Cada religión le otorga uno distinto. Los católicos aseguran que representa al árbol de la vida que Eva despreció al comerse una de sus manzanas.
Los celtas lo asocian con el amor.
Los griegos con la fertidad .
Los hebreos con la sabiduría.
Mitos y leyendas que sobrevuelan las vísperas navideñas

¿ Que significa el Arbol de Navidad ?


Para tener un buen año es tradición entre los cristianos armar el Arbol de Navidad el 8 de diciembre, Día de la Inmaculada Concepción de María, y colgar en la puerta de entrada de la casa una corona de muérdago, para asegurar la bienaventura.

Se trata de una tradición bastante reciente, si se tiene en cuenta que a principios del siglo XX todo lo que existía era el Pesebre, con María, José y el Niño en el establo, algún pastor y su rebaño, la estrella de Belén titilando arriba y los tres ReyesMagos, con su mirra y sus obsequios, atravesando la arena, pero ni por asomo ningún árbol, ni corona.

¿De dónde salió entonces la cultura de adornar con soplillos, manzanas, luces y guirnaldas al abeto (o en su defecto un pino) y poner a sus pies los regalos de Navidad?

Podría uno remontarse al Génesis para explicarlo: "Y había plantado Dios un huerto en Edén al oriente y puso allí al hombre que formó. Había también hecho producir Dios, de la tierra, todo árbol deseable a la vista y bueno para comer; y el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de ciencia del Bien y del Mal"
El árbol de la vida, deseable a la vista y bueno para comer, les hubiese otorgado a Adán y Eva la vida eterna; pero en cambio, la muy maldita (mujer al fin, habría dicho Pablo, que era misógino) comió y convidó del árbol del conocimiento, por lo que ambos fueron expulsados del Paraíso y condenados, ellos, y sus hijos, y los hijos de los hijos, por siempre, a morir.
De ahí que haya quienes aseguren que el Arbol de Navidad representa al inocente árbol de la vida, deseable a la vista y bueno para comer, que Eva despreció. ¡Pese a lo cual, le cuelgan rojas y lustrosas manzanas, la fruta del pecado original!

Se dirá que con no colgarle manzanas, está todo bien. No tanto: ocurre que para la cultura celta, que es unos cuantos miles de años anterior al cristianismo (y de la que éste tomó no pocas costumbres) el manzano representaba el amor.

Los celtas adoraban tan en serio a los árboles, que hasta implementaron un horóscopo arbóreo, y ¡oh, casualidad! (¿o causalidad?) en el horóscopo celta son manzano las personas nacidas entre el 23 de diciembre y el 1 de enero, es decir, las venidas a este mundo en Navidad. En "Los árboles no mienten", su autora, la experta en horóscopo celta Annemarie Mütsch-Engel, ilustra que así es, y dice además que para los manzano "su más vivo deseo es amar y ser amado". No obstante, subraya que "en la intimidad del manzano dormitan las facultades de un científico", palabra esta última que remite al simbolismo del Génesis sobre el árbol de la ciencia del Bien y del Mal. ¿Un galimatías?
Los griegos también aportan lo suyo: ellos consagraban el pino a Dionisio, dios de la fertilidad, quien donó el vino al hombre y de paso creó el manzano para regalárselo a Afrodita, la diosa del amor, convirtiendo así a la manzana en una fruta erótica.

Una leyenda posterior a Homero recuerda además que Eris, diosa de la discordia, arrojó en medio de una boda (furiosa, porque no había sido invitada) una manzana de oro con la inscripción "para la más bella", lo que dio origen a la guerra de Troya y convirtió a la manzana en la fruta de la discordia.
Dicho esto, habrá que convenir no usar jamás un manzano como Arbol de Navidad, por más amoroso que sea, ni cometer la fechoría de colgarle la fruta maldita y erótica al abeto, aunque los naturistas aseguren que es buenísima para alimentar al niño y
hacer que las madres que amamantan tengan suficiente leche.

Por fortuna, los celtas le otorgan al abeto un simbolismo muy apropiado para la Navidad: "Este árbol es el símbolo de la vida eterna", asegura Mütsch-Engel, para quien las personas abeto son las nacidas entre el 2 y el 11 de enero, período que comprende la fecha del 6, prevista para desarmarlo.
¿Cómo nos va con el pino? En las imágenes de Dionisio, a quien le estaba consagrado, se ve al dios con una varilla, el tirso, coronada con hojas de vid y de hiedras, terminada en forma de piña, el fruto de aquel árbol. La piña cerrada era para los romanos símbolo de virginidad y no por casualidad se la utiliza en las mesas navideñas.
Desde el punto de vista religioso, no es un azar que un árbol sea el protagonista de la fiesta de Navidad: también para la Cábala (tradición, en hebreo) en el Arbol de la Vida (o de los Shefirot) residen los valores de la sabiduría y el poder.

Al Arbol del Edén, símbolo central del pacto entre Dios y el hombre, se le suman, entre otros, el Arbol de Acvattaha, de los hindúes; de Haoma, de los persas; de las Manzanas Aureas, del Jardín de la Hespérides; del Vellocino de Oro, de Jason; del Purgatorio, de Dante; y de la Cruz, del Nuevo Testamento.
Entre el segundo y tercer milenio antes de Cristo, una gran variedad de pueblos indoeuropeos tenían a los árboles como expresión de las fuerzas fecundantes de la Madre Naturaleza, por lo que les rendían culto.

Pero la costumbre de engalanarlo parece provenir de los celtas, para quienes el roble era su árbol sagrado: en invierno, al perder sus hojas, era adornado para atraer el espíritu de la Naturaleza que había huido.

El nombre celta del roble es "duir", de donde deriva la palabra "druida" con la que denominaban a sus sacerdotes, quienes a su vez utilizaban el muérdago para proteger las puertas de los hogares contra la intromisión de los malos espíritus, tal como hacen hoy los cristianos

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