Cuentos de terror cortos

El Ultimo Destino

En un atardecer nublado, de cielo color de plomo, Emilio avanzaba a pie por la
Vía del tren. Caminaba sin tener un destino, su única meta era seguir andando, y
Como un autómata avanzaba hacia el horizonte borroso de su vida.
A ambos lados de la vía se extendían solitarios campos recorridos por el silencio.
Con la melena y la barba crecida, era la imagen clásica de los vagabundos de los
Caminos.
El retumbar de un trueno lo hizo salir del estado de automatismo. Después de
Estremecerse como quien acaba de despertar, buscó con la vista algún posible
Refugio que lo guardara de la inminente lluvia.

El paisaje ya se estaba oscureciendo. Alcanzó a ver las ruinas de una casa, a unos
Doscientos metros de la vía. Algunas goteras ya le azotaban la espalda cuando
Llegó a las ruinas. Gran parte de la casa estaba derrumbada, solo una habitación
Conservaba su techo. Tras una rápida inspección decidió instalarse.

Con la tormenta rugiendo afuera y la noche extendiéndose por el campo, Emilio
Intentaba arrancar el marco de una puerta para usarlo como leña. Iluminándose
Con el encendedor, estaba en esa tarea cuando una ráfaga de viento apagó su
Única fuente de luz y la oscuridad se cerró sobre el. Cuando volvió a encender
La llama, su luz iluminó de lleno a un horripilante rostro similar al de una anciana
Pero mucho mas grotesco y repulsivo. Emilio corrió hacia la salida, pero antes de
Llegar al exterior aquella cosa repulsiva lo abrazó por detrás, y recostando su
Cabeza al hombro de Emilio, lanzó una horrible carcajada.
Al final su andar errante lo llevó hasta una casa embrujada, la cual fue su último
Destino.



Desde La Cripta

Aceptó aquel trabajo por necesidad, y a fuerza de costumbre se fue adaptando a
Su nuevo oficio. Aunque su trabajo era muy necesario, no era un oficio valorado
Por la gente del pueblo, pues su labor estaba relacionado con la muerte, Facundo
Trabajaba de sepulturero.

En realidad era el ayudante del sepulturero. Su superior era un viejo encorvado,
De semblante serio y frío, que parecía estar siempre enojado, y por bastón usaba
Una pala de cavar.
Su labor no era solo abrir fosas, también cortaban el pasto, podaban los árboles,
Ocasionalmente pintaban con cal alguna cripta.
- Si no fuera por nosotros este cementerio se viene abajo - decía el viejo.
- Si, y los ocupantes no son muy agradecidos que se diga - bromeaba Facundo.

Un día, cuando Facundo llegó al cementerio su viejo compañero lo esperaba con
Baldes de cal y utensilios para limpiar.
- Agarrá esos baldes, hoy tenemos que limpiar la cripta del fondo, aquella que está
Descuidada, nos va a dar mucho trabajo, esa cosa es mas vieja que yo - dijo el viejo.
Atravesaron casi todo el cementerio y llegaron hasta la cripta. Estaba construida
Con grandes piedras, y su imponente puerta era de hierro fundido.
- Mejor empezamos por adentro, la parte de afuera es mas fácil. Hay que forzar
El candado porque no tenemos llave, agarrá esa barra de acero y aplicale una
Palanca - volvió a hablar el viejo con su voz ronca.
- ¿Usted alguna vez entró en esta cripta? - preguntó Facundo mientras forcejeaba
Con el inmenso candado.
- Nunca, los dueños de la cripta no querían que la abrieran. Ahora ya no queda
Nadie de esa familia, ahora decide el municipio, dale con fuerza que está por
Ceder - le respondió el viejo.

El candado terminó cediendo, después Facundo tiró con todas sus fuerzas y
La puerta se comenzó a abrir con un largo rechinido.
Desde la oscuridad infranqueable brotó un olor nauseabundo, tan insoportable
Que hasta hizo retroceder al viejo sepulturero, Facundo se inclinó haciendo
Arcadas. Seguidamente, desde el interior de la cripta sonó un rumor como
De voces apagadas, y los siguieron ruidos de pasos que se abalanzaban
Hacia la puerta. Por el umbral de la cripta asomaron unos cadáveres resecos.

