Esta es una recopilación de algunos relatos de terror que encontré, pueden modificarlos y contarlos en los campamentos.





El diablo en el espejo
Bueno, aquí comienza mi relato, que le ha ocurrido a un amigo mío.
Estabamos todos tomando unas copas en un bar de Oviedo, mi ciudad. Estabamos de risas y bebiendo lo normal, cuando apareció un chaval moreno, de unos 16 años, como nosotros. Pablo, uno de mis amigos que allí se encontraban, le saludó, puesto que eran amigos. Se sentó con nosotros y hablamos durante unas horas.
Al cabo de unas, más o menos, 3 horas, el tema de conversación pasó a ser historias de miedo, puesto que ya había anochecido y nos encontrabamos ahora en un botellón en un descampado. Nos contabamos historias terroríficas y acabamos realmente asustados. Entonces Safías, el chaval gótico amigo de Pablo, dijo que conocía una forma de ver al Diablo. Le escuchamos con, la verdad, una atención de cuando te cuentan un chiste. El procedimiento que hay que seguir es el siguiente:
(Textualmente)"En Nochebuena, justamente a las 12 de la noche, el Diablo hace la inspección en la Tierra, la única en el año, así que si queremos verle tiene que ser ese mismo día a esa misma hora. Vete al baño, puesto que es el lugar más propicio para realizar el evento, y cierra la puerta. Enciende 12 velas, al poder ser negras, y situate enfrente del espejo. Cuando quede poco para que sean las 12, cierra los ojos y situate, como dije antes, enfrente del espejo. Mantenlos cerrados hasta que quede solo una campanada de las doce que debe sonar. En ese segundo verás al Diablo en el espejo"
Todos nos lo tomamos a broma, pero David, otro amigo con el mayor valo que he visto nunca, dijo que lo haría sin problema. Estabamos a 20 de Diciembre, así que en cuatro días lo haría, solo pedía que hubiese un testigo, y que sería en su casa. Ese testigo fui yo.
24 de Diciembre, las 23:55. Todo preparado y nadie que nos moleste. Entró David solo, yo tengo mucho miedo a esas cosas. Se cerró la puerta y esperé sentado afuera. Las campanadas sonaron, y yo estaba al acecho de que algún ser estuviese espiando para darme un susto, pero no pasó nada. Suspiré, aliviado, y llamé a Pablo. No contestó. Atemorizado, abrí la puerta de un golpe, y encontré a David en el suelo, agarrandose el corazón. Y en el aire se olía el inconfundible rastro del azufre. Llamé a la ambulancia a toda prisa y como pude, y se lo llevaron al hospital.
Le diagnosticaron un infarto al corazón a causa de un sobresalto, una crisis nerviosa. Yo no pude dormir durante meses, hasta que fui tratado por un psicólogo. Cuando por fin David se recuperó, me dijo a mí sus primeras palabras:
"Lo he visto . . . Tengo mucho miedo"
Ahora ya he conseguido dormir, pero david no es ya el mismo. Recuperó algo de su vitalidad, pero aún se le nota muy apagado, triste. Dicen que es porque el infarto lo deja a uno mal. No fue eso: fue lo que vió en el espejo. Y estará así hasta que se muera






