LA CAMINANTE ESPECTRAL

Una noche fría y ventosa, cerca del cementerio del Buceo (algunas versiones mencionan otros lugares) un hombre vio mientras conducía en su auto a una muchacha joven y bonita al costado del camino.
La chica hacía dedo, y aunque el hombre no tenía por costumbre levantar gente en la ciudad, parecía tan agradable y desamparada que decidió subirla al auto. Iniciaron una charla amena y descubrieron al instante una sintonía inmediata.
Pasaron buena parte de la noche juntos y al terminar la velada el hombre la llevó a la casa donde la muchacha indicó que vivía. Al día siguiente, el protagonista de nuestra historia descubrió que la joven había olvidado su bufanda en el auto. Se dirigió hacia allí y golpeó la puerta de la casa que la joven había señalado.
Una pareja mayor abrió la puerta, y cuando el hombre intentó explicar el motivo de su visita, preguntando por la chica, el matrimonio reaccionó violentamente. ¿Cómo se atrevía un desconocido a burlarse de la desgracia ajena? ¿Cómo podía hacerles afrontar el dolor de la pérdida?
El hombre, que no entendía nada, intentó explicarse mejor y les mostró como prueba de su historia la bufanda. La pareja quedó helada, resolvió entonces hacerlo entrar a la casa y lo condujo a un cuarto. Allí, sobre una mesa, estaba el retrato de la joven que había levantado la velada anterior, abrigada por la misma bufanda que el hombre aferraba en sus manos. Sus padres le explicaron que la chica estaba muerta desde hace años y yacía enterrada en el cementerio cercano.

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LOS FANTASMAS DE MAROÑAS

La historia se desarrolla muchos años atrás en la zona de Maroñas, cuando aún no se soñaba con reformar el lugar y el siglo abandonaba impertérrito sus primeras décadas.

Cuatro amigos vuelven a pie de un cumpleaños, muy tarde en una noche fría, cuando se topan con la parte posterior del complejo de Maroñas. Cansados, deciden acortar camino saltando el muro y atravesando las instalaciones del hipódromo.

Al avanzar en el camino, la noche comenzó a cerrarse lentamente sobre ellos. Aunque la luna brillaba, las sombras de las añejas instalaciones se alargaban y creaban conos de sombra y figuras fantasmales, entremezclándose con una niebla espesa que hacía difícil cualquier tipo de orientación.

Detrás de esa inmensa nada generada por las sombras y la niebla, oyen un ruido amortiguado y lejano. Intermitentemente, el sonido crecía de intensidad, asemejando unos cascos de caballos. Después de cada silencio súbito, reaparecía lo que ahora era un inequívoco galope, cada vez más fuerte.

Los cuatro amigos, asustados, advirtieron en voz alta al presunto jinete, pero cada vez que alzaban la voz el ruido callaba y surgía en otro lado. De improviso, un espantoso relinchar les heló la sangre, proveniente de un lugar indeterminado y cercano entre los jirones de niebla. El susto fue tan grande que treparon el muro más cercano con la facilidad de medallistas olímpicos, huyendo del hipódromo.

En la calma de sus hogares, dos de los amigos, avergonzados por su pánico irracional y atribuyéndolo a la borrachera de la fiesta, deciden investigar a fondo lo sucedido. Tres noches más tarde juntan el valor para volver a cruzar el muro a la misma hora y comprobar con sus sentidos lo que realmente sucede allí.

Al principio, la calma que reina en Maroñas en aquella noche invernal y neblinosa parece darles la razón, pero un tiempo después vuelve a surgir aquel sordo golpeteo de las herraduras. Esta vez, sin embargo, el ruido creció en violencia e intensidad a un ritmo casi demoníaco. Los cascos de caballos se multiplicaban por todas partes y relinchos salvajes lastimaban los oídos, tan cerca que uno creía posible tocar los caballos y sentir el viento provocado por sus cuerpos. Enloquecidos de miedo, los dos compañeros no atinan a otra cosa que correr desesperadamente sin rumbo alguno, perdiéndose en su camino.

