Open Door: Psiquiatrico del Horror

Hola gente bueno este post lo hago a raiz de aver visto un informe sobre este infame lugar llamado Open door es un hospital psiquiatrico, ubicado en lujan.
Resulta que en este hospial se ve el extremo descuido en los pacientes, es tanto asi que en el predio de la colonia que mide unas 600 hectareas se encontraron 4 cuerpos (supuestamente de pacientes del nosocomio) en estado de putrefaccion y hasta el dia de hoy todavia no se sabe la identidad de 3 de ellos ni el motivo de su defuncion, esto suponiendo que son las unas victimas de este macabro lugar, las autoridades no le dieron mayor importancia apesar de los cadaveres y del maltrato que reciben los internos.
Aqui un poco de info del tema.



Open Door es una localidad del partido de Luján, Provincia de Buenos Aires, Argentina.
Como muchos pueblos de la región pampeana, la llegada del ferrocarril, sentó las bases de la futura fundación del pueblo.
Open Door toma forma cuando a principios del s. XX se inaugura la "Colonia Nacional Psiquiátrica Domingo Cabred", que con su sistema terapéutico de "Puertas Abiertas", le da el nombre a la localidad. Posteriormente se produjo el primer loteo en un campo cercano a la colonia y frente a la estación, instalándose en el lugar una importante colonia de inmigrantes españoles y polacos.
En 1950 se lotean los campos de los Ritacco, vendidos por el rematador Luchetti, dándole un nuevo impulso al pueblo que, en la actualidad ha cobrado nuevos ímpetus con la instalación de distintas urbanzaciones y emprendimientos privados.


Open Door: Psiquiatrico del Horror

Aqui unas imagenes del lugar:

Muerte

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Lujan

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Door

Open Door: Psiquiatrico del Horror

aqui se puede observar el descuido que reciben los internos... y nadie hace nada.

Ahora les dejo algunas documento y notas periodisticas sobre este lugubre sitio:


Horror en la Clínica Open Door


Muchos colonenses pasan a menudo por frente de la Colonia Open Door ignorando que a pocos metros de su auto se desarrolla un terrible drama.

En el 2004, incluso se envió desde Colón a un anciano del cual no se sabía la identidad . En la localidad de Open Door, partido bonaerense de Luján, si uno pregunta dónde se puede asistir a una persona con problemas psiquiátricos la respuesta es “allá, en el Cabred”.

La mención hace referencia al Hospital Interzonal Colonia “Dr. Domingo Cabred”, donde efectivamente se asiste a 1.250 pacientes con distintas afecciones mentales, más otros 900 que lo hacen a través de los consultorios externos, aunque a ese número habría que restarle más de 300 pacientes que entre enero y abril de este año desaparecieron y sobre los cuales nadie sabe bajo qué circunstancias.

Tampoco se sabe si están vivos o muertos y, lo que es peor aún, no se habría realizado ninguna denuncia sobre estas desapariciones a las autoridades competentes. En ese mismo lapso se habrían encontraron los cadáveres de cinco personas (aunque podrían llegar a nueve) en el predio donde está instalada la Colonia, cuyo deceso está siendo investigado por la Policía científica de General Rodríguez. Hasta el momento no hay ningún resultado oficial de la investigación.

Las autoridades se rehúsan a hablar del tema y explicar bajo qué circunstancias se dieron estas desapariciones. En realidad, tampoco hablan de desapariciones sino de fugas. Al menos así se supo por declaraciones de Julio Acedo, secretario General de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) seccional Luján, que además trabaja en el Cabred: “Ellos dicen que son fugas.

Pero la fuga es cuando el paciente aparece en la casa, en la vía pública o en otro lado. Por eso nosotros decimos que son de- sapariciones, porque todavía no consta que hayan vuelto, que hayan sido encontrados o que hayan aparecido en sus hogares”.