cuentos  de terror






Nueve veces Verónica
Nueve veces Veronica
Esto es justo lo que nunca debes hacer: ponerte frente al espejo y repetir nueve veces seguidas el nombre de Veronica.
No serías el primero que se rie al conocer esta historia, que lleva circulando por el mundo desde hace varias décadas. Muchos antes que tu han pensado que se trataba de un cuento chino y se han burlado, pero otras personas aseguran que quienes no han hecho caso de la advertencia y han aceptado el desafío, han cargado con una maldición terrible.
¿Quien es Veronica? O mejor dicho: ¿quien era? Se trataba de una chica de 14 años que, estando en el pueblo con sus amigos, hizo espiritismo en una casa abandonada. Todo el mundo sabe que es algo tremendamente peligroso y que jamás debe tomarse como un juego. Ella no siguió las reglas de los fantasmas, se burló durante toda la invocación y una silla que había en la habitación cobró vida y la golpeó mortalmente en la cabeza.
Sin embargo, Verónica aun no descansa en paz. Su espiritu esta condenado y vaga buscando venganza entre aquellos que no saben respetar el Mas Alla¡, como le sucedía a ella en la vida real.
Ana era una chica de la edad de Verónica que conoció la leyenda en su instituto. Sus amigos la picaron, diciendole que no se atrevía a decir 'Veronica' nueve veces ante el espejo. A ella le daba miedo, pero venció su terror porque le avergonzaba quedar mal ante todo el mundo. Una compañera fue a los servicios de esa planta del instituto para comprobar, entre risas, si cumplía la prueba.
Lo hizo, no paso nada y el grupo lo olvidó enseguida. Menos Ana. Para ella la auténtica pesadilla comenzó esa misma noche. Estaba en la cama, cuando un sonido la despertó. No se trataba de un estrépito, sino de una especie de susurro indescifrable que oía cerca de la nuca, mientras sentía como si alguien respirara en su cuello. Aterrada, se levantó y encendió la luz. Alli solo estaba ella. A pesar de eso, no pudo dormir en toda la noche. Al diía siguiente, no se atrevió a contarselo a nadie. Estaba muerta de miedo, y en medio de la clase tuvo que salir al servicio para mojarse la cara y despejarse. Pero cuando entró al baño, hacía mucho frío (como estaban en invierno no le dió importancia) y una capa de vaho cubría el espejo. Ana lo limpió con la mano para comprobar horrorizada que tras ella había una chica que no había visto jamás, con una expresión de espanto y sangre en la cabeza. Fue solo un instante. Cuando se volvió a mirar, ya no había nadie. Ana rió nerviosamente, pensando que todo era fruto de su imaginación, los nervios y el cansancio. Sin embargo, cuando se volvió hacia el espejo vio algo que la dejo helada. Al borrarse el vaho una frase habia permanecido escrita: 'Soy Verónica. No debiste invitarme a volver'.
Ana no pudo soportarlo. Hoy pasa sus dias encerrada en un manicomio, y solo habla para jurar y perjurar que el fantasma de Verónica la sigue atormentando.