En el colmo de su horror, ciegos por el terror y la noche hermética se topan en el camino con una figura enjuta, que resulta ser el anciano vigilante del lugar. Amablemente, el sereno los tranquiliza y les pregunta qué sucede. Al escuchar la historia poca es la sorpresa del viejo, quien confiesa que ha escuchado los sonidos de los animales innumerables veces a lo largo de los años. Ante su estupor, el anciano narra que se trata de las almas de los caballos que eran gravemente lesionados en las carreras y posteriormente sacrificados por los peones, que los ahogaban en una piscina que ya no existe.

En la noches oscuras, las almas de los equinos reiniciaban la interminable carrera en la que sus cuerpos habían hallado finalmente la muerte.

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LA LLORONA DEL PARQUE RIVERA

Versión 1

Una tarde de otoño, hace muchos años, una joven mujer decide salir a pasear por el Parque Rivera. A pesar de un viento frío y cortante que hacía gemir a los árboles y sumía al parque en la más absoluta soledad, la chica decide salir y llevar consigo a su bebé, que había tenido en condición de soltera.

Estando en vísperas de su boda la joven se aventura en el parque, por entonces más agreste que ahora y mostrando los resultados de recientes lluvias. Se la ve bordear el lago junto a su niño, mientras el viento arrecia con fuerza, desapareciendo de la vista. La futura novia, sin embargo, no regresará por ese sendero.

Al día siguiente encuentran su cuerpo inerte en el lago del parque, sin rastros del paradero del pequeño. Cuenta la historia que desde entonces, en las noches brumosas y tristes del otoño, puede verse a una joven vestida de novia en los alrededores del lago. Camina sola y llora desconsoladamente, mientras clama por un bebé que perdió hace mucho tiempo.


Versión 2

Hace mucho tiempo, en los inicios del mismo Parque Rivera, vivía una pareja en una casa contigua al lugar. Un miércoles 9, mientras marido y mujer se hallaban fuera, unos ladrones irrumpen en la casa. El esposo llega antes que terminen su faena y los sorprende in fraganti: desesperados, los delincuentes le quitan la vida con un cuchillo. Cuando intentan esconder el cuerpo sienten los ruidos provocados por su mujer, que vestida de blanco llega a la casa.

Se esconden detrás de una puerta y observan cómo la joven, aterrada, descubre el cuerpo de su marido. Mientras la mujer llora desconsoladamente sobre él, los ladrones, decididos a todo, llegan por detrás y la ajustician de igual manera. Para ocultar las huellas los delincuentes arrojan los dos cuerpos en la laguna del parque.

Desde entonces, los vecinos de la zona comentan que todos los 9 de cada mes se oyen extraños llantos y quejidos que provienen de la laguna, en el lugar donde los cuerpos de los infortunados amantes fueron arrojados.

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FANTASMAS CASEROS

Las historias situadas en casas viejas y misteriosas o en edificios antiguos, son comunes en todas partes del mundo. Muchas de ellas, con ocupantes extraños que espantan a los inquilinos, obedecen al formato de leyendas urbanas porque son transmitidas oralmente en forma similar en distintas partes del mundo, hundiendo quizá sus raíces en la tradición de la novela gótica del siglo XVIII. Asimismo, generalmente obedecen a una estructura de “liberación” o “prenda cumplida” muy común en los mitos de apariciones y en innumerables cuentos y películas que se nutren del folklore urbano.

Ofrecemos un recuento corto con algunos ejemplos locales. Historias más largas y detalladas llegarán en sucesivas ediciones y en nuestro especial de octubre, mes de Halloween, dedicado a fantasmas.

Caso 1
Casa quinta de Lezica

La historia se desarrolla a principios del Siglo XX. La dueña de casa actuaba despóticamente con sus sirvientes, en especial con una morenita, una niña que trabajaba de criada. Una vez, en castigo a su desobediencia, la pomposa señora decide dejar a la jovencita afuera de la casa, en una crudísima noche de invierno. Los vecinos sintieron ruido y quejidos entre la hojarasca durante la noche, pero no prestaron mayor atención al creer que se trataba de algún perro. A la mañana siguiente encuentran el cuerpo sin vida de la niña, razón por la que su patrona es encarcelada y luego pierde completamente la cordura. Cuentan que incluso hoy en día, si uno pasa frente a la casa en las noches de invierno, pueden sentirse los lamentos y cómo algo o alguien corre entre las hojas secas.


