Carta a una joven artista“Debo advertirte, querida, de que esto no es la lista oficial de los especímenes que encontrarás en la escuela. Esto es con lo que YO me topé en la escuela. Espero que tú tengas mejor suerte que yo, porque de lo contrario, ya estamos empezando mal”

Querida princesa Amidala:
Cuando se me ocurrió la peregrina idea de seguir la carrera de artes plásticas en la Escuela Nacional de Bellas Artes del Perú, dejando atrás el puesto de trabajo que tenía como diseñador, nunca medí bien el salto, me dejé llevar por ese impulso primario que es la pasión y la vocación. Esta reflexiva carta que te envío, después de saber de tus intenciones de querer postular a mi ex alma mater, es mi anuncio de advertencia, mi señal de peligro, el jalón de orejas que va acompañado del “Mira mamita la cojudez que vas a cometer”. No digas que no te avisé.
Debo advertirte, querida, de que esto no es la lista oficial de los especímenes que encontrarás en la escuela. Esto es con lo que YO me topé en la escuela. Espero que tú tengas mejor suerte que yo, porque de lo contrario, ya estamos empezando mal.

Los étereos: Son personas que están constantemente conectados con su “yo interno”, el “new age” y cualquier onda que haga “trascender” su espiritualidad. Adoran la comida vegetariana y cualquier cosa a base de soya, incluida esa aberración a la que llaman “carne” hecha a base de ese infame frijol. Pintan por lo general seres alados y feéricos. No hay muchos en escultura ya que son demasiado delicados para un cincel y en grabado suele haber uno que otro.

Los socialmente comprometidos: Primero lo primero, lo suyo no es arte: es revolución. No te huevees. Por lo general nunca están en la escuela y si están, siempre tienen en las manos una petición para echar a la calle a un profesor, más tickets para el almuerzo, u organizando la próxima toma que hará perder un semestre más a los que no quieren meterse en su rollo. Rara vez están en sus talleres porque su compromiso “político” se lo impide. Son fuertes de espíritu, tiernos en el fondo y tercos como mulas. Las canciones de la vieja nueva trova hacen que tiemblen trémulos de emoción social, tanto, igual o más que cuando escuchan la palabra: beca.

Les bohemés: Mayormente casi todos los grupos están interconectados o tienen elementos de este sector. ¿Cuál es el mágico conector de estas almas creativas y libres? Un tanganazo de alcohol o cualquier sustancia antes de empezar a hacer lo que sea. Si sus talleres no tienen el olor a cantina, tienen el olor a fumadero de pasta y si no es de ambos olores al mismo tiempo es porque la pachanga se fue a otro lado. Siempre se les ve con cara de resaca y durmiendo encima de los tableros o debajo de las estatuas. Siempre están misios, pero en el momento de que alguien menciona la palabra “trago”, “lanzar” o “cantina” el dinero aparece por generación espontánea. Sus temas suelen ver la luz en medio de un delirium tremens o en medio del caldo de gallina de la “bajada”.

Los deprimidos deprimentes: Un momentito, un minuto de silencio antes de seguir. Ellos llevan el luto por todos los crímenes de la humanidad y sufren por todos los pecados del mundo. Por lo general visten de negro y escuchan música gótica, su parafernalia va desde vestidos largos o chompas en pleno verano hasta tenedores colgados en la ropa, peluches apuñalados y lenores hasta en el coxis. En mi época de estudiante habrían aparecido los “proto emo”, cometimos un error enorme al no hacer una solución final (mismo Hitler) en el horno del taller de cerámica. Si no califican a “emo”, es porque ellos son “poetas” o “cultos”. La nostalgia los embarga justo en el crepúsculo. Suelen estar tirados en el piso con la mirada perdida y desolada esperando a que regrese la esperanza corriendo hacia ellos con el pelo desordenado y la sonrisa de niño. Sus temas recurrentes son la muerte, el aburrimiento, el onanismo, las películas de terror, proxac, ron y las actrices porno.

Los avant garde: Nadie, nadie los entiende. Ellos nacieron en el país equivocado; o sea, nadie en este páramo lamentable podrá entender su arte que está taaaan “nuevo” que nadie se ha tomado la molestia de investigarlos. Releen todas las separatas de arte moderno y rehúyen de todas las clases de dibujo y salen despavoridos al mencionar la palabra “bodegón”. Los lápices por lo general los usan para sujetarse el cabello o para rascarse. Sus propuestas van de acuerdo a la rapidez de los tiempos: se elaboran en 10 minutos con una tela, una manzana, un puñado de clavos y un DVD de Barney. París nunca estuvo tan cerca de nosotros.

Los clásicos: No mencionen la palabra “abstracto” delante de ellos sin que muten en Linda Blair en “El Exorcista”. Poseen la técnica suficiente para reproducir un cuadro clásico sin omitir algún detalle, pero cuando se les pide que usen su creatividad comienzan a parir tunas. Irónicamente costean sus estudios de arte copiando cuadros abstractos que decoran los comedores de las casas.

Los aplicados: Dibujan, escriben y hacen todas sus tareas. Poseen todos los materiales nuevos y en buen estado, siempre tienen la separata de la clase anterior y huelen a colonia “coquito”. Si son hombres sus temas de trabajos suelen ser bodegones o reproducciones de cuadros célebres. Las mujeres suelen pintar lo mismo pero con gatos, unicornios, nubes o Hello Kitty en los bordes, su audacia no llega a más.

La dimensión desconocida: Nunca olvidaré lo primero que sentí al ver lo hecho por este compañero que pintó dos cuadros fascinantes. En uno de ellos aparecía un grupo de pandilleros fumando pasta en una esquina mientras en el cielo se veían unos patrulleros alados con las circulinas encendidas. En el otro cuadro se podía observar un trozo de pastel con una cereza encima y al lado una lagartija de color verde fosforescente. Dalí, tú no exististe.

Obviamente, habrá más grupos como: los folklóricos (que ahora asumo serán cumbiamberos), los mañucos, los indigenistas, los que le huyen al agua y al jabón, los mangakas, los inubicables, los top model de la fuente del primer patio, los de educación privilegiada, las amigas inseparables, los destructores, los restauradores y los de docencia. Esos que no tuvieron el valor y la suficiente confianza en sí mismos para estudiar pintura.
Y por supuesto, conocerás a “Huanuquito” el enemigo del arte. El crítico más feroz e implacable que conocerás.
Pero ésa, ésa es otra historia.
¿Aún quieres postular?
Un beso y un abrazo
Juancarlos.

Pd: En mis años de estudiante/turista de la escuela fotocopié una historieta de Daniel Clowes titulada “Art School Confidential” 4 páginas super ácidas y super ciertas. Léelas, te lo exijo.