Buenos dias, estos dias estuve planeando mucho este post, y lo que me impulso finalmente a hacerlo fue una cancion que luego la pondre aqui.

Primero un poco de historia para ambientar! (wikipedia)

(si te aburre la historia anda directo al articulo o mira las fotos y el video, ademas de escuchar la cancion!)


Potosí es una ciudad del sur de Bolivia, capital del departamento homónimo. Se extiende a las faldas una legendaria montaña llamada Sumaq Urqu (en quechua: Cerro Rico) que contenía la mina de plata más grande del mundo. Según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística de Bolivia, su población llegaba a 164.481 habitantes en el año 2007 aunque ese dato es rebatido por la Alcaldía que afirma que hay más de 200.000 personas en su jurisdicción. Su altitud promedio es de 4.067 msnm, por lo que es la tercera ciudad más alta del mundo (en disputa).


La historia inicial de la ciudad es una mezcla intrincada de hechos fantásticos con verídicos, por lo que es difícil distinguir la historia de la leyenda. Se dice que las vetas de plata fueron descubiertas de forma casual, una noche del año 1545, por un pastor quechua llamado Diego Huallpa, que se perdió mientras regresaba con su rebaño de llamas. Decidió acampar al pie del Cerro Rico y encendió una gran fogata para abrigarse del frío. Cuando despertó por la mañana, se encontró con que, entre las brasas humeantes de la fogata, brillaban hilillos de plata, fundidos y derretidos por el calor del fuego. El cerro, aparentemente, era tan rico en vetas de plata que la misma se encontraba a flor de tierra. El 1 de abril de 1545, un grupo de españoles encabezados por el capitán Juan de Villarroel tomaron posesión del Cerro Rico, tras confirmar el hallazgo del pastor, e inmediatamente establecieron un poblado.

Según otra versión, los Incas ya conocían la existencia de plata en el cerro, pero cuando el emperador inca intentó comenzar a explotación del cerro, este lo expulso mediante una estruendosa explosión (de donde deriva el nombre del lugar, "¡P'utuqsi!" ), prohibiéndole el extraer la plata, que estaba reservada "para los que vinieran después". Los historiadores ven en esta variante una deliberada influencia de los españoles en la leyenda, para legitimar sus labores en el cerro.

Lo cierto es que para 1570, tan sólo veinticinco años después de su nacimiento, su población ya era de 50.000 habitantes. Inicialmente se constituyó como un asiento minero dependiente de la ciudad de La Plata (hoy Sucre) pero, tras una larga lucha por conseguir su autonomía, adquirió el rango de ciudad el 21 de noviembre de 1561 mediante una capitulación expedida por el entonces Virrey del Perú Diego López de Zúñiga y Velasco, conde de Nieva.

Mediante esa capitulación, la ciudad recibió el nombre de Villa Imperial de Potosí y adquirió el derecho a elegir a sus autoridades. La inmensa riqueza del Cerro Rico y la intensa explotación a la que lo sometieron los españoles hicieron que la ciudad la ciudad creciera de manera asombrosa. En 1625 tenía ya una población de 160.000 habitantes, por encima de Sevilla y mayor aún que París o Londres. Su riqueza fue tan grande que en su monumental obra "Don Quijote de la Mancha" Miguel de Cervantes acuñó el dicho español vale un Potosí, que significa que algo vale una fortuna.

Los españoles que vivían en la ciudad disfrutaban de un lujo increíble. A comienzos del siglo XVII Potosí ya contaba con treinta y seis iglesias espléndidamente ornamentadas, otras tantas casas de juego y catorce escuelas de baile. Habían salones de bailes, teatros y tablados para las fiestas que lucian riquísimos tapices, cortinajes, blasones y obras de orfebreria. De los balcones de las casas colgaban damascos coloridos y lamas de oro y plata.
Fachada de la Casa de la Moneda

En 1579 ya había en Potosi ochocientos tahúres profesionales y ciento veinte prostitutas célebres, a cuyos resplandecientes salones concurrían los mineros ricos. En 1608 se festejaba las fiestas del santísimo sacramento con seis días de comedias y seis noches de máscaras, ocho días de toro y tres de saraos, dos de torneos y otros de fiesta. De plata eran los altares de las iglesias y las alas de los querubines en las procesiones. En las casas de los mineros más potentados circulaban todo tipo de perfumes, joyas, porcelanas y objetos suntuosos, y se dice que hasta las herraduras de los caballos eran de plata.

