Qué ha aprendido Sergio? Que su madre colocará unos límites en sus acciones para mantener a todo el mundo a salvo, lo que es un gran alivio. Que su madre entiende que él esté disgustado y le ayudará con sus sentimientos. Que cuando le duele dentro, quiere arremeter contra otros, y que quiere intentar que esto no le ocurra. Que su madre le alegra y cuida de su felicidad, incluso cuando le dice que NO. Que es una persona aceptable, con sus sentimientos desagradables y todo. Que los sentimientos pueden ser manejados y disiparse. Y, quizá lo más importante de todo, que el amor de su madre por él es incondicional, sin importar lo que pase.


pegar