Caso 2
Hospital de Montevideo

Se cuenta que hace tiempo, en un hospital de Montevideo cercano al barrio Brazo Oriental, una enfermera del lugar debió ser internada con una gravísima enfermedad, muriendo finalmente presa de grandes dolores. Al tiempo de su muerte, en la sala en la que la enfermera había fallecido comenzaron a sentirse llantos, súplicas y ruidos de vidrios rotos, a tal punto que la leyenda cuenta que se debió clausurar esa sala. Se relata que desde entonces la enfermera fue vista caminando por los pasillos en más de una ocasión, reprochando a todo aquel con el que se

Caso 3
Antigua casa en Montevideo

Un hombre fallece en su hogar, una gran casona, y pide como último deseo que el lugar se use para dar cobijo a los niños sin hogar, como una suerte de internado gratuito.
Algunos parientes sin embargo, ignoran el pedido, mudándose a la enorme casa.
Al tiempo descubren que es imposible dormir. Puertas que se abren y golpean, cadenas, vaijillas que se rompen, roces en la oscuridad y otros ruidos inexplicables inquietan a la familia.
Cansados, los nuevos habitantes deciden abandonar la casa y acatar las últimas órdenes de su pariente. Cuando se hacen todos los arreglos y los niños se mudan allí, los ruidos cesan por completo y nada vuelve a turbar la paz del hogar.


Caso 4
Casa del Centro

Los dueños de una casa colonial intentan venderla a muy buen precio pero no logran comprador. La razón es que por las noches se sienten espantosos ruidos, cuchillos muebles que se arrastran y goznes que crujen, por lo que los vecinos alertan siempre a los posibles compradores. El más viejo de ellos cuenta que todo se debe al primero de sus habitantes, un prestidigitador denunciado luego de un truco fallido realizado a un discípulo con un estilete. Narran que se encerró en la casa y no volvió a salir jamás. Los ruidos continuaron hasta que mucho tiempo después los restos de su cuerpo fueron encontrados, sin rostro, volviendo definitivamente a la calma.


Caso 5
Casa en la calle Luis de la Torre

Hace muchos años, una hermosa vivienda de Punta Carretas no lograba encontrar comprador a pesar de su precio. Nuevamente son los vecinos los que se encargan de disuadir a los futuros inquilinos al narrar con detalle los gritos desgarradores de mujer que se escuchan por la noche.

Un día aparece una familia dispuesta a arrendarla y resuelta a hacer oídos sordos a los rumores. La casa era antigua y por ejemplo carecía ya de la escalera que condujera al altillo, cuya puerta sin embargo podía verse. Transcurre una semana sin novedades, pero al cabo de esos días, la familia entera se despierta una noche a causa de los gritos que provenían, justamente, de la alta habitación. El padre de familia, valeroso, consigue una escalera móvil para llegar al altillo: cuando ingresa descubre a una mujer ensangrentada, quejándose de dolor. Horrorizado, el hombre baja en busca de auxilio médico, pero la joven herida lo sigue y desaparece raudamente por la puerta.

Jamás vuelven a encontrarla, pero al investigar el caso con la policía encuentran que en ese hogar se había cometido un crimen muchos años atrás, cuando una mujer fue muerta a puñaladas por el marido. Luego del incidente, la familia pudo vivir por largos años sin volver a ser molestada.

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APARICIONES Y APARECIDOS
Cuando las leyendas se vuelven rurales

A pesar de ser un espacio dedicado a las leyendas urbanas, nos permitimos derivar en esta edición a los cuentos rurales, por compartir a veces la forma de propagación con su pares citadinos. Como diferencia, puede notarse que la mayoría de los relatos versan en estos casos sobre apariciones, aparecidos u otros fenómenos sobrenaturales.


La leyenda del carruaje de San Borjas

En Durazno cuentan que en la primera luna llena luego del 12 de octubre (fecha de fundación de San Pedro del Durazno), aparece una carreta humilde en el transitado Puente de San Borjas. Nada de esto sería extraño si no fuera porque los pasajeros de tan desacostumbrado vehículo no pertenecen a esta era ni a este mundo.

