Estoy llegando a la parada para tomar el colectivo, a sólo dos pasos... y pasa el colectivo... corro un poco para alcanzarlo, pero... es tarde, se aleja de mi vista, debo esperar.

Parece que esperé décadas... siento que el colectivo jamás llegará.
Y veo, que si estuviera en la otra parada podría haber tomado otros colectivos, que me dejan un poco más lejos, pero calculando los tiempos llego bien...
Ya cansada de esperar, y viendo que en la otra parada pasan los colectivos más seguido, decido irme de allí.
Llego a la otra parada, para ver con triste desagrado, que el colectivo que esperé durante 10 minutos acaba de pasar. Y vacío.
Luego de esperar 10 minutos más y ver otro colectivo que pasó en la parada que estaba antes, veo que se acerca el colectivo, y mi alma se llega de regocijo.
Lo paro, el colectivo frena, pisando un charco que estaba frente a mi pies y salpicándome las zapatillas.
Subo, para observar que el colectivo está completamente lleno. Levantando la vista veo la cara de traste del chofer, que a su vez ve mi cara de traste (sólo las almas desdichadas utilizamos el transporte público). Le digo hasta donde viajo (en realidad sólo se dice cuanto vas a pagar), la máquina dice "indique su destino al conductor". ¿Mi destino será cortar pasto el resto de mi vida, ser ama de casa, emperadora de Francia...? La verdad que no sé... mientras pienso esto coloco mi moneda, y cae. La vuelvo a colocar y cae nuevamente. Estoy 100% segura de que no es falsa, ¿entonces por qué cae? ¿Por qué? ¿cómo puede ser? La vuelvo a colocar, y finalmente, la máquina parece aceptarla. Pero no me da el boleto. Y me fijo la pantallita y dice "$1.00 pague por favor". Le digo al chofer "no me dió el boleto, y me tragó la moneda" el chofer me dice "fijate abajo" (es que quizás mi neurona de la lógica básica del ser humano se me apagó en ese momento y no pude darme cuenta de "fijarme abajo"...) le digo "ya me fijé" me dice "apretá el botón" (un botoncito rojo que se usa para esos casos) luego de intentarlo y ver que la situación sigue siendo la misma le digo "ya lo apreté, no pasa nada". El chofer parece molesto. No sé que hacer. El chofer detiene el colectivo, se levanta. Saca una tira de plástico larga y finita, que introduce en la máquina, toda la gente se queda mirando como si estuvieran viendo a un mago revelar sus trucos. La moneda cae. El chofer la coloca. Se sienta. El boleto no salió. Le digo "No salió el boleto". El chofer se levanta nuevamente, abre la máquina (la gente aún más sorprendida) y saca el boleto... todo roto y feo, no con el corte prolijo que tienen los demás pasajeros... ¡qué triste, tengo un boleto feo y desprolijo, me siento alejada de la sociedad! Los otros boletos van a discriminar a mi boletito, que no tiene la culpa. O quizás sí... quizás se complotó para no salir a un destino turbulento, a ser enredado en el anillo de una dama, olvidado en el pantalón del caballero, abollado por la mano de un alienígena y tirado en el medio de la calle.
El viaje comienza, y yo estoy aplastada contra la máquina, de tan lleno que está... pero esto no detiene al conductor a seguir subiendo gente, aunque ya no entra y se acaba el oxígeno. Me siento obligada a respirar la respiración de otros. Creo que ni siquiera los que están sentados deben estar cómodos. No puedo ni siquiera girar mi cabeza para comprobar eso. Me concentro en el poco oxígeno que me llega para poder seguir viviendo. No me estoy agarrando de nada, y el colectivo hace frenadas violentas, el colectivo se sacude, pero no caigo, es que estoy completamente rodeada de gente, es imposible caer. Estoy como enterrada en una masa compacta de gente.
Estamos en pleno invierno, hacen dos grados, pero me asfixio, hace mucho calor acá adentro... me desenrosco la bufanda como puedo. La gente que está al lado mío parece estar a punto de morir, siento que voy a vomitar. El colectivo para... ¡Está subiendo más gente! ¡¡No entra nadie más, no entra!! ¡No es sano, vamos a morir, señor chofer! La gente que acaba de entrar me empuja más contra la máquina, e intentan pagar... ¡¡pero no se puede!! Su brazo no llega a la máquina, hay demasiada gente. De a poco van pasando las monedas hasta mí, para que yo pague. Como puedo levanto el brazo y coloco las monedas (todas de diez, por supuesto) se me cae una, pero no puedo agacharme para buscarla, es físicamente imposible. Le digo "se me cayeron 10" y siento a algún idiota que intenta agacharse y recogerla, y nos aplasta más. La máquina se incrusta en mi pecho, la persona que está al lado mío me dice "pará, yo te doy" y me da 25 centavos... pongo, da el boleto, el cual casi no puedo alcanzar. Y lo peor es que tengo que agarrar el vuelto. Bajo la mano como puedo y lo tomo. Levanto el brazo y miro más o menos, a ver de quien eran esos 25 centavos, pero no puedo ver nada. Siento una mano que me toca la mano y toma las monedas, y paso el boleto a quien está a mi lado.
