Me preocupa que haya mucha gente intolerante, prejuiciosa y facista en T; que discriminan o los demás por cuestiones xenófobas, raciales, políticas, de orientación sexual, de género, etc. En esta oportunidad hago un post con un interesante artículo que encontré sobre la "discriminación por orientación sexual".
Ya sé que suena incoherente que alguien entre a un post "en contra de la discriminación" para justamente bardear y discriminar, pero hay más gente incoherente de la que uno se imagina. Así que aviso: cualquier comentario irrespetuoso será eliminado y o bloqueado el usuario que lo genere.

PRENDÉ TU DETECTOR DE PREJUICIOS

No a la discriminación por orientación sexual
La sociedad esta llena de prejuicios contra la homosexualidad. Sin embargo, no son mas que eso: prejuicios. Ser gay, lesbiana, trans o bisexual no es una enfermedad ni una desviacion. Por eso,si alguna vez preguntaste o dijiste algo de esto, acá tenés la respuesta.
Prendé tu detector de prejuicios.
Si alguna vez preguntaste o dijiste algo de esto, acá tenés la respuesta.
Si te lo dicen, acá está tu defensa

¡no te dejes basurear!


¿La homosexualidad es una enfermedad?

Para nada. Ningún manual de afecciones clínicas o psíquicas sostiene que desear y querer a personas de nuestro mismo sexo sea algún tipo de desorden, enfermedad o afección. Y aunque la homosexualidad figuró muchos años en libros de psiquiatría como una enfermedad, nunca lo fue. La diferencia es que las asociaciones psiquiátricas de todo el mundo ahora reconocen que estaban equivocadas. La homosexualidad es un tipo de orientación sexual como la heterosexualidad. De hecho el término “homosexual”, de origen médico, data de fines del siglo XIX y no hace más que describir un tipo de comportamiento sexual entre otros. Como la homosexualidad no es una enfermedad, tampoco se “contagia” como dicen algunos. Es tan natural que a una chica le guste otra chica como que le guste un chico.


¿Pero las lesbianas, los varones gays, las travestis, bisexuales…no son inmorales y perversos?

¡No! ¿por qué seríamos perversos? Se trata de personas que queremos, deseamos, sentimos afecto por personas de nuestro mismo sexo, ¿cuál es el problema? Decir que somos perversos es un prejuicio que no paran de repetir personas que pertenecen a algunas cúpulas religiosas o gente que realmente no maneja información, o que tiene miedo porque piensa que a las mujeres les tienen que gustar los varones y a los varones las mujeres, y que todo comportamiento que no entre en su sus esquemas cuadriculados tiene algo de malvado o peligroso. Perversas son las personas que hacen daño intencionalmente, lo que no es nuestro caso: querer a alguien del mismo sexo no es ningún mal… es más, el sexo consentido entre adultos del género que sea está bastante bueno, el amor está bastante bueno. El deseo y el afecto son algo bueno ¿no?
Lo que llama la atención es que a algunas personas intolerantes les parezca perverso todo lo que no concuerde con su pequeñita y rígida visión del mundo… ¿no serán ellos los perversos?


¿Seguro que las lesbianas y los gays no son anormales?

Si por “normal” entendemos “natural”, ser homosexual tan natural como ser heterosexual.
Si por normal entendemos “habitual”, ser homosexual es, estadísticamente, menos habitual que ser heterosexual, y por lo tanto menos normal. Del mismo modo que ser pelirrojo, tener ojos azules, ser un genio de las matemáticas, ganar un premio Nobel o vivir en La Boca y ser hincha de River.
Si por normal entendemos “que se adecua a una norma”, habrá que ver qué norma usamos. En Irán, una persona puede ser condenada a prisión o a la pena de muerte por ser homosexual. En Finlandia, la primera ministra del gobierno es lesbiana y está casada legalmente con otra mujer.
También podemos pensar en “normas” sociales. Una sociedad heteronormativa es aquella en la que la norma es ser heterosexual: eso es lo que se espera de todos, y quienes no lo son sufren discriminación por ello.
Pero las normas cambian. Antiguamente, era “normal” tener esclavos, era “normal” que las mujeres no tuvieran los mismos derechos que los hombres, etc. Del mismo modo, hay sociedades en las que es normal algo que en otras puede ser un crimen.
Un buen principio para buscar algunas normas universales surgidas del aprendizaje histórico de los pueblos del mundo son los tratados internacionales de derechos humanos. Si nos guiamos por ellos, lo “contrario a la norma” es discriminar a alguien por ser gay o lesbiana.