La noche de la fundación del poblado, una mujer y sus tres hijos decidieron asistir a la gala brindada en la villa del comandante Fructuoso Rivera. Cuando llegaron al puente de San Borjas el río, embravecido, comenzaba a desbordarse.

La mujer se atrevió a cruzar de todos modos, pero la carreta no resistió el empuje del agua y se ahogó junto a sus tres hijos. Los cuerpos fueron hallados en la primera luna llena después del suceso. Desde entonces, aquellos que cruzan el puente se topan con la espectral visión de la carreta y sus cuatro fantasmagóricos ocupantes, mientras la luz de una redonda luna tiñe de sombras blancas el departamento de Durazno.



La leyenda de la taba

Durazno parece un lugar particularmente apto para la fermentación de leyendas. En Arroyo de los Perros, ubicado en dicho departamento, una historia subsiste desde los tiempos en que la esclavitud aún era permitida.

Un estanciero, que trataba cruelmente a sus esclavos, decidió una noche de alcohol jugar a la taba con su lacayo mulato. Este último estaba con gran suerte esa noche
y fue ganando poco a poco una gran suma de dinero a su patrón. Éste, acongojado por haber perdido contra su propio súbdito jugó una última vez y apostó todo su capital, incluso el campo. El mulato se vio favorecido una vez mas y ganó la propiedad, a lo que el estanciero, hombre fiel a su palabra, entregó sus pertenencias.

A la noche siguiente, sin embargo, el patrón no fue capaz de asumir la afrenta, se presentó en el nuevo aposento del esclavo y lo asesinó a puñaladas. Muda testigo de los hechos, la taba permanecía sobre la mesada de mármol en la cocina de la estancia, donde se consumó el crimen.
Cuando el estanciero recupera sus bienes decide enterrar la taba que tantas penas y apremios había causado. A la mañana siguiente, sin embargo, volvió a parecer en la mesada, imperturbable. Una y otra vez sucedió esto, como acusador recordatorio de lo sucedido.

El hombre optó por guardarla con llave en un baúl y despidió a todo aquel que conociera su historia, desconfiado de una broma recurrente. La taba, no obstante, seguía apareciendo...

Poco tiempo después el estanciero fue hallado muerto, aparentemente por mano propia y a causa de la aparición pertinaz del endemoniado objeto, que desde entonces no volvió a reaparecer.

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FANTASMAS DE OCTUBRE

Dentro del espacio Leyendas Urbanas inauguramos un especial de fantasmas para octubre, mes de Halloween, intentando dar caza a los más famosos espectros que recorren los rincones del país.

La dama de blanco
Como un espectro pálido de antaño, la figura de la dama de blanco se cuela en varios puntos del país y la capital, abarcando en los vaivenes de sus viajes tanto a Rocha como a Montevideo. Su historia siempre es trágica, a tal punto que hay quien dice que existe una sola dama de blanco en todo el Uruguay, repartiendo su tristeza en un itinerario interminable por nuestra tierra.


En Salto

Entre las calles Zorrilla y 19 de abril, detrás del Museo del Hombre, hay una plazoleta que esconde una locomotora antigua y varios juegos para los niños. Por la noche, sin embargo, los viejísimos árboles del lugar y los ingenios mecánicos para niños -olvidados en las penumbras nocturnas-, forman sombras grotescas y lúgubres.

Cuando en las noches de invierno las calles quedan completamente desiertas, una muchacha joven, vestida de blanco, aparece en la plazoleta. En ocasiones, la figura espectral tiene una horca al cuello y su sola presencia da un susto de muerte al transeúnte despistado.

Recorre esas calles desde principios del siglo XX como resultado de un amor imposible, fuente inagotable de nuevos fantasmas. Enamorada de un obrero pobre de AFE, su familia de alta alcurnia impidió que se casara con quien consideraba su verdadero amor. Una fría madrugada de invierno, ensombrecida por el pesar, se dirigió a la plazoleta y se ahorcó de la rama de un árbol. Su silueta puede verse aún hoy en día, cuando el frío la obliga a recorrer la plaza con la cuerda al cuello.



En la Costa de Oro

En las playas que van de Araminda hasta Los Titanes suele verse, de acuerdo al testimonio de varios personajes, la figura de una dama de blanco a la orilla del mar, generalmente cuando despunta la madrugada.