Fantasmas





Debajo de la cama
Esto sucedió un 21 de octubre.
Unas niñas, simplemente querían festejar Halloween en la casa de una de ellas. Pero lo que ellas creían como un festejo, era realmente una pesadilla.
Cuando Julia, Romina, Florencia y Natalia llegaron a la casa de Mónica, lo primero que hicieron, fue ponerse a jugar a un juego de mesa. Luego, llego la madre de Mónica, a servir la comida. Cuando ya estaban satisfechas, subieron al pequeño cuarto de Mónica, y miraron películas de muertos vivientes, etc. Estas películas, a las niñas no las asustaron. Ellas no se asustaban fácilmente. Y por eso, habían decidido hacer esa "celebración", aunque ellas no sabían lo que significaba.
Al terminar las películas, apagaron las luces, y Mónica, quería oír historias fantasmagóricas que cuente alguna de sus amigas. Cuando Julia estaba a punto de contar una historia, Natalia se opuso. Ella tenia miedo.
Entonces, prendieron la luz.
Julia, muy enfurecida con Natalia, porque impidió que contara su relato, apago la luz nuevamente, y Natalia y Julia se pusieron a discutir. Mientras Mónica trataba de calmarlas, Florencia y Romina, solo observaban.
Al final de todo, se pusieron de acuerdo, y apagaron la luz.
Todas estaban calladas.
Romina, Julia y Florencia, estaban acostadas en la cama de Mónica, mientras Natalia y Mónica estaban acostadas en una frazada que habían tirado en el suelo. Estaban tranquilas. Cuando de repente, escuchan un fuerte grito que provenía debajo de la cama de Mónica!
Florencia, procedió a encender la luz.
Se dieron cuenta, de que Julia, no estaba mas sobre la cama. Era ella la que estaba abajo de la cama.
Romina procede a mirar hacia abajo. La ven a Julia. Con cara de susto. Y sin hablar, y con el pulso rápido, sale de ahí abajo.
Las chicas no entendían nada.
Muy preocupadas por la situación, deciden ir al baño, a tranquilizar a Julia mojándole la cara con un poco de agua fría. Cuando están por abrir la puerta, Julia grita ! No ! No ! Por favor, no habrán la puerta ! Mónica pregunta -¿Porqué?! Me esta buscando !-dice Julia. Pero, quien te esta buscando? le dicen sus amigas ! El,...el.!
Todas las chicas, entraron en calor. Empezaron a sudar. Su corazón latía cada vez mas rápido. Hasta que Romina se cansó y abrió la puerta. No había nada.-Ves que no pasa nada? Interroga Romina a Julia.
Julia quedo callada.
Y avanza hacia el baño con sus compañeras.
Cuando llegan alla, le mojan la cara, y la tranquilizan. Cuando iban a salir del baño, de nuevo, No ! No ! No habrán la puerta.! La abrieron nuevamente sin hacerle caso. Y tampoco había nada.
Pasaron nuevamente hacia el cuarto.
Y cerrar la puerta, para que Julia deje de alucinar con cosas, que nunca sucederían.
Cuando Mónica mira hacia la ventana, ve a una criatura extraña...Fuera de lo común.
Se queda sorprendida. Y lo primero que hace al ver a esa criatura, es gritar. La única que escucho ese grito, fue Julia. Pues las demás estaban en el piso de abajo, en la cocina yendo a buscar algo para comer.
Cuando Julia escucha el grito, le dice que pasa ! Le contesta, esa cosa...que hay ahí ! Y con los ojos bien abiertos y con la cara pálida, mira hacia la ventana. Ella lo ve. Grita junto a su compañera.
