La muerte está continuamente presente en el subconsciente de las personas. Prueba de ello son los innumerables presagios de muerte que existen en la creencia popular, que interpreta todo acontecimiento insólito como una señal ominosa.




presagios de la muerte





MENSAJEROS DE LA MUERTE
Los mensajeros más frecuentes de la muerte en la creencia popular europea son los animales. Cuando un perro gime o ladra por la noche, puede tratarse de un mal presagio. La dirección en que gime indica donde se producirá el óbito. La explicación común es que el perro huele el cadáver. Cuentan que los caballos son capaces, igual que los perros, de prever la muerte. Determinados signos ominosos relacionados con caballos se remontan a la época en que los coches mortuorios todavía eran tirados por caballos. Cuando uno de esos caballos suda, quiere decir que sospecha que pronto volverán a engancharlo al coche. También se considera un mal presagio que un caballo se niegue a pasar por determinado lugar. O bien se entiende que está indicando que en ese lugar fallecerá alguien en breve, o bien que por ahí pasará una comitiva funeraria.
Gatos que se pelean delante de una casa, un topo, ratones o ratas que cavan en la casa o debajo del umbral apuntan a un pronto fallecimiento. Por supuesto, en este contexto tiene también una importancia particular el color negro. El mero hecho de cruzarse con un gato negro, o si en la primavera nacen muchos corderos negros, ya puede interpretarse como un presagio de muerte. Incluso las mariposas, conejos, ciervos, sapos, ranas, serpientes, orugas y otros muchos animales tienen la mala fama de ser mensajeros de la muerte.

EL GOLPETEO DE LA CARCOMA
Como signo precursor de la muerte reviste un interés particular el llamado "reloj de la muerte": el golpeteo de la carcoma (Anobium pertinax). Esta curiosa manera de anunciar la muerte se remonta quizá a la observación de lo que se considera un fenómeno espontáneo en casos de apariciones de fantasmas o en sesiones espiritistas. A menudo se oyen misteriosos golpeteos en los muebles, y los espiritistas creen que de este modo se manifiestan los espíritus de difuntos. Los médiums interrogan entonces a los supuestos espíritus, y estos contestan con el golpeteo de conformidad con un código. Atribuir los ruidos a la carcoma es quizá un intento de hallar una explicación natural para un fenómeno paranormal.

LOS PÁJAROS
Pero los animales que más a menudo se consideran heraldos de la muerte son los pájaros. Hasta en mitos ancestrales, los pájaros ya se relacionan con el alma y el más allá. En las sociedades chamánicas, las aves más poderosas, las que volaban más alto, eran las mensajeras de los dioses. En su éxtasis, el propio chamán volaba en forma de pájaro, o llevado por un ave, a las regiones celestes a visitar a los dioses. En muchas culturas se imaginaban el alma humana con alas como las de un pájaro. Durante el sueño, el alma podía salir de viaje, y después de la muerte volaba al más allá.
El "pajaro de la muerte" más conocido en la creencia popular es actualmente el búho o el mochuelo (Athene noctua). Su canto siniestro se antoja a veces como una llamada del ave a acompañarle. Pero casi siempre basta con la presencia de un búho o un mochuelo de noche cerca de la casa para temer una pronta defunción. Estas aves vuelan preferentemente hacia la luz y a menudo chocan contra los vidrios de las ventanas iluminadas. Cuando se estaba hasta muy entrada la noche junto a la cama de una persona gravemente enferma, entonces quizá se pensaba que era un mal presagio.
Además del búho y el mochuelo también se mencionan muchas otras aves entre los mensajeros de la muerte, por ejemplo la urraca, el cuervo y la corneja. Anuncian la muerte cuando se posan sobre una casa en la que hay un enfermo, o cuando gritan en los alrededores. También se considera un signo ominoso que a uno lo acompañen urracas por el camino. El cacareo extraño de las gallinas y el canto del gallo tienen una interpretación parecida.