Pero la población indígena, en tanto, sufría una explotación infrahumana. Decenas de miles de indígenas fueron sometidos a la mita, un sistema de esclavitud que ya era habitual en el incario, pero cuyo uso intensificaron los españoles, y creció aún más a instancias del virrey Francisco de Toledo, ante la falta de mano de obra para la minería. A los mitayos (como se llamaba a los indios sometidos a la mita) se les hacía trabajar hasta 16 horas diarias, cavando túneles, extrayendo el metal manualmente o a pico, etc. Eran muy frecuentes los derrumbes y otros accidentes, que ocasionaban la muerte de cientos de trabajadores. Las rebeliones eran ahogadas a sangre y fuego. Es probable que hasta 15.000 indígenas hayan muerto en la explotación de la plata, entre 1545 y 1625.
La catedral de la ciudad de Potosí

La producción de plata llegó a su punto máximo alrededor del año 1650, momento en el cual las vetas empezaron a agotarse, y Potosí entró en un camino cuesta abajo del que no pudo recuperarse jamás. En 1719, una epidemia de tifoidea mató a cerca de 22.000 personas, y otras tantas abandonaron la ciudad. Para 1750 la población se redujo a 70.000 habitanes. Treinta años después, cayó a 35.000 habitantes. Desde 1776 Potosí, como todo el Alto Perú (la actual Bolivia), pasó a formar parte del Virreinato del Río de la Plata, por lo que la plata dejó de embarcarse a España por el puerto de Arica y empezó a embarcarse por el de Buenos Aires, a 55 días a caballo de distancia. Al estallar el movimiento de independencia, la población había descendido a tan sólo 8.000 habitantes.

Lo que salvó a Potosí de convertirse en un pueblo fantasma fue la producción de estaño, un metal al que lo españoles nunca le dieron importancia. La explotación se inició durante la primera mitad del siglo XIX. Pero a principios del siglo XX, la sobre-producción hizo que los precios internacionales cayeran, por lo que Potosí volvió a hundirse en la pobreza.

En la actualidad, las iglesias de estilo barroco y las elegantes mansiones, hoy convertidas en museos, se mantienen como un vivo recuerdo de la época española.


Sabiendo, que esta ciudad nació gracias a la explotacion del Cerro Rico bajo el dominio español tambien es impactante saber que la explotación, la pobreza y la contaminación que padecen los mineros del Cerro Rico de Potosí es igual o peor que en tiempos del Virreinato del Perú. Lamentablemente, en el Perú hay muchas minas donde la realidad es semejante.


Cerro Rico - Potosi, De la riqueza a la pobreza

Rico

riqueza

cerro

de

Luego de las fotos (impactantes por cierto) les quiero presentar este articulo por José Luis Castillejos.


Yo se que es largo pero vale la pena 100%



la


De lejos es una bella e imponente colina roja; de cerca, el cerro del Potosí es la “tumba” diaria de unos 15 mil mineros que subsisten, a cuatro mil 700 metros de altura, masticando hoja de coca y bebiendo el “whisky” de los Andes, un alcohol de 94 grados, en medio del irrespirable aire de este techo del mundo.

Pocos, o casi nadie, se han interesado por la vida de los niños, mujeres y hombres que se han hecho recios a golpe de las circunstancias. Aquí parecieran ser los olvidados de Dios.

Ariel Choque, es un niño minero quechua, de 13 años, que observa desde la mina “Caracoles” la riqueza que discurre abajo, en la ciudad de Potosí, la antigua Babilonia del altiplano andino, por donde transitan camionetas Hummer, de 50 mil o 100 mil dólares y camionetas 4×4 blindadas.

