En tradiciones antiquísimas, aparecen seres alados. Por ejemplo, en la isla de Pascua se han descubierto representaciones de hombres con alas, que trajeron a la Tierra al primer humano.

El 30 de noviembre de 1880 fueron vistos unos misteriosos humanoides alados a 8.000 metros de altura, en el cielo de Palermo (Sicilia otra vez).

En Fátima (Portugal), hacia el año 1917 (Justamente el año de las famosas apariciones de la Virgen en ese lugar) alguien dijo haber visto un humanoide alado... y sin cabeza.

Es conocido el caso de un marino militar italiano que, desde el puente del acorazado en el que servía, vio un día de verano de 1945 en el puerto de Toscana, una increíble formación aérea de seres alados de apariencia humana, aunque gigantescos, cubiertos de plumas y con garras de tres dedos...

El 16 de noviembre de 1963, al anochecer, cerca de Sandling Park, en el condado inglés de Kent, cuatro adolescentes se encontraron con un objeto descendido del cielo, junto al que se encontraba una figura negra, de la talla de un hombre ¡sin cabeza! Y dotada de unas alas gigantescas semejantes a las de los murciélagos.

Un ser de las mismas características apareció en un pueblo de Tarragona (España), poco antes de las navidades de 1963.

El 16 de mayo de 1966, en Córdoba (España), Manuel Hernández, que regresaba del campo, vio aterrizar un objeto en forma de disco, a unos cien metros de él. Dijo haber visto salir del mismo unos pequeños seres que definió como “pájaros verdes”.

En el mes de noviembre de 1959, hubo varias personas en Virginia Occidental que declararon haberse encontrado con una especie de “hombre murciélago” de 1´80 metros de estatura, grandes ojos rojos y alas de unos dos metros de ancho. Concretamente, en la tarde del 26 de ese mes, una señora llamada Ruth Foster dijo haber visto aterrizar sobre el césped, frente a su casa, a un ser de este tipo. “Era alto, tenía los ojos rojos y saltones. Su expresión era divertida. No parecía tener nariz”.

Un hombre que, en Var (Francia) conducía en plena lluvia su coche, en el anochecer de un día de noviembre de 1962, distinguió a unos 80 metros un grupo de figuras extrañas “con aspecto de pájaros”.

Un coronel de Aviación norteamericano (Proyecto Blue Book Wright Patterson Air Force Base, Dayton, Ohio) viajaba de noche por una solitaria carretera del estado de Illinois, cuando vio algo que sobrevolaba su coche. Era una criatura semejante a un ave, pero del tamaño de una avioneta.

Y desde noviembre de 1966 hasta noviembre del año siguiente, dentro de los límites de una superficie pequeña de la zona de Point Pleasant (Virginia Occidental), fueron numerosos los testigos de la aparición de una extrañísima criatura voladora, al parecer la misma vista por la señora Forster, antes citada, a la que se llamó “the Mothman” (el hombre-polilla).

Siguiendo la clasificación de Vallée, me referiré a continuación a diversos tipos de humanoides monstruosos.

Hay ejemplos en este grupo que van desde los seres sin cabeza hasta seres de formas extrañísimas, luminosos, transparentes...

Hemos visto ya dos casos de humanoides sin cabeza.

Ignacio Malaxechevarría en sus acotaciones al libro “Des Monstres et Prodigues (Monstruos y prodigios), de Ambroise Paré, nos recuerda que en los textos antiguos y medievales son lugar común monstruosos seres acéfalos, llámense “blemmyes”, “epistigi” o “sing. t´ien”. Este último, que luchó contra los dioses chinos, tenía los ojos en el pecho y la boca en el ombligo. Como también nos dice, los cita Solino en su “Collectanes”, Isidoro de Sevilla en las “Etimologías”, Gervasio de Tilbury, Honorio de Auton...

Se decía que en la isla del río Brixonte había hombres que nacían sin cabeza, a los que los griegos llamaban “epistigios”, quienes tenían en el pecho todas las funciones correspondientes a la cabeza y los ojos en los hombros. Estos mismos seres aparecen en la India, y hay un manuscrito islandés en el que se representan dos variedades: una sin cabeza, pero con cuello, y los ojos en el pecho; otra en la que la cabeza parece formar parte del tronco.