La primera información que se obtuvo fue de 140 pacientes desaparecidos desde el 26 de enero hasta el 15 de abril de este año, aunque tal como confirmó Acedo y a pesar del silencio de las autoridades, la Dirección del Hospital maneja un listado en el que constan 315 desapariciones entre el 1° de enero y el 30 de abril de 2005: 80 personas desaparecidas por mes, casi 3 por día. “El Director tiene un informe del 1° de enero al 30 de abril, según el cual son 315 las personas desaparecidas”, confirmó el dirigente.

Se presume tráfico
de órganos

En Luján no es la primera vez que se habla del tema, y estos últimos datos instalaron aún más las sospechas de un posible tráfico de órganos, cuestión sobre el cual las autoridades tampoco accedieron a dar explicaciones. Si bien el dirigente de ATE sostuvo que “para una ablación de órganos se necesitan elementos muy complejos, como quirófano y personal especializado, por lo que en la Colonia es imposible hacerlo”, las desapariciones -y no fugas- no hacen más que abonar la posibilidad de la existencia de tráfico de órganos.

El traslado y la posterior ablación en otro lugar fue investigado en otras oportunidades como un modus operandi utilizado por ciertas bandas dedicadas a este ilícito. En cuanto a los cadáveres que se encuentra investigando la Policía Científica, Acedo sostuvo que “son restos óseos que los ha deteriorado el tiempo”. “Han sido víctimas de alimañas. Lo que pasa es que el predio son 640 hectáreas de las cuales 180 son un monte casi inexpugnable.

Entonces se pueden perder ahí dentro, se desorientan y mueren, puede ser por patologías clínicas como cardiopatías”. Un pedido de informes elevado desde la Legislatura bonaerense al Poder Ejecutivo provincial sostiene en sus fundamentos la aparición de nueve cadáveres de pacientes en distintas zonas de la Colonia Cabred que, en muchos casos, no aparecieron los órganos. Y establece la presunción de que “nos podríamos encontrar ante un caso de tráfico de órganos”.

“Macabro” es el adjetivo con el que puede describirse a esta altura la situación del Hospital Interzonal Colonia “Dr. Domingo Cabred”: Más de 300 desaparecidos en cuatro meses, cadáveres hallados en distintas zonas del Establecimiento, decesos producidos por alimañas, pacientes que se pierden, “se desorientan y se mueren”.

A este panorama hay que sumarle que entre los 1.250 no sólo hay pacientes con necesidades de atención psiquiátrica, sino que también los hay que son portadores del virus VIH-Sida, e incluso enfermos con prontuarios y causas penales.

Los psiquiátricos junto con los portadores de VIH y los que tienen causas por distintos delitos se encuentran en los mismos pabellones sin ningún tipo de barrera de contención sanitaria. Esto, sumado a la promiscuidad que hay entre los pacientes del neurosiquiátrico, pone a la población de los internos en serio riesgo. Según consideró Acedo, la situación es un potencial foco de propagación de distintas enfermedades, no sólo de VIH.

Provoca ciertos interrogantes que no hayan querido hablar las autoridades de la Colonia. Y no es porque desconozcan el tema, como tampoco lo desconocen las autoridades del Gobierno provincial, sobre todo del Ministerio de Salud, desde donde surgió la recomendación de no hablar con la prensa.

Difícil es creer también que esta situación -que no es nueva- le pase desapercibida a las áreas de Derechos Humanos, porque en definitiva se trata de una situación que ocurre en un hospital público, institución en la que el paciente debe gozar del derecho a una atención digna y, de no ser así, el reclamo y la defensa de esos derechos debe ser inmediata.(Prensa Clave)


Fuente!


Luján: Encontraron tres cadáveres sin tórax en el Open Door

El periódico El Ciudadano de Luján publicó el sábado pasado las imágenes de los tres cuerpos hallados en una zona anegada de las 600 hectáreas que pertenecen al Open Door.

