leyendas peruanas de terro

Hola amigos de TARINGA ! hoy les traigo una historia de terror peruana osea de mi país espesemos

leyendas peruanas de terro

Por muchos años existió una especie de mito con respecto a una casa céntrica de Lima. Dicha casa quedaba en los altos de la esquina de la Av. Wilson (hoy Av. Garcilazo de la Vega) con la Av. España. La conocían con el nombre del negocio que había en la planta baja, el cual obvio porque era ajeno a todo lo que sobre esa casa se contaba. Dicen que en esa casa habitaban fantasmas los cuales no dejaban que nadie pernoctara allí. Diversas personas ofrecían recompensa a quien se atreviera a pasar una noche en dicha casa y los que se atrevieron terminaron botando espuma por la boca y algunos hasta en el manicomio. Fue tanta la fama de la casa aquella que la gente contaba un sinfín de historias al respecto, hasta se decía que por quedar, la casa aquella, frente a la Embajada "Gringa", ellos eran los que hacían creer que la casa aquella estaba habitada por fantasmas cosa que así nadie la arrendaría. Brujos, Chamanes y demás se acercaron a limpiar la casa aquella, no se si habrán tenido éxito, pero lo que si sé es que por muchísimos años en todo Lima se tenía mucho respeto por los fantasmas de la casa aquella.

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El Terror de los puentes

Era, por entonces, explorador y cierto día, después de una ardua tarea de recorrido por las montañas, durante doce horas, ya cansado y con las fuerzas rendidas, me vi en la necesidad de retornar al pueblo. Los últimos rayos del sol se iban perdiendo tras el murallón de los cerros y aun tenia cinco leguas de camino por delante. La noche se extendió plena de oscuridad. Apenas si se veía a lo lejos, el fugaz centelleo de los relámpagos y el parpadeo luminoso de los cocuyos como chispas de un fuego invisible. Yo seguía sobre mi fatigado caballo, bajo las sombras nocturnales. Tuve que descender por una quebrada en cuyo fondo corría un rió caudaloso, continuando la marcha, me acerque a un puente solitario. La difusa luz de las estrellas se volcaba sobre el agua. Cuando me aproxime más aún, descubrí una silueta humana apoyada sobre la barandilla del puente. Le dirigí una mirada sin acortar el paso. Había llegado casi a la orilla del río, cuando sentí pronto la necesidad de detenerme. Lo que vi fue, entonces, una pequeña sombra humana. Me volví acongojado, con un terror absurdo. No me decidía a moverme en ningún sentido. Mi caballo se encabrito, pugnando por seguir adelante. Sin saber lo que hacia, volví hacia atrás y al volver temerosamente la mirada pude observar que la sombra seguía en su mismo sitio. Un temblor indescriptible recorrió todo mi cuerpo. Tenía las manos crispadas y me era imposible usar mi revolver. Quise gritar, pero sentí que las fuerzas me abandonaban.

Iba a desmayarme cuando escuche los lejanos ladridos de algunos perros y, casi simultáneamente noté que la sombra saltaba hacia el río y se desvanecía en la superficie del agua.

El condenado

Fantasmas

Un arriero que traía de Ayacucho cuatro cargas de plata a lomo de mulos, por encargo de su patrón, se alojó en las inmediaciones de Izcuchaca (Huancavelica), en un lugar denominado “Molino” de propiedad del señor David, quien tenía su cuidador; éste muy de madrugada, mientras el arriero cargaba el cuarto mulo, hizo desviar una carga y arrojó solo al animal.

Mientras el cuidador se repartía el dinero con el propietario del sitio, el arriero desesperado con su desventura a cuestas, puesto que, para reparar la pérdida tenía que trabajar el resto de su vida y tal vez hasta sus descendientes, impetraba de rodillas a los causantes quienes por la codicia del dinero tornándose indolentes y sordos al clamor el pobre indio cuyas inocentes lágrimas llegaron hasta el cielo en procura de la justicia divina.

Al poco tiempo murió el cuidador del “molino”, su mujer y su hijo. Aquel por ser el culpable directo se condeno, es decir, arrojado “alma y cuerpo” de la vida ultraterrena, debía refugiarse por entre los montes tomando la forma de un animal con cabeza humana gritando de vez en vez: David devuelve la plata… Inclusive creen que por causa del humo don David, dueño del molino, que aún vive, sufrió de parálisis en sus piernas.
Algunos indios astutos aprovechan de esta superstición del “condenado” para llevarse, en época de cosecha, un poco de cereales de las eras.

bueno eso es todo si les gusto comenten y dejen puntos gracias

10 comentarios - leyendas peruanas de terro

@juanmabo
la primera es la casa matusita ?