Ok, Vacaciones ==>Tiempo Libre ==> Ocio ==> vagancia==> tiempo atorado en estaciones del metro esperando un tren que nunca pasará==> Mente difusa ==> Esto que ahora escribo (no tiene ningún tipo de pretensión literaria o artística, solo es para matar el tiempo):

Cuento sobre una mosca (por mi ocio)...


Cuento sobre una mosca...


Hace algunos cuantos segundos, existió cierta mosca. Esta mosca era tan asquerosa y horrible como el resto de su especie, claro está, desde mi muy sensible punto de vista; en realidad no era muy grande, pero siempre he tenido cierta animadversión hacia los insectos, en especial las cucarachas y las arañas, por lo que he de dar gracias de que no se tratara de una araña o de una cucaracha. El hecho es que esta mosca, al igual que la gran mayoría de las moscas, tenía la habilidad de volar. Supongo que en algún momento de su existencia llegó a volar por lugares mucho más hermosos que ella (o él?), como la torre Eiffel (así se escribe?),Cancún o la habitación de alguna pelirroja descaradamente sexy; sin embargo, en el momento del que hablo, a dicha mosca se le ocurrió pasar por (OH, DIOS MÍO!!!) una telaraña. Esta araña (al igual que el resto de las arañas que me dan miedo), solía ser un tanto más inteligente que la mosca. Gentilmente, la araña invitó a la mosca a su casa, así que dado que la mosca aceptó, lo que le haya pasado se lo merece. Pero bueno, esta araña (que al igual que el resto de las arañas que me dan miedo tenía más de siete patas y menos de nueve) después de haber disfrutado de su comida, comenzó a vagar sin (o tal vez con, en realidad no le pregunté) rumbo fijo hacia algo que parecía ser el este. En el camino se encontró con un bonito árbol, al cual decidió subir, sea cual sea por la que las arañas decidan subir a los árboles. Sin embargo, ésta no notó que cerca de su nueva casa estaba un ave, un ave tal vez bonita para algunos, tal vez equis (X) para otros; en realidad no era muy grande para alguien como yo, pero lo era para la araña, quien antes de darse cuenta fue engullida por el relativamente bonito pájaro, quien no solo comía arañas, y tal vez ni siquiera le gustaban, pero simplemente se la tragó y ya. C’est la Vie… Este relativamente bonito pájaro (o pájara) era algo glotón y no se conformaba con una simple araña (que al igual que una gran cantidad las arañas que me dan miedo, suele ser asesinada por otro animal más grande), si no que quería más, por lo que emprendió el vuelo en busca de un ser lo suficientemente pequeño e idiota como para dejarse devorar. Y lo halló. Era un gusano tan asqueroso como la mayoría de los gusanos, tan pequeño como la mayoría de los gusanos, y tan indefenso ante un pájaro como la mayoría de los gusanos (excepto los azotadores, que pueden asustar pichones de una manera bastante eficaz). Ahora bien, est@ (relativamente) lind@ y golos@ pájar@ descendió del vuelo para satisfacer a su paladar (los pájaros tienen paladar?) con un (relativamente, por que todo en este mundo es relativo, según un tipo) delicioso gusano, sin embargo, después de devorar con gran pasión a este insecto en una memorable escena que nos recuerda una representación a escala del escudo de nuestro querido país Estados Unidos del Sur México, cierta creación humana llamada automóvil (que sirve entre otras cosas para abastecer de energía un estéreo que hace resonar Raeggeton o duranguense frente a algún lugar estratégicamente seleccionado para molestar a la mayor cantidad de público posible, para cumplir funciones de cantina u hotel de paso, para endeudarte con un seguro de accidentes y robo, para ser víctima de accidentes y robo, para hacerte pasar horas de coraje por llegar increíblemente tarde a tu destino, cuando pudiste haber utilizado el metro, etc...) tuvo la casualidad de pasar una de sus relativamente enormes llantas sobre alguna parte del cuerpo del pájaro, la cual ignoro, pero provocó que el ave no pudiera moverse más. Si estaba vivo o muerto es lo que menos interesa. El punto es que estaba inmóvil y punto (.). Ahora bien, el hecho de que estuviera completamente indefenso no era una total desgracia, ya que (como muchos otros aparte de mí han explicado acertadamente) todo es relativo. Y cierto gato hambriento después de varios días de haber estado vagando sin rumbo fijo en busca de alimento, se encontró con esta relativamente bonita escena en la que vislumbraba un apetitoso banquete que pondría fin a sus males (o por lo menos al (hasta ahora) peor de ellos), así que con sus ojos llenos de