El director del diario, Osvaldo Cabral, explicó a 24CON que fuentes que prefirió no divulgar encontraron los restos óseos y pudieron corroborar que están incompletos.
“Cerca de la ruta 6 encontraron 3 cuerpos y en dos de ellos falta el tórax, están las extremidades, la cadera, clavículas y cráneo; en el otro cuerpo está decapitado pero la cabeza se encontró alejada unos metros” explicó Cabral y continuó “radicamos la denuncia en la fiscalía de Luján y ellos tendrán que investigar”.

No es la primera vez que en el Cabred aparecen cuerpos, desde el hospital explicaron que muchas veces es la forma de encontrar a un paciente perdido, “a veces encontramos un fémur o parte de un cráneo. El año pasado tuvimos 27 fugas reales” apuntó el director del neuropsiquiatrico, Dr Julio Dunogén, quién además aclaró sobre el reciente hallazgo que se trató de restos y no cadáveres: “son sólo huesos que datan de hace 15 o 20 años. Cadáver tiene que ser reciente, esto no es de un paciente nuestro. Nosotros trabajamos para que en nuestra gestión no sucedan estas cosas, que no se escape nadie, pero no podemos responder por restos óseos de hace tanto. Pueden ser de un vagabundo que quedó perdido en ese monte, que es impenetrable, o hasta pueden haberlos traído o tirado ahí, eso lo investigará la justicia”.


Muerte

psiquiatrico

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Un paciente psiquiátrico internado en Open Door murió atacado por perros: graves acusaciones
Le devoraron el cuello, los testículos y los brazos mientras caminaba por el parque de la colonia “Domingo Cabred”


Un paciente psiquiátrico murió tras ser atacado por perros salvajes que le devoraron el cuello, los testículos y brazos, mientras deambulaba por el parque de la colonia "Domingo Cabred", de Open Door.
El incidente ocurrió el martes pasado, alrededor de las 22, cuando por circunstancias que se investigan perros salvajes que merodeaban el predio del hospital atacaron a uno de los internos en la zona de los pabellones de geriatría, propinándole heridas mortales.

A raíz de las mordeduras, que le arrancaron parte del cuello, los testículos y los brazos, el hombre fue trasladado al Hospital Vicente López y Planes, de General Rodríguez, donde quedó internado y murió al día siguiente.

Fuentes policiales confirmaron que el deceso del paciente se produjo al otro día, el miércoles, a las 14.30, como consecuencias de las "feroces mordeduras" que le perpetró la jauría de perros.

Médicos del equipo forense de General Rodríguez practicaron ayer la autopsia al cuerpo de la víctima, identificada por la policía como Guillermo Quinionero, de 58 años, y residente en la colonia desde 2001.

Las pericias revelaron que el cuerpo del paciente presentaba "mordeduras múltiples e importantes desgarraduras en cuello, testículos y en los miembros superiores"


Fuente!



Documento america Open Door


link: http://www.youtube.com/watch?v=1M0yKv4uWQ8



esto no es de creer pero es verdad, como pueden ocurrir estas aberraciones y nadie hacer nada.

Comentarios Destacados

@TitaMerelloX +20
lecadavre dijo:Lujan la media orgia!


Nunca falta un descerebrado... y esta gente encima vota

17 comentarios - Open Door: Psiquiatrico del Horror

@lecadavre -44
desaparicion
la media orgia!
@Barcalecks_20 +9
por pelotudos como vos , nos quitan el derecho de comentar
@Lucianog -5
se parece a la estación de constitución!
@Lucas_Bayern +2
Yo soy de Colón ,y la verdad que es horrible eso ,dos por tres cuando pasas por ahi ,se te cruzan los internos
@Floyd12 +1
interesante info, buen post
@luz_negra -15
Lucas_Bayern dijo:Yo soy de Colón ,y la verdad que es horrible eso ,dos por tres cuando pasas por ahi ,se te cruzan los internos

yo tambien soy de colón, mereciamos ganarle a all boys jaaja
@mispiesdefuego +5
El caso Giubileo.

