Valores para vivir mejor... (Cuentos Cortos)

Valores para vivir mejor... (Cuentos Cortos)

Valores para vivir mejor... (Cuentos Cortos)


En estos tiempos que corren (siglo XXI), los seres humanos nos hemos vuelto demasiado intolerantes e irrespetuosos, con nuestros vecinos habitantes de este planeta, ya poco nos importa el amor, el respeto, ahora solo se ven guerras, conflictos y un permanente estado de tension, estress, ya no se puede salir a la calle en calma, porque todo es un caos comercial, publicidad por aqui, inseguridad por alla, politica por aqui, etc, etc... ya quedan muy pocos espacios para compartir, divertirse y entretenerse sanamente (como Taringa!), nosotros mismos hemos provocado esto. Este post es para contribuir a que creemos conciencia y reflexionemos, la solución a nuestras diferencias, esta dentro de cada uno de nosotros...

A continuación dejo una serie de relatos con una alta calidad filosofica, algunos cortos, otros largos, pero todos reunen una misma caracteristica: dejan una enseñanza aplicable a la vida diaria de cada uno de nosotros, y con la que podemos mejorar nuestra forma de vivir, espero sea de su agrado.


amor





Contenido:

Retrato de un perseverante
Fijar metas altas
Asamblea en la carpintería
Los cien días del plebeyo
Copos de nieve
El árbol de manzanas
El e-mail
El juicio
El problema
El televisor
La felicidad es el camino
La ranita sorda
La gente que me gusta
El águila que nunca fue
Las metas
Fortunas del campo
Las diferencias
El cometa Halley
Tanto para aprender
Auxilio en la lluvia
Recuerda a quienes sirves
Los obstáculos en nuestro camino
Matar la creatividad
Dar y perder la vida
Método para achicar la soberbia
El coleccionista de insultos
Los dos halcones
Las tres rejas
La casa imperfecta
El violín de Paganini
Lo tuyo y lo mío



cuentos



Desarrollo:






Tolerancia

Retrato de un perseverante:

La historia dice que este hombre fracasó en
los negocios y cayó en bancarrota en 1831. Fue
derrotado para la Legislatura de 1832. Su prometida
murió en 1835. Sufrió un colapso nervioso
en 1836. Fue vencido en las elecciones de
1836 y en las parlamentarias de 1843,1846,
1848 y 1855. No tuvo éxito en su aspiración a
la Vicepresidencia en 1856, y en 1858 fue derrotado
en las elecciones para el Senado.
Este hombre obstinado fue Abraham Lincoln,
elegido presidente de Estados Unidos en
1860.
La lección es muy sencilla: sólo se fracasa cuando
se deja de intentar.









filosofia

Fijar metas altas:

Un maestro quería enseñarles una lección especial
a sus alumnos, y para ello les dio la oportunidad
de escoger entre tres exámenes: uno de
cincuenta preguntas, uno de cuarenta y uno de
treinta. A los que escogieron el de treinta les
puso una “C”, sin importar que hubieran
contestado correctamente todas las preguntas. A
los que escogieron el de cuarenta les puso una
“B”, aun cuando más de la mitad de las
respuestas estuviera mal. Y a los que escogieron
el de cincuenta les puso una “A”, aunque se
hubieran equivocado en casi todas.
Como los estudiantes no entendían nada, el
maestro les explicó: “Queridos alumnos: permítanme
decirles que yo no estaba examinando sus conocimientos,
sino su voluntad de apuntar a lo alto”.
Cuando apuntamos a lo alto, estamos más cerca
de nuestros sueños que si nos conformamos con
pequeños objetivos.








vivir

Asamblea en la carpintería:

Hubo en la carpintería una extraña asamblea;
las herramientas se reunieron para arreglar sus
diferencias. El martillo fue el primero en ejercer
la presidencia, pero la asamblea le notificó
que debía renunciar. ¿La causa? Hacía demasiado
ruido, y se pasaba el tiempo golpeando.
El martillo reconoció su culpa, pero pidió
que fuera expulsado el tornillo: había que darle
muchas vueltas para que sirviera de algo.
El tornillo aceptó su retiro, pero a su vez pidió
la expulsión de la lija: era muy áspera en su
trato y siempre tenía fricciones con los demás.
La lija estuvo de acuerdo, con la condición
de que fuera expulsado el metro, pues se la
pasaba midiendo a los demás, como si el fuera
perfecto.
En eso entró el carpintero, se puso el delantal
e inició su trabajo, utilizando alternativamente
el martillo, la lija, el metro y el tornillo.
Al final, el trozo de madera se había
convertido en un lindo mueble.
Cuando la carpintería quedó sola otra vez, la
asamblea reanudó la deliberación. Dijo el
serrucho: “Señores, ha quedado demostrado
que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja
con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace
valiosos. Así que no pensemos ya en nuestras
flaquezas, y concentrémonos en nuestras
virtudes”. La asamblea encontró entonces que
el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba
solidez, la lija limaba asperezas y el metro era
preciso y exacto. Se sintieron como un equipo
capaz de producir hermosos muebles, y sus diferencias
pasaron a segundo plano.
Cuando el personal de un equipo de trabajo
suele buscar defectos en los demás, la situación se
vuelve tensa y negativa. En cambio, al tratar
con sinceridad de percibir los puntos fuertes de
los demás, florecen los mejores logros. Es fácil
encontrar defectos —cualquier necio puede
hacerlo—, pero encontrar cualidades es una
labor para los espíritus superiores que son
capaces de inspirar el éxito de los demás.








Valores

Los cien días del plebeyo:

Una bella princesa estaba buscando
consorte. Nobles y ricos pretendientes llegaban
de todas partes con maravillosos regalos: joyas,
tierras, ejércitos, tronos... Entre los candidatos
se encontraba un joven plebeyo que no tenía
más riquezas que el amor y la perseverancia.
Cuando le llegó el momento de hablar, dijo:
—Princesa, te he amado toda la vida. Como
soy un hombre pobre y no tengo tesoros para
darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de
amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana,
sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas
que las que llevo puestas. Esa será mi dote.
La princesa, conmovida por semejante gesto
de amor, decidió aceptar: —Tendrás tu oportunidad: si pasas esa prueba,
me desposarás.
Así pasaron las horas y los días. El pretendiente
permaneció afuera del palacio, soportando
el sol, los vientos, la nieve y las noches heladas.
Sin pestañear, con la vista fija en el balcón
de su amada, el valiente súbdito siguió firme en
su empeño sin desfallecer un momento.
De vez en cuando la cortina de la ventana
real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa,
que con un noble gesto y una sonrisa
aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravillas,
se hicieron apuestas y algunos optimistas
comenzaron a planear los festejos.
Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores
de la zona salieron a animar al próximo
monarca. Todo era alegría y jolgorio, pero
cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo,
ante la mirada atónita de los asistentes y la
perplejidad de la princesa, el joven se levantó y,
sin dar explicación alguna, se alejó lentamente
del lugar donde había permanecido cien días.
Unas semanas después, mientras deambulaba
por un solitario camino, un niño de la comarca
lo alcanzó y le preguntó a quemarropa:
—¿Qué te ocurrió? Estabas a un paso de lograr
la meta, ¿por qué perdiste esa oportunidad?
¿Por qué te retiraste?
Con profunda consternación y lágrimas mal
disimuladas, el plebeyo contestó en voz baja:
—La princesa no me ahorró ni un día de
sufrimiento, ni siquiera una hora. No merecía
mi amor.
Cuando estamos dispuestos a dar lo mejor de
nosotros mismos como prueba de afecto o
lealtad, incluso a riesgo de perder nuestra
dignidad, merecemos al menos una palabra de
comprensión o estímulo. Las personas tienen
que hacerse merecedoras del amor que se les
ofrece.