Las chicas escucharon el grito. Subieron rápidamente, y las encontraron bajo la cama, pálidas y con los ojos rojos.
Romina, Natalia y Florencia, empezaron a creer que las chicas estaban locas.
Las sacaron de abajo de la cama, y les empezaron a hablar.
-Que les pasa ?!-Porque están así?!-Porque se van abajo de la cama?!
-El nos impulsa hacia abajo de la cama-dijeron Julia y Mónica.
-Quien es el ?!!
- Él.
Las chicas ya se imaginaban de quien hablaban sus amigas.
Y muy asustadas, se dirigieron hacia el dormitorio de los padres de Mónica, y les contaron la historia.
Mientras estaban yendo hacia el dormitorio de los padres, Florencia, se pregunta, -No se despertaron los padres de Mónica al escuchar todos estos gritos? A las chicas les pareció extraño. Y se dirigieron mas rápidamente hacia el dormitorio.
Al llegar, se dieron cuenta, de que los padres no estaban durmiendo en la cama.
Y automáticamente, Julia y Mónica, se miraron a los ojos, y se fueron corriendo hacia la puerta, tratando de abrirla, y poderse ir.
Pero sus amigas las alcanzaron. Y las chicas, no podían hablar...Ellas estaban paralizadas.
Y poco a poco, les pudieron decir solo 3 palabras ... "ABAJO DE LA CAMA".
Las chicas se dirigieron rápidamente hacia la cama de los padres, y se agacharon para mirar.
Los padres estaban muertos, y desfigurados, bajo la cama.
Estaban las sábanas manchadas de sangre. Cuando vieron eso, vieron también, ver salir de abajo de la cama, una especie de criatura extraña, que se dirigía hacia el cuarto de Mónica.
Romina la quería seguir. Pero Florencia la paró. Y le dijo que no lo haga.
Las tres chicas (Romina, Florencia y Natalia) se fueron a hablar con Julia y Mónica, y cuando fueron hacia donde estaban hace un instante, se dan cuenta de que ya no están ahí.
Romina fue corriendo hacia el dormitorio de Mónica.
Y las ve a las dos, caminando lentamente hacia la cama.
Ella ve, que se agachan, y se meten ahí abajo.
Ve a esa criatura, que se esta por meter abajo de la cama junto a ella. Y Romina pegó un grito.-Chicas! Chicas ! Vengan rápido! y al oir eso, el ser extraño, la mira a Romina, y se aproxima hacia ella.Romina sale corriendo.
A la mitad del camino, Romina para de correr. Se da la media vuelta, y se aproxima hacia el dormitorio de Mónica. Hacia la cama.
Ella se mete abajo de la cama junto a sus dos compañeras. No sabia lo que hacia. Habí algo que la impulsaba a meterse ahí. No lo hacia voluntariamente.
Cuando Julia, Mónica y Romina, estaban bajo la cama, la criatura se aproxima hacia ellas. Las desfigura. Igual que a los padres de una de ellas. Les saca los ojos.
Natalia y Florencia, subieron rápidamente hacia el cuarto.
Cuando vieron eso, solo gritaron, y no pararon de hacerlo, hasta que un vecino las escuchó, forjo la cerradura, y logro entrar a la casa.
Natalia y Florencia, están en un psiquiátrico internadas...Mirando noticias en la televisión, y leyendo el periódico.
Un mes después de lo ocurrido, muere el hombre que les salvo la vida a las dos niñas. No se sabe como, lo único que se sabe, es que murió debajo de la cama...