La doctora Cecilia Enriqueta Giubileo, una psiquiatra de 39 años que trabajaba en la Colonia Open Door, situada en Torres, cerca de Luján, Provincia de Buenos Aires, fue vista por última vez la medianoche del domingo 16 de junio de 1985, cuando un enfermero y un paciente cruzaron algunas palabras con ella.

Luego, el único que la vio fue su asesino.

La desaparición de la doctora Giubileo, más allá de especulaciones e hipótesis, cosechó un espeso e impenetrable misterio.

La Colonia Open Door

A comienzos del siglo XX, un precursor de la psiquiatría argentina, el doctor Domingo Cabred, tuvo un sueño humanista, propio de aquel país que apostaba al futuro y donde se levantaban, casi de un día para otro, grandes edificios públicos, estaciones ferroviarias, puentes, teatros. Cabred fundó un asilo para albergar y curar a enfermos mentales pobres, que se hacinaban en hospitales que no estaban preparados para atenderlos o, a veces, en cárceles. El proyecto del doctor Cabred comenzó a hacerse realidad en 1906 y se inauguró oficialmente en 1915.

Cuando sucedieron los hechos, el manicomio –cuyo nombre oficial era Instituto Neuropsiquiátrico Dr. Domingo Cabred, pero al que se conocía como Colonia Montes de Oca o Colonia Open Door– ocupaba 600 hectáreas en las cercanías de un pueblo llamado Torres, en las inmediaciones de Luján, 80 kilómetros al oeste de la ciudad de Buenos Aires.

No mucho tiempo atrás, Torres había sido un apeadero en el que se detenían algunos trenes para cargar y descargar tarros de leche y correspondencia. En 1985, tenía 1500 habitantes, varios centenares de los cuales prestaban servicios en Open Door. Familias enteras trabajaban en la colonia o realizaban tareas externas para esa institución. Algunos habían heredado el puesto del padre y hasta del abuelo.

Open Door era un mundo autosuficiente. Erigido en terrenos altos y fértiles, contaba con granjas, criaderos de aves, talleres. Por lo demás, a Torres, un típico pueblo de la llanura, lo rodeaban estancias y haras donde se criaban esos caballos argentinos de polo que son célebres en el mundo entero.

Open Door, que quiere decir "puerta abierta", albergaba a 1200 deficientes mentales, distribuidos en 12 pabellones alrededor de un gran edificio central, especie de castillo normando. Los pabellones estaban separados por caminos y arboledas que sombreaban casi un tercio del predio. Hasta había una laguna.

Open Door fue concebido como un asilo abierto, en el que la paz de la naturaleza atenuara el dolor. Pero no era eso.

Era una sucursal del infierno.

"Me llamo Cecilia Giubileo"

Nació en 1946. Estudió medicina en la Universidad Nacional de Córdoba, en los trepidantes años sesenta. Militó en la izquierda, participó en huelgas y movilizaciones. El Cordobazo, en 1969, la vio entre los estudiantes que gritaban consignas en las calles de La Docta.

Cecilia se enamoró de un muchacho llamado Pablo Chabrol. En 1972 se casaron y se fueron a vivir a España; se radicaron en Gijón, donde Cecilia trató de revalidar sus estudios. Pero el intento duró poco. Menos de un año. El matrimonio fracasó. Ella volvió y, ya definitivamente separada, se concentró en la facultad.

En 1973, la Universidad Nacional de Córdoba le entregó su diploma de médica. Residió un tiempo en Campana, donde se empleó en una clínica metalúrgica, y en 1974, cuando entró a trabajar en Open Door, se afincó en Luján. Alquiló una casa en la calle Humberto I, y un consultorio en Torres. Aquí, una placa en la calle Calderón de la Barca 770 anunciaba su nombre y su especialidad: "Clínica médica".

Cecilia Giubileo vivía sola.

