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A mi papa le escribieron un libro [off-topic]

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Franco Macri es uno de esos personajes de la historia de la inmigración italiana en la Argentina que representan lo mejor de esa corriente que contribuyó, tan fundamentalmente, a la consolidación de un sentido incipiente del país.Franco es, todavía hoy, más argentino que los argentinos. Su carrera y sobre todo su visión de las posibilidades que ofrece un país nuevo, sin bagajes aristocráticos auténticos, con recursos inimaginables y con una geografía de una generosidad incalculable, demuestran el poder de su imagina-ción, su capacidad de emprendimiento y, sobre todo, el valor de una ética de trabajo que sólo puede generarse a través del esfuerzo personal.Nuestra aventura en común (que yo quiero creer que todavía sigue en el silencio de una amistad imperdurable a la distancia) fue una demostración de esas características. Lincoln West fue para mí la base del desarrollo de mi carrera profesional. Pocas veces, en la confusión de la actividad diaria, tiene uno la posi-bilidad de refl exionar sobre la importancia de estos momentos pivotantes de la vida. Pocas veces uno tiene la oportunidad de expresar el reconocimiento a la gente que lo ha ayudado en for-mas tan sutiles y por otra parte tan obvias.Yo no habría podido llegar a lo que he llegado, ni intentar lle-gar a lo que sigo aspirando, si no hubiera sido por su confi anza y su amistad.Los arquitectos no somos particularmente modestos, ni ten-demos a analizar abiertamente la historia de nuestras trayecto-rias personales, pero cada uno de nosotros le debe algo funda-mental a alguien en un momento particular de su carrera.


Franco Macri nació en 1930, en Roma, Italia. Sus padres fueron Giorgio Macri y Lea Lidia Garbini. Sus prime-ros años los vivió en la casa paterna en medio de la campiña romana.Se crió entre dos Italias: la Italia del Sur y la Italia del Nor-te. La familia paterna, los Macri, eran originarios del Sur, Ca-labria, terratenientes de San Giorgio Morgeto, donde además


Nuestro primer hogar era un lugar idílico, en pleno campo, con una gran casa, un jardín enorme, viñedos y hasta huertas, donde se cultivaba todo tipo de manjares de los que disfrutábamos en la mesa siempre abundante de mi padre.


tenían una concesión del gobierno para prestar el servicio de correos. La familia materna provenía del Norte. Los Garbini eran empresarios del transporte de pasajeros en la provincia de Lazio, con sede comercial en Viterbo.Franco Macri es un producto de la unión de estas dos fami-lias: una, agrícola del Sur industrial y la otra del Norte, en un país —Italia— donde esto tenía y tiene aún su peso.


Franco Macri fue el centro de la atención familiar, como cualquier primogénito italiano. Tenía una salud precaria.Franco con sus hermanos durante su infancia y Franco casi adolescente, con el uniforme del colegio.






Cuando Giorgio Macri decidió expandir, en África, la ac-tividad de su empresa constructora, la consecuencia directa fue el divorcio de sus padres, y Franco, separado de sus her-manos Pía y Antonio, fue a vivir con sus abuelos maternos a la edad de seis años. Después, lo enviaron pupilo a un colegio semimilitar en Tívoli, un pequeño pueblo a treinta y dos kiló-metros de su casa.Cuando regresó a Roma en 1943 tenía trece años. Vivió con su padre y comenzó sus estudios secundarios en el “Colegio Má-ssimo” de los Jesuitas. Estudió su bachillerato durante la guerra e ingresó en la Facultad de Ingeniería de Roma en la posguerra. Fue para entonces que su padre decidió venir a la Argentina

El trasfondo de la guerra
En un sentido político, su crianza fue entre la Italia fascista y la Italia de posguerra. Su familia no sufrió apuros económicos hasta 1943, cuando todo cambió. Faltaron el aceite, la madera, el carbón para las estufas y hasta el agua. Toda Roma comprendió en carne propia, lo que signifi caban el frío y el hambre


Luego de su partida sentía como una pérdida de tiempo mi asistencia a la Universidad. Me costaba avanzar en mis estudios y me sentía solo viviendo en una pensión. Quería desesperadamente construirme una nueva vida y eso signifi caba ir a la Argentina, junto con mi padre.No me arrepiento de esa decisión, la primera realmente difícil de una larga lista que debería tomar en lo sucesivo. Jamás lamenté haber dejado Italia. A diferencia de la mujer de Lot, nunca miré hacia atrás.”