“Algún día me gustaría tener una de esas”, dice Ariel quien los fines de semana va a ver a su madre, en un suburbio potosino, a quien le entrega el dinero que gana en la mina y acompaña a su jefe, Franklin Condori, al que le gusta ir a la cantina a tomar “whisky” y a buscar “señoritas”.

Muchos de los que viven en la bulliciosa ciudad, con 36 iglesias, grandes salones, restaurantes, bares, agencias de viajes y algunos hoteles de lujo, no saben lo que pasa arriba, en el techo del mundo, en el Cerro del Potosí, donde caminan, abrazados, el hambre y la miseria.

Uno de esos rostros que se pierden entre socavones, de donde los mineros extraen plata, estaño, zinc, bronce y plomo es el de Ariel quien, desde el inhóspito paraje del cónico “Cerro Rico”, cuenta al enviado de Notimex: “soy un experto en la minería porque trabajo desde que tenía nueve años”.

Ariel golpea dos piedras y muestra pequeños puntos color gris, que asegura son fragmentos de plata. Sin embargo, a pesar de haberlo extraído, casi arañando la tierra, no le pertenecen. Él es un peón, un jornalero y otro, el de una camioneta Hummer, el dueño de la mina, que sólo viene a ver cómo trabajan los mineros.

Ariel es un “chasquiri” (ayudante de perforista) y trabaja con Franklin Condori (23) quien mata con alcohol sus penas, su ausencia familiar y su dolor por la vida. Fue uno de los pocos que quiso hablar en una zona donde no se permite el ingreso de la prensa, donde no se permiten las fotos y quien intente hacerlo, ingresar a la fuerza es ahuyentado a pedradas.

La altura y el frío doblega, ocasionalmente, a este niño que sueña con cambiar de vida, bajar del cerro, vivir en Potosí, ir a la escuela, tener mucho dinero y ser patrón-minero y tener muchas señoritas porque “para eso es el dinero, señor”.


a


mineroDurante la colonia fueron extraídas del “Cerro Rico” dos mil millones de onzas de plata y hoy, de ese lugar, salen cuatro mil toneladas por día de concentrados de plomo, plata, zinc, antimonio y estaño de los cuales se extrae un 25% de riqueza mineral y el resto es basura.

El Prefecto (gobernador) y Comandante General del Ejército del Departamento de Potosí, Mario Virreira Iparri, aseguró en entrevista que el “boom” minero, merced a los elevados precios de los metales beneficia a todos “porque trae modernidad, luz, agua, escuelas, hospitales”.

“Los mineros viven bien”, dice sin rubor y asegura que todos están ligados al desarrollo, y “aquí no creemos en guerras, en sublevaciones contra el gobierno boliviano (de Evo Morales), estamos bien”. Pero Ariel Choque, el niño minero, lo desmiente: “No tenemos nada. No tenemos médico, escuelas, viviendas; vivimos mal”, enfatiza el menor mientras en su pequeña radio a pilas se escucha la voz del cantante guatemalteco Ricardo Arjona con su “Jesús, verbo no sustantivo”:

“Jesús es mas que un templo de lujo con tendencia barroca. El sabe que total a la larga esto no es más que roca. La iglesia se lleva en el alma y en los actos no se te olvide que Jesús, hermanos míos es verbo, no sustantivo”, se escucha. Ariel, sin querer, desmiente a la máxima autoridad del pueblo al indicar que aquí pasan hambre, frío y que todo el dinero se los llevan los jefes de las minas mientras que el resto apenas gana unos cinco dólares por día.

Lo que él ignora es que este cerro comenzó a explotarse desde 1545 y fue artífice del esplendor de Europa entre los siglos XVI y XVIII. Pero pregunta “¿porqué le llaman Cerro Rico y todos aquí somos pobres? Y se responde mientras con su dedo índice recorre el horizonte: “no hay igualdad, aquí vivimos mal, con frío, poca comida, pura coca y trago”.