La doctora era querida tanto en Luján, una pujante ciudad del oeste bonaerense, capital del catolicismo argentino, como en Torres. Trabajar en Open Door, en estrecho contacto con el dolor, era una opción humana, además de profesional. No siempre cobraba las consultas a sus pacientes particulares, algunos de los cuales no tenían con qué pagarle. En su tiempo libre, la doctora investigaba sobre el mal de Chagas; quizá planeaba un doctorado.

Cecilia era una mujer hermosa. Había teñido de rubio su pelo oscuro. Delgada –pesaba 51 kilos–, de boca sensual y ojos intensos, su risa era luminosa. Cuando desapareció, el periodismo hurgó en su vida sentimental. No fue difícil: en Luján y en Torres, todos se conocían.

Cecilia había vivido varias relaciones intensas. Con un médico de Campana que le llevaba algunos años; con un contador público de la Capital con quien, al momento de desaparecer, había cortado. Con otro médico, un colega de Open Door; con él, trazó planes.

La doctora había hecho inversiones: compró dieciséis hectáreas en la Sección Primera del Tigre. Según versiones, con el colega abrieron un plazo fijo a orden conjunta. La investigación escudriñó incluso sus amistades femeninas: enfermeras, empleadas de la colonia. Algunos medios insinuaron que no estaba definida la orientación sexual de la doctora. Una de sus amigas se indignó: "Si la ven con un hombre, hablan. Si tiene una amiga, hablan. Entonces, ¿una qué tiene que hacer, andar sola?"

La única confidente de Cecilia Giubileo era su madre, María Lanzetti, entonces de 60 años, viuda, que vivía en Córdoba. Las cartas que Cecilia le enviaba eran como un diario personal. Un semanario de Buenos Aires publicó algunos fragmentos. En uno de ellos, la doctora Giubileo se confesaba: "Quiero tener un hijo, formar un hogar... esperar a mi marido cuando llega del trabajo. Quiero y no puedo. No sé qué me pasa. No aguanto. Siento que me despedazo".

La doctora Giubileo estaba de guardia el domingo 16 de junio de 1985, junto con otros dos profesionales. Llegó a la colonia desde Torres manejando su Renault 6 blanco. Firmó el libro de entradas a las 21.38. El tiempo era horrible: frío y húmedo. Al atardecer había bajado una neblina extraña, como un tul.

Los médicos de guardia permanecían en uno de los edificios del predio, llamado Casa Médica, y se trasladaban a los pabellones cuando algún interno lo requería. Aquella noche, la doctora Giubileo trató a un paciente con bronquitis y fiebre alta. Luego atendió el papeleo de unos familiares que vinieron a llevarse el cuerpo de una interna, fallecida por la tarde.

A las 0.15 –ya era lunes 17–, un enfermero de apellido Novello se cruzó con Cecilia Giubileo:

–¿Alguna novedad, doctora?

–Vengo del pabellón 7 –contestó Cecilia–. Atendí una urticaria gigante.

La doctora vestía un jogging azul, con vivos claros, campera celeste y zapatillas blancas. El pabellón 7 estaba a unos quinientos metros de la Casa Médica y la doctora había hecho el itinerario a pie. Pero Cecilia no fue y volvió sola: un paciente llamado Miguel Cano la había ido a buscar y la acompañó de regreso. Aquella noche, el conmutador telefónico de la colonia no funcionaba. Los senderos estaban bien iluminados, con luces de mercurio.

Las pistas

Amaneció el 17 de junio. La colonia se despertó a la luz lechosa de ese lunes. Seguía el mal tiempo. En el estacionamiento, aún estaba el Renault de la doctora Giubileo. Fueron a buscarla, pero el dormitorio estaba vacío y la cama, sin tender. En la mesa de luz sólo encontraron un par de zapatos marrones con puntera beige. No estaba su bolso ni su maletín médico. ¿Salió del predio? ¿Alguien entró a visitarla?