LOS LAMENTOS DEL HADA DE LA MUERTE
En las leyendas irlandesas se conoce por ejemplo el lamento del hada de la muerte (banshee), con el que anuncia el fallecimiento de una persona. La palabra inglesa banshee se deriva de la expresión gaélico-irlandesa bean shide, que significa "señora del mundo de las hadas". Según la tradición, inicia el lamento ante la casa de la familia en la que pronto va a morir alguien, mientras se peina su larga cabellera roja.
El hada de la muerte tiene una larga historia en Irlanda. Cuentan que su llanto se escuchó antes de que murieran el rey Connor McNessa, Finn McCool y Brian Boru, el vencedor sobre los vikingos. Incluso cuando Michael Collins, jefe supremo del ejército durante la guerra civil irlandesa, cayó asesinado en 1922 en un atentado, los habitantes de la aldea de Sam's Cross pretendieron haber oído el plañido lastimero del hada de la muerte.
La creencia popular y la experiencia personal pueden confundirse. En Irlanda, muchas personas afirman, incluso en nuestros días, que antes de morir un pariente han oído una extraña voz lastimera en un tono muy triste, aunque no había nadie más en el lugar. Es posible que estas personas tuvieran inconscientemente verdaderas impresiones precognitivas de la muerte inminente. Pero esta impresión no llega hasta la conciencia, sino que la mente recurre al acervo de leyendas populares del lugar y hace sonar el llanto alucinatorio.

LA FUNCIÓN DE LAS IMPRESIONES PARANORMALES
Por ello conviene observar también los presagios de muerte en el contexto de la parapsicología. Muchas personas relatan fenómenos inexplicables en relación con la muerte de otras personas. Además de los sueños premonitorios, en los que se anuncia la muerte, se perciben sobre todo efectos físicos característicos. Un espejo se rompe o un reloj se para, mientras que en otro lugar fallece un pariente o un amigo. Muchas personas creen que es el propio difunto el que causa este fenómeno. Es más probable, en los casos de auténticos efectos paranormales de este tipo, que el amigo o pariente que vive el suceso inexplicable tenga una premonición inconsciente, una impresión clarividente del óbito. En vez de llegar a la conciencia en forma de visión, la información paranormal se manifiesta en forma del denominado efecto psicocinético. El subconsciente controla inteligentemente el fenómeno paranormal, pues este guarda una relación simbólica e inequívoca con la muerte: el reloj parado es un signo evidente de que se ha terminado el tiempo de vivir, y el espejo se rompe porque se descompone la forma del cuerpo que en vida podemos ver reflejado en el espejo.
En la Antigüedad, la aparición de una persona en una visión o una alucinación era un signo de que esa persona iba a morir o por lo menos a correr un grave peligro físico. Es famosa la historia que se cuenta del filósofo y mago neopitagórico Apolonio de Tiana, del siglo I d.C. Durante una conferencia pública en Éfeso, dicen que Apolonio cayó de pronto en trance y describió con todo lujo de detalles el asesinato del emperador Domiciano, que estaba teniendo lugar en ese momento en Roma.

PRESAGIOS PSICOCINÉTICOS
En los verdaderos sucesos paranormales que son signos precursores de una muerte inminente o que se produce simultáneamente pero en un lugar lejano, casi siempre intervienen objetos que guardan una estrecha relación con el difunto. En un caso registrado en los archivos de la parapsicología, un neoyorquino, el señor A., informa de que en su vivienda tenía la foto de un antiguo compañero de clase, John D., enmarcada sobre una cómoda. En aquella época, su amigo vivía en Honolulú. En la noche del 27 al 28 de enero de 1949, el señor A. oyó un golpe, y cuando fue a ver, encontró la foto de John D. en el suelo. Se inquietó, porque no había motivo alguno para que el marco se hubiera caído al suelo. Cuando volvió a colocarlo sobre el mueble, esperaba que a John no le hubiera ocurrido nada.
Lo típico de estos sucesos es la sospecha inmediata de que ha pasado algo trágico. En efecto, poco después le llegó un telegrama con la noticia de que, esa misma noche, John D. había muerto mientras dormía.

LA CRUZ DEL SACERDOTE
Otro caso documentado ocurrió en la tarde del 13 de agosto de 1957. La señora V. estaba sola en su vivienda cuando le asustó el ruido de la caída de un objeto. Vio en el suelo una cruz que hacía muchos años le había dado un sacerdote. Esta cruz siempre había estado colgada de la pared, y en las posteriores comprobaciones se constató que tanto el ojete de la cruz como el clavo de la pared estaban intactos. La señora V. se inquietó y anotó la hora exacta del suceso: las 18:15. En los últimos nueve años apenas había visto al sacerdote, porque había sido trasladado a otra parroquia. Resultó que este sacerdote murió ese mismo día, aunque a las 22:30 horas.


Muerte
angeles


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