La casa de Asterión. Borges explicado.


Si alguna vez te sentiste frustrado por haber leído algo que no entendiste...

Propongo un análisis del cuento La casa de Asterión de Jorge Luis Borges.



Literatura



escritor


La casa de Asterión es un cuento del escritor argentino Jorge Luis Borges, publicado en 1949 en su obra El Aleph.

Antes de ir al análisis, lea el cuento.


Borges


El cuento:


La casa de Asterión
Jorge Luis Borges
El Aleph (1949)



Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.
APOLODORO: Biblioteca, III, I.

Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios pero si la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida). Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del Templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó en el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.
El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer.
A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos. Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocaremos en otro patio o bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o ya verás como el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.
No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce (son infinitos) los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce (son infinitos) los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el sol la enorme casa, pero ya no me acuerdo.
Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanza todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Como será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?
El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
—¿Lo creerás, Ariadna? —dijo Teseo—. El minotauro apenas se defendió.



A Marta Mosquera Eastman




laberinto


Jorge Luis Borges


Asterión: Nombre dado al Minotauro, según la mitología griega.
Apolodoro: (180 aC - 119 aC). Gramático, historiador y mitógrafo griego. Nacido en Atenas, se estableció en Alejandría, donde fue alumno de Aristarco de Samotracia. Militó en la escuela filosófica de Epicuro. En el año 146 abandonó Alejandría y se estableció en Pérgamo donde murió. Los antiguos le atribuyeron erróneamente un compendio de mitología: Biblioteca mitológica, donde se intentaban conciliar las distintas versiones que ofrecían de cada mito los poetas. La obra se ha conservado sólo en parte, pero es una de las fuentes principales para el estudio de la mitología griega.
Misantropía: Cualidad de misántropo: Persona que, por su humor luctuoso (funesto), manifiesta aversión al trato humano, a la sociedad.
Irrisorio, ria.: Que mueve a risa y burla. Insignificante por pequeño.
Pompa: Acompañamiento suntuoso, numeroso y de gran aparato, que se hace en una función, ya sea de regocijo o fúnebre. Fausto, vanidad y grandeza. Procesión solemne.
Bizarro, rra: (De it. bizzarro, iracundo). Adj. valiente, esforzado, generoso, lucido, espléndido.
Plebe: Clase social más baja. En el pasado, clase social común, fuera de los nobles, eclesiásticos y militares
Estilóbato: Arq. Macizo corrido sobre el cual se apoya una columna.
Laberinto de Egipto: Situado en la región que hoy se designa con el nombre de laberinto de Arsinoe por hallarse cerca de esta ciudad y los habitantes del país lo denominan con el nombre de Palacio de Carón. Herodóto fue el primer historiador que dio una descripción detallada del mismo, asegurando que las demás obras y edificios de los griegos no podían comparársele ni en delicadeza de su trabajo ni en su coste material, suponiendo que este aún fue mayor que el de las Pirámides.
Minotauro: (mitología) Zeus le regaló al rey de Creta, Minos, un bellísimo toro blanco para ser sacrificado en honor a Poseidón. El toro era tan hermoso que Minos se lo quedó, sacrificando otro toro al dios del océano esperando que éste no se diera cuenta. Poseidón, notó la diferencia y se llenó de ira. Como castigo a Minos, el dios hechizó a Pasifae, la esposa del rey, e hizo que ella se enamorara del toro blanco. Pasifae intentó entonces seducir al toro de diversas formas, pero ninguna dio resultado, por lo que ella decidió pedirle ayuda a Dédalo, el arquitecto más hábil de Creta. Dédalo construyó entonces una vaca de madera, hueca, de forma que Pasifae pudiera esconderse en su interior. La reina regresó disfrazada a donde el toro, y éste, confundido por la perfección del disfraz, la montó. El resultado de la unión de Pasifae con el toro fue Asterion, el Minotauro.
El Minotauro sólo comía carne humana, y conforme crecía se volvía más salvaje. Cuando la criatura se hizo incontrolable, Minos ordenó a Dédalo construir una jaula gigantesca de la cual el Minotauro no pudiera escapar. Dédalo entonces construyó el laberinto, una estructura gigantesca compuesta por cantidades incontables de pasillos que iban en distintas direcciones, entrecruzándose entre ellos, de los cuales sólo uno conducía al centro de la estructura, donde el Minotauro fue abandonado. Cuando el heredero de Minos, Androgeo, fue asesinado en Atenas después de una competición olímpica donde quedó campeón, el rey de Creta declaró la guerra a los atenienses y a su rey, Egeo. Minos venció en la guerra, y asedió Atenas, liberándola después de imponerle un duro castigo a sus habitantes: siete jóvenes y siete doncellas vírgenes debían ser entregados como sacrifico al minotauro cada año. Los 14 jóvenes eran internados en el laberinto, donde vagaban perdidos durante días hasta encontrarse con la bestia, sirviéndole de alimento. Años después de impuesto el castigo a los atenienses, Teseo, hijo de Egeo, llegó a Atenas. Cuando se enteró del sacrificio de los jóvenes, Teseo se embarcó él mismo como parte de la ofrenda, dispuesto a matar a la bestia y así liberar a su patria de Minos y su condena.
Al llegar a Creta, los jóvenes fueron presentados a Minos. Teseo conoció entonces a Ariadna, hija del rey, quien se enamoró de él. La princesa rogó a Teseo que se abstuviera de luchar con el Minotauro, pues eso le llevaría a una muerte segura, pero Teseo la convenció de que él podía vencerlo. Ariadna, viendo la valentía del joven, se dispuso a ayudarlo, e ideó un plan que ayudara a Teseo a encontrar la salida del laberinto en caso de que derrotara a la bestia. El día de la ejecución, Minos ordenó a los 14 jóvenes que entraran en el laberinto. Ariadna entonces le entregó a Teseo una punta de un hilo muy largo, y le dijo que por ningún motivo lo soltara mientras estuviera dentro del laberinto. Ella sostenía la otra punta del hilo, y gracias a eso, Teseo podía seguir el hilo de vuelta a la entrada del laberinto. El héroe y los demás jóvenes entraron al laberinto, y después de varias horas de caminar por éste se encontraron con el Minotauro. Teseo luchó contra él desarmado, pues el rey no le permitió llevar consigo sus armas, y lo derrotó. Para salir del laberinto, Teseo siguió de vuelta el hilo que Ariadna le había dado, y así guió hasta la salida a los demás jóvenes.
Marta Mosquera Eastman: Escritora argentina amiga de Borges radicada en Venezuela.