Al cabo de unos días, los amigos y allegados de Cecilia, alarmados, hicieron la denuncia en la comisaría de Torres, donde quedó asentada como "búsqueda de paradero". La policía comenzó a reconstruir los movimientos de la doctora durante aquella noche. Pero todo terminaba cuando la doctora le había dicho al paciente que la había acompañado desde el pabellón 7 hasta la Casa Médica: "Andá tranquilo. Yo voy a descansar un rato".

Luego no se la vio más. No pasó nada extraño entre la noche del domingo 16 y el lunes 17 de junio de 1985 en la Colonia Open Door. Sin embargo, la doctora Giubileo se había esfumado.

Comenzó la lenta y penosa investigación sobre el paradero de Cecilia Giubileo, conducida por el juez federal doctor Héctor Heredia. De pronto, ante los ojos asombrados de los internos, la colonia fue invadida por inesperados visitantes. Jaurías de perros adiestrados husmearon los rincones. Un helicóptero sobrevoló el lugar buscando huellas. La policía se internó en túneles jamás explorados. Se revisaron sótanos y altillos con polvo de siglos. Las brigadas rastrillaron cada centímetro del predio. Se abrieron dos pabellones clausurados.

La familia de Cecilia, para activar la causa, contrató a un abogado, el doctor Marcelo Parrilli, quien señaló un dato extraño: la doctora había cargado el tanque del Renault el domingo por la tarde. Sin embargo, cuando lo revisaron frente a la Casa Médica, no tenía ni una gota de nafta. Otro dato llamativo: el paciente que fue a buscar a la doctora a la Casa Médica y la acompañó al pabellón 7 había visto salir un furgón funerario. Lógico: se llevaba el cuerpo de la paciente muerta. Pero también vio un coche negro con las ventanillas delanteras y traseras cerradas. Y la funeraria no sabía nada de ese coche.

El personal de la colonia fue interrogado minuciosamente. Pero los pacientes, esos mil doscientos pares de ojos, eran testigos mudos: muchos de ellos no podían expresarse. Y si lo hacían, ¿se podía confiar en la palabra de esos enfermos? El caso Giubileo encerró una paradoja: los que podían hablar, no sabían. Los que, quizá, supieran algo, no podían hablar.

La conexión política

Se hurgó en la vida sentimental de la médica, lógicamente agitada por tratarse de una mujer joven, hermosa y libre. Pero todos los involucrados soportaron la investigación sin que pudiera acusarse a nadie.

Cecilia Giubileo trabajaba, había empezado a practicar taekwondo, estudiaba canto y participaba en un coro de Luján. Tenía amistades en Torres, donde visitaba a una persona mayor conocida como "la abuela Bellido", una anciana muy querida en el pueblo y que era para Cecilia como una segunda madre. A veces visitaba a la doctora una ahijada de ocho años que solía quedarse a dormir. Esa noche debió haber ido la niña, pero Cecilia la hizo desistir. ¿Significaba algo todo esto?

¿Tenía que ver el pasado tormentoso del país con la desaparición de la doctora Giubileo? Se especuló con ello. Pablo Chabrol, su ex marido, no registraba antecedentes políticos, pero dos hermanos de él habían militado en el ERP y estaban en las listas de desaparecidos de la Conadep. El suegro, Pablo Pedro Chabrol, molestó a los militares con sus incansables gestiones para averiguar el paradero de sus dos hijos, por lo que también él fue detenido y castigado.

Pero la conexión política no avanzó porque no pudo hallarse una relación entre estos sucesos y la misteriosa desaparición de Giubileo.

Otras hipótesis tampoco prosperaron: se dijo que Cecilia pudo haber sido secuestrada para pedir un rescate. En su casa de la calle Humberto I, guardados en una caja de maicena, se encontraron 3.000 dólares, sus ahorros. Pero nadie pidió rescate. La posibilidad de que algún paciente de la colonia la hubiese atacado fue desinflándose: ¿era plausible que un deficiente mental planeara un crimen con tanta precisión? Los más insólitos rumores se desataron: se dijo que Cecilia había sido vista cuando entraba en un castillo en Lobos; también mientras caminaba por una calle de Tucumán o de Trelew...