Franco Macri con sus hermanos y primos.

Los Macri en un evento familiar.



La influencia de su padreGiorgio Macri pertenecía a ese mundo de los “letterati”, es-critores, artistas, fi lósofos y políticos, que dejaron de existir después de la guerra. Era un socialista europeo moderno que creía que el progreso debía basarse en una mejor distribución de las ganancias y en la incorporación de la tecnología. Era un empresario de la construcción que había logrado importantes contratos en Italia y en el norte de África (Túnez, Libia y en ese entonces Abisinia). En 1946 fue uno de los fundadores de un nuevo partido político en Italia, L’Uomo Qualunque —partido del hombre común—, cuya plataforma consistía en que la política debía servir para todos.



“Lo que más influyó en mi desarrollo intelectual no fue la escuela sino vivir con mi padre. Él me enseñó a entender y valorar las inevitables diferencias que nos hacen a todos seres individuales. La educación, la nacionalidad, la experiencia, los sentimientos, las cualidades morales e intelectuales. La tolerancia y una mente abierta eran, para mi padre, la garantía de un comportamiento civilizado. Y la lucha por entender y crear visiones alternativas, la única manera de comprender la realidad en todas sus dimensiones.”


De su tierra natal a su patria adoptivaFranco Macri llegó a la Argentina el 7 de enero de 1949 acompa-ñado por sus hermanos, Pía de dieciséis años y Antonio “Toni-no” de catorce. Venían a encontrarse con su padre Giorgio Macri, que había dejado Europa en 1947 rumbo a América, seguramen-te con la esperanza de una nueva vida y un nuevo comienzo.La Buenos Aires que lo recibía era una ciudad que doblaba la población de la desolada Roma de posguerra. Franco tenía die-ciocho años.

Antes de arribar, desde la cubierta del Liberty ya pude ver la silueta de una ciudad que, comparada con Roma, no sólo era enorme, sino también moderna. No había ruinas, ni palacios, ni acueductos; sólo kilómetros y kilómetros de pequeñas casas y negocios. Y mucho espacio vacío, mucho por construir.”



Tres días después de su llegada y aunque no hablaba ni una palabra de castellano, su padre le consiguió su primer tra-bajo en las afueras de Buenos Aires (San Justo, Ciudad Evita) en un obrador aislado, donde la empresa Sadop (Sociedad Anónima de Obras Públicas) construía viviendas populares.Fue asignado a la oficina administrativa y al poco tiempo lo confirmaron como el máximo responsable de la oficina y aumentaron su sueldo de 100 a 1.000 pesos por mes.En su carácter de nuevo jefe, teniendo solamente dieciocho años, introdujo un sistema de controles y contabilidad que periódi-camente era girado al Ministerio de Obras Públicas. Sus jefes, que por su juventud lo observaban con ciertos reparos, terminaron pidiéndole autorización para aplicar el mismo sistema de controles administrativos en otras empresas.

Lección Inolvidable
Mundo

Mientras Franco Macri trabajaba en Ciudad Evita, en donde se construían casas para la gente de pocos recursos, tuvo una pequeña conversación con el entonces ministro de Obras Públicas Juan Pistarini.Ministro —le dijo— usted le está dando a esta gen-te casas con más lujo de los que ellos saben utilizar. Es una pena, porque rompen el piso y usan el parquet para hacer asados.Pistarini, lo miró y le respondió: ¡Créame Franco que la próxima casa la van a saber usar!Franco no tenía ni veinte años entonces, pero siempre recuerda esta lección.


bibliografia

La experiencia como jefe de la ofi cina fue intensa, pero una vez que puse en práctica todas las innovaciones que se me ocurrieron me ganó esa misma ansiedad que regiría mis años futuros. Por eso —para aprender todo el proceso de la construcción desde abajo— pedí que me transfi rieran como capataz a la obra, dejando las tareas administrativas. A pesar de estar a cargo de 300 obreros, me redujeron el sueldo de 1.000 a 300 pesos por mes.”