¿Los padres / madres gay hacen que sus hijos sean homosexuales?

La mayoría de los gays y lesbianas tenemos papá y mamá heterosexuales. Y la mayoría de las parejas de gays y lesbianas tienen hijos e hijas heterosexuales. Eso es lo que dicen las estadísticas, y lo que la experiencia nos confirma a todos/as en nuestro barrio. No existe ninguna relación entre la orientación sexual de los padres y la de los hijos. Todos los estudios que se han hecho en distintos lugares del mundo (que han sido muchos) demostraron que no hay diferencia estadística en el porcentaje de hijos/as homosexuales criados por parejas del mismo o de distinto sexo. ¿Y si la hubiera, cuál sería el problema?
Por otra parte, todos los estudios han demostrado que los padres gays y las madres lesbianas pueden ser tan buenos padres / madres como los/as heterosexuales y que los chicos criados por parejas del mismo sexo no son diferentes a los demás ni tienen ningún problema por eso. Algunos de esos estudios fueron encargados y pagados por los que querían demostrar lo contrario, y se llevaron una sorpresa.


Entonces está todo bien, pero a mí me parece que las lesbianas y los gays no pueden mantener relaciones estables porque son todos promiscuos…

Para nada. Ni en mayor ni en menor medida que cualquier pareja heterosexual. Hay parejas estables de mujeres y de varones que pueden durar toda una vida, como en cualquier lado; y hay relaciones casuales y encuentros por una noche, media hora, quince, dos minutos, como puede ocurrir entre un varón y una mujer cualquiera.
Las relaciones estables entre personas del mismo sexo son comunes. Sin embargo, a causa del estigma social que se expresa contra lesbianas y gays, estas parejas son usualmente invisibles. Los casamientos de mismo sexo no son reconocidos actualmente en nuestro país y muchos beneficios de esposos y esposas legales son negados a los compañeros domésticos. El reconocimiento de parejas con frecuencia pasa por ser no reconocido en los medios (Ej.: anuncios de casamiento y obituarios) y en los lugares de trabajo (Ej.: falta de fotos en el escritorio e invitaciones a eventos sociales).
La discriminación, la desigualdad de derechos, el “armario”, hacen que sea más difícil para gays y lesbianas formar una pareja estable, irse a vivir juntos a la vista de todos, ir de compras los domingos al supermercado o festejar el año nuevo con la familia acompañados de la pareja. Pero muchos y muchas, pese a todo, lo consiguen.
También están los que, al igual que muchas personas heterosexuales, no desean tener una vida en pareja, o forman relaciones abiertas o de otro tipo. Y eso no está bien ni mal, siempre que sea una decisión libre de cada uno y cada una.
Lo que sí está mal es que muchas parejas estables que quieren formalizar su relación, casarse en un Registro Civil como sus vecinos y ser reconocidos por el Estado y la sociedad como familia no puedan hacerlo porque nuestra legislación los trata como ciudadanos/as de segunda.


¿Y por qué hay tantos gays que tienen SIDA?