El factor Menguele

Poco a poco, el verdadero rostro de Open Door salió a relucir: había tráfico de órganos, se utilizaban enfermos como cobayos para experimentar nuevas drogas. La corrupción reinaba en un hospital en el que el 85% de los pacientes no habían sido visitados por nadie durante el último año, según reveló un estudio realizado por la socióloga Silvia Balzano, del Conicet, mucho después.

La desorganización, el caos administrativo y la desidia hacían de Open Door un depósito de cobayos. Las evidencias eran abrumadoras: cuando se renovó el mobiliario se sobrefacturó la compra. ¡El Estado pagó por 25.000 sábanas, pero sólo ingresaron unas pocas!

La encuesta judicial, pero sobre todo las investigaciones de la prensa, perforaron las complicidades oficiales y la opinión pública.

Miles de pacientes habían pasado por la colonia sin que se registrara su alta o defunción. En el sumario interno, el director de la colonia alegaba que los pacientes solían escaparse. Pero uno de los "huidos" era parapléjico. ¿Por qué la tasa de mortalidad era tan alta? ¿Se realizaban en Open Door extracciones de córneas? ¿Se traficaba con plasma, que en aquella época se vendía a 60 dólares el litro? ¿Eran los mil doscientos pacientes de Open Door donantes involuntarios? ¿Se vendían riñones, hígados, córneas, de pacientes (¡vivos!) por quienes nadie protestaría? Cuarenta años antes, el doctor Menguele había hecho eso... en Auschwitz.

La conexión de este infierno con la doctora Giubileo no tardó en instalarse en la opinión pública. Si en su vida privada no se encontraban motivos para su asesinato, sólo había que sumar dos más dos: Cecilia había metido la nariz en un turbio mundo ilegal.

Se abrió un sumario por las irregularidades de la colonia, que incluían maltrato sexual hacia las enfermas y sospechas de rufianismo. Pacientes de Open Door habían quedado embarazadas y hubo apropiación de los recién nacidos.

Algunos periodistas que investigaban el caso, como Enrique Sdrech, fueron amenazados. La BBC destacó un equipo encabezado por Bruce Harris, que realizaba una investigación sobre el tráfico mundial de órganos. Más de media hora de ese documental trataba sobre la siniestra realidad de la colonia. La repercusión de este programa de TV fue enorme. El Dr. Florencio Eliseo Sánchez, director del instituto, fue inculpado y detenido. Murió en la cárcel, sin haber revelado ningún dato que aclarara el misterio.

Una de las tantas preguntas sin respuesta es la siguiente: ¿por qué no se dragó el lecho de la laguna de Open Door? ¿Yacía en su fondo el cuerpo de la médica?

Noticias sobre el infame tráfico de órganos han aparecido muchas veces en estos últimos veinte años. Cecilia Enriqueta Giubileo permanece desaparecida. Nadie fue inculpado por su presunta muerte.
@TitaMerelloX +20
lecadavre dijo:Lujan la media orgia!


Nunca falta un descerebrado... y esta gente encima vota
@hipergarchax +4
Es indignante las mierdas que hace el pais por los psicopatas
Aunquesea que les respeten carajo
@GonzaloMatcovich
Que mierda de lugar xdios que dolor no hay justicia en esta mierda de paisssssssss
@waichankein -2
SI ES UNA MIERDA ANDATE
@Zavijah +8
Amanecer en Open Door,
legal crucifixión del ser.
Sin tener familiares
que vengan a reclamarme.
Sin visitas, dice el doctor.
Es terminal Alopidol.
Solo estoy viendo amanecer.

IORIO GROSO!