miedo







Messenger
Como cada noche tras salir del trabajo Pat llegó a casa, encendió el ordenador y conectó el messenger. Luego, empezó a chatear con sus amigos. En ese preciso instante un pop up apareció en la pantalla.
kematian@hotmail.com
¿Deseas agregar a esta persona al messenger?
Sí. Los contactos de Messenger forman parte de tu red de Windows live
No, gracias. No te preocupes, no le diremos a nadie que dijiste que no.
¿Quién habría tras el nick de kematian?, pensó. Aunque no solía aceptar a nadie que no fuese conocido, la curiosidad le pudo y, casi sin titubear, dio a aceptar. Luego, clicó sobre el nuevo nombre:
Pat dice:
-¿Hola?, ¿Quién eres?
Pasaron unos segundos y nadie contestó. Pat siguió hablando con sus amigos cuando de pronto la cam se encendió sola y en la pantalla pudo leer.
Kematian dice:
-Hola Pat. Estás preciosa esta noche.
Pat miró sobresaltada a su cam. Se había encendido sola. Puso la mano sobre el visor y escribió en la pantalla.
-¿Quién eres?, ¿Te conozco?
-Tu y yo vamos a ser muy buenos amigos, seguro.
-Pero, ¿Quién eres?
-Mi nombre es Kematian.
-Extraño nombre.
-Es un nombre de origen indonesio
-¿Indonesio?
-Sí, así es.
-Yo me llamo Pat Weals
-Lo sé, lo sé.
-¿Me conoces?
-Algo parecido.
Pat sintió una cierta desconfianza pero siguió hablando.
-¿De qué me conoces?
-Te conozco desde que naciste.
-Eras amigo de mi familia.
-No exactamente.
-Bueno, cuéntame cosas de ti.
-Pues verás, llevo tanto años en este mundo que casi que no recuerdo cuando nací.
-No será para tanto. Respondió Pat.
-Bueno, lo cierto es que a pesar de mi edad aún estoy en plena forma.
-¿A qué te dedicas?, ¿O estás jubilado?
-¿Jubilado yo? Jajaajjaja. ¡Eso en la vida!
-¿Pues a que te dedicas?
-Bueno, podríamos decir que al mundo del trasporte.
-Interesante.
-¿Y tu Pat? Háblame de ti.
-Pues yo trabajo en publicidad. Era mi sueño desde niña y ahora que estoy camino de los cincuenta sigo adorando mi trabajo.
-Eso es importante.
Durante todo aquel mes Pat pasó largas horas chateando con Kematian. Lo cierto era que aquel extraño, la conocía mejor que muchos de sus mejores amigos. Cuando hablaba con él, se sentía muy a gusto; era como ir a la consulta de un psicólogo y vaciarse por completo. Esa fue la razón por la que Pat empezó a pensar que podría ser interesante conocer a Kematian.
-Sabes, llevo unos días dándole vueltas y creo que podría estar bien que nos conociésemos.
-¿Estás segura de ello?
-¿Y porqué no?
-Porque pese a nuestras largas conversaciones, soy un completo desconocido
-Ya no. Me conoces casi mejor que yo a mi misma. Y cuando hablo contigo me trasmites tanta paz.
-Dime. ¿Te atreverías a hacer un viaje conmigo?
-¿Un viaje?
-Sí, ¿te atreverías a acompañarme en uno de mis trasportes?
Pat dudo unos instantes pero luego contestó con firmeza.
-¿Y porqué no? Será que de joven no me ido veces de viaje con amigos que había conocido días antes en una discoteca.
-Bien. Veo que realmente ya estás preparada.
-¿Preparada?
-Sí,...preparada para viajar.
-¿Y cuándo nos vamos?
-¿Qué te parece mañana cuando salgas de trabajar?
-¿Este fin de semana?
-Sí.
-Pues..en principio bien.
-De acuerdo. Te recojo el viernes al salir de la oficina.
-Perfecto.
Aquel viernes Pat se llevó una mochila con las cosas indispensables a la oficina. Estaba nerviosa. Por fin iba a conocer a Kematian. Llevaba tantas noches hablando con él que la idea de conocerle la emocionaba. Seguro que iba a pasárselo muy bien. Con Kematian era difícil aburrirse. Era un hombre tan culto y tan interesante. Lo raro con sus conocimientos y su cultura era que tan sólo fuera transportista, pensó.
Pat miró el reloj de la ofina; ya eran las seis. Se incorporó, cogió su mochila y empezó a andar. De pronto, empezó a sentirse mal. Un extraño dolor en el pecho y en su brazo derecho le hizo temer lo peor. Pat cayó desplomada al suelo ante el estupor de sus compañeros. Medio inconsciente y con fuertes dolores Pat miró a su alrededor. Fue en ese preciso instante en que oyó la voz de un hombre que le decía:
-Hola Pat, soy Kematian. Creo que ya podemos irnos. Ya estás preparada.
-¿Irnos? ¡Creo que estoy sufriendo un infarto!
-Sí Pat. La hora exacta de la muerte será en cinco minutos.
-¿Cómo?
-¿Sabes que significa realmente mi nombre?
-No.
-Kematian significa muerte en indonesio. Lo siento Pat, pero ya es tu hora y he venido a por tí.
-¿Qué?
-Traté de hacerlo más fácil. Pensé que si me conocías antes, este viaje iba a ser más agradable. ¿Confías en mi no?
Pat miró alrededor dándose cuenta que nadie más veía a Kematian. Todos la miraban pensando que tras el infarto sufría alucinaciones.
-Sí confío en ti Kematian.
-Bien, ahora tendremos todo el tiempo del mundo para hablar.
Cuando llegó la ambulancia Pat ya había muerto. Sin embargo, hubo algo que extrañó bastante a todos. Pese a los fuertes dolores que le había provocado el infarto, en su cara se esbozaba un clara y serena sonrisa.