Pesa sobre nosotros una estigmatización que viene desde los inicios de la pandemia. Incluso antes de que se supiera de qué se trataba el virus del VIH se hablaba de “la peste rosa”, utilizando a la población homosexual como chivo expiatorio del nuevo flagelo. Muchos suelen canalizar sus miedos ante nuevas y riesgosas situaciones sociales mediante la estigmatización y la caza de brujas antes que entender el problema para poder enfrentarlo sin engaños. Pero todos los seres humanos somos pasibles de contagio en la misma medida. En los últimos años las estadísticas muestran que a nivel mundial la población infectada que más creció fue la de las mujeres jóvenes sexualmente activas, principalmente de estratos socio-económicos vulnerables. Esto no significa que sean más susceptibles del contagio sino que están más desprotegidas socialmente, sin educación y sin recursos para prevenirse. Si bien la población de varones gays es afectada, esto se debe a que muchos llevan una vida sexual de manera clandestina por miedo al rechazo, lo que hace que no hablen de sexo y accedan menos a la información para tomar conciencia de los riesgos. El VIH-SIDA puede afectar a cualquiera persona que no tomes lo recaudos de precaución mínimos para evitarlo. No existen “grupos de riesgo”, como si existiera gente cuyo destino es infectarse por ser gay, trans, o que trabaje sexualmente. Lo que existen son prácticas de riesgo que lamentablemente proliferan en toda la población sexualmente activa. Es por eso que es discriminatorio que a la hora de donar sangre se considera a la población homosexual como “grupo de riesgo”. Esto alimenta el estigma, la idea de que es un grupo esencialmente peligroso y malsano. El VIH-SIDA no es más una enfermedad terminal, se trata de una enfermedad crónica. Para prevenirlo es necesario informarse y liberarse de los prejuicios. Porque cuando se piensa que un grupo determinado es el que es afectado, supuestamente, como por una marcan de origen, entonces se tiende a pensar que si alguien es heterosexual está libre de riesgo, y no es así. Nadie está destinado a contagiarse, aunque cualquiera puede hacerlo. Por eso no hay que dejarse llevar por la calentura, cuidarse y cuidar también a las personas con las que cojemos.
Pero a las lesbianas y a los varones gay les gusta llamar la atención, escriben y hablan todo el tiempo sobre la homosexualidad, usan insignias, hacen marchas a plena luz del día.
Es absurdo que nos digan eso. ¿O sea que cuando un chico y una chica van de la mano, no “llaman la atención”, pero cuando dos chicos van de la mano, sí? El problema no está en las parejas que van de la mano, sino en las personas a las que eso les “llama la atención”. Las parejas gays que van de la mano o se dan un beso o una caricia lo hacen por lo mismo que las parejas hétero: porque se quieren.
Las marchas del orgullo no deberían existir. Cuando no se nos discrimine más, cuando tengamos los mismos derechos, cuando nadie nos señale con el dedo ni nos insulte ni nos acuse por ser como somos, no marcharemos más, porque no hará más falta. Pero actualmente, es verdad, necesitamos “llamar la atención” por los derechos que nos son negados y por la violencia que muchas veces sufrimos. Por eso marchamos.
Muchos dicen que deberíamos vivir nuestra sexualidad en privado sin mostrarla en público. ¿Por qué? ¿Acaso los heterosexuales no llevan a su pareja a las cenas del trabajo, no van con su pareja al cine, no se despiden con un beso en la parada del colectivo, no le compran flores, no cuelgan a veces hasta pasacalles diciéndoles “te quiero”?
Fernanda Mel, directora de la revista BAG, escribió una vez que la diferencia entre una pareja gay y una pareja hétero es que si un hombre le dice a su novia en el supermercado: “Querida, ¿qué podemos hacer esta noche para cenar?”, es una pregunta sin importancia para los demás, pero si una mujer le dice a su novia en el supermercado “Querida, ¿qué podemos hacer esta noche para cenar?”, es como gritara para que todos la oigan: “¡Somos lesbianas!”.


¿Pero si las lesbianas y los varones gays son como todo el mundo por qué hay boliches gays y se juntan siempre entre ellos y les gusta la vida de ghetto? ¿Por qué son tan sectarios?

No somos sectarios, el problema es que si vas por la calle y le das un beso a tu pareja, siempre puede haber algún homofóbico insoportable que te grita puto, maricón o torta de mierda, una vieja que te mira escandalizada, hasta puede pasar, como pasa mucho, que te den una paliza. Y si finalmente no pasa, uno igual siente miedo de que algo de todo eso ocurra. Es una cagada, porque de repente expresar cariño espontáneamente en medio de la calle se transforma en un trastorno, como salir a bailar. Entonces uno va a bares y lugares en donde se siente cómodo y seguro.
Además existe algo que los heterosexuales no perciben. Se llama heterosexismo. Es una forma de opresión (como el machismo, el racismo, el clasismo y muchos otros mierdismos de una larga lista). El heterosexismo supone derechos y privilegios a los heterosexuales que les son negados a las personas gays, lesbianas y bisexuales, como beneficios por casamiento, derechos de visita en hospitales, etc. Consiste en asumir siempre y para todos los casos, en la escuela, la calle, el trabajo, el club, la tele, que las personas somos todas hetero. Y ¡sorpresa! no es así. Entonces ir a un boliche, donde uno no tiene que pasarse media hora explicando qué es lo que siente y lo que desea como si fuera un bicho raro, o juntarse con amigos gays o amigas lesbianas a charlar sin tener que cuidarse de mantener en secreto la orientación sexual, es un alivio. Todo esto no quita que nosotros tengamos amigos y amigas que no son gays ni lesbianas ni bi ni trans. Y a los que no les molesta que seamos de esta manera.


