Hace mucho que no posteaba por aqui pero se me ocurrio la idea de subir un cuento con el que gane un concurso hace 2 años que la verdad me han dicho que es bueno...

Les pido paciencia porque es un poco largo pero les aseguro que es entretenido
Amor nocturno

Amor nocturno

Las tinieblas de aquella noche no se parecieron en lo más mínimo a la oscuridad de las demás, aquella noche fue eterna, de las más frías del invierno y de las más imaginablemente tenebrosas. El soplido del viento estremecía las delicadas hojas de los árboles y este débil sonido hacía resaltar el impío silencio que en aquel remoto lugar se vivía. Sin embargo, en ese lugar algo más que el viento rompía el silencio nocturno, lenta y sigilosamente; él se desplazaba cuidando cada uno de sus pasos, tratando de no dejar huella, buscándola, ansiando encontrarla pero sin lograr el mejor de los resultados. Buscando de aquí para allá regresando al mismo lugar, pero sin encontrar el menor indicio de ella.
Y así lo hacía todas las noches cada vez con una esperanza renovada, pues tal era su afán de verla que era capaz de contener el sueño hasta llegar al límite. Ella le representaba la más grande de las necesidades, incluso para olvidarse de sus más básicos instintos como alimentarse y descansar; pero, con sólo verla su corazón y semblante se llenaban de una reconfortante alegría, creando una paz interior que superaba el necesario descaso y el hambre inevitable.
Las marcas de la vida habían dejado en él ciertas cicatrices que ni el tiempo pudo desvanecer y su pequeño cuerpo ya no era el mismo de cuando fue un joven, las uñas le habían crecido y sus antes férreos y poderosos músculos, ahora pegados a su huesos, representaban una latente debilidad que por más que intentase no podía evitar.
Pero ella no parecía tener defecto alguno, sus líneas y su simetría eran perfectas, poseía una indescriptible belleza, era como una especie de ángel en el cielo, su blanca piel desprendía un brillo divino al igual que su sonrisa, y por si fuera poco su rostro, agraciado, bello y seductor, no podía pasar inadvertido.
Él, sin dudarlo, era una especie de horrible monstruo que aunque dejando atrás sus defectos la adoraba y la veneraba como el más fiel de los súbditos; por el contrario, ella sólo se limitaba a mirarlo, pero sin ni siquiera dirigir una sola palabra. A él nunca le importó el silencio, ella estaba tan dentro de su ser que una mirada o una sonrisa era suficiente para satisfacer el vacío de su alma y de su corazón, en ocasiones abatidos por las intensas búsquedas.
Por otro lado, así como existen momentos buenos existen malos, y la bendición cayó sobre él pues con cada noche la búsqueda se tornaba más fácil, la anterior dificultad se volvió casi nula, y su corazón rebosante de alegría palpitaba alocadamente cada vez que la veía. En ocasiones lograba acercársele tanto que el hermoso resplandor de su piel lograba iluminarle el rostro, pero, en otras ocasiones sólo podía observarla de lejos, y por más que se enfureciera e intentara acercársele, sus esfuerzos eran corrompidos por la distancia.
La alegría de verla diariamente lo había hecho tan feliz, que su mente logró despejarse un poco, su antigua memoria y su propio reflejo en el agua le hicieron recordar la falta de alimento, pues su acabado cuerpo se encontraba en tales condiciones que le era difícil mantenerse en pie. Pronto comenzó a fortalecerse y a recuperar su anterior energía de cuando era un joven.
Durante un tiempo todo fue felicidad y virtud, la costumbre y el amor en su corazón creó el más poderoso de los lazos; a tal grado que la muerte ya no representaba un miedo para él. Lo que realmente significaba el verdadero temor, era nunca jamás volver a verla; el sólo imaginar esto lo llenaba de rabia y un enojo incontrolable que hacía fluir el más fiero rencor por sus venas.
Y así pasó, llegada la noche, él iniciaba su fácil y rutinaria búsqueda; pero esta vez no se tornó tan fácil, pues tan pronto se dio cuenta de que ella aún no aparecía; su corazón empezó a palpitar de una involuntaria desesperación que sólo un ser podría calmar. Trató de contenerse, tensó al mismo tiempo todos los músculos de su cuerpo, apretó sus mandíbulas tan fuertemente que los dientes desgastados y llenos de caries estuvieron a punto de romperse, clavó sus uñas al suelo de tal modo que pudo levantar un gran puño de tierra, empezó a temblar, su cuerpo se volvió un terremoto y un líquido transparente comenzó a brotar de su piel. Con sus esfuerzos de contenerse ya vencidos se echó a carrera desbocadamente, corriendo con tal furia y velocidad que parecía que sus huesos iban a desprenderse, o que se iba a estrellar con algo, por algunos instantes parecía desaparecer en la penumbra nocturna y esquivaba los árboles con una agilidad ficticia. Pero unos instantes después, en su alocada crisis se percató de que ella había aparecido y se detuvo más rápido que si hubiese chocado contra un muro. Su sonora respiración era incontenible al igual que los latidos de su indomable corazón, su búsqueda había terminado, por fin la había encontrado y aunque aún tembloroso, su rostro reflejaba paz y una relajante calma.
Pero otra cosa sucedió; de pronto, una sombra siniestra, lenta y pacientemente, comenzó a opacar aquel brillo hermoso que ella con su albina piel producía. Nuevamente él se enfureció y esta vez con más fuerza, contrajo todo su cuerpo, su corazón lleno de rabia y de ira empezó a latir de tal manera que casi explotó, su rostro encarnando casi la propia muerte reflejaba el más cruel enojo nunca antes sentido, y en una fracción de segundos los músculos de sus piernas le dieron el impulso necesario para correr aún más rápido que la primera vez. Corría, al parecer, en una sola dirección arrastrando todo lo que se le atravesaba a su paso, haciéndose profundos cortes con las piedras y arañándose todo el cuerpo con los arbustos, pero esto no parecía detenerle, su necesidad por ella y su ira eran aún mayores que el dolor físico. Su dirección claramente fue la cima de la montaña para así lograr acercarse lo más posible. Casi a punto de explotar, importándole más ella que su propia vida, pudo observar que la extraña sombra ya había cubierto una mitad del majestuoso cuerpo.
Él, con su último aliento, llenó sus ya agitados pulmones de tan necesario aire, conteniéndolo por un par de segundos; desde el fondo de su alma, lanzó el más hermoso, sonoro, lozano y sentimental aullido del lobo rompiendo el eco en aquel vacío, que hubiese podido doblar y hacer llorar de rodillas al más duro y tirano domador, pues su idolatrada, venerada y amada luna estaba desapareciendo en las manos de algo incomprensible.

amor

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