Monsanto y las Semillas Transgénicas

Olga Monsanto fue la esposa del farmacéutico John Francis Queeny, quien invirtió su dinero en una empresa química, conocida hay con el apellido de su esposa. En 1901 se creó la compañía y uno de sus primeros inventos fue la sacarina. También fue uno de los principales proveedores de cafeína para Coca-Cola y en 1920 expandió su mercado hacia la química industrial.

“A punto de iniciarse la década de 1990, Monsanto era una de cuatro compañías químicas que estaban por sacar al mercado una hormona de crecimiento bovino sintética, producida en bacterias modificadas genéticamente para producir proteínas bovinas. Otra de las empresas era American Cyanamid, luego propiedad de American Home Products, ésta a su vez posteriormente fusionada con Monsanto. Asimismo, comenzaba una agresiva promoción de Monsanto para imponer sus productos de biotecnología, como por ejemplo, además de la hormona bovina, las semillas de soja y maíz transgénico y sus variedades de algodón resistentes a los insectos.”

En Argentina existe una paradoja que pareciera que escapa a la mayoría de las personas: en un país productor de alimentos gran parte de la población no puede acceder a ellos. La causa de esa desigualdad es que grandes empresas controlan la producción de alimentos, y su creciente rentabilidad los hace una inversión. A diferencia del petróleo, por ejemplo, pueden hallarse otras formas de producir energías, como la solar, el hidrógeno, la geotérmica, etc. Pero nada puede remplazar a los alimentos como forma de solventas nuestros cuerpos.

greenpeace
Durante la crisis de 2001 la industria de la soja transgénica realizó una donación de soja masiva del 1 por 1000 de su producción, bajo el argumento de que gran parte de la población, cerca de la mitad se encontraba bajo la línea de pobreza. Sin embargo, organismo como Greenpeace denunciaron, en el Foro de la Tierra y la Alimentación, la actitud como la apertura de nuevos mercados, ya que se pretendía instaurar a la soja como nuevos hábito de alimento.

Un negocio redondo es explotar las ventajas de los alimentos, como su constante vigencia y rentabilidad, y a la vez minimizar el costo de la producción. Para ello se recurre a los transgénicos, productos genéticamente modificados que aseguran una producción libre de plagas, debido a que las semillas han sido mejoradas. “El modelo agropecuario actual se basó desde un inicio en la producción de soja transgénica. En nuestro país casi el 100% de los cultivos de soja son transgénicos, es decir, genéticamente manipulada para tolerar el herbicidas (Round Up) que produce Monsanto, la misma multinacional que tiene el derecho de propiedad sobre la semilla (RR= Round Up Ready)”[2]. La planta es resiste a ciertas plagas pero es más vulnerable a otras. La empresa ofrece herbicidas para poder apalear aquellas amenazas. Lo que crea un círculo vicioso. Un manejo de los insumos agrícolas.

contaminacion
Monsanto[3] reconoce como “nuestros valores” los siguientes: “A través de una intensa actividad productiva, cada día Monsanto Argentina fortalece su presencia en todo el país, proveyendo soluciones líderes en investigación y tecnología y estaleciendo (SIC) sólidas relaciones con la sociedad en la que está inmersa…” Y habla de principios que guían esa actividad. Asegura que su misión es “satisfacer la creciente necesidad mundial de alimentos y fibras. Conservar los recursos naturales. Mejorar el medio ambiente”. Se examina a ella misma como una empresa con una nueva visión, que procura la “Abundancia de Alimentos y un Medio ambiente Saludable”.

La empresa se compromete al diálogo, la transparencia, el respeto, a compartir y a generar beneficios, a crear un buen entorno laboral y a actuar como dueños para lograr resultados. Con respecto a lo último, en una sección diferente de su página web menciona, bajo el título “Un tema que nos afecta a todos” información sobre las leyes de semillas y de patentes (ver recuadro).

“De las siete mil empresas que en l980 controlaban la producción de semillas en el mundo, actualmente, sólo alrededor de veinte dominan el 50% de ese mercado a escala mundial.”[4]
soja
La soja o soya se cultiva desde hace siglos en Asia, pero ahora casi toda la producción mundial se concentra en Estados Unidos. Las semillas se utilizan sobre todo como fuente de harina proteica y aceite. El maíz también es utilizado para hacer harina y derivados. Ambos tienen versiones trasngénicas que “mejoran las condiciones” de la planta. Si se comparan las panochas de una variedad de maíz normal con las de una variedad con una mutación genética, es evidente que esta última es más productiva. La modificación genética del maíz, como la de otros organismos, tiene ventajas y desventajas, y suscita numerosos interrogantes. Sin embargo, muchos países se niegan a utilizar productos derivados de los transgénicos. Aseguran que produce alteraciones a los alimentos, que pueden convertirse en nocivas para la salud. Suiza y Corea del Sur son dos consumidores de productos agrícolas que rechazaron los embarques argentinos por contener alimentos alterados genéticamente.

Un tema que nos afecta a todos





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En la Argentina al igual que en muchos países del mundo, las legislaciones y acuerdos (nacionales e internacionales) que rigen las semillas (como ser la soja RR) son dos, y conviven en forma paralela.

Por un lado, la Ley de Semillas cuyo objeto de protección son las variedades vegetales (variedades, híbridos, plantas) obtenidas a través del fitomejoramiento (mejoramiento tradicional). La ley de Semillas se enmarca dentro de un convenio internacional, que es UPOV 78.

Por otro lado, la Ley de Patentes cuyo objeto de protección son las invenciones y descubrimientos tales como los genes RR y el Bt (Maizgard), derivados de la biotecnología. Estas tecnologías se encuentran incorporadas en las semillas (que funciona como vehículo). La Ley de Patentes es la que también protege a los funguicidas, medicamentos, etc.

Una diferencia entre ambas leyes es el del uso propio. Mientras que la ley de semillas establece la excepción del agricultor, a través del cual el productor puede guardar semilla para uso propio, sujeto al cumplimiento de determinadas condiciones, la ley de patentes no contempla el uso propio.

En todos los casos, las legislaciones establecen un tiempo de protección determinado, a los efectos de asegurar al inventor o descubridor el recupero de todas las inversiones económicas y de tiempo realizadas, permitirle continuar con su actividad, y a la vez atraer más inversiones, mayor competencia y mejores productos. Una vez vencido el periodo de protección (en el caso de patentes es de 20 años), el invento o descubrimiento es de uso público.

En Argentina, tal como le sucedió a decenas de empresas que solicitaron patentes de reválida durante el año 1995, se nos denegó la patente RR en soja. Este no fue un tema que afectó exclusivamente a Monsanto. Todas las solicitudes de patentes de reválida presentadas por empresas durante el año 1995, fueron rechazadas en el año 2001, debido a una polémica interpretación que realiza la Corte Suprema de Justicia de la Nación acerca de la validez de las patentes de reválida y la entrada en vigencia de un nuevo ordenamiento legal al respecto.

Sin embargo, Monsanto obtuvo y posee las patentes que protegen el gen RR en otros países del mundo, por ejemplo Brasil, USA, Canadá, Japón, la Unión Europea, Rusia y Sudáfrica, algunos de los cuales son destinos de las exportaciones de la soja y subproductos de soja realizadas desde la Argentina.
fuente: http://yocomunicador.wordpress.com/2008/07/01/monsanto-y-las-semillas-transgenicas/