¿Las lesbianas y los varones gays odian al sexo opuesto?

No. Las lesbianas son lesbianas porque desean relaciones amorosas con mujeres, y los varones gay son gay porque desean relaciones amorosas con varones. Del mismo modo que los varones heterosexuales no odian a los otros varones y las mujeres heterosexuales no odian a las otras mujeres, sino que simplemente no sienten atracción sexual y afectiva por ellos/as.

¿Las lesbianas y los varones gays quieren ser el sexo opuesto?

No. Dentro de la comunidad gay, hay muchas personas que han desafiado y descartado roles genéricos estereotipados, pero esto no significa que estén tratando de ser el otro sexo. Ser gay, lesbiana o bi implica celebración afirmación del sexo propio, no un rechazo del mismo.
En realidad, esta confusión parte de la propia heteronormatividad. Si creemos que lo “normal” es que a un varón le gusten las mujeres y a una mujer le gusten los varones, entonces, cuando a un varón le gustan los varones, creemos que quiere ser mujer, y cuando a una mujer le gustan las mujeres, creemos que quiere ser varón. Pero no es así: hay muchas maneras de ser varón o mujer. Los gays nos sentimos muy a gusto siendo varones y las lesbianas nos sentimos muy a gusto siendo mujeres.


¿Pero los travestis no quieren ser mujeres?

Se dice “las” travestis. Y no son varones. Una cosa es la orientación sexual y otra cosa la identidad de género. Hay que distinguir el sexo físico y biológico, del “género” social, que es el conjunto de expectativas sociales que se tienen sobre cómo debería vestirse y actuar una persona para ser reconocida en nuestra cultura como ‘varón’ o ‘mujer’. Por ejemplo, si en la Argentina naces con vagina, muchos van a querer que te vistan de rosa, juegues con muñecas y uses pollera. Las travestis tienen pene, pero no se visten como se supone que tienen que hacerlo las personas con pene. Y no hay ningún problema con eso. Las personas transgénero son personas cuyo yo psicológico (“identidad de género”) difiere de las expectativas sociales hacia el sexo físico con el que nacieron.
La forma en la que cada una de esas personas experimenta esa contradicción entre su identidad de género, su cuerpo y las expectativas sociales es diferente.
Algunas personas desean modificar su cuerpo a través de cirugías para adecuar sus genitales y eliminar así por completo cualquier contradicción entre su cuerpo y su identidad de género. La palabra ‘transexual’ se refiere a esas personas y generalmente se dice que “se operan para cambiar de sexo”, lo cual no es exacto, ya que en realidad, una mujer trans no pasa a ser mujer el día que deja de tener pene, ni era hombre antes. Lo que hace, en todo caso, es adecuar su cuerpo con las herramientas modernas de la cirugía para llevarse mejor con él y vivir más feliz.
Otras personas transgénero, en cambio, no desean modificar sus genitales y, de hecho, disfrutan de su sexualidad usándolos tal como vinieron “de fábrica”. La mayoría de las travestis encajaría en ese segundo grupo, que no desea operarse para tener vagina. Sin embargo, la mayoría de ellas sí desea modificar otras partes de su cuerpo para darle forma femenina, por ejemplo, implantándose senos.
También están quienes transitan entre los géneros, vistiéndose y “arreglándose” a veces como varones y a veces como mujeres, como los/as “crossdressers” y “transformistas”, sin realizar ningún tipo de intervención en sus cuerpos.
Todas estas variantes de la identidad de género nos muestran que las nociones exclusivas de hombre y mujer no alcanzan para dar cuenta de las distintas formas de vivir la identidad de género que existen en la vida real.


¿Pero por qué todas las trans ejercen la prostitución?