Aquí han pasado más de cinco siglos de historia de sometimiento y nadie se inmuta; “a veces quiero irme al pueblo, tener una casita y tener mi cuarto”, afirma Ariel mientras se alista para ir a Potosí, una ciudad de sinuosas callejuelas, desordenadas y sucias, con muchos indígenas ebrios, lujosas camionetas e iglesias cerradas en pleno domingo.

Los curas se regodean en sus residencias y se alejan del bullicio citadino y desde sus terrazas solo ven a pequeños hombres-hormigas que socavan el cerro del Potosí.

Aunque fue “el nervio principal del reino”, según lo definiera el virrey Hurtado de Mendoza, hoy preocupa a la UNESCO como va decayendo el esplendor de las casonas coloniales, carcomidas por el inexorable paso del tiempo.

De sus lujosos salones, teatros y tablados que en la época de la colonia lucieron riquísimos tapices, cortinajes, blasones y obras de orfebrería y los balcones de las casas de donde colgaban damascos coloridos y lamas de oro y plata. Hoy de esa luz, de esos destellos solo queda el recuerdo. En 1608, Potosí festejaba las fiestas del santísimo sacramento con seis días de comedias y seis noches de máscaras, ocho días de toros y tres de saraos, dos de torneos y otros de fiesta.

En las afueras de esta ciudad moribunda, fundada el 1 de Abril de 1545, cuando se empezó a explotar el Cerro Rico, están las vetas más ricas del mundo donde funcionan unas 55 cooperativas, en manos de unos cuantos dirigentes que no aceptan ventilar sus asuntos en la prensa. Los indígenas quechuas son los encargados de extraer los minerales,
pero ellos, los verdaderos dueños ancestrales del cerro, no logran arañar la riqueza que pasa por sus manos.

Durante la Colonia, el Virrey Francisco de Toledo instauró en 1572 la mita (tributo que pagaban los indios): “una vez cada siete años, durante cuatro meses, los varones de entre 18 y 50 años estaban obligados a trabajar en las minas, casi sin paga y sin ver la luz del sol”.

De esa forma desapareció el 80 por ciento de la población masculina de 16 provincias del Virreinato del Perú del que formó parte Potosí. “Cada peso que se acuña en Potosí cuesta diez indios muertos en las cavernas de las minas”, escribió Fray Antonio de la Calancha en 1638.

Hoy la muerte es más lenta, el alcohol, la desnutrición, las enfermedades, los males respiratorios y la falta de higiene, golpean a diario a los indígenas. Aquí las mujeres están tristes porque no tienen dinero, ni documentos para cobrar cuando algún familiar muere en la mina. Tampoco cuentan con partidas (actas) de nacimiento ni reciben la renta cuando enviudan y que el patrón debe pagarles.


potosi


Johana, es una joven austríaca que trabaja en un organismo no gubernamental europeo, e intenta cambiar la vida de los niños a los que le enseña música, inglés y confiesa a Notimex que en este lugar “son menos que un cero a la izquierda”.

Algunas mujeres se emplean como “guardas” (vigilantes de las minas) y son más aguerridas que los hombres porque piedra en mano ahuyentan a quien quiera conversar con ellas; otras son “palieres” (indígenas que golpean la piedra para sacar los minerales”. Viven en casas de un cuarto, con maridos que todos los fines de semana se van a emborrachar, pero ONGs, como Musol e Intersol intentan ayudarlas, orientándolas sobre cómo mejorar su calidad de vida.

Aquí en el techo del mundo, donde el Estado no protege a los indígenas, se escucha la melodía de Arjona que resume el drama: “Rezando dos padres nuestros el asesino no revive a su muerto. “¡Jesús, hermanos míos, es verbo no sustantivo!”.

Franklin Condori es otro minero que vive entre el alcohol y el olor a lodo, a barro y piedra quemada. Desde su “suite” como llama él a un maloliente cuarto muestra la ropa y los equipos que utiliza. En un pequeño estante tiene el “whisky” de los Andes, un aguardiente de 94 grados que al primer sorbo quema la lengua y cuesta pasar por la garganta. “Es para aguantar el frío y la presión (atmósferica)”, afirma Franklin, quien con su amabilidad intenta hacerse escuchar: “Aquí no tenemos nada, todo se lo llevan los dueños de las minas. Esta es como una especie de tumba donde vamos muriendo de a poquitos”.

