Carta de la inseguridad | Reflexiono

Una reflexión sobre la inseguridad


Carta de la inseguridad | Reflexiono


Para pensar:

Ayer me topé en el diario con la carta de una víctima de la inseguridad. La escribía el hijo. Se dirigía a los políticos y en especial al presidente, al ex y al gobernador. Sus palabras no reclamaban justicia. Manifestaba su desconcierto, su desorientación. Sabía que nadie le va a devolver a su padre, pero la incertidumbre sobre lo que venía era lo que más le preocupaba. Se quiere ir del país, no por cobarde, no porque no crea más en la sociedad que lo rodea, sino porque temía lastimar a alguien, sus músculos estaban tensados en violencia, al borde de la contractura, cerca del desgarro.
Llegadas estas líneas, debo confesar que esta carta no existió, así como ese crimen tampoco sucedió. Pero sí sucedió, sucede, y mañana se repetirá como un ciclo. Esa carta fue escrita por nadie, por alguien, por todos.
Al doble horario que nos marca el ritmo del día al oeste y el este del país parece que contamos con un calendario alternativo que marca el ritmo de nuestros días: el del ciclo de la violencia.
Suelo escuchar por las mañanas un programa de radio conducido por, creo yo, uno de los mejores periodistas deportivos y seguramente uno de los periodistas mejor formados y más reflexivo, con autonomía intelectual. Ante cada caso de inseguridad resonante pide a sus colegas que no den nota a los familiares de las víctimas porque “el dolor es intransferible”.
Yo no puedo estar de acuerdo con este periodista. No me refiero a las obligaciones del resto de los periodistas y los medios respecto al amarillismo. Me refiero al carácter de no transferibilidad del dolor de las víctimas. También me viene a la cabeza ese discurso que manifiesta que la inseguridad es un invento de los medios, que es sólo una sensación. No sólo no estoy de acuerdo con esta afirmación -que un repaso sobre estadísticas revelará que el incremento en escala geométrica es un dato objetivo-​, sino que pienso que si una sensación establece los límites de nuestra calidad de vida y nos impone rutinas de comportamiento en nuestra vida cotidiana, eso de por sí es un “hecho objetivo”, es la realidad.
Recientemente atendí a un curso de literatura argentina y entre varias obras tuvimos que leer la novela El cerco de Juan Martini. Escrita en 1975 narra la situación de un individuo acosado por un “ellos” que va cercando con actos de violencia a su víctima. Nunca se sabe el motivo ni quienes son “ellos”, pero sí podemos interpretar que se trata de una alegoría de un momento cuando cualquiera podía ser asesinado sin saber por qué. Finalmente, el personaje de la novela se sienta a esperar la muerte. La realidad de este sujeto de ficción es la nuestra. También se proyecta sobre nosotros un cerco de actos violentos, un cerco de inseguridad. Creo que a esta altura, no hay quien al menos conozca un amigo, un familiar, un vecino que haya sufrido un asalto, una violación, un secuestro, un asesinato. Esa es nuestra realidad: llámenle “una sensación” o como quieran, pero es bien nuestra, la podemos tocar o, mejor dicho, nos toca, nos viola a diario. Yo me siento cercado, pero no quiero sentarme a esperar la muerte.
Soluciones: existen? Yo creo que sí. No propongo ninguna en este momento, Solamente me gustaría aconsejar algo: tratemos esta problemática analizando las consecuencias económicas, la única clave que parece movilizar en serio a los ciudadanos argentinos y a los dirigentes políticos. A los representantes de la nación, los diputados, les pido que ahora, ya, empiecen a debatir, a discutir, a pensar soluciones. No pretendo que me den una respuesta instantánea porque no les creería, pero los quiero ver en acción. Eso me daría mayor “seguridad”. Los quiero ver con el puño cerrado y firme como cuando se discutió por el campo, como cuando se trató de las A.F.J.P. Nuevamente, si los ayuda, si los motiva, si es el empujón anímico que necesitan, piensen en la inseguridad como un problema económico.
Para finalizar adjunto referencias de casos de inseguridad de ayer. Mañana adjuntaré los que sucedan mañana. Y pasado mañana… espero no tener que adjuntar nada.

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