No es verdad que todas las travestis ejerzan la prostitución ni que quieran hacerlo. Muchas trabajan de otra cosa. Lo que pasa es que a muchas no las aceptan en otros trabajos por miedo, prejuicio, segregación y se ven forzadas a la prostitución, sin importa cuán idóneas sean, porque sobre ellas pesa un estigma social. . Sin embargo, una persona trans puede ser más capaz para determinado trabajo que muchas otras personas, pero por no responder a las expectativas que se tienen sobre su sexo son condenadas a la exclusión. Ésta es una conducta injusta e injustificable que necesita de la intervención de las autoridades para ser modificada y una transformación cultural profunda de la que las instituciones educativas y las personas individuales tenemos también que asumir sin excusas. Si aprendiéramos desde niños que no hay nada de malo con verse y sentirse de manera diferente, que hay muchas maneras de asumir la propia identidad de género, entonces de grande no tendríamos problemas con que en un bar nos atendiera una chica trans, o que una trans fuera nuestra contadora, o nuestra maestra, abogada, albañil, médica, psicóloga, jueza, y ¿por qué no? nuestra presidente.


¡Ah, pero qué complicado! ¿No es más fácil elegir o preferir a personas del otro sexo y vestirse como la sociedad manda para evitar tantos problemas?

Es que no se trata de una elección. ‘Orientación’ sexual, en vez de ‘preferencia’ u ‘elección’ sexual, es el término utilizado por la mayoría de gays, lesbianas y bisexuales porque representa mejor nuestras experiencias de vida.
Si una persona heterosexual se pone a pensar en qué momento “eligió” serlo, se dará cuenta que eso no sucedió nunca. Los hombres heterosexuales no se encuentran en un momento de sus vidas ante dos caminos y “eligen” que les gusten las mujeres. Las mujeres heterosexuales no “deciden” que les gusten los hombres. Simplemente, les gustan. A los gays, también, del mismo modo que a las lesbianas les gustan las mujeres. No hay un momento determinado en el que elijamos nada.
Lo que sucede es que vivimos en una sociedad heteronormativa, lo cual significa que ser heterosexual es considerado por la mayoría una “norma”. Nos educan para serlo desde chiquitos y todos los moldes que nos enseñan, en casa o en la escuela, vienen en formato chico + chica. Entonces, lo que sí nos pasa a gays y lesbianas es que en algún momento de nuestra niñez o adolescencia nos empezamos a dar cuenta de que no encajamos en esos moldes, que no sentimos como nos dijeron que nos pasaría. Y lo que sí decidimos es qué hacer con eso, si lo escondemos o lo decimos, si lo vivimos con libertad o no.
No se elige ser gay o lesbiana, del mismo modo que no se elige ser heterosexual. La diferencia es que los heterosexuales no necesitan elegir cómo vivir su orientación sexual; simplemente, van para adelante sin ni siquiera darse cuenta, sin que sea “un tema”. El día que no haya más discriminación y prejuicios, gays y lesbianas haremos lo mismo y nadie nos preguntará por qué.


Pero entonces si sos lesbiana, gay, bi, trans, estás condenada a tener una vida triste y difícil?

Que haya dificultades y prejuicios no significa para nada que ser feliz sea imposible, que encontrar el amor sea una cosa inimaginable. Asumir el propio deseo por una persona del mismo sexo no significa encaminarse en una vida triste y solitaria, más bien todo lo contrario. Porque sólo quien se hace cargo de lo que desea profundamente puede mantener una vida plena y feliz. Hay quienes nos sentimos bien tal como somos sin desconocer las formas de injusticia que nos afectan, y eso no nos asusta, ni nos paraliza sino que nos desafía a movilizarnos por una sociedad que nos incluya y nos reconozca. Es justo reconocer las formas de maltrato y opresión a la que lesbianas, gays, bi, trans somos sometidos, pero no dejemos que la victimización se transforme en una manera de mantenernos deprimidos, tristes, quietos, ocultos. No somos víctimas, somos sujetos de derechos que reclaman por lo que es justo. No te olvides que no hay nada de malo en gustar de una mujer si sos mujer o de un varón si sos varón, o de un o una trans, que hay mucha gente en la misma que se siente feliz y bien consigo misma, que te va a escuchar si querés a hablar, que te va a tender una mano si necesitás ayuda, y que está organizada para defender tus derechos.



Fuente: http://www.cienporciento.org.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=103:prende-tu-detector-de-prejuicios&catid=41:frontpage

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