Paz

Copos de nieve:

Dos pájaros estaban posados sobre una rama
durante una nevada, y se pusieron a conversar:
—Dime, ¿cuánto pesa un copo de nieve? —
le preguntó el pájaro carbonero a la paloma
salvaje.
—Casi nada —fue la respuesta.
—En tal caso, antes de irme déjame contarte
una maravillosa historia —replicó el carbonero.
Al empezar este invierno me posé sobre la rama
de un abeto. No era un duro invierno, y como
no tenía otra cosa que hacer, me puse a contar
los copos de nieve que se iban asentando en las
ramitas y en las hojas de mi tallo. Su número
exacto fue 3.741.952. Cuando el último copo de
nieve se depositó sobre la rama, sin que nada
pasara, esta se partió —dijo el pájaro, y se alejó
volando. La paloma estuvo reflexionando un rato
sobre esa historia y por fin se dijo:
—Quizá sólo haga falta la voz de una persona
más para que la paz llegue al mundo.

Esta narración de Joseph Jarowski nos sirve
para reflexionar sobre el hecho de que el
dirigente se compone de una sama de valores y
conductas que se acumulan e integran en un
todo denominado liderazgo hacia el servicio.
El relato es también conveniente para señalar
que todos podemos, de una manera u otra,
construir poco a poco y simultáneamente un
liderazgo hacia la paz. Todos los copos suman:
los proyectos sociales, los foros sobre la convivencia,
el “ya no más”, las diversas acciones tendientes
a promover la tolerancia y el desarme de
los espíritus, los talleres de solidaridad, las acciones
cívicas, las ONGs en lucha por los derechos
humanos...
Bajo esta nueva perspectiva, sincronizar los
anhelos con los medios y las acciones para la paz
es crear una sinergia de innegable impacto en
la vida del país.





respeto

El árbol de manzanas:

Este era un enorme árbol de manzanas al
cual un niño amaba mucho. Todos los días
jugaba a su alrededor, trepaba hasta el tope,
comía sus frutos y tomaba la siesta bajo su
sombra. El árbol también lo quería mucho.
Pasó el tiempo, el niño creció y no volvió a
jugar alrededor del árbol. Un día regresó y
escuchó que este le decía con cierta tristeza:
—¿Vienes a jugar conmigo?
Pero el muchacho contestó:
—Ya no soy el niño de antes que juega alrededor
de los árboles. Ahora quiero tener juguetes,
y necesito dinero para comprarlos.
—Lo siento —dijo el árbol—. No tengo dinero,
pero te sugiero que tomes todas mis
manzanas y las vendas; así podrás comprar tus
juguetes. El muchacho tomó las manzanas, obtuvo el
dinero y se sintió feliz. También el árbol fue
feliz, pero el muchacho no volvió. Tiempo
después, cuando regresó, el árbol le preguntó:
—¿Vienes a jugar conmigo?
—No tengo tiempo para jugar; debo trabajar
para mi familia y necesito una casa para mi
esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme?
—Lo siento —repuso el árbol—. No tengo
una casa, pero puedes cortar mis ramas y construir
tu casa.
El hombre cortó todas las ramas del árbol,
que se sintió feliz, y no volvió. Cierto día de un
cálido verano, regresó. El árbol estaba encantado.
—¿Vienes a jugar conmigo? —le preguntó.
—Me siento triste, estoy volviéndome viejo.
Quiero un bote para navegar y descansar,
¿puedes dármelo?
El árbol contestó:
—Usa mi tronco para construir uno; así
podrás navegar y serás feliz.
El hombre cortó el tronco, construyó su bote
y se fue a navegar por un largo tiempo.
Regresó después de muchos años y el árbol le dijo:
—Lo siento mucho, pero ya no tengo nada
que darte, ni siquiera manzanas.
El hombre replicó:
—No tengo dientes para morder ni fuerzas
para escalar, ya estoy viejo.
Entonces el árbol, llorando, le dijo:
—Realmente no puedo darte nada. Lo único
que me queda son mis raíces muertas.
Y el hombre contestó:
—No necesito mucho ahora, sólo un lugar
para reposar. Estoy cansado después de tantos
años...
—Bueno —dijo el árbol—, las viejas raíces
de un árbol son el mejor lugar para recostarse y
descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa.
El hombre se sentó junto al árbol y este,
alegre y risueño, dejó caer algunas lágrimas.
Esta es la historia de cada uno de
nosotros: el árbol son nuestros padres. De
niños, los amamos y jugamos con ellos.
Cuando crecemos los dejamos solos;
regresamos a ellos cuando los necesitamos,
o cuando estamos en problemas. No importa
lo que sea, siempre están allí pura darnos
todo lo que puedan y hacernos felices. Usted
puede pensar que el muchacho es cruel con el
árbol, pero ¿no es así como tratamos a veces a
nuestros padres.









moraleja

El e-mail:

Un hombre pierde su trabajo. Luego de buscar
varios meses, se entera de que en Microsoft
necesitan barrenderos. El gerente de relaciones
industriales le pregunta sus datos, lo observa
barrer, lo felicita y le dice: “El puesto es suyo.
Deme su e-mail, para informarle el día y la hora
en que deberá presentarse”.
El hombre, desconsolado, contesta que no
tiene e-mail, y el gerente de relaciones industriales
le dice que lo lamenta mucho pero que si
no tiene e-mail, virtualmente no existe, y que,
como no existe, no le puede dar el trabajo.
El hombre sale desesperado, no sabe qué
hacer y sólo tiene $250 en el bolsillo. Entonces
decide ir al mercado de abastecimiento de
frutas y verduras y compra un cajón de tomates
de 10 kg. Se va de casa en casa vendiendo
el kilo de tomates a $50. En menos de dos horas
ha duplicado su dinero; repite la operación
otras tres veces, cena en un pequeño restaurante
y vuelve a casa con $150.
Se da cuenta de que de esa forma puede sobrevivir,
y cada día sale más temprano y vuelve
más tarde. Así duplica, triplica y hasta cuadriplica
el dinero en un solo día. Con un poco de
suerte logra comprar una camioneta, que un año
después cambia por un camión; a los tres años,
ya tiene una pequeña flota de transporte.
Luego de cinco años, el buen hombre es
dueño de una de las principales distribuidoras
de alimentos del país. Entonces recibe a un
agente de seguros y, al terminar la conversación,
este le pide al empresario que le dé su
dirección electrónica para enviarle la póliza. El
hombre contesta que no tiene e-mail, y el agente
le dice:
—Si usted no tiene e-mail y llegó a construir
este imperio, no quiero imaginarme lo que sería
si lo tuviera.
Y el buen hombre replica:
—Sería barrendero de Microsoft.
Moraleja 1. Internet no te soluciona la vida.
Moraleja 2. Si trabajas por tu cuenta y tienes
suerte, puedes ser millonario.
Moraleja 3. Si quieres ser barrendero de Microsoft,
es mejor tener e-mail.
Corolario. Si este mensaje te llega por e-mail,
es muy probable que estés más cerca de ser barrendero
de Microsoft que multimillonario.