Entre varios relatos del avistamiento recogimos el siguiente. Diez años atrás un grupo de jóvenes salía de bailar de un boliche en Araminda, emprendiendo el regreso por la playa. En un momento determinado, tres de los jóvenes quedaron relegados en el viaje, cuando uno de ellos notó algo extraño en el agua. A unos cuantos metros de la orilla, con el agua a la cintura, una mujer de blanco oteaba el horizonte.

Mientras todos observaban, la mujer desapareció súbitamente, en forma que ninguno de ellos puede explicar hasta el día de hoy. Quisieron entrar al agua, creyendo quizá que la joven estaba ahogándose, pero el susto de la situación -potenciado por la noche cerrada y la visión extraña- hizo que decidieran echarse atrás.

En la zona se cuenta que aquella figura fantasmal no es otra cosa que el espíritu de una mujer ahogada, cuyo cuerpo jamás pudo ser encontrado. Narran que los espectros de quienes perdieron la vida en el mar regresan cada tanto, como si pasearan indolentemente a orillas del mar que les quitó al vida.



En Soriano

La ciudad de Mercedes también tiene su pálida visitante. Donde actualmente se encuentra el museo paleontológico del lugar, se erigía el castillo del Conde de Mauá, cercano a un puente antiguo.

Algunos habitantes de Mercedes afirman que una figura espectral, en la forma de una dama vestida de blanco, visita la zona desde principios del siglo XX. Al parecer, la joven habría hallado la muerte en el puente que conducía al viejo castillo, y desde entonces los viernes a la medianoche la mujer asoma en el puente, reviviendo los minutos fatales de aquella hora ya lejana.


En Rocha

El paseo de la dama de blanco la lleva en ocasiones hasta Rocha. La joven recorre el camino de La Paloma hasta Cabo Polonio, en una versión menos inofensiva que las anteriores

Cuando algunos hombres infortunados cruzan las dunas enormes por las noches, pueden toparse con la aparición de una mujer de blanco de aspecto lúgubre. Se dice que quienes la encuentran y sostienen su mirada no vuelven a ser vistos con vida. En La Paloma aseguran que ronda el mítico faro del lugar, cuando cae la noche.



En Montevideo

Los 21 de Junio de todos los años un hecho curioso se repite en la rambla del Buceo, perceptible sólo para algún transeúnte aislado que se encuentre allí a la hora indicada.

Una muchacha atraviesa corriendo la rambla, cruza la arena y se arroja al agua. Allí permanece boca abajo mientras se aleja en el mar, hasta que desaparece. En el Buceo se cuenta que es el espíritu de una joven que se suicidó por amor y que no logra descansar en paz, lo que la emparenta con las innumerables damas espectrales que recorren el país.

Tiene el pelo rubio, es pálida y viste de blanco. Falleció un 21 de junio hace mucho tiempo y vuelve a revivir su muerte cíclicamente en la fecha mencionada. Quien se acerca a ella, se ha dicho, corre el riesgo de terminar en las aguas del Buceo.

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EL BUS DE LA PASAJERA ESPECTRAL

En una noche neblinosa de abril, hace ya muchos años, el traqueteo de un coche Leyland se escurría entre los silencios de la penumbra montevideana.
El ómnibus, perteneciente a una línea que ya no circula pero cuyo nombre no mencionaremos, iba rumbo a destino en la penúltima vuelta de la jornada.

A medida que el bus avanzaba en su recorrido, los pasajeros fueron bajando en las distintas paradas hasta dejar completamente solo al conductor, que maniobraba la máquina entre calles oscuras. Súbitamente, un golpe sordo, violento y un grito corto llegaron tras una curva cerrada, inequívocas señales de que el bus, entre la niebla, se había topado con un obstáculo vivo y se lo había llevado por delante. Cuando el chofer desciende, el mal sabor que se anticipaba en su boca se volvió realidad: sobre el pavimento, exangüe, tendida a lo largo en una postura antinatural, yacía una señora mayor. El hombre entró en pánico, comprendiendo a la primera ojeada que la mujer estaba muerta, producto del impacto del ómnibus.