cuento


“...yo descubro los laberintos en un libro de la casa Garnier de Francia, que estaba en la biblioteca de mi padre. Era un grabado muy curioso que ocupaba toda una página y representaba un edificio, semejante a un anfiteatro. Recuerdo que tenía grietas y que se lo veía alto, más alto que los cipreses y que los hombres que lo circundaban. Mi vista no era óptima, yo era muy miope, pero pensaba que si me ayudaba con una lupa podría ver un Minotauro adentro. Era, además, un símbolo de perplejidad, un símbolo del estar perdido en la vida; creo que todos, alguna vez, nos hemos sentido perdidos, y el símbolo de eso yo lo veía en el laberinto. Desde entonces yo he conservado esa visión del laberinto.”
Repuesta de Borges a una pregunta del periodista Roberto Alifano.



minotauro


el aleph


Es de suma importancia el análisis semiológico de La casa de Asterión para la “completa” comprensión de la obra toda de Borges.

Ya en poemas y cuentos anteriores, había utilizado Borges con abundancia esta imagen mitológica a la que terminó por conferirle una significación propia, transformándola en símbolo personal, distintivo de toda su producción literaria. Pero es este relato, y en ello reside su importancia, en el que el laberinto constituye el núcleo temático y forma de toda la narración. Por otro lado, este cuento es capital para ciertas interpretaciones sobre la visión que el propio Borges tenía de sí mismo.


Podemos decir que La casa de Asterión es un laberinto en dos sentidos:

• Por un lado, al finalizar el cuento reconocemos como lectores al minotauro de la mitología clásica. Sin pensar demasiado y recordando el mito del cual se nutre Borges, sabemos que “la casa” del minotauro era un laberinto.
• Por otro lado, podemos afirmar que la escritura de Borges en este relato busca la verdadera puesta en práctica de las competencias en el lector. El relato se conforma de pasillos y bifurcaciones; salones y grandes entradas, pero solamente se nos muestra una única salida, de la misma forma que se conforma todo laberinto.