enseñanza

El juicio:

Cuenta una antigua leyenda que en la
Edad Media un hombre muy virtuoso fue
injustamente acusado de asesinato. El culpable
era una persona muy influyente del reino, y por
eso desde el primer momento se procuró hallar
un chivo expiatorio para encubrirlo.
El hombre fue llevado a juicio y comprendió
que tendría escasas oportunidades de escapar a
la horca. El juez, aunque también estaba
confabulado, se cuidó de mantener todas las
apariencias de un juicio justo. Por eso le dijo al
acusado: “Conociendo tu fama de hombre justo,
voy a dejar tu suerte en manos de Dios:
escribiré en dos papeles separados las palabras
'culpable' e 'inocente'. Tú escogerás, y será la
Providencia la que decida tu destino”.
Por supuesto, el perverso funcionario había
preparado dos papeles con la misma leyenda:
“Culpable”. La víctima, aun sin conocer los detalles,
se dio cuenta de que el sistema era
una trampa. Cuando el juez lo conminó a tomar
uno de los papeles, el hombre respiró pro-,
fundamente y permaneció en silencio unos segundos
con los ojos cerrados. Cuando la sala
comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos
y, con una sonrisa, tomó uno de los papeles, se
lo metió a la boca y lo engulló rápidamente.
Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon.
—Pero, ¿qué ha hecho? ¿Ahora cómo diablos
vamos a saber el veredicto?
—Es muy sencillo —replicó el hombre—.
Es cuestión de leer el papel que queda, y sabremos
lo que decía el que me tragué.
Con refunfuños y una bronca muy mal disimulada,
debieron liberar al acusado, y jamás
volvieron a molestarlo.
“Por más difícil que se nos presente una
situación, nunca dejemos de buscar la salida, ni
de luchar hasta el último momento. En
momentos de crisis, sólo la imaginación es más
importante que el conocimiento”.
Albert Einstein








mejor

El problema:

Un gran maestro y un guardián
compartían la administración de un
monasterio zen. Cierto día el guardián murió,
y había que sustituirlo. El gran maestro reunió
a todos sus discípulos para escoger a quien
tendría ese honor. “Voy a presentarles un
problema —dijo—. Aquel que lo resuelva
primero será el nuevo guardián del templo”.
Trajo al centro de la sala un banco, puso
sobre este un enorme y hermoso florero de
porcelana con una hermosa rosa roja y señaló:
“Este es el problema”.
Los discípulos contemplaban perplejos lo
que veían: los diseños sofisticados y raros de la
porcelana, la frescura y elegancia de la flor...
¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál
era el enigma? Todos estaban paralizados. Después
de algunos minutos, un alumno se levantó,
miró al maestro y a los demás discípulos,
caminó hacia el vaso con determinación y lo
tiró al suelo. “Usted es el nuevo guardián —le dijo el gran
maestro, y explicó—: Yo fui muy claro, les dije
que estaban delante de un problema. No importa
qué tan bellos y fascinantes sean, los problemas
tienen que ser resueltos. Puede tratarse
de un vaso de porcelana muy raro, un bello
amor que ya no tiene sentido, un camino que
debemos abandonar pero que insistimos en
recorrer porque nos trae comodidades. Sólo
existe una forma de lidiar con los problemas:
atacarlos de frente. En esos momentos no podemos
tener piedad, ni dejarnos tentar por el
lado fascinante que cualquier conflicto lleva
consigo”.
Los problemas tienen un raro efecto sobre la
mayoría de nosotros: nos gusta contemplarlos,
analizarlos, darles vuelta, comentarlos... Sucede
con frecuencia que comparamos nuestros
problemas con los de los demás y decimos: “Su
problema no es nada... ¡espere a que le cuente el
mío!”
Se ha dado en llamar “parálisis por análisis”
a este proceso de contemplación e inacción. ¿Y la
solución?








vida

El televisor:

Mientras oraba antes de acostarse, un
niño pidió con devoción:
“Señor, esta noche te pido algo especial:
conviérteme en un televisor. Quisiera ocupar su
lugar. Quisiera vivir lo que vive la tele de mi
casa. Es decir, tener un cuarto especial para mí
y reunir a todos los miembros de la familia a mi
alrededor.
“Ser tomado en serio cuando hablo. Convertirme
en el centro de atención y ser aquel al
que todos quieren escuchar sin interrumpirlo ni
cuestionarlo. Quisiera sentir el cuidado especial
que recibe la tele cuando algo no funciona.
“Y tener la compañía de mi papá cuando
llega a casa, aunque esté cansado del trabajo. Y
que mi mamá me busque cuando esté sola y
aburrida, en lugar de ignorarme. Y que mis
hermanos se peleen por estar conmigo. Y que pueda divertirlos a todos, aunque a
veces no les diga nada. Quisiera vivir la sensación
de que lo dejen todo por pasar unos momentos
a mi lado.
“Señor, no te pido mucho. Sólo vivir lo que
vive cualquier televisor”.








Cortos

La felicidad es el camino:

Nos convencemos de que la vida será
mejor después de cumplir los 18 años,
después de casarnos, después de conseguir un
mejor empleo, después de tener un hijo,
después de tener otro...
Entonces nos sentimos frustrados porque
nuestros hijos no son lo suficientemente grandes,
y pensamos que nos sentiremos felices
cuando lo sean. Después nos lamentamos porque
son adolescentes difíciles de tratar; ciertamente,
nos sentiremos más felices cuando salgan
de esa etapa.
Nos decimos que nuestra vida será completa
cuando a nuestro(a) esposo(a) le vaya mejor,
cuando tengamos un mejor carro o una
mejor casa, cuando podamos ir de vacaciones,
cuando estemos retirados. La verdad es que no hay mejor momento que
este para ser felices. Si no es ahora, ¿cuándo?
Una de nuestras frases favoritas es de Alfred
de Souza: “Por largo tiempo parecía para mí que
la vida estaba a punto de comenzar, la vida de
verdad. Pero siempre había un obstáculo en el
camino, algo que resolver primero, algún asunto
sin terminar, tiempo por pasar, una deuda que
pagar; entonces la vida comenzaría. Hasta que
me di cuenta de que estos obstáculos eran mi
vida”.
Esta perspectiva nos ha ayudado a ver que no
hay camino a la felicidad: la felicidad es el
camino. Debemos atesorar cada momento, mucho
más cuando lo compartimos con alguien
especial, y recordar que el tiempo no espera a
nadie.
No espere hasta terminar la escuela, hasta
volver a la escuela, hasta bajar diez libras, hasta
tener hijos, hasta que los hijos vayan a la
escuela, hasta que se case, hasta que se divorcie,
hasta el viernes por la noche, hasta el domingo
por la mañana, hasta la primavera, el
verano, el otoño o el invierno, o hasta que
muera, para aprender que no hay mejor
momento que este para ser feliz. La felicidad es
un trayecto, no un destino.
Trabaja como si no necesitaras dinero, ama como
si nunca te hubieran herido y baila como si nadie
te estuviera viendo








cuento

La ranita sorda:

Un grupo de ranas viajaba por el bosque,
cuando de repente dos de ellas cayeron en un
pozo profundo. Las demás se reunieron
alrededor del agujero y, cuando vieron lo hondo
que era, le dijeron a las caídas que, para efectos
prácticos, debían darse por muertas. Sin
embargo, ellas seguían tratando de salir del
hoyo con todas sus fuerzas. Las otras les decían
que esos esfuerzos serían inútiles.
Finalmente, una de las ranas atendió a lo que
las demás decían, se dio por vencida y murió.
La otra continuó saltando con tanto esfuerzo
como le era posible. La multitud le gritaba que
era inútil pero la rana seguía saltando, cada vez
con más fuerza, hasta que finalmente salió del
hoyo. Las otras le preguntaron: “¿No
escuchabas lo que te decíamos?” La ranita les
explicó que era sorda, y creía que las demás
la estaban animando desde el borde a
esforzarse más y más para salir del hueco.
La palabra tiene poder de vida y de muerte.
Una voz de aliento a alguien que se siente
desanimado puede ayudarle a terminar el día,
mientras que una palabra negativa puede
acabar por destruirlo. Cualquiera puede decir
palabras que roben a los demás el espíritu que
les permite seguir la lucha en medio de
tiempos difíciles. Tengamos cuidado con lo que
decimos, pero sobre todo con lo que
escuchamos.







cortito

La gente que me gusta:

Primero que todo me gusta la gente que vibra,
que no hay que empujarla, que no hay que
decirle que haga las cosas, que sabe lo que hay
que hacer y lo hace en menos tiempo del
esperado.
Me gusta la gente con capacidad para medir
las consecuencias de sus actuaciones. La que no
deja las soluciones al azar.
Me gusta la gente estricta con su gente y
consigo misma, que no pierde de vista que
somos humanos y que podemos equivocarnos.
Me gusta la gente que piensa que el trabajo
en equipo, entre amigos, produce más que los
caóticos esfuerzos individuales.
Me gusta la gente que sabe la importancia de
la alegría.
Me gusta la gente sincera y franca, capaz de
oponerse con argumentos serenos y razonados a
las decisiones de su jefe.
Me gusta la gente de criterio. La que no
traga entero. La que no se avergüenza de reconocer
que no sabe algo o que se equivocó. Y
la que, al aceptar sus errores, se esfuerza
genuinamente por no volver a cometerlos.
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente
y de frente: a estos los llamo mis
amigos.
Me gusta la gente fiel y persistente que no
desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideales
se trata.
Me gusta la gente de garra, que entiende los
obstáculos como un reto.
Me gusta la gente que trabaja por resultados.
Con gente como esta me comprometo a lo
que sea, así no reciba retribución económica
alguna. Con haber tenido esa gente a mi lado,
me doy por recompensado.







Valores para vivir mejor... (Cuentos Cortos)

El águila que nunca fue:

Un guerrero indio encontró un huevo de
águila en el tope de una montaña, y lo puso
junto con los huevos que iban a ser empollados
por una gallina. Cuando el tiempo llegó, los
pollitos salieron del cascarón, y el aguilucho
también. Después de un tiempo, aprendió a
cacarear al escarbar la tierra, a buscar lombrices
y a subir a las ramas más bajas de los árboles,
exactamente como todas las gallinas. Su vida
transcurrió en la conciencia de que era una
gallina. Un día, ya vieja, el águila estaba
mirando hacia arriba y tuvo una visión
magnífica. Un pájaro majestuoso volaba en el
cielo abierto como si no necesitase hacer el más
mínimo esfuerzo. Impresionada, se volvió hacia
la gallina más próxima y le preguntó:
—¿Qué pájaro es aquel?
La gallina miró hacia arriba y respondió:
—¡Ah! Es el águila dorada, reina de los cielos.
Pero no pienses en ella: tú y yo somos de
aquí abajo.
El águila no miró hacia arriba nunca más y
murió en la conciencia de que era una gallina,
pues así había sido tratada siempre.
¿Qué tal si trata de descubrir su águila interior?







amor

Las metas:

Nadie alcanza la meta con un solo intento,
ni perfecciona la vida con una sola
rectificación, ni alcanza altura con un solo
vuelo. Nadie camina la vida sin haber pisado en
falso muchas veces.
Nadie recoge cosecha sin probar muchos sabores,
enterrar muchas semillas y abonar mucha
tierra. Nadie mira la vida sin acobardarse en
muchas ocasiones, ni se mete en el barco sin
temerle a la tempestad, ni llega a puerto sin
remar muchas veces.
Nadie siente el amor sin probar sus lágrimas,
ni recoge rosas sin sentir sus espinas. Nadie
hace obras sin martillar sobre su edificio, ni
cultiva amistad sin renunciar a sí mismo. Nadie
llega a la otra orilla sin haber hecho puentes
para pasar. Nadie deja el alma lustrosa sin
el pulimento diario de la vida.
Nadie puede juzgar sin conocer primero su
propia debilidad. Nadie consigue su ideal sin
haber pensado muchas veces que perseguía un
imposible. Nadie conoce la oportunidad hasta
que esta pasa por su lado y la deja ir. Nadie
encuentra el pozo del placer hasta caminar por
la sed del desierto.
Pero nadie deja de llegar, cuando se tienen
la claridad de un don, el crecimiento de la voluntad,
la abundancia de la vida, el poder para
realizarse y el impulso de sí mismo. Nadie
deja de arder con fuego dentro sin antes saber
lo que es el calor de la amistad. Nadie deja de
llegar cuando de verdad se lo propone.
Si sacas todo lo que tienes y confías en ti,
esfuérzate, ¡porque lo vas a lograr!










cuentos

Fortunas del campo:

Cierta vez un acaudalado padre de familia llevó
a su hijo a un viaje por el campo con el
firme propósito de que este viera cuán pobres
eran ciertas personas y comprendiera el valor
de las cosas y. lo afortunados que eran ellos.
Estuvieron un día y una noche en la granja de
una familia campesina muy humilde. Al concluir
el viaje, ya de regreso en casa, le preguntó
a su hijo:
— ¿Qué te pareció el viaje?
— ¡Muy bonito, papá!
— ¿Viste qué tan pobre y necesitada puede
ser la gente?
—Sí.
— ¿Y qué aprendiste?
—Vi que nosotros tenemos un perro en
casa, ellos tienen cuatro. Nosotros tenemos
una piscina de veinticinco metros, ellos un
riachuelo sin fin. Nosotros tenemos
lámparas importadas en el patio, ellos
tienen las estrellas. Nuestro patio llega
hasta el muro de la casa, el de ellos hasta el
horizonte. Especialmente, papá, vi que
ellos tienen tiempo para conversar y
convivir en familia. Tú y mi mamá deben
trabajar todo el tiempo y casi nunca los
veo.
El padre se quedó mudo y el niño
agregó:
—Gracias, papá, por enseñarme lo ricos
que podríamos llegar a ser.