Los primeros pasoscomo emprendedor
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En 1950, las posibilidades de la época, con el auge que tenía la construcción, le hicieron pensar que debía trabajar con independencia y no como empleado. Formó entonces una empresa pequeña para tomar trabajos como subcontratista. Dejó la Facultad de Ingeniería y el trabajo en el campamento de Sadop en Ciudad Evita y, asociado con algunos arquitectos, formó Urbana S.A. Pero al poco tiempo se retiró con la idea de formar otra compañía.Mientras buscaba el socio ideal, continuó ganando contra-tos cada vez más importantes hasta que, finalmente, apareció la gran oportunidad. Se estaba empezando a construir el complejo metalúrgico de Somisa en San Nicolás y en EACA (Empresa Argentina de Cemento Armado) lo aceptaron como subcontratista

En 1954 había formado mi propia empresa y para 1959 estaba ejecutando varios contratos en forma directa. Manejaba obras en marcha y tenía más de mil personas trabajando, cuando la administración desarrollista devaluó la moneda. Por primera vez me sentí desmoralizado.”




Invirtió el poco dinero que tenía ahorrado y se asoció con un joven ingeniero, Juan Carlos Vivo; juntos fundaron la empresa Vimac (Vivo, Macri y Cía).Vimac fue cuidadosamente organizada desde sus comienzos como sociedad anónima estructurada administrativa, fiscal y legalmente. Empezaron con encargos pequeños pero pronto ga-naron contratos cada vez más importantes en distintos tipos de obras civiles. No le dieron la espalda a trabajo alguno y en eso radicó su éxito.Vimac, después de algunas crisis de crecimiento, prospe-ró poco a poco. Llegaron a dirigir subcontratos para diez o doce proyectos en marcha. Trabajaron con la empresa Marengo en la construcción de las pistas del aeropuerto de Tandil; con Panedile en la estación del subterráneo de San Juan y Boedo, de la Capital Federal. Con Geope ejecutaron infraestructura de caminos en la provincia de Buenos Aires; con EACA participaron en la construcción del cine Metro de la calle Cerrito. También tenían contratos en San Nicolás, en Neuquén y en Bahía Blanca. Uno de los contratos más importantes que aceptaron fue la construcción de la fábrica de cemento Loma Negra, en un lugar llamado Barker, en las afueras de Tandil, y la construcción de las obras del gasoducto Comodoro Rivadavia–Buenos Aires


El gran salto empresario


La principal competidora en la construcción de silos para De-maco era la empresa Tomagra y Sastre. Esta compañía había ganado un contrato por catorce millones de dólares para la cons-trucción del puerto de Mar del Plata y sus silos de granos. Pero habían subestimado el costo de la obra. Con gran visión empresarial, Macri se dio cuenta de que sus complicaciones podrían ser su primera gran oportunidad: pasar de subcontratista a contratista principal.Según la ley de obras públicas, una empresa podía ceder un contrato a otra, una vez que se hubiera completado el veinte por ciento del proyecto. Inició una negociación con Tomagra y Sastre para comprarle el contrato, confi ando en su capacidad y efi ciencia para bajar costos y completar la obra sin pérdidas. En 1959 logró que le cedieran el contrato, y reduciendo costos, sin bajar sueldos, incorporando tecnología, equipamiento y ca-pacitación, además de haberse instalado personalmente en la ciudad de Mar del Plata para dirigir y controlar la obra, todo esto dio como resultado que se terminara en plazo y precio. Esto signifi có su califi cación como empresa para participar en licitaciones públicas

La construcción del puerto de Mar del Plata fue su primera gran oportunidad

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Una foto con su amigo chino
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LA HISTORIA LA HACEN LOS GRANDES


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