Antes de adentrarnos en el laberinto de palabras que nos arrojamos a analizar, es fundamental entender y creer de manera rigurosa que jamás una palabra, por minúscula que parezca, está de más. Sin este punto de partida podríamos caer en el error absurdo de pensar que algunas palabras están ocupando un mero lugar estético, traspié que no nos podemos permitir en el análisis semiológico de una obra literaria.

Comencemos por el principio. El texto comienza con un epígrafe de Apolodoro:
“Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión”.

La inclusión de tal epígrafe tiene una doble función en el texto, por un lado justificar el nombre del protagonista y presentárnoslo como un príncipe; por otro lado, a la manera de algunos textos policíacos, darnos la impresión de que la solución era evidente desde el principio, que la salida a este laberinto de palabras es simple de descubrir.

La realidad es que se requiere un lector especialmente erudito para descubrir en ese punto la solución del relato, es más, se podría incluso postular un lector que entendiendo el epígrafe no comprendiese todavía el cuento. Realmente la solución del enigma funciona por una serie de alusiones a lo largo del texto, pero incluso esas mismas alusiones sólo pueden entenderse realmente después de haber leído el texto.

Para justificar esta idea podemos idealizar un lector que tiene la posibilidad de acceder únicamente al título de la obra y su epígrafe.

La casa de Asterión a un lector erudito le significaría una serie de datos e incógnitas:

• Asterión ¿será el minotauro del antiguo mito griego?
• La casa ¿será el laberinto donde habitaba el minotauro?

Con el epígrafe un lector erudito podría resolver las incógnitas que le representó el título de la obra:

• El nombre: “Apolodoro” confirmaría de algún modo la relación con la antigüedad clásica.
“Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión” Sin duda confirmaría que se trata del minotauro.


Borges construye un laberinto de palabras para perder al lector. La narración continua en primera persona de la siguiente forma:
“Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias”.
• De estas primeras declaraciones podemos interpretar que queda claro desde el principio el carácter singular de Asterión. No sólo se siente insultado, lo cual quiere decir que es conocido, sino que se cree con poder suficiente como para castigar las ofensas.
• Por otro lado aquellos que hemos tenido la oportunidad de leer sobre la vida de Borges podemos ver cierto reflejo de su personalidad en este personaje que está presentando. Sin embargo citando a Ernesto Sábato: “La gran diferencia entre Dostoevsky y Dimitri, es que difícilmente el segundo pueda escribir Los Karasmasov”, sin duda no hay que dejarnos convencer a simple vista de lo que parece que quiere expresar el autor, por más similitudes que exista entre autor y personaje, desde un análisis semiológico no considero que se deban postular ideas tan tajantes.


De su casa Asterión nos dice: “No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura?”

Bifurcaciones, pasillos y más salones sin salida:

• ¿Qué clase de habitante es ese que no necesita muebles?
• ¿Asterión seguirá siendo el personaje que creímos reconocer?, bien sabemos que la mitología nos lo presentó como un prisionero.
• ¿Si no hay cerraduras, significa eso que no hay puertas?
• ¿Quiénes mienten declarando que hay en Egipto otra casa parecida a la de él?


Por otro lado comenta Asterión que a veces a salido a la calle pero que volvió pronto por el temor:

“que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta.”

Más salones y pasillos en nuestro laberinto:

• ¿Qué clase de ser destaca la falta de color y el aplanamiento de las caras humanas?
• ¿Por qué razón Asterión siente temor de la plebe siendo un príncipe?


En un gesto de inocencia nuestro narrador nos comenta:

“Ya se había puesto el sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey me dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.”

Claro queda que Asterión produce terror, el llanto de los niños, las oraciones y la necesidad de reunir piedras lo demuestran. Lo que no está claro todavía es la razón.

• Y por otro lado: ¿Cómo es posible que él tema a quiénes le temen? ¿Dónde radica ese miedo de unos hacia otro e inversa?

Posteriormente Asterión habla de sus entretenimientos, que dicho sea de paso son bien singulares:

“Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos.) Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y no reímos buenamente los dos."

En estos planteos de entretenimientos que nos enseña Asterión se nos revelan algunas ideas:


• Es interesante que de las muchas actividades que Asterión podría describir de su cotidianeidad, elija el detallar sus distracciones; y no lo hace de un modo sencillo: “Claro que no me faltan distracciones.” En esta oración que parece simple podemos ahogarnos en las necesidades del hablante. ¿Por qué es “claro que no” le faltan distracciones?, acaso ¿en alguna idealización colectiva se encuentre la imagen de la disgustada y fastidiada vida monótona de nuestro personaje? Y él: ¿Querrá desmentir ese mito?