Se afirma que, en distintos lugares de los Urales, además de haberse registrado muchas apariciones de ovnis, se han visto estas alucinantes criaturas. Concretamente, en la ciudad de Perm, hay testigos que dicen haberse encontrado con seres sin cabeza, piernas cortas y brazos desmesuradamente largos, que descendieron de unos vehículos luminosos de forma ovalada.

Otro testimonio es el de la ordeñadora Liubov Medveva, que iba caminando hacia el “koljos” una tarde, a las cuatro y media cuando divisó a lo lejos una figura de apariencia humana, una especie de “motociclista” de piernas cortas y brazos tan largos que le llegaban hasta más debajo de las rodillas. Quedó horrorizada cuando al aproximarse vio que aquel ser no tenía cabeza.

El diario “Sotsialicicheskaia Industria” ha publicado que el fogonero Chikodanov hizo una exploración con unos amigos en busca de esos increíbles seres y, efectivamente, también a ellos se les presentaron, y en pareja, como suelen aparecer, al decir de los testigos.

Según el reportero del citado periódico, ha encontrado a quince personas, sin relación alguna entre sí, que afirman haber visto a los seres sin cabeza.

La televisión soviética envió a un periodista al lugar de los hechos y unos niños le dibujaron los extraños seres acéfalos que había visto.

Se han encontrado cíclopes, humanoides con un solo ojo en la frente, por ejemplo en la selva de Yariguarenda, en Argentina, en el mes de octubre de 1960.

La figura del fauno o sátiro no es fabulosa ni mucho menos, sino real, si nos atenemos a diversos testimonios y referencias históricas.

Reconoció su existencia San Agustín, en “La Ciudad de Dios”.

En el año 83 a. JC., según Plutarco, en su obra “Sila”, fue apresado un sátiro, y en la vida de San Antonio Abad, el asceta egipcio, primer anacoreta cristiano y creador del espíritu monástico del siglo III, se cuenta el curioso episodio de su encuentro con un ser extraño de pequeña estatura, hocico en forma de bocina, cuernos en la frente y miembros semejantes a las patas de las cabras.

Hay un hecho del que hubo numerosos testigos, en tiempos de Constantino. Un ser de la misma especie fue llevado vivo a Alejandría, para ser exhibido ante el pueblo. Cuando murió, se embalsamó su cuerpo con sal, para evitar que lo descompusiera el calo del verano. Así lo presentaron a Antíoco, para que pudiera verlo el emperador.

San Jerónimo menciona un ser similar.

A un campesino de Garganta de Olla (Cáceres), ya en nuestra época, se le presentó una mujer... con patas de cabra. Es curiosa la coincidencia con lo cuentan viejas leyendas británicas: la “Glaistig” es una deidad de las aguas que, en parte, se muestra como una mujer seductora y, en parte, con cuerpo de cabra. Intenta ocultar sus atributos caprinos bajo un largo vestido verde y suelto.

Pero hay formas aun más extrañas de visitantes.

Cerca de Lima (Perú) sucedió un caso realmente insólito en 1947. Fue dado a la publicidad por Dª Coral Lorenzen, de APRO, e investigado veinte años después del suceso por Richard Greenwell, también de APRO:

El testigo, identificado sólo como Sr. C.A.V., encontró un disco brillante que había aterrizado en una carretera. Al acercarse, descubrió a dos increíbles criaturas con aspecto de amebas. Daban la impresión de dos plátanos unidos. Su piel, que parecía el tejido de una toalla, tenía el color de la arena. Medía aproximadamente 1´60 m. De altura. Oyó una voz en inglés, que explicaba que aquellos seres eran asexuados y que se lo demostrarían dividiéndose de pronto como las amebas. Después, le acompañaron en un breve recorrido por el más bien desolado interior de la nave, y a continuación partieron. El testigo padeció después de su encuentro pérdida del apetito y agotamiento total.

En la ciudad de Cincinnati (Ohio), Estados Unidos, zona de Loveland, ocurrió el siguiente caso, el 25 de mayo de 1955.

