Que linda noche para lamer a un sapito!

Seguramente, alguna vez escuchaste o leíste que existen especies de sapos que al lamerlos lo llevan a uno a la luna, debido ciertas sustancias que despiden a modo de defensa.


link: http://www.youtube.com/watch?v=ytM9VFsn3zo

Pero, esto es cierto? Dicen que los drogadictos norteamericanos han encontrado una nueva y peculiar forma de “viajar”: lamiendo sapos. O, mejor aún, fumando un extracto de sus secreciones.

La historia comenzó cuando alguien supo que las sustancias tóxicas segregadas a través de sus glándulas cutáneas por ciertas especies de esos batracios y que les sirven como protección contra depredadores, tienen efectos alucinógenos. De ahí, aquel anónimo innovador pasó a la idea de que si ingería esos compuestos, podría tener un “viaje”. Hizo una prueba —bastante peligrosa por cierto—, logró lo que esperaba, le gustó, se lo contó a sus amigos, y de ahí nació la moda del “toad licking”, que puede traducirse como “lamer sapos”.

Esa práctica, sin embargo, resulta muy riesgosa por la posibilidad de una grave intoxicación, así que pronto surgió una variante: estimular a los sapos —molestándolos o asustándolos— para que al sentirse en peligro produzcan abundantes secreciones, las cuales se recogen, se calientan a fin de inactivar sus componentes venenosos, se dejan secar y finalmente se fuman mezcladas con tabaco, aunque no faltan quienes para intensificar sus efectos las combinan con mariguana.

En cualquier caso, ya sea lamiendo o inhalando, se experimentan alucinaciones, alteraciones en las sensaciones visuales, táctiles, olfativas y auditivas, disociación mental, euforia —la cual puede ser seguida por depresión— y otros cambios mentales. Todos esos efectos se deben a la bufotenina, un compuesto que los químicos conocen con el largo y complicado nombre de N-dimetil-5-hidroxitriptamina, el cual se encuentra en los exudados de varias especies de sapos ++incluso uno, el Bufo marinus, que tenemos en la península++ así como en algunas plantas de Sudamérica.

El sapo que usan los adictos norteamericanos para estos menesteres es el que los biólogos denominan Bufo alvarius y se distribuye por una amplia región del suroeste de Estados Unidos, parte de Baja California y los estados de Sonora y Sinaloa en el noroeste de México. Habita principalmente el desierto —por ello popularmente se le llama sapo del desierto—, pero también prospera en zonas de pastizales y bosques ralos.

La práctica de lamer sapos o de fumar sus secreciones, ha puesto a la justicia norteamericana en una difícil situación. Poseer esos animales no constituye un delito. Pero consumir la bufotenina o extraerla para usarla como narcótico sí lo es. El problema legal, entonces, es demostrar que el propietario de uno de esos bichos lo usa con fines de drogadicción y no lo tiene simplemente como mascota.

Este es el llamado sapo del desierto, Bufo alvarius en la clasificación científica, cuyas secreciones usan como alucinógeno los adictos norteamericanos.

Pero ese es problema de la DEA y de los jueces. Si logran resolverlo o no, es asunto suyo. En cambio, sí parece haberse aclarado aquel episodio que recurrentemente se menciona en los cuentos de hadas en que una bella y melancólica princesa le da un beso a un sapo y éste, mágicamente, se transforma en un apuesto y elegante príncipe. En realidad, lo que debe haber ocurrido no es una metamorfosis, sino una simple alucinación de la princesa al besar al sapo —o darle un cariñoso lengüetazo— y absorber una dosis de bufotenina

Que linda noche para lamer a un sapito!

4 comentarios - Que linda noche para lamer a un sapito!

@sk8toala
jajaesta bakan la informacion pero eso de lamer me parece peligroo en tal caso marihuana high