Moviéndose con dificultad avanzaron hacia los sepultureros extendiendo sus
Brazos. Facundo huyó del lugar corriendo a toda prisa, el viejo optó por
Defenderse, y con su pala dibujando círculos en el aire resistió por un momento.
Pero sus atacantes eran demasiados, y sucumbió ante sus mordidas.
Aquellos cadáveres andantes desparramaron la muerte sobre el pueblo. Facundo
Huyó hacia la cuidad, creyendo que dejaba atrás aquel horror. Pero los zombies
No demoraron en llegar a la ciudad, y como una peste creciente pronto fueron
Mayoría.




Algo anda en la huerta



gnacio y su esposa Mabel cenaban tranquilamente en la comodidad de su hogar.
Un ruido repentino les llamó la atención, algo andaba corriendo por la huerta.
- Debe ser un perro, espero que no me aya pisoteado las acelgas - dijo Ignacio.
Salió a la frescura de la noche llevando una linterna en la mano. La luna llena
Asomaba entre unas nubes alargadas, su luz plateada mostraba una visión limitada
De la huerta, se distinguían los canteros de las verduras con los delgados caminos
Que la dividían, pero bajo los árboles frutales caía negra sombra.

Un ruido de ramas que se agitaban lo hizo caminar hacia los naranjos. Mientras
Escudriñaba en sus sombras enfocó a un inmenso perro que cruzó al trote.
Solo lo vio por un instante, el perro en veloz huída se escabulló entre los árboles y
Se lo oyó alejarse de la huerta. Pero aquel instante fue suficiente para causarle una
Fuerte impresión. En aquella fracción tan corta de tiempo el perro miró a Ignacio, y
En su cabeza redondeada se notaron sus rasgos humanos.
Ignacio entró a la casa con la cara pálida por el miedo. Su esposa, que aún cenaba
No lo advirtió.
- Era un perro, ya se fue - dijo Ignacio anticipándose a la posible pregunta de Mabel.
Le mintió a su esposa para no asustarla. Lo que vio era un hombre lobo, con cuerpo
De perro y cabeza humana, y en aquella cabeza humana distinguió el rostro de uno
De sus vecinos.




La radio embrujada



Sentado frente a la ardiente chimenea, el viejo Rodríguez escuchaba los tangos
Que le roncaba su antigua radio. Al viejo le gustaba coleccionar todo tipo de
Objetos antiguos. Asía unos días que había adquirido aquella radio, pero ya
Era uno de sus “tesoros” favoritos.

Como ya era un poco tarde y la noche estaba muy fría, apagó la radio y se fue
A acostar. Despertó al oír música, la radio estaba encendida. Prendió la
Veladora y buscó sus lentes, salió de su habitación bostezando. Recordaba que
La había apagado, pero desde hacía un tiempo había aprendido a desconfiar de
Su memoria, su edad solía pasarle la cuenta.

Cuando llegó a la habitación en donde estaba la radio, vio algo que lo dejó de
Boca abierta. Iluminados por la luz de la chimenea, un grupo de parejas danzaban
Al son de la música. Vestían trajes antiguos y refinados, se movían con gracia y
Atravesaban los muebles como si no existieran, eran fantasmas. De repente
Comenzaron a danzar mas rápido, se movían con ritmo vertiginoso, giraban,
Se movían de un lado al otro, cambiaban de pareja, todo con mucha rapidez,
Como si el tiempo estuviera acelerado.
El viejo Rodríguez reunió coraje y apagó la radio, las parejas fantasmas
Desaparecieron. Decidido a no conservar aquel objeto embrujado,
Arrojó la radio al fuego de la chimenea.




El reino de la decadencia



En una madrugada ventosa, Adrián regresaba de su juerga semanal.
Caminaba por una callejuela situada en el cinturón de la ciudad. El viento
Elevaba los papeles de la basura que se amontonaba en las aceras. Los
Vagabundos se acurrucaban en sus refugios de cartón. Los gatos callejeros
Cruzaban sobre los viejos techos de las casas.
Indiferente a aquel mundo oscuro que lo rodeaba, Adrián siguió caminando
Por aquella deprimente calle barrida por un incesante viento.

Las sombras de la noche prevalecían sobre la escasa luz que iluminaba la
Fealdad de la callejuela. Desde el interior de algunas casas resonaban gritos
Y discusiones.
Al doblar en una esquina vio que alguien se le acercaba por el frente. Era una
Mujer la que avanzaba caminando hacia el; tenía el cuerpo tan delgado que
Adrián se estremeció. Su ropa eran unos harapos colgantes, y su cara era la
De un esqueleto cubierto por una piel tirante y amarillenta. Sus ojos eran
Dos huecos negros como un abismo insondable, y su cabellera unos escasos
Pelos blancos y largos. A pesar de su apariencia pesadillesca, aquel esqueleto
Andante caminaba con elegancia, como si exhibiera una gran belleza.
Adrián pegó su espalda a un muro, y temblando la vio pasar a su lado, el
Esqueleto lo miró y siguió su camino.
La mujer esqueleto era la decadencia misma, que orgullosa se paseaba por
Su reino.