• Podemos decir que Asterión se encuentra en un lugar que no reconoce completamente. Aun más, es capaz de perderse en una casa que abunda en simetrías y en bifurcaciones. Tal construcción no podría haber sido construida bajo otra función más que para que aquel que la habitara no la conozca por completo.

• Asterión vive solo. Se encuentra en soledad. Aunque también “juego a que me buscan” ¿quiénes?

• En este pasaje se destaca el tópico de “la otredad”. Uno de los más relevantes en la literatura borgeana. - En este caso el tópico revela un dato que merece un ahondamiento: cuando Asterión hace referencia a ese “otro” que lo visita, no simplemente dice “otro”, utilizando el pronombre de manera genérica y participativa al lector; todo lo contrario: Asterión es visitado por “otro Asterión”. Nuestro protagonista se reconoce único, aunque en su personalidad hay vislumbres de un ansia de encuentro con “otro como él”.



la casa de asterión


Pero Asterión no sólo juega, también medita sobre la casa:

“Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce [son infinitos] los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce [son infinitos] los mares y los templos."


Pero no todo es así, porque seguidamente afirma:

“Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba el intrincado sol; abajo, Asterión. Quizás yo he creado las estrellas y el sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.”

Una curiosa diferencia, por qué destacar el sol y Asterión y no, por ejemplo, la Luna y Asterión. Debemos prestar atención también, que a pesar de la referencia al sol toda la acción del relato ha transcurrido hasta ahora en la caída de la tarde o en la noche: Mientras habla yo-Asterión, en la primera parte, las imágenes propuestas por el texto: "algún atardecer", "antes de la noche", "ya se había puesto el sol", "una visión de la noche". ¿Esta idea de oscuridad pertenecerá a este mundo ficticio en particular? O bien: ¿Será que aquella luz incierta tan propia del espacio imaginario de Borges, no es más que parte del propio estilo del autor?

“Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que Asterión los libere de todo mal.” Según Asterión “la ceremonia dura pocos minutos” y “uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos”. Y Asterión se alegra porque uno de ellos profetizó que un día llegaría su redentor: “desde entonces no me duele la soledad” declara. Finalmente, Asterión reflexiona sobre el aspecto de su redentor: “¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?”.

Y la última pregunta sólo deja una salida: un hombre con cara de toro, el Minotauro. Y los últimos párrafos del cuento desvelan por fin el misterio:

“El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
—¿Lo creerás, Ariadna? —dijo Teseo—. El Minotauro apenas se defendió.”

Una relectura rápida del cuento evidencia ahora todas las claves.

Asterión es el Minotauro y la casa es el laberinto, por eso corre por un carnero, por eso causa terror, por eso destaca que las caras son planas como la mano abierta, por eso mata sin mancharse las manos (usa los cuernos), por eso corre como un carnero.
Asterión además se sabe único al compararse con el sol, pero no se sabe monstruoso.
¿Y por qué es importante este relato?: Porque, si bien el laberinto es un tópico en la literatura del autor, en "La casa de Asterión", por primera vez Borges encara el problema del destino del habitante del laberinto.


Antes de pasar a las posibles interpretaciones del cuento me gustaría destacar dos aspectos curiosos. En la casa penetran cada nueve años nueve hombre. La leyenda habla de siete hombres y siete mujeres.

• ¿Por qué el cambio? ¿Por qué esa fascinación del nueve en los laberintos?
Varios “pseudos-psicólogos-literatos” especulan con una razón de orden freudiano: el nueve simboliza los meses de la gestación, el laberinto así sería una enorme matriz y la muerte del Minotauro un rito de nacimiento. Estas críticas plantean ciertos complejos que podrían poner a la madre de Borges, como el eje de sus problemas. Según estos críticos el nueve en boca de Borges simboliza un complejo de Edipo del cual no puede escapar.