Tolerancia

Las diferencias:

Los deseos primarios de toda persona son progresar
y ser feliz; muchos piensan que una forma
efectiva de lograr esos anhelos es la riqueza.
Así como hay personas pobres y ricas, hay
países con iguales características. La diferencia
entre unos y otros no está en el tiempo durante
el cual han sido habitados; así lo demuestran
casos como los de India y Egipto, que
albergaron grandes civilizaciones hace miles de
años y hoy en día son pobres. En cambio Australia
y Nueva Zelanda, que hace poco más de
ciento cincuenta años eran territorios casi deshabitados
y desconocidos, son ahora países desarrollados
y ricos.
La diferencia entre los países pobres y ricos
tampoco está en los recursos naturales con que
cuentan. Japón, por ejemplo, tiene un territorio
muy pequeño, del cual el ochenta por ciento
es montañoso, no apto para la agricultura ni
la ganadería; sin embargo, es una potencia
económica mundial que, a manera de inmensa
fábrica flotante, recibe materias primas y las
exporta, transformadas, a buena parte del planeta,
obteniendo de ello riqueza. Suiza no tiene
océano, pero cuenta con una de las flotas
navieras más grandes del mundo; no tiene cacao,
pero fabrica el mejor chocolate; en sus
pocos kilómetros cuadrados se pastorea y cultiva
sólo cuatro meses al año, ya que en los
demás las condiciones climáticas no son favorables,
pero produce los mejores lácteos de
toda Europa. Al igual que Japón, un país sin
recursos naturales que exporta bienes y servicios
de excelente calidad, Suiza es un país
pequeño cuya imagen de seguridad, orden y
trabajo lo ha convertido en la caja fuerte del
mundo.
Tampoco la inteligencia de las personas
marca una diferencia, como lo demuestran
muchos estudiantes de países pobres que emigran
a los paises ricos, logrando resultados excelentes.
Otro ejemplo son los ejecutivos de
paises ricos que visitan las fabricas de los paises
pobres, y al hablar con ellos nos damos
cuenta de que no hay diferencia intelectual.
Finalmente, tampoco la raza marca la diferencia:
tengamos presente que en los paises centroeuropeos
o nordicos, los llamados ¡§vagos del
sur¡¨ demuestran ser una fuerza productiva; no
asi en sus propios paises, donde nunca supieron
someterse a las reglas basicas que hacen grande
a una nacion. Lo que hace la diferencia,
entonces, es la actitud de las personas.
Al estudiar la conducta de los individuos en
los paises ricos se descubre que la mayor parte
de la poblacion sigue estas reglas, no importa el
orden que se discuta:
„« La moral como principio basico.
„« El orden y la limpieza.
„« La honradez.
„« La puntualidad.
„« La responsabilidad.
„« El deseo de superacion.
„« El respeto a la ley y los reglamentos.
„« El respeto al derecho de los demas.
„« El amor por el trabajo.
„« El afan de ahorro e inversion.

Necesitamos mas leyes? No, seria suficiente
cumplir y hacer cumplir estas simples reglas.
En nuestros paises latinoamericanos, y en el
resto de los paises pobres, solo una minima
parte de la poblacion las sigue en su vida diaria.
No somos pobres porque nos falten riquezas
naturales o porque la naturaleza haya sido cruel
con nosotros: simplemente carecemos del
caracter para cumplir estas premisas basicas y
elementales del funcionamiento social.








filosofia

El cometa Halley:

En este texto, ya muy conocido, se observan
los efectos de los memorandos (y la
necesidad de saber escribir).

MEMORANDO
De: Director general
A: Gerente
El viernes próximo, alrededor de las cinco de
la tarde, aparecerá el cometa Halley en esta
zona. Se trata de un evento que ocurre cada
78 años. Por favor, reúna a todos los trabajadores
en el patio de la fábrica, con cascos de
seguridad, que allí les explicaré el fenómeno.
Si estuviera lloviendo no podremos ver este
raro espectáculo a ojo descubierto; en tal caso,
todos deberán dirigirse al comedor, donde se
exhibirá un documental sobre el cometa.

MEMORANDO
De: Gerente
A: Director de recursos humanos
Por orden del director general, el viernes a las
cinco de la tarde aparecerá sobre la fábrica, si
llueve, el cometa Halley. Reúna a todo el personal
con casco de seguridad y llévelo al comedor,
donde tendrá lugar un raro fenómeno
que sucede cada 78 años a ojo desnudo.

MEMORANDO
De: Director de recursos humanos A:
Jefe de personal
A solicitud del director general el científico
Halley, de 78 años de edad, aparecerá desnudo
en el comedor de la fábrica el próximo viernes
a las cinco de la tarde usando un casco de seguridad, pues estará presentando un documental
sobre el problema de la lluvia, y el director
hará una demostración en el patio de la
empresa.

MEMORANDO
De: Jefe de personal
A: Jefe de turno
El viernes a las cinco de la tarde el director,
por primera vez en 78 años, aparecerá en el
comedor para firmar el documental “Halley
desnudo”, junto al famoso científico y su equipo.
Todos deben presentarse con casco de seguridad
porque el documental tratará de la
seguridad en condiciones de lluvia.

MEMORANDO
De: Jefe de turno A:
Jefe de brigadas
Todos, sin excepción, deben presentarse desnudos
con los agentes de seguridad de la fábrica
en el patio de la misma, este viernes a las
cinco de la tarde. El director vendrá acompañado
de Halley, un artista muy famoso, y su
grupo, que mostrarán el documental “Bailando
bajo la lluvia”. En caso de que en verdad
llueva, hay que irse al comedor con cascos de
seguridad. Esto ocurre cada 78 años.

AVISO EN LA CARTELERA
A todo el personal:
El viernes cumple 78 años el director general.
Por tal motivo se dará libre a todo el mundo,
sin excepción, para la fiesta que tendrá lugar
en el comedor a las cinco de la tarde con el
grupo Halley y sus Cometas. Todos deben ir
desnudos y usar condones de seguridad, porque
lloverá y se va a formar tremenda fiesta en
el patio de la fábrica.









vivir

Tanto para aprender:

Aprendí que la mayoría de las cosas por las que
me preocupo nunca suceden.
Aprendí que cada logro alguna vez fue considerado
imposible.
Aprendí que nada de valor se obtiene sin
esfuerzo.
Aprendí que la expectativa es con frecuencia
mejor que el suceso en sí.
Aprendí que aun cuando tengo molestias,
no necesito ser una molestia.
Aprendí que nunca hay que dormirse sin resolver
una discusión pendiente.
Aprendí que no debemos mirar atrás, excepto
para aprender.
Aprendí que cuando alguien aclara que se
trata de principios y no de dinero, por lo
general se trata de dinero.
Aprendí que hay que luchar por las cosas
en las que creemos.
Aprendí que las personas son tan felices
como deciden serlo.
Aprendí que la mejor y más rápida manera
de apreciar a otras personas es tratar de hacer
su trabajo.
Aprendí que los días pueden ser largos, pero
la vida es corta.
Aprendí que si tu vida está libre de fracasos,
es porque no has arriesgado lo suficiente.
Aprendí que es bueno estar satisfecho con lo
que tenemos, pero nunca con lo que somos.
Aprendí que podemos ganar un centavo en
forma deshonesta, pero que más tarde este nos
costará una fortuna.
Aprendí que debo ganar el dinero antes de
gastarlo.
Aprendí que debemos apreciar a nuestros
hijos por lo que son y no por lo que deseamos
que sean. Aprendí que el odio es como el ácido: destruye
el recipiente que lo contiene.
Aprendí que planear una venganza sólo permite
que las personas que nos hirieron lo hagan por
más tiempo.
Aprendí que las personas tienen tanta prisa por
lograr una “buena vida” que con frecuencia la
vida pasa a su lado y no la ven.
Aprendí a no dejar de mirar hacia el futuro;
que todavía hay muchos buenos libros para
leer, puestas de sol que ver, amigos que visitar,
gente a quien amar y viejos perros con quienes
pasear.
Aprendí que todavía tengo mucho que
aprender.