Un jefe de cocina llamado Hunnicutt informó haberse encontrado en su camino cuando regresaba a casa, con tres alucinantes seres a un lado de la carretera. Serían aproximadamente las 3 de la madrugada, en un trozo solitario cercano a un lugar llamado Branch Hill. Se trataba de criaturas de muy corta talla. Uno de ellos sostenía algo en sus manos, de donde salía un arco que iba y venía de una mano a la otra, un arco que parecía fuego. Eran humanoides. Tenía la cabeza sobre los hombros, ¡pero eran asimétricos!: el brazo derecho era más largo que el izquierdo. No había diferencia alguna entre el color del rostro y el de su vestimenta; las figuras eran totalmente grises, sin que se viera siquiera una línea de separación en cuello o muñecas. Los ojos parecían normales, así como la nariz, pero la boca era extrañísima: una línea recta que cruzaba la parte inferior de la mandíbula. No tenían cabellos, sino como unos rulos grises que parecían los rizos de una muñeca.

El testigo percibió un olor fuerte y extraño, que comparo con el de una combinación de almendras y alfalfa. No oyó ningún sonido ni se estableció ninguna comunicación sonora ni telepática.

Salió del coche y se quedó mirándolos durante un par de minutos. Los extraños seres se volvieron entonces ligeramente hacia él. Cuando decidió acercarse a ellos por la derecha, las misteriosas criaturas se le aproximaron por el lado izquierdo del coche. Parecían más bien deslizarse que caminar. El cocinero entró de nuevo en su automóvil y se dirigió a relatar el caso al jefe de policía, llamado John Fritz.

En el llamado caso Presque Isle, sucedido el 31 de julio de 1966, en el Peninsula Park de Presque Isle, al norte de Erie (Pensilvania), Estados Unidos, se apareció ante cuatro adultos y dos niños que iban de paseo en un coche, una nave “en forma de hongo, con una base estrecha que se elevaba hasta una estructura oval, con tres luces en la parte posterior. Descendió en esta ocasión una figura de 1´80 m. De altura, sin cuello, sin brazos... Se encontraron en el lugar marcas extrañas sobre la arena: dos huellas triangulares de unos 20 cm. De profundidad, y otras que parecían causadas por garras. De todas estas huellas se obtuvieron moldes. Se encontró también un líquido raro, parecido al agua, pero que no se filtraba con rapidez, como el agua, a través de la arena. Cuantos trabajaron en la recogida y análisis de las huellas enfermaron de repente, aunque sus dolencias desaparecieron después.

Algo extraordinario sucedió igualmente en una granja de Greensbourg (Pensilvania) el 25 de octubre de 1973. El granjero Stephen Pulaski, acompañado por lo menos de quince personas, se encontró con un resplandeciente globo rojo, de unos treinta metros de diámetro, en forma de cúpula, que emitía un ruido parecido al de una segadora de césped. Dos figuras se aproximaron andando. Pulaski disparó sobre sus cabezas. Según se acercaban, los testigos pudieron comprobar que eran unas criaturas cubiertas por un pelo gris oscuro. Sus brazos colgaban casi hasta el suelo y tenían ojos de color amarillo verdoso. Emitían quejidos que recordaban al llanto de un niño pequeño.

Se percibió un olor en el aire semejante al de caucho quemado. Nuevamente disparó el granjero sobre las cabezas, pero al comprobar que los dos espantosos seres continuaban avanzando hacia el grupo, disparó tres veces contra el más alto de ellos. Éste profirió un quejido y alzó una mano en dirección a su compañero. Al mismo tiempo, el brillante globo se alejó del campo y se interrumpió el sonido. Las dos extrañas criaturas se dieron la vuelta con lentitud y se dirigieron hacia el bosque. Después de elevarse el objeto y desaparecer en el cielo, quedó brillantemente iluminada la zona donde había estado.

Johny Sands, un popular cantante, conducía en diciembre de 1975 su coche por una carretera desierta, a 25 Km. Al sur de Las Vegas (Nuevo México), Estados Unidos, cuando súbitamente se paró su motor. Dos extraños seres que habían salido de una misteriosa nave, se acercaron. Medían aproximadamente 1´70 m., tenían la piel grisácea, unas hendiduras en vez de orejas y sus ojos eran negros con pupilas blancas. Hablaban en inglés, con dificultad. Le tranquilizaron y le hicieron varias preguntas, referentes a él mismo y al lugar donde se hallaban.

En el inquietante caso “Javier”, estudiado por Antonio Ribera, el tal Javier, fotógrafo y delineante barcelonés, en el mes de julio de 1985, tomó fotos junto al dolmen de Vallgorguina (que después no recordaba haber hecho) de unos seres de rostros horribles y manos semejantes a garras. Estas fotos aparecieron en la emisión “Plató Vacío” de Televisión Española el día 28 de octubre de 1986.