esperanza fue a por su alimento, siendo por una pequeña fracción de realidad, el gato más feliz del mundo. Durante esa efímera centésima de segundo, cualquier gato que contara con un hogar, cualquiera que estuviera regocijándose entre comida, bolas de estambre y demás placeres que el capitalismo le pueda proporcionar a un gato; era tremendamente miserable comparado con él. Tal vez este gato era incluso más feliz que cualquier humano sobre la tierra. Y así, con esta felicidad, el gato comió y tan pronto como llegó, la alegría de nuestro actual protagonista se esfumó y su vida siguió tan (relativamente) normal como lo había sido hasta antes de encontrar aquella (tal vez viva, tal vez muerta) ave y siguió deambulando en busca de otra razón para ser feliz aunque fuera por una módica cantidad de tiempo.
Al igual que él (o ella) había muchos otros animales hambrientos por las calles, entre estos se encontraban unos cuantos perros. Y he de decir que los perros a veces son ciertamente cariñosos con la mayoría de los gatos, pero en la guerra, el amor y la hambruna (los cuales también llegan a ser sinónimos), uno se olvida de cosas como el cariño o la amistad y, pues bueno, estos perros no pudieron hacer mas que, literalmente, destripar al pobre felino en una sangrienta y épica batalla que recordará muchas películas como Ichi the killer a cualquiera que haya visto la escena… estos perros se alimentaron y al igual que el feliz gato, fueron relativamente felices, hasta que, por una coincidencia karmática, ellos también fueron asesinados para satisfacer el apetito de alguien más. El detalle es que fueron asesinados por cierto carnicero que vendería la carne a alguien que alimentaría con algo llamado tacos a muchos otros sujetos, lo cual pasaría probablemente afuera de alguna concurrida estación del metro.
Uno de estos sujetos que se alimentó del perro para sobrevivir (o todo lo contrario) subió a algo llamado microbús (AKA combi (el cual curiosamente fue el mismo que asesinó a un pichón algunas frases atrás)). Este austero sauna arrancó a toda velocidad en busca de personas a quien cobrarles $3.00, $3.50 o $4.50 dependiendo del destino de quien subiera. Ahora bien, el hombre que anteriormente se alimentó del perro que se alimentó del gato que se alimentó del ave que se alimentó del gusano y de la araña que se alimentó de la mosca que sabe Dios de que se habrá alimentado, alcanzó su meta, lo que provocó que se viera en la necesidad de levantarse de su asiento, tocara un timbre, bajara del automóvil en cuestión, caminara algunos pasos, sacara una llave, entrara a su casa, se dirigiera a su cuarto y abriera otra puerta. Sin embargo, en ese momento encontró a su esposa con otro hombre en una cama. Y al ser este hombre tan egoísta y cerrado como el 110% de los hombres del mundo, su ego no le dejó más opción que acallar a su pequeñísimo cerebro y sacar un arma de algún mueble, y dispararle a la cama asesinando en el camino a su (ahora ex) esposa, al amante y dejar sus cadáveres en la misma cama causante de todo. ¡¡¡ESTÚPIDA CAMA!!! Si no hubiera estado ahí, no hubiera tentado a la mujer y a la amante a realizar esos actos impuros que obligaron al esposo enfurecido a acabar con su feliz infelicidad. Después de este ataque de ira, el hombre que gustaba de la carne de perro y odiaba las camas que promovían las bajas pasiones, salió de su casa en dirección desconocida, llegando al fin a la estación del metro inicial. Lleno de desesperación, el hombre (no sé por qué) saltó a las vías del tren cuando este estaba a punto de llegar a la estación. De este modo, hubo todo un festín de sangre y vísceras. Una escena digna de ser vista, pero desesperante para quien estuviera en la siguiente estación esperando el tren. Y fue justo en la siguiente estación, donde estaba, casualmente esperando el metro, un ente al que me gusta referirme como YO, o a veces como MÍ, lo cuál es algo curioso, dado que solo YO le digo así. Y ahí estaba YO, terriblemente harto de esperar ese tren, deseando llegar a mi destino y por fin terminar con esa serie de rutinarios transbordos por las diferentes líneas del metro. Y ahora, por fin el karma de MÍ fue llegar a la casa tarde hasta el hastío. Y aquí estaba YO, maldiciendo a todas las estúpidas moscas que me hacen llegar tarde y obligan a escribir esta serie de idioteces para desaburrirme. Malditas moscas.


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Y eso es todo... .... TACOS!!!
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