QUÉ HAY DESPUÉS DEL CUARTO DE HORA DE FAMA
“Todo el mundo tiene derecho a su cuarto de hora”, sentenció Andy Warhol. Pero irremediablemente después del minuto 15 llega el minuto 16, el del fin de la celebridad. SH buscó y encontró a personajes que desaparecieron de la vida pública que ahora viven lejos de la fama. Algunos felices de su presente, otros con la nostalgia del tiempo pasado.


La nena de Dánica Dorada

YO FUI LA NENA DE DÁNICA DORADA

fama


por Carla Crucianelli

Yo no podía protagonizar la publicidad de Dánica Dorada. Pero lo hice. Era una nena de 7 años, y parece que el impedimento estaba en que tenía exclusividad con Hellmann’s, marca para la cual ya había hecho cuatro comerciales. No sé cómo, el tema lo terminaron resolviendo entre las empresas, y una vez que hice la publicidad, pasé a ser “la cara de”. A partir de ahí, empezó a jugar la apuesta de dar con un trabajo más importante o quedarse en eso. Después de Dánica, no volví a grabar para el circuito local: cuando algo pega tanto, terminan asociándote al producto, y yo quedé ligada a la manteca. Filmé un par de comerciales para el exterior, desfilé para Elsa Serrano y hasta almorcé dos veces en el programa de Mirtha Legrand. También hice un casting para una película con Graciela Borges. Y quedé.

Desde la producción de aquella película llamaron para avisarme que el rodaje sería en enero y febrero. Fue entonces cuando papá dijo que yo no estaría en la película, que no sacrificaría a toda la familia por el proyecto. A él mucho no le entusiasmaba mi carrera y a mamá tampoco, aunque siempre me acompañaron, más teniendo en cuenta que arranqué con las publicidades, a los 4 años y casi de casualidad, cuando una prima modelo le llevó una foto a un director.

Tuve después otras ofertas, pero dejaron de llegar a medida que papá las fue rechazando una a una. Igual, no tengo nada que reprocharles a mis viejos: no me imagino llevando otra vida que no sea esta, lejos de las cámaras, como distribuidora de ropa. Pero a la vez, mi hija Chiara ya está participando en publicidades, y sé que me gustaría que en el futuro sea ella quien decida si seguir o no. En su momento, yo no pude hacerlo, y es el día de hoy que mi papá me pregunta si me cortó las alas, y me dice que él lo hizo porque pensaba que a mí no me gustaba. Cuando uno arranca de tan chico, no se lo toma como un trabajo y para mí fue algo muy lindo. Después del éxito inesperado que tuvo la publicidad de Dánica, me di cuenta de lo fuerte que es la tele. Porque en esa época, era salir a la calle y que todo el mundo me reconociera y dijera “la nena de Dánica”. Fue un sello que me acompañó desde siempre. En el verano íbamos a Gesell, y no podía ni hacer castillitos de arena en la playa porque siempre venía lguien a interrumpirme. Todavía acá, en Haedo, con 46 años, algunos comentan: “¿Te acordás de ella? Es la nena de Dánica Dorada”. En su momento, mis hermanos eran “los hermanos de...”, algo bastante incómodo y pesado para ellos. Encima, yo no hablaba mucho de la publicidad, y cuando me peleaba con alguna amiga del colegio, no había peor ofensa que escuchar: “Vos, porque sos la nena de Dánica Dorada”. Me sacaba. Aun así, nunca me arrepentí de esa actuación. Después de muchos años, a los veintipico, cuando arranqué con terapia, la psicóloga me explicó que el hecho de haber sido aceptada socialmente de chica había sido muy positivo en mi vida y me había dado seguridad. A la distancia, veo que todo era un juego muy inocente del cual solo tengo gratos recuerdos, pero sin nostalgia ·

Fuente:Nota de la Revista SH, del fan de FB.