En la histeria del momento, convertido en una masa de nervios y sin saber qué hacer, el conductor atinó a apartar el cuerpo del camino, se subió al ómnibus y sin pensarlo dos veces arrancó y retomó el camino. Después de llegar a destino debió reiniciar el circuito en la última vuelta de la noche, distraído y con la sombra oscura de los sucesos recientes en su mente.

Poco a poco, el bus comenzó a poblarse nuevamente mientras repetía las paradas de su usual recorrido nocturno. Con los nervios a flor de piel, el chofer oteaba su alrededor y esperaba con ansias culminar la jornada laboral. De improviso, una cara conocida pareció asomar a través del espejo, entre los pasajeros sentados en las filas del fondo y con una mueca trágica impresa en el rostro. A pocos metros de la puerta trasera, sentada con toda corrección y con la mirada de espanto que el chofer presenciara, se hallaba la anciana atropellada minutos atrás.

El ómnibus casi vuelca debido a la reacción del hombre, que creyó enloquecer. Volvió a mirar por el espejo y sólo encontró a los pasajeros usuales, por lo que atribuyó la visión a su estado alterado. A la siguiente curva, el rostro de la anciana volvió a repetirse en el reflejo del cristal, más claro y nítido que antes, como la prueba ineludible del crimen cometido.

El coche fue vaciándose nuevamente, pero el chofer casi no prestaba atención a los pasajeros, exceptuando la figura muda que permanecía obstinada en su lugar y se manifestaba a través del reflejo del espejo. Cuando el ómnibus estaba casi desierto, el hombre se animó a mirar hacia atrás, descubriendo que allí no había nadie junto a los dos o tres pasajeros que estaban por bajar. Al volver la vista hacia el espejo, sin embargo, resurgió la imagen clara de la anciana.

Dos paradas antes del destino, el ómnibus quedó finalmente vacío, a no ser por el reflejo insistente que el chofer observaba en el espejo. Esta vez, sin embargo, pudo comprobar a través del cristal que la anciana se levantaba de su asiento y comenzaba a caminar lentamente hacia su lugar. Se dio la vuelta, pero allí no había nadie: a través del espejo, sin embargo, la mujer seguía su marcha impertérrita en dirección a la puerta delantera.
El conductor descuidó la marcha y miró hacia atrás con horror por última vez. No pudo ver la luz brillante, el bocinazo inesperado, el resplandor súbito y el impacto del camión que chocó frontalmente con el ómnibus. Despertó en un hospital narrando esta historia, que repitió con frecuencia hasta su muerte, ocurrida hace ya muchos años.

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EL CASO DEL DOCTOR LENGUAS

A fines de los años ’60 o principios de los ‘70, una mujer a punto de dar a luz llegó al sanatorio del Círculo Católico del Uruguay. Iba acompañada por su hijo pequeño y su esposo, quien se mostraba preocupado por los gritos de dolor de su mujer.

La joven tenía contracciones cada vez más frecuentes, pero como el personal del hospital estaba muy ocupado, la pareja debió esperar un rato mientras se hacían los preparativos. El nerviosismo del marido iba en aumento, pero finalmente un doctor preguntó por la paciente y un equipo de enfermeras se encargó de conducir a la parturienta a la sala correspondiente.

Una vez dentro, el tiempo se hizo eterno para el futuro padre. El reloj de cuerda de la sala martillaba con persistencia segundo tras segundo, resonando como un gong en el silencio del hospital. El niño jugaba, pero el padre, nervioso, esperaba el momento de ir a conocer a su nuevo hijo.

Minutos después, en lugar de una enfermera sonriente se presentó un doctor con aspecto apesadumbrado. Casi sin entender qué sucedía, el hombre escuchó en seguidilla las explicaciones detalladas del médico, como golpes secos y repetidos: se hizo todo lo posible, no resistió, un parto difícil, no hay nada que hacer, el cuerpo ya fue trasladado...

El esposo estalló en un ataque de histeria, sintiendo que las cuatro paredes del hospital se desplomaban hacia adentro, reprimiendo el impulso de correr a la sala y llamar a su mujer a los gritos. Al rato se sumió en un rincón, temblando.