Me pregunto por dónde andaré... es que no puedo ver las ventanas por la gente que hay. El colectivo frena... ¡Sube más gente! La cual no puede subir, ni siquiera pasar las monedas hacia mí, ya que no existe la posibilidad de movimiento. A todo esto, el chofer grita "a ver, hagan un lugar, a ver, a ver...!" como si nosotros pegáramos nuestros cuerpos uno al lado del otro porque quisieramos, claro, como si fuéramos tan idiotas como para no corrernos al espa-- se está haciendo lugar... ¡se está haciendo lugar! ¡Estoy en uno de esos colectivos en los que la mitad del colectivo es una lata de sardinas, y la segunda mitad es un acuario amplio! ¡La gente es tan boba, que no hace espacio, ni se va para atrás, y nos dejan a los que estamos adelante de todo sin posibilidad de respirar!
Estamos llegando a la primer gran parada, donde bajan casi todos. Faltan unas 7 cuadras para llegar allí, pero la gente se empieza a levantar y a poner nerviosa si alguien no se mueve... "permiso, permiso" me empiezan a empujar, aunque faltan 5 cuadras! Para cuando sólo quedan 2 cuadras, todos los que estaban sentados, están parados y haciendo lo posible para entrar en el pasillito, y si no pueden estar allí, se quedan parados justo enfrente de su asiento ¿acelera esto el proceso?
Llegamos, yo no quiero bajar. Me pisan, me tiran del pelo, me golpean... hasta que bajan.
Miro, y observo con tristeza que todos los asientos están ocupados...
Bien en el fondo veo uno vacío, y me acerco, pero a dos pasos de sentarme, una maldita mujer se sienta.
Viajo parada un par de minutos. Alguien parece estar a punto de levantarse. Me acerco. Y no, no se levanta, se vuelve a acomodar. Pero al rato se acomoda otra vez, toma su mochila y se está por ir, preparate Mechicabota, se va, se va, se... no, no se va.
Ahí, ahora sí, ya debe estar llegando, se levanta, sí, mirá, sí, se está levantando, sí, ya casi, ya casi, ya... y no, no se va. Y ahora sí, ahora... ¡Oh! Alguien de adelante se levantó! Me apuro, no puedo perder el asiento... ¡Y lo pierdo! ¡Maldito flaco, se tuvo que sentar antes que yo...! y observo que el tipo que parecía levantarse se levanta, cuando me acerco para sentarme una mujer me gana de mano. Y bué, acostumbrada, me resigno a viajar parada.
Una chica se levanta de un asiento con acompañante y se baja, aprovecho y me siento. Resulta que el que está al lado es un flaco re dormido.
El chico comienza a acercar su cabeza hacia mí, yo me corro, además no puedo decirle nada, está bien dormido. El colectivo hace un movimiento fuerte, y el chico vuelve a caer hacia la ventana. Lentamente la cabeza del flaco se acerca. Está rozando mi hombro. Me alejo un poco más. El chico sigue cayendo y veo que de su boca se desprende un hilo de baba amenazándo con tocarme. No sólo eso... la señora del asiento de enfrente va a una fiesta, y la costumbre de las viejasquevanafiestasencolectivos es ponerse ese famoso perfume con olor a naftalina.
Siento que me voy a terminar ahogando. O del olor del perfume, o de la baba del chico que se acerca cada vez más a mi hombro. No lo soporto más.
Me levanto.
Veo que un asiento está disponible, y no hay nadie más. Al sentarme me doy cuenta de que me tengo que bajar.
Me levanto, toco el timbre. Al llegar a la parada, el colectivo no para. Vuelvo a tocar el timbre, y el colectivero para el colectivo en medio de una zanja, a través de la cual tengo que caminar hasta llegar a la parada original.
Mientras camino y me embarro las zapatillas lavadas ayer pienso para mí misma: "what a wonderfull world..."




Fuente: La infinidad de mi cabeza diminuta