Y luego de otro sorbo de alcohol, rebajado con una bebida carbonatada, el minero dice que años van y años vienen y todo sigue igual. Es mucha la piedra, con filamentos de plata, que sale de aquí, cientos, miles de toneladas, “pero nosotros no vemos más que miserias”.

POTOSÍ, UNA CIUDAD QUE AGONIZA

La ciudad boliviana de Potosí, con grandes cinturones de miseria, agoniza lentamente y de su antiguo esplendor solo va quedando ruinas. Hoy a las puertas de Potosí, en la entrada principal del pueblo, decenas de mineros alcoholizados grafican todo lo contrario de lo que fuera este pueblo de gran belleza.

Los indígenas quechuas que extraen los pedazos de roca con plata no logran obtener riqueza. Ellos solo ven como raudamente se desplazan por las retorcidas callejuelas las camionetas blindadas, las hummer, los hombres acaudalados.

Desde el siglo del esplendor hasta hoy no ha cambiado el sistema de explotación del hombre por el hombre. Los mineros más ricos llenan los bares y prostíbulos mientras otros, allá arriba del cerro tienen que sobrevivir con el aire que inyectan las compresoras dentro de los socavones donde la única luz que existe es la mirada de los extractores de minerales.

Se estima que siete de cada diez bolivianos que viven de la minería tienen problemas respiratorios y no cuentan con servicios médicos, beneficios laborales y otras prestaciones.

El escritor uruguayo Eduardo Galeano describió alguna vez a la sociedad potosina con la siguiente radiografía: “enferma de ostentación y despilfarro aún queda la vaga memoria de sus esplendores y las ruinas de sus templos y palacios”. La razón de ser de Potosí ha sido siempre la minería, pero hoy poco a poco va cambiando todo.

El Cerro tiene una roca de muchas vetas de donde se saca toda la roca posible y se le muele. Ese trabajo, sin embargo, puede pasar la factura a la larga a los mineros, colapsar y venirse abajo. Pero los habitantes de Potosí dice que no quieren que este se derrumbe ni que pierda el Cerro el título de Patrimonio de la Humanidad.

En 1572 Potosí ya superaba en tamaño a las ciudades españolas. En 1610 tenía 160 mil habitantes e igualaba en extensión a Paris y Londres y era una ciudad opulenta donde la gente vestía de seda con encajes de oro y plata.

Hoy la gente se viste de miseria y de la primera Casa de la Moneda de estos confines, construida por ordenes del Virrey Toledo, hoy solo queda el recuerdo y aunque la ciudad ha sido Declarada “Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad” por la UNESCO poco se hace para volver al lujo de antaño.

Denominada “Villa Imperial” desde el año 1547 por el emperador de España rey de la época, Potosí era la ciudad más fascinante de Bolivia. Hoy aquí solo viene la gente en busca de la riqueza aunque aún quedan leves destellos del estilo colonial que aún decora la ciudad con calles adoquinadas, fachadas barrocas, iglesias.

Potosí, la otrora ciudad colonial y minera poco a poco va muriendo a la par de cómo mueren allá en el Cerro el niño Ariel Choque y su jefe, Franklin Condori.


Ahora les voy a dejar algunas imagenes y videos de lo que se vive alli

Cerro Rico - Potosi, De la riqueza a la pobreza

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Ahora si voy con la cancion, es Potosi de La Vela Puerca (album De Bichos Y Flores)



Cada vez que la escucho se me ponen los pelos de punta... hay que escuchar la letra!!!


Sin mas que esto los dejo, saquen sus conclusiones... esto es lo que nos pasa a los sudacas, nos manejan como quieren!

Shana tová umetuká!!!



potosiCerro Rico - Potosi, De la riqueza a la pobrezaRico
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