En medio de su angustia, un señor canoso, mayor, con la túnica clásica de médico, cruza la sala. Se presenta al joven como el doctor Luis Pedro Lenguas y aclara que está dispuesto a ayudarlo, a lo que el esposo responde con furia y le reprocha con amargura haber llegado demasiado tarde. El anciano, sin embargo, habla con calma y suavidad. Está allí para ayudar, repite, y le pide que aguarde unos minutos.

Segundos después, se siente un llanto de bebé y los gemidos confusos de una mujer. Por la puerta del sanatorio asoma una camilla, sobre la cual descansa la joven esposa, lejos de estar muerta, y su hijo en brazos. Se funden en un abrazo incrédulo y hablan al mismo tiempo: ella no comprende lo sucedido y tiene una sensación extraña; él se deshace en lágrimas y busca con la mirada a los médicos.

El personal del hospital, ante tanto clamor, llega al lugar de los hechos. Cuando el doctor ve a la mujer, se pone pálido y balbucea, incapaz de creer en la presencia milagrosa de la madre y su hijo recién nacido, desbordante de vida. El esposo está furioso y se niega a contestar a los médicos, aclarando que hablará únicamente con el doctor Lenguas.

Ante la mención del apellido, tanto las enfermeras como el obstetra pierden nuevamente el color en el rostro. El médico lo mira fijamente y le señala un cuadro que cuelga en la pared. El hombre reconoce la figura al instante: el mismo rostro afable, la misma mirada, el porte inconfundible del anciano doctor.
”Debe estar equivocado”, aclara el profesional. “El doctor Luis Pedro Lenguas fue el fundador del sanatorio en 1885 y falleció en 1932”.

El prodigio del rescate no demoró en correr por los pasillos del hospital y desde entonces la leyenda de Pedro Lenguas cobró forma en los pequeños milagros del sanatorio. Su presencia mítica erigió la leyenda del médico que desafió a la muerte por partida doble, logrando milagros desde ambos lados de la línea que separa a los muertos de los vivos.

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EL FANTASMA DEL CHALET BONOMI

Hemos hablado en otra ocasión del antiguo chalet Bonomi, ubicado en la zona del Cerrito sobre la Avenida San Martín, disparador de innumerables cuentos barriales. En la anterior ocasión hicimos alusión solamente a la trágica historia de sus dueños y la construcción de la casa, pero en esta ocasión nos centramos en las peripecias de algunos de sus fantasmas más populares.

Los relatos en torno al chalet muchas veces se contradicen y difieren en la historia de la propia construcción, pero forman parte de la propia leyenda y magia del lugar, transmitida oralmente desde hace años. Uno de los cuentos en circulación, por ejemplo, se acerca a la literatura fantástica (con vuelta de tuerca) y se basa en coordenadas históricas que difieren de nuestro anterior relato. Basa los hechos, supuestamente, en una antigua casona que se erigía en el lugar donde hoy se yergue lo que queda del chalet.

Narra la historia que además de sus dos conocidas plantas, el chalet tenía un enorme sótano, construido especialmente como cárcel y refugio a la vez. El señor que habitaba el lugar, hace ya mucho tiempo, tenía una hija hermosa, rebelde y altanera. En una ocasión, en medio de una discusión política acalorada, la hija dio una tremenda bofetada al padre, lo que propició que éste, ciego de rabia, la asesinara y enterrara su cuerpo en el sótano del lugar.

Los vecinos contaban entonces que –por obra de algún espíritu del más allá- el alma de la niña vivía encantada en el ruinoso chalet. Todas las noches podía apreciarse en algún momento el paseo rutinario de la figura fantasmal, llevando antorchas que despedían un fuego mortecino. Cualquier valiente que pasara por la zona escuchaba también los aullidos, ruidos metálicos y sonidos extraños.

Esta situación se repitió durante un tiempo, hasta que una jovencita de 17 años procedente de Roma, llamada Ana Sofia, pasó a vivir en los alrededores del lugar. La joven era conocida por su carácter valiente, y no toleró con facilidad los sonidos que escuchaba por las noches.

Una noche de invierno, en la que era presa del insomnio, su curiosidad y enojo pudo más que la cautela. Se armó de un revólver, tomó un hacha y se cubrió el cuerpo con una gruesa capa. Al llegar al chalet derribó la puerta a hachazos y penetró en la casa. Se alumbraba con una pequeña linterna, que le sirvió de ayuda para registrar la planta baja en busca de la rebelde fantasma que asolaba el lugar, donde sólo halló unos cuantos hierros viejos.