terror






La mujer del pasillo
Esta historia trata sobre un chico que trata de hacer contacto con su abuela ya fallecida,pero no sabe lo que le espera.
Una noche de Halloween, por hacer algo de miedo, jugamos a la Ouija, cosa de la que siempre me arrepentiré.
La noche era fría, en el ambiente se notaba un aroma extraño, no sé definirlo con palabras; unos amigos y yo buscamos una vieja Ouija que mi familia siempre ha tenido guardada, era de mi bisabuela, la cual había muerto cuando yo aún no había nacido, y siempre había querido conocerla. Mis amigos hacían eso por diversión, yo por un fin, quería hablar con mi bisabuela. La Sesión comenzó, entre risas mis amigos bromeaban, yo estaba muy serio, concentrado, pero ellos no lo notaron, hasta que cayó un rayo que iluminó toda la habitación oscura, seguido de un trueno, que estremeció hasta el último de mis huesos. Asustados por el rayo, mis amigos, se quedaron en silencio, como yo, concentrándose, de repente, el puntero de la Ouija comenzó a moverse, preguntamos al unísono, quién era, pero no respondió. El puntero se movía sin cesar de un lado para otro, sin formar palabras. Al final paró, y lentamente, formó las siguientes palabras: "Estoy yendo a por ustedes". Llamaron a la puerta, pero nadie se atrevió a abrirla, oímos la voz de quien llamaba, era una mujer, estaba en el pasillo, gritaba por entrar a mi habitación, el cerrojo estaba echado, no podía entrar, pero parecía que iba a tirar la puerta abajo. La mujer gritaba desesperada, la puerta iba a caer, así que empujamos la cama para atrancarla. La mujer cada vez más desesperada, gritaba mi nombre. Yo tuve el impulso de abrir la puerta, pero me contuve, esos gritos eran desesperados. Entonces me di cuenta, era mi bisabuela, algo me lo decía, aunque no podía explicar cómo lo sabía. Me lancé a abrir la puerta, quería verla, tenía que verla, pero mis amigos me agarraron. Los gritos cesaron, una de mis amigas, tuvo un ataque de nervios, nos acercamos a consolarla, pero una voz grave y fuerte salió de ella diciendo que no nos acercáramos, nos quedamos de piedra. La mujer del pasillo comenzó a gritar de nuevo: "¡Se los advertí, y no me hicistes caso, ahora moriras!". Mi amiga comenzó a moverse de un lado a otro, diciendo que nos mataría, intentamos abrir la puerta pero no pudimos, los gritos volvieron a cesar, conseguimos abrir la puerta, yo salí primero, pero se cerró detrás de mí. Oí los gritos aterrorizados de mis amigos, histéricos, pidiendo socorro, dando patadas a la puerta para abrirla.
Escribo mi historia, cuarenta y cinco años después de que ocurriera, pues acabo de salir de la cárcel, culpado por el asesinato de mis amigos, los cuales encontré muertos cuando conseguí abrir la puerta de mi habitación.





relatos




La oscuridad
Como siempre, Julia sólo pulsó el botón de parada del vídeo cuando desaparecieron los últimos títulos de crédito de la película y la niebla se apoderó de la pantalla. Una vaga inquietud comenzó a apoderarse de ella. No tendría que haber visto una película de terror a horas tan tardías. Eran más de las doce y no le quedaba más remedio que acostarse y apagar las luces. Estaba sola en casa, a excepción de su hijo pequeño, que dormía plácidamente en la pequeña cama de su habitación. Su marido tenía turno de noche en la fábrica y no volvería hasta las siete de la mañana. Se había sentido aburrida y había puesto la película, una historia de muertos vivientes que la había impresionado más de lo que ella pensaba. La película duró más de la cuenta y ahora ella no tenía más remedio que apagar las luces y acostarse sola; tenía que levantarse temprano para ir a trabajar, iba a ser un día muy atareado, y no podía demorar más tiempo el momento de apretar el interruptor. Miró el reloj y la cama vacía e intentó borrar de su mente el oscuro temor de siempre a la oscuridad, a dormir sola, al espacio vacío debajo de su cama, a los armarios que, a esas horas de la noche, parecían ominosos y amenazadores. Uno de ellos tenía una puerta levemente abierta. La cerró del todo. Esa rendija de oscuridad siempre la había asustado, le parecía que, de repente, la rendija comenzaría a ampliarse, provocada por una mano invisible que empujaba la puerta. Notó como su pulso se estaba acelerando. No tenía que haber visto esa película. Lo que le había parecido entretenido a las diez de la noche, cuando podía oír las animadas conversaciones de los vecinos que le llegaban por la ventana entreabierta, ahora le parecía terrorífico. El silencio se extendía por todo el edificio y ella casi podía notarlo como un zumbido sordo y constante en sus oídos. Por fin, decidió irse a dormir y desterrar de su mente todos esos absurdos temores. No obstante, no pudo evitar cumplir con su inevitable ritual. Antes de apagar las luces miró debajo de la cama. Como siempre, nada. Nunca había encontrado nada que la pudiera intranquilizar, pero jamás, desde su infancia, había dejado de echar un vistazo. Aunque su marido se reía de sus miedos y, al principio, había intentado desterrar esa manía, con el tiempo la había aceptado como una pequeña excentricidad y, salvo alguna broma ocasional al respecto, la había dejado por imposible.
Después, lo de siempre. Se dirigió hacia el interruptor de la luz, lo apagó y, corriendo, se quitó las zapatillas y se metió en la cama, tapándose a continuación la cabeza y sintiendo su corazón latir algo más rápido de lo acostumbrado. La oscuridad la aterrorizaba. Intentó concentrarse en pensamientos alegres, su marido besándola por la mañana cuando llegara, su hijo de un año y medio despertando y buscándola; pero era imposible. Cuando dormía sola, antes de que el sueño se apoderase de ella, solamente miedos oscuros e ideas terroríficas venían a su mente. Solamente podía pensar en manos que la cogerían por los tobillos desde debajo de la cama, en la puerta del armario abriéndose con un crujido siniestro para dar paso a un ser de pesadilla... Sus manos atenazaban el borde de las mantas, rogaba que el sueño le sobreviniese pronto y despertar, como siempre, en la habitación bañada de luz.
Supuso que había pasado una media hora cuando comenzó a invadirla aquella agradable laxitud, la flojedad en sus miembros y su mente que ella siempre identificaba con la llegada del sueño salvador. Pero algo hizo que esa sensación desapareciese bruscamente. Oyó un ruido debajo de la cama. Su corazón comenzó a latir cada vez más deprisa, su boca se abrió, pero no pudo gritar. Pensó en un ratón, algún pequeño animal que reptaba por el suelo y que desaparecería en cualquier momento. Se aferró a esa idea con desesperación, para darse cuenta con un infinito de que aquel ruido no podía causarlo ningún vulgar ratoncillo. Eran unos siniestros crujidos, seguidos de una espantosa caricatura de respiración, algo así como el ruido que emite un asmático en una crisis, un espantoso y cavernoso gorgoteo. La mente de Julia comenzó a escapar hacia las regiones oscuras de la locura y el espanto infinitos. Aquello estaba reptando debajo de su cama, moviéndose siniestramente en la oscuridad, y aquel sonido de respiración parecía casi humano. En cualquier momento una oscura garra surgiría de debajo de su cama y atraparía su mano agarrotada por el terror, y algo monstruoso caería sobre ella. ¡Ahora, ahora, ahora! Esta palabra se repitió en su cabeza cada vez más deprisa, mientras Julia esperaba el momento fatídico, mientras su corazón latía desbocado, amenazando con estallar. ¡Ahora, ahora, ahora...!
El marido de Julia nunca logró olvidar lo que vio en su dormitorio cuando volvió de trabajar. Sus infrahumanos gritos de horror despertaron a todo el vecindario. Seguía gritando enloquecido cuando los vecinos, tras forzar la puerta de su piso, lo encontraron. Su mujer yacía boca arriba en la cama, los ojos espantosamente abiertos, las manos contraídas y agarrotadas aferrando el borde de las sábanas. Muerta. Muerta de miedo. Pero no menos horroroso fue lo que encontraron debajo de la cama. Un pequeño cuerpo asfixiado que, gateando, había ido a enredarse en unos plásticos, muriendo asfixiado tras una horrible agonía. ¡Su hijo pequeño, muriendo ahogado bajo la cama de su madre que moría de terror.


cuentos  de terror




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