Valores

Auxilio en la lluvia:

Una noche, a las 11:30 p.m., una mujer
afroamericana de edad avanzada estaba
parada en el borde de una autopista de
Alabama bajo una fuerte tormenta. Su
automóvil se había descompuesto y
necesitaba desesperadamente que alguien la
llevara. Empapada, decidió hacerle señas al
próximo carro que pasara. A pesar de ser
una época de agudos conflictos raciales, un
joven blanco se detuvo a ayudarla, la llevó a
un lugar seguro y la puso en un taxi. La
señora, que parecía bastante apurada, anotó
la dirección del joven, le agradeció y se fue.
Siete días después, tocaron a la puerta de
la casa del joven. Para su sorpresa, era un
paquete a su nombre: un televisor de
pantalla gigante con una nota que decía: “Muchísimas gracias por ayudarme en la
autopista la otra noche. La lluvia anegó no
sólo mi ropa sino mi espíritu. Entonces
apareció usted. Gracias a usted, pude llegar al
lado de la cama de mi marido agonizante,
justo antes de que muriera. Dios lo bendiga
por ayudarme y por servir a otros desinteresadamente.
“Sinceramente, la señora de Nat King Cole”
No esperes nada a cambio y lo recibirás.









Paz

Recuerda a quienes sirves:

En los días en que un helado costaba mucho
menos, un niño de 10 años entró en un establecimiento
y se sentó en una mesa. La mesera
puso un vaso de agua enfrente de él.
— ¿Cuánto cuesta un helado con chocolate y
maní? —preguntó el niño.
—Cincuenta centavos —respondió la mujer.
El niño sacó la mano del bolsillo y examinó
las monedas.
— ¿Cuánto cuesta un helado solo? —volvió
a preguntar. Algunas personas esperaban mesa
y la camarera ya estaba un poco impaciente.
—Veinticinco centavos —dijo bruscamente.
El niño volvió a contar las monedas.
—Quiero el helado solo —dijo. La mesera le trajo el helado, puso la cuenta
en la mesa y se retiró. El niño terminó el helado,
pagó en la caja y salió. Cuando la mesera
volvió a limpiar la mesa, le costó tragar saliva
al ver que allí, ordenadamente junto al plato
vacío, había veinticinco centavos: su propina.
Jamás juzgues a alguien antes de saber por qué.









respeto

Los obstáculos en nuestro camino:

Un rey puso una gran roca en medio del
camino, obstaculizando el paso. Luego se
escondió para ver si alguien la retiraba.
Los comerciantes más adinerados del reino
y algunos cortesanos que pasaron simplemente
rodearon la roca. Muchos culparon al rey de
no mantener los caminos despejados, pero
ninguno hizo algo para retirar el obstáculo.
Entonces llegó un campesino que llevaba
una carga de verduras. La dejó en el piso y
trató de mover la roca a un lado del camino.
Después de empujar y fatigarse mucho, lo logró.
Mientras recogía su carga, encontró una
cartera en el piso, justo donde había estado la
roca. Contenía muchas monedas de oro y una nota del rey, indicando que esa era la recompensa
para quien despejara el camino.
El campesino aprendió lo que los otros nunca
entendieron.
Cada obstáculo presenta una oportunidad
para mejorar la propia condición. ¡Si alguna
vez cae, levántese y siga adelante!










moraleja

Matar la creatividad:

La creatividad, madre de la innovacion, es una
cualidad escasa que se apoya en el lobulo derecho
del cerebro, donde estan la intuicion, el arte y la
inspiracion. Sin embargo, los creativos tienen que
luchar permanentemente con los pragmaticos, los
¡logicos¡¨, los que tienen la experiencia. Estas son
algunas de las frases que se oyen cuando los
creativos disparan su chispa.
„« ¡No suenes¡¨.
„« ¡Ni lo suenes¡¨.
„« ¡No tenemos tiempo¡¨.
„« ¡El costo es muy alto¡¨.
„« ¡No es problema suyo¡¨.
„« ¡Es demasiado trabajo¡¨.
„« ¡!Oh no, esa idea otra vez, no!¡¨
„« ¡El argumento es valido, pero...¡¨
„« ¡Buena idea, pero no es factible¡¨.
„« ¡Deja de volar por las nubes y baja a la tierra¡¨.
„« ¡La gerencia va a tener problemas con esto¡¨.
„« ¡Por el momento, dejemos esa idea de lado¡¨.
„« ¡Estan acostumbrados a otra cosa¡¨.
„« ¡Exigiria un esfuerzo muy grande¡¨.
„« ¡Hasta ahora nos ha ido bien sin eso¡¨.
„« ¡Siempre lo hemos hecho asi¡¨.
„« ¡Se adelanta a su tiempo¡¨.
„« ¡No fue presupuestado¡¨.
„« ¡Es demasiado radical¡¨.
„« ¡Quedese en su lugar¡¨.
„« ¡Se reiran de nosotros¡¨.
„« ¡No muevan el bote¡¨.
„« ¡No van a aceptarlo¡¨.
„« ¡No se ha hecho nunca¡¨.
„« ¡No va a funcionar¡¨.
„« ¡!Otra vez los jovenes!¡¨
„« ¡No es rentable¡¨.










enseñanza

Dar y perder la vida:

Hace muchos años, cuando trabajaba como
voluntario en un hospital de Stanford, conocí
a una niñita llamada Liz, que sufría de una
extraña enfermedad. Su única oportunidad de
recuperarse era una transfusión de sangre de
su hermano de 5 años, quien había sobrevivido
a la misma enfermedad y había desarrollado
los anticuerpos necesarios para combatirla.
El doctor explicó la situación al hermano
de la niña, y le preguntó si estaría dispuesto a
darle su sangre. Yo lo vi dudar por un momento
antes de tomar un gran suspiro y decir:
“Sí, lo haré si eso salva a Liz”.
Mientras la transfusión se hacía, él estaba
acostado en una cama al lado de la de su hermana,
muy sonriente, mientras nosotros los
asistíamos y veíamos regresar el color a las mejillas
de la niña. De pronto el pequeño se puso
pálido y su sonrisa desapareció. Miró al doctor
y le preguntó con voz temblorosa: “¿A qué hora
empezaré a morir?”
No había comprendido al doctor: pensaba
que tendría que darle toda su sangre a su hermana.
Y aun así había aceptado.
Da todo por quienes amas. Ama como nunca
lo has hecho. No desprecies la amistad de tus
amigos. Vive cada día con fe, amor y paz.










mejor

Método para achicar la soberbia:

La soberbia es una forma particular de incapacidad
que suele afectar a gobernantes, directivos
y funcionarios, pero también a porteros,
dirigentes de gremios, empleados públicos y
casi todos los pobres mortales que se encuentran
de golpe con una escasa cuota de poder.
He aquí un consejo para no caer en la tentación
de la soberbia: diríjase a una zona rural
por la ruta que más le guste, desnúdese y espere
a que anochezca. Cruce entonces el alambrado
—con cuidado de no perder ninguno de los
atributos del poder— y camine hasta que sienta
que está en medio de la soledad más absoluta.
Una vez allí, levante la cabeza al cielo y mire
las estrellas. En ese instante, visto desde el
espacio, usted debe ser algo así como un
microbio sobre una pelota de fútbol.
Piense que está parado sobre un minúsculo
planeta que gira alrededor del sol, y que el sol es sólo una estrella pequeña entre los millones
de estrellas que está viendo y que forman nuestra
galaxia. Recuerde, además, que la nuestra es
una de millones de galaxias que hace millones
de años giran en el espacio.
Una vez que haya hecho esto, ponga los
brazos en jarra sobre la cintura, en actitud desafiante,
o adopte cualquier otra postura que le
parezca adecuada para expresar su inmenso
poder, e hinchando las venas del cuello, grite
con toda la voz que sea capaz de juntar en ese
momento: “¡Soy verdaderamente poderoso!”
Luego, espere el resultado. Si ve que algunas
estrellas se sacuden y titilan, no hay problema:
es Dios que, a veces, no puede aguantar la risa.
¿Ha notado que la soberbia y la envidia son dos
de los más frecuentes defectos de los humanos?
Esta lectura sólo nos pone al frente del universo.
¿Se quiere comparar con todos los humanos? La
humildad es una de las mejores cualidades de
los grandes hombres.










vida

El coleccionista de insultos:

En los días que corren es conveniente
cederle un espacio a esta alegoría
budista que transcribe Paulo Coelho
y que hará pensar a muchos.
Cerca de Tokio vivía un gran samuray, ya anciano,
que se dedicaba a enseñar el budismo zen
a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la
leyenda de que era capaz de vencer a cualquier
adversario. Cierto día un guerrero conocido por
su total falta de escrúpulos pasó por la casa del
viejo. Era famoso por utilizar la técnica de la
provocación: esperaba que el adversario hiciera
su primer movimiento y, gracias a su inteligencia
privilegiada para captar los errores,
contraatacaba con velocidad fulminante. El
joven e impaciente guerrero jamás había perdido
una batalla. Conociendo la reputación del viejo samuray, estaba allí para derrotarlo y aumentar
aún más su fama.
Los estudiantes de zen que se encontraban
presentes se manifestaron contra la idea, pero el
anciano aceptó el desafío. Entonces fueron
todos a la plaza de la ciudad, donde el joven
empezó a provocar al viejo. Arrojó algunas piedras
en su dirección, lo escupió en la cara y le
gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo
incluso a sus ancestros. Durante varias horas
hizo todo lo posible para sacarlo de casillas,
pero el viejo permaneció impasible. Al final de la
tarde, ya exhausto y humillado, el joven
guerrero se retiró de la plaza.
Decepcionados por el hecho de que su maestro
aceptara tantos insultos y provocaciones, los
alumnos le preguntaron:
—¿Cómo ha podido soportar tanta indignidad?
¿Por qué no usó su espada, aun sabiendo
que podría perder la lucha, en vez de mostrarse
como un cobarde ante todos nosotros?
El viejo samuray repuso:
—Si alguien se acerca a ti con un regalo y no
lo aceptas, ¿a quién le pertenece el regalo?
—Por supuesto, a quien intentó entregarlo
—respondió uno de los discípulos.
—Pues lo mismo vale para la envidia, la
rabia y los insultos —añadió el maestro—.
Cuando no son aceptados, continúan
perteneciendo a quien los cargaba consigo.
No culpemos a nadie por nuestros sentimientos: Nadie nos agrede o nos hace sentir mal:
somos los que decidimos cómo sentirnos, somos los únicos responsables de ellos. Eso es
lo que se llama asertividad.










Cortos

Los dos halcones:

Un rey recibió como obsequio dos pichones de
halcón y los entregó al maestro de cetrería para
que los entrenara. Pasados unos meses, el
instructor le comunicó que uno de los halcones
estaba perfectamente educado, pero que no
sabía qué le sucedía al otro: no se había movido
de la rama desde el día de su llegada a palacio,
e incluso había que llevarle el alimento hasta
allí.
El rey mandó llamar a curanderos y sanadores
de todo tipo, pero nadie pudo hacer volar al
ave. Encargó entonces la misión a miembros de
la corte, pero nada sucedió; por la ventana de
sus habitaciones, el monarca veía que el pájaro
continuaba inmóvil. Publicó por fin un bando
entre sus súbditos solicitando ayuda, y a la
mañana siguiente vio al halcón volar ágilmente
por los jardines.
—Traedme al autor de ese milagro —dijo.
En seguida le presentaron a un campesino.
—¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo lograste?
¿Eres mago, acaso?
Entre feliz e intimidado, el hombrecito explicó:
—No fue difícil, Su Alteza: sólo corté la
rama. El pájaro se dio cuenta de que tenía alas
y se lanzó a volar.
Así somos los seres humanos. Estamos atados
al pasado y al presente porque no nos hemos
dado cuenta de que tenemos el poder de volar y
buscar nuestro verdadero destino.
Algunos tienen el privilegio de que algún
acontecimiento rompa la rama de la costumbre,
de la seguridad. Sólo entonces se dan cuenta de
que son superiores a las circunstancias.
En muchas ocasiones lo tenemos todo y no logramos
vivir plenamente; quizá es necesario que
alguien nos corte la rama para que podamos
arriesgarnos al vuelo. A veces las cosas inesperadas
y que en principio parecen negativas son verdaderas
bendiciones.










cuento

Las tres rejas:

El joven discípulo de un filósofo sabio llegó a
casa de este y le dijo:
—Maestro, un amigo suyo estuvo hablando
de usted con malevolencia.
—¡Espera! —lo interrumpió el filósofo—.
¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a
contarme?
—¿Las tres rejas?
—Sí. La primera es la reja de la verdad. ¿Estás
seguro de que lo que quieres decirme es
absolutamente cierto?
—No; lo oí comentar a unos vecinos.
—Entonces al menos lo habrás hecho pasar
por la segunda reja, que es la bondad. Esto que
deseas decirme, ¿es bueno para alguien?
—No, en realidad no. Al contrario...
— ¡Vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es
necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
—A decir verdad, no.
—Entonces —dijo el sabio sonriendo—, si
no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo
en el olvido.
Cuántos malos ratos podríamos evitar si sometiéramos
a esas tres rejas todo lo que decimos...










cortito

La casa imperfecta:

Un maestro de construcción ya entrado en
años estaba listo para retirarse a disfrutar su
pensión de jubilación. Le contó a su jefe acerca
de sus planes de dejar el trabajo para llevar una
vida más placentera con su esposa y su familia.
Iba a extrañar su salario mensual, pero
necesitaba retirarse; ya se las arreglarían de alguna
manera.
El jefe se dio cuenta de que era inevitable
que su buen empleado dejara la compañía y le
pidió, como favor personal, que hiciera el último
esfuerzo: construir una casa más. El hombre
accedió y comenzó su trabajo, pero se veía a las
claras que no estaba poniendo el corazón en lo
que hacía. Utilizaba materiales de inferior
calidad, y su trabajo, lo mismo que el de sus
ayudantes, era deficiente. Era una infortunada
manera de poner punto final a su carrera.
Cuando el albañil terminó el trabajo, el jefe
fue a inspeccionar la casa y le extendió las llaves
de la puerta principal. “Esta es tu casa, querido
amigo —dijo—. Es un regalo para ti”.
Si el albañil hubiera sabido que estaba construyendo
su propia casa, seguramente la hubiera
hecho totalmente diferente. ¡Ahora tendría que
vivir en la casa imperfecta que había
construido!
Construimos nuestras vidas de manera
distraída, reaccionando cuando deberíamos
actuar, y sin poner en esa actuación lo mejor de
nosotros. Muchas veces, ni siquiera hacemos
nuestro mejor esfuerzo en el trabajo. Entonces
de repente vemos la situación que hemos creado y
descubrimos que estamos viviendo en la casa
que hemos construido. Si lo hubiéramos sabido
antes, la habríamos hecho diferente.
La conclusión es que debemos pensar como si
estuviésemos construyendo nuestra casa. Cada
día clavamos un clavo, levantamos una pared o
edificamos un techo. Construir con sabiduría es la única regla que podemos reforzar en nuestra
existencia. Inclusive si la vivimos sólo por un día,
ese día merece ser vivido con gracia y dignidad.
La vida es como un proyecto de hágalo-ustedmismo.
Su vida, ahora, es el resultado de sus actitudes
y elecciones del pasado. ¡Su vida de mañana
será el resultado de sus actitudes y elecciones
de hoy!









Valores para vivir mejor... (Cuentos Cortos)

El violin de Paganini:

Hubo un gran violinista llamado Paganini. Algunos
decían que era una persona extraña.
Otros, que había en él algo sobrenatural. Las
notas mágicas que salían de su violín tenían un
sonido diferente, y por eso nadie quería perder
la oportunidad de verlo tocar.
Una noche, el escenario estaba repleto de
admiradores preparados para recibirlo. La orquesta
entró y fue aplaudida. El director entró y
recibió una gran ovación. Pero cuando la figura
de Paganini surgió, triunfante, el público deliró.
El violinista se puso el instrumento en el
hombro, y lo que siguió fue indescriptible:
blancas y negras, fusas y semifusas, corcheas y
semicorcheas parecían tener alas y volar al toque
de aquellos dedos encantados. De repente, un sonido extraño interrumpió
el ensueño de la platea: una de las cuerdas del
violín de Paganini se había roto. El director
paró. La orquesta se calló. El público estaba en
suspenso. Pero Paganini no se detuvo.
Mirando su partitura, continuó extrayendo sonidos
deliciosos de su violín atrofiado. El director
y la orquesta, admirados, volvieron a
tocar.
Cuando el público se tranquilizó, de repente
otro sonido perturbador atrajo su atención.
Otra cuerda del violín se rompió. El director y
la orquesta pararon de nuevo, mas Paganini
continuó como si nada hubiera ocurrido. Impresionados,
los músicos volvieron a tocar.
Pero el público no podía imaginar lo que
iba a ocurrir a continuación. Todos los asistentes,
asombrados, gritaron un “¡oohhh!” que
retumbó por la sala: otra cuerda del violín se
había roto. El director y la orquesta se detuvieron.
La respiración del público cesó. Pero
Paganini seguía: como un contorsionista musical,
arrancaba todos los sonidos posibles de
la única cuerda que le quedaba al destruido
violín. El director, embelesado, se animó, y la
orquesta volvió a tocar con mayor entusiasmo.
El público iba del silencio a la euforia, de la
inercia al delirio.
Paganini alcanzó la gloria, y su nombre corrió
a través del tiempo. No fue apenas un violinista
genial, sino el símbolo del profesional
que continúa adelante aun ante lo imposible.
Cuando todo parece derrumbarse, démonos
una oportunidad y sigamos adelante;
despertemos al Paganini que existe en nuestro
interior. La celebridad es el arte de continuar
donde otros resuelven parar.







amor

Lo tuyo y lo mio:

Cuando la señora llegó a la estación, le informaron
que su tren se retrasaría aproximadamente
una hora. Un poco fastidiada, se compró
una revista, un paquete de galletas y una
botella de agua. Buscó un banco en el andén
central y se sentó, preparada para la espera.
Mientras ojeaba la revista, un joven se sentó
a su lado y comenzó a leer un diario. De
pronto, sin decir una sola palabra, estiró la
mano, tomó el paquete de galletas, lo abrió y
comenzó a comer. La señora se molestó un
poco; no quería ser grosera pero tampoco hacer
de cuenta que nada había pasado. Así que,
con un gesto exagerado, tomó el paquete, sacó
una galleta y se la comió mirando fijamente al
joven. Como respuesta, el joven tomó otra galleta
y, mirando a la señora a los ojos, se la llevó a la
boca. Ya enojada, ella cogió otra galleta y, con
ostensibles señales de fastidio, se la comió mirándolo
fijamente.
El diálogo de miradas y sonrisas continuó
entre galleta y galleta. La señora estaba cada
vez más irritada, y el muchacho cada vez más
sonriente. Finalmente, ella se dio cuenta de
que sólo quedaba una galleta, y pensó: “No
podrá ser tan caradura”, mientras miraba alternativamente
al joven y al paquete. Con mucha
calma el joven alargó la mano, tomó la galleta
y la partió en dos. Con un gesto amable,
le ofreció la mitad a su compañera de banco.
— ¡Gracias! —dijo ella tomando con rudeza
el trozo de galleta.
—De nada —contestó el joven sonriendo,
mientras comía su mitad.
Entonces el tren anunció su partida. La señora
se levantó furiosa del banco y subió a su
vagón. Desde la ventanilla, vio al muchacho todavía
sentado en el andén y pensó: “¡Qué insolente
y mal educado! ¡Qué será de nuestro
mundo!” De pronto sintió la boca reseca por el disgusto. Abrió su bolso para sacar la botella de
agua y se quedó estupefacta cuando encontró allí
su paquete de galletas intacto.
Cuántas veces nuestros prejuicios y decisiones
apresuradas nos hacen valorar erróneamente a
los demás y cometer graves equivocaciones. Cuántas
veces la desconfianza, ya instalada en nosotros,
hace que juguemos arbitrariamente a las
personas y las situaciones, encasillándolas en
ideas preconcebidas alejadas de la realidad.
Por lo general nos inquietamos por eventos que
no son reales y nos atormentamos con problemas
que tal vez nunca van a ocurrir.
Dice un viejo proverbio: “Peleando, juzgando
antes de tiempo y alterándose no se consigue
jamás lo suficiente; pero siendo justo, cediendo y
observando a los demás con una simple cuota de
serenidad, se consigue más de lo que se espera”.


Pronto Agregare las partes 2, 3 y posiblemente 4, ya que faltan cuentos muy buenos...!!!



cuentosTolerancia


filosofia
vivir
Valores
Paz
respeto

Fuentes de Información - Valores para vivir mejor... (Cuentos Cortos)

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6 comentarios - Valores para vivir mejor... (Cuentos Cortos)

@LogiTechnicK Hace más de 4 años +1
Muy bueno, lo unico qe si lo sacaste de alguna pag. de internet, pone fuente

PD: +10
@AFONTIVE Hace más de 4 años
Me sirvio para un deber de mi hija te dejo +5
@Juan0000 Hace más de 4 años
jojo muy groso!
@eddycrow Hace más de 3 años +1
Muy util, me ayudo con una reunión en el cual fue necesario recordar los valores que se deben vivir en la sociedad, si no seria molestia podrias colocar las reflexiones que faltan o mer podrias dar el título del libro por que me parece muy bueno bien gracias y bye