Al subir a la segunda planta no pudo hallar nada que pudiera motivar los fuertes ruidos que escuchara minutos antes. Cuando ya pensaba en retirarse, sin embargo, descubre una salida secreta que conduce al sótano, y baja por una vieja y gastada escalera de piedra. Al llegar allí se topa con dos figuras espectrales, cubiertas con una suerte de sudario blanco, agitando sus brazos y lanzando gemidos. Ana Sofía, decidida, les dispara con su arma y ve cómo los cuerpos caen al suelo. Recorre el lugar rápidamente, hallando antorchas apagadas, faroles, telas blancas, velas y cadenas de hierro.

Inmediatamente después la joven salió del lugar y llamó a los vecinos, que intrigados por los ruidos comenzaban a acercarse al lugar. Cuando varios lugareños tomaron coraje para bajar nuevamente al sótano, pudieron comprobar lo que había sucedido. Sobre el piso del sótano yacían dos cadáveres envueltos en ropajes blancos, que fueron reconocidos al instante por la policía.

Se trataba de dos ladrones de larga data, que desde hacía tiempo habían instalado en el chalet Bonomi su “Cuartel de Operaciones”, aprovechando su abandono y haciendo acrecentar en la credulidad de la gente la fantástica leyenda de la “Mansión Embrujada”. Para ello encendían las antorchas y faroles, y provocaban los ruidos, logrando mantener alejados a los vecinos de la zona.

Cuenta la leyenda que desde esa recordada y lejana noche de leyenda, protagonizada por la joven Ana Sofía, los vecinos del Cerrito de la Victoria pueden pasearse tranquilamente por las calles en las calurosas noches de verano, aunque a veces resuenen los ecos de pasados fantasmas invernales.

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LA MONJA SIN CABEZA

El antiguo Colegio y Liceo de Nuestra Señora de la Misericordia, ubicado en Pocitos, supo ser hace muchísimos años un instituto exclusivo para mujeres, funcionando también como convento para un grupo no muy numeroso de monjas.

Cuenta la leyenda que, tal cual se dice de muchas iglesias y conventos enfrentados, en el subsuelo del lugar había una pequeña puerta que conducía a un pozo. Entrando por allí se accedía a una escalera que culminaba en un pasillo secreto, conectando con el instituto de enfrente, el Colegio San Juan Bautista.

El pasillo estaba cerrado y pocos conocían de su existencia, pero una monjita del lugar, más osada que las demás, comenzó a frecuentarlo. Quiso la casualidad que en algún momento coincidiera con un cura joven del San Juan Bautista, un encuentro casual que con el tiempo pasó a convertirse en una rutina oculta.

Desafiando los preceptos de su religión y la moral de la época, el amor entre la Hermana y el Padre llevó a que los encuentros furtivos se repitieran con frecuencia.
El romance, sin embargo, tuvo un final abrupto: la Superiora del Instituto, que sospechaba de las ausencias repentinas de la monja, descubrió a la pareja en el acto pecaminoso. Como resultado, la Hermana fue excluida del convento y encerrada como castigo en una de las habitaciones pequeñas, que luego se usaría para dar clases.

Privada de las visitas a su enamorado, y manchada indeleblemente con la vergüenza del pecado descubierto, la monja se suicidó en el cuarto. Se cuerpo, según se afirma, fue enterrado en el patio del lugar, debajo de un monumento a Artigas (hoy en día funciona allí otro liceo privado)

Cuentan que incluso en estos días, cuando las tardes comienzan adelantar su llegada en el otoño, puede verse a la monja sin cabeza recorrer los pasillos del lugar. En ocasiones, cuando las campanadas del reloj dan las 18 horas, el piano del salón de actos comienza a tocar solo, recordando los tiempos en que la religiosa desgranaba unas notas tristes en recuerdo de su enamorado prohibido.

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BUENO GENTE ESO ES TODO ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO, NO SABIA MUY BIEN EN QUE CATEGORIA PONERLO ASI QUE SI ESTA MAL LA CATEGORIA AVISENME QUE LA CAMBIO