Bajo la luna llena




Franco sintió la necesidad de salir de la cabaña. Cuidándose de no hacer ruido
Para no despertar a sus amigos, abrió la puerta lentamente y salió sin que lo
Notaran. La noche estaba muy clara, miró hacia arriba y vio a la luna
Resplandeciente y redonda coronando el cielo nocturno.
En la ciudad en donde vivía jamás veía el cielo con tanta claridad, pues las
Luces de la urbanización no dejaban ver el firmamento.
Alquiló la cabaña junto con cuatro amigos, y desde hacía tres días se estaban
Divirtiendo mucho. Salían a caminar por el bosque y nadaban en una laguna
Que estaba cerca de la cabaña,

Esa noche se sentía muy inquieto, en su interior crecía la certeza de que algo
Horrible le iba a suceder, pero extrañamente no sentía deseos de escapar de
Ese oscuro destino.
Creyó oír que alguien lo llamaba, un susurro que venía del bosque. Como
Hipnotizado, caminó entre los árboles dejando atrás la cabaña. La luz de
La luna caía en rayos verticales al filtrarse entre la densidad del bosque.
Mientras se desplazaba entre marañas de ramas que se interponían a su
Paso, una rama puntiaguda le rasgó la camiseta a la altura del pecho.
Al llegar a un claro se examinó, y vio que la rama también le había abierto
Una herida. Otra vez volvió a oír el susurro, que no venía del bosque, era
Una voz interna. Obedeciendo ciegamente a aquella voz infrahumana,
Introdujo sus dedos en la herida abierta del pecho, y con una nueva fuerza,
Se desgarró la piel como quien se despoja de un abrigo.
Después de despojarse de su piel humana, Franco marchó hacia la cabaña
Convertido en un hombre lobo.



El misterio de la escuela embrujada


En medio de la clase, mientras la maestra dictaba y los niños escribían, al chistoso
De la clase se le ocurrió una broma. Diciendo que no había oído bien una palabra,
Le pidió a la maestra que la repitiera (la misma palabra vulgarmente tenía otro
Significado). Toda la clase lo había advertido, y al entender la broma del chistoso
Todos se rieron al unísono, fue como una explosión de risa.
La maestra les ordenó que hicieran silencio, los niños callaron, pero en el salón
Siguió resonando una riza. Era una carcajada chillona y aguda, y al mismo tiempo
Algo ronca.
- !Dije que hicieran silencio¡ ¿Quién se sigue riendo? - dijo la maestra con tono
Enfadado. Buscó con la mirada pero no halló al culpable. Se oía con claridad que
La risa se originaba en el salón, los alumnos se miraban unos a otros desconcertados.

Ese fue el primer echo extraño. Unos días después, durante un recreo, cuando los
Salones estaban vacíos, se oyó el rechinar de las patas de las sillas, como si alguien
Las arrastrara. Todos los salones fueron desordenados, los asientos estaban
Desparramados, una maestra gritó y calló desmayada al ver una silla moviéndose
Sola, desplazándose con sus patas como lo hace un araña.
La escuela calló en desgracia, los padres no querían enviar a sus hijos, y barias
Maestras abandonaron su puesto. Inevitablemente la escuela terminó cerrando
Sus puertas. Nadie sabe con exactitud que fue lo que invadió o se posesionó
De la escuela. Algunos hablan de el fantasma de un niño, otros dicen que fe
Una maldición. Tal vez algún día se aclare el misterio de la escuela embrujada.


Saludos.

Comentarios Destacados

@Hierro1776 +5
mirar atras tuyo y ver q no hay nadie.. pero si hay alguien q te mira.. y te hace sentir inquieto.. ahora te está mirando..

7 comentarios - Cuentos de terror cortos

@Hierro1776 +5
mirar atras tuyo y ver q no hay nadie.. pero si hay alguien q te mira.. y te hace sentir inquieto.. ahora te está mirando..
@enzpunk77
Buen Post! y Exelentes Cuentos
@medio94 -3
no hay fotos comenten algo mas de miedo no