Pero María Esther Vázquez (que fue amiga íntima y colaboradora de Borges) rechaza tal hipótesis: “Pudiera ser exacta la interpretación; lástima que él nació en el octavo mes de ser concebido, hecho que conocía desde la adolescencia”, pero a su vez nos aclara: Borges tenía la superstición del tres y de los múltiplos del tres Se advertía hasta en los hechos más triviales: cuando viajaba en avión, en el momento del despegue, recatadamente daba tres golpecitos con los nudillos en el brazo del asiento. Cuando le pregunté por qué lo hacía, evadía la respuesta con una sonrisa maliciosa, y en cambio decía que el tres era un número mágico, como lo son el nueve y hasta el treinta y tres. Recordaba que Adán nació a los treinta y tres años y Jesucristo murió a esa edad.

Otro hecho curioso es la equivalencia entre catorce e infinito que hace Asterión. Podría suponerse que catorce no es sino la suma de hombres y mujeres que en la leyenda original debían ofrecerse al Minotauro pero eso nos dejaría todavía por explicar porque considerar catorce igual a infinito. Quizás una cita de Borges nos ayude: “En algún lugar de su obra, Rafael Cansinos Asséns jura que puede saludar a las estrellas en catorce idiomas clásicos y modernos.”

Evidentemente son catorce los idiomas e infinitas las estrellas, por eso en boca de Asterión se identifican. La relación se hace más evidente si recordamos que Rafael Cansinos Ansséns fue el gran maestro del joven Borges en España.


asterión


Volvamos al cuento. Borges se las ha arreglado para ocultar la verdadera naturaleza de Asterión hasta el final. ¿Cómo lo ha hecho?


La casa de Asterión. Borges explicado.




El procedimiento es sorprendentemente simple. Primero, todas las referencias a Asterión, todas las descripciones del personaje y de la casa se han hecho de forma oblicua. Hay en la ficción más alusiones que certidumbres. A posteriori es evidente, porque entonces pueden ser reinterpretadas. Segundo, los cambios en la voz narrativa, nos habla Asterión y siempre hemos oído la historia desde el punto de vista de Teseo. Además de estas descripciones perifrásticas del Laberinto y el Minotauro, despista Borges al lector con una serie de estratagemas. La mayor: haber puesto el relato en la monstruosa boca del Minotauro. El cuento comienza: «Sé que me acusan de soberbia». No se nos ocurre que una bestia pueda tener un «yo» narrativo; la tradición nos ha dado siempre el punto de vista de Teseo. Ahora, inesperadamente, el héroe es el Minotauro.
Y sobre la estructura del relato y sobre la naturaleza de esas ocultaciones queda claro que conforman un laberinto de palabras: “En una magnífica correspondencia entre expresión y contenido, un cuento, cuyo tema central es el habitante del laberinto, es construido de forma laberíntica”. E. Sábato.


Literatura


¿Cómo le vino a Borges esta idea de completar el doble destino del mito dándonos también la autobiografía del Minotauro?, ¿cómo concibió Borges tal artimaña?
La respuesta parece darla Cristina Grau: “tomó el recurso, en un rasgo intertextual, de otro autor. Borges, perfectamente consciente de que la literatura tiene un número limitado de temas y de recursos, no dudaba en desarrollar ideas ya empleadas por otros. Es más, no tenía reparos en escribir cuentos que contestan o refutan otros cuentos suyos. Así "El Zahir" está basado en la saga de los Nibelungos; sobre "El Aleph" comenta alguna relación con Wells, "La biblioteca de Babel" tiene ecos de Lasswitz.”. Eso sí, Borges nunca ocultó sus fuentes.

Según Cristina Grau "La casa de Asterión" es una reformulación de un recurso empleado por Kafka en su cuento "La construcción":
“La característica más significativa que los une es que en ambos relatos es el espacio donde se desarrolla la acción: un laberinto que, concebido como construcción defensiva, acaba convirtiéndose en una cárcel de imposible salida. Pero hay más elementos que los aproximan. Ambos relatos tienen en común el que sus protagonistas son animales, en ambos la voz narrativa es la primera persona; los animales hablan, describen su biografía, sus inquietudes, su miedo, su relación con el mundo, su relación con «los otros», Y en ambos, su condición animal no se revela desde el principio sino que es el lector quien va encontrando las claves a lo largo de la lectura. Ambos animales —en el relato de Borges un hombre con cabeza de toro, un Minotauro; en el de Kafka, suponemos que un topo ya que su identidad no queda desvelada— se encuentran defendidos y encerrados en un laberinto.”

Pero, ¿está Asterión realmente prisionero en el laberinto? Aquí entramos ya en el espinoso terreno de la interpretación. La pregunta anterior está íntimamente ligada a otra: ¿quién es Asterión? El intento de responder a esta pregunta ha de ser fructífero. Las obras literarias son máquinas de generar interpretaciones, pero ningunas lo parecen más que las ficciones de Borges. Esta pequeña fábula de apenas cuatro páginas en la edición de Alianza Editorial y escrita para rellenar un hueco está preñada de sentido.

La primera interpretación, y obvia, es considerar que la condición del Minotauro es la condición humana. Encerrado en su laberinto como nosotros estamos encerrados en nuestro mundo y en nuestras circunstancias. Pero, qué mundo, sería ahora la pregunta. Una posible respuesta es: “podremos identificar la figura de Asterión con la condición del hombre que, como el antiguo Minotauro, se pretende poderoso, y aun temible, pero que, en el fondo, no es sino un pobre Asterión, es decir, la indefensa víctima de un sacrificio que no alcanza a comprender” (Jaime Alazraki)


escritor



Una cierta lectura del relato afirma tal conclusión. Si leemos la narración en todo su patetismo podemos encontrar otro tipo de interpretación, Asterión que cree ser poderoso y va a ser redimido es realmente muerto por un hombre y no por un dios. Podría afirmarse que Asterión no es sino un pobre diablo incapaz de escapar a su condicionamiento y que al desear una redención externa se suicida en lugar de buscar su propio camino.
En esta interpretación es interesante comparar la idea de heroísmo que tiene el antiguo mito acerca de Teseo. En el cuento de Borges, Teseo no es más que un simple mortal a manos de quien Asterión se deja “redimir”.

Existe otra forma de leer el cuento, quizás no tan tremebunda como las anteriormente expuestas, pero si más íntima y personal: Asterión es simplemente una visión que Borges tenía de si mismo: Borges encierra en un laberinto lingüístico al lector y juega con él hasta derrotarlo. En su deleite estético se perciben, sin embargo, “sobretonos” de angustia, una angustia que dimana de saberse único, solitario, delirante, perdido y perplejo en un ser ciego. Borges es Asterión, el Minotauro. Una imagen sugerente y de gran belleza. El cuento por tanto reflejaría ante todo angustias personales. Como debía sentirse un hombre destinado a ser genial escritor, al que le resultaba difícil relacionarse con la mujeres, incapaz de hablar en público. Un hombre que básicamente sólo se sentía feliz en el laberinto de la literatura en el que habitaba.




Borges




- ¿Podemos aportar algún texto para justificar tal interpretación? Sí:

A veces en las tardes una cara
Nos mira desde el fondo de un espejo;
El arte debe ser como ese espejo
Que nos revela nuestra propia cara.
Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
Lloró de amor al divisar su Ítaca
Verde y humilde. El arte es esa Ítaca
De verde eternidad, no de prodigios.
También es como el río interminable
Que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
Y es otro, como el río interminable.



Y luego en el epílogo a El hacedor declara:

Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara.



Lo que si es evidente es que el cuento es infinito, e infinitas son sus interpretaciones


laberinto


El mensaje es claro y evidente: el arte para Borges refleja ante todo a aquel que lo crea, el artista ante todo intenta explicarse a si mismo. Eso aclararía la referencia a su maestro Rafael Cansinos Ansséns que hemos creído encontrar en el cuento. Veremos más adelante, que el Minotauro no es la única visión que Borges podía tener del habitante del laberinto, y por tanto, creemos, no la única visión que tenía de si mismo, y por extensión, no la única visión posible de la condición humana ni de la cultura humana. Tampoco está claro que el laberinto sea una prisión, en este caso parece serlo, pero en otros, el laberinto parece ser verdaderamente una casa o quizás la casa.


Jorge Luis Borges


Sé que el análisis de un cuento, por más genial que sean todas sus partes, no "vende" tanto como un pack de wallpaper, o un par de fotos fail... pero quizás uno lo lea entero y tenga en su espíritu un cuento de Borges que lo persiga por el resto de su vida.

Ojalá mi análisis diste de su interpretación del cuento, y entonces seguiremos perdidos en este laberinto... pero nos habremos cruzado.


cuento



En honor a todos aquellos que piensan que Taringa no permite un espacio para la cultura